miércoles, 24 de septiembre de 2014

Vivir es un problema divertido



Eramis Cruz

La mejor manera de visualizar la vida es imaginarla como un camino en el que el caminante comienza su viaje sin saber precisamente hasta dónde llegará. Inicia su trayectoria cuando no tenía conciencia de la edad, pero sabe que para vivir necesita esa aventura. El camino se transcurre paso a paso, a veces se camina lento, otras veces se puede o se prefiere correr. Algunas partes del trayecto nos son conocidas, especialmente aquellas en las que retrocedimos para retomar la marcha de nuevo, el camino a veces demanda de reconstrucción y en ocasiones hay que detenerse hasta que esta termine. Hay caminantes que no llegan muy lejos, tienen miedo a los desafíos que puedan ocurrir en la noche oscura, inclusive durante el día claro.

En los márgenes del camino hay prostíbulos, transitan los borrachos, pululan los negociantes. Hay altoparlantes para los políticos y los pregoneros de los dioses, se distinguen los mausoleos de los cementerios. Desde lejos se oyen las murmuraciones de las viejas arrepentidas y el susurro de los ancianos conversando con los niños. A todas horas transitan los abanderados de la hipocresía y los traidores vendidos por unas cuantas monedas. Pero no te preocupes sigues tu camino, aprendes de lo que escuchas y dejas en tu mente cualquier residuo estético de lo que ves. 
Para un camino largo hay que salir preparado, y uno debe aprovechar la oportunidad cuando arriba a alguna estación para robustecerse y provisionarse de lo necesario según las expectativas que tenemos para confrontar dificultades y necesidades elementales. Los seres humanos somos nómadas del tiempo, por él transcurrimos cargando nuestras ilusiones y con gran pasión tratamos de atrapar los sueños.
 Un caminante inteligente sabe bien que debe evitar viajar solo cuantas veces le sea posible. Muchos caminantes prefieren viajar acompañados siempre, no porque tengan miedo a los cuentos de terror ni a los duendes de la imaginación sino porque saben que la unidad hace la fuerza y la soledad no siempre es una buena compañera. La soledad fue diseñada para los fuertes y mejores experimentados que viven de lo que le ha sobrado, es más común entre quienes recorrieron largos trechos.
La mejor habilidad de un buen viajante es la técnica para la sobrevivencia, sabe que los contratiempos se pueden presentar en cualquier lugar y en cualquier momento, no todo puede ser previsto, especialmente cuando se hace de la vida una aventura aún sea con los matices y los agravantes de la realidad que te pellizca la piel. No importa si “los valientes mueren jóvenes”, estos son los únicos que hacen de su exploración una apasionada misión en que el éxito se consigue no solo llegando al final sino logrando la acumulación de puntos cada vez que se vence un desafío.
No importa nuestra percepción del universo, que es como una telaraña rellenada de caminos por todas partes, pero interconectados. Las líneas paralelas son solamente una elisión del cerebro, de eso nos damos cuenta cuando llegamos al final del túnel donde la luz nos permite ver con claridad las vías invisibles que hacían de entradas y salidas, como en las autopistas.
Por esta razón podemos estar seguros que no viajamos solos, con nosotros marchan otros, algunos son partes nuestras, otros nos odian o nos envidian. Pero no importa, la mejor manera de lidiar con los malos compañeros, incluyendo aquellos que nos quieran negar la vida, es siempre ir adelante, nunca atrás. Dejarlos ir adelante es muy peligroso, nos pueden tender trampas o emboscadas en los recodos o en los precipicios. A todos nos asiste el derecho a la autodefensa contra los efectos de negros resentimientos.
Un caminante no obtiene experiencia antes de iniciar su camino, ésta la irá ganando sobre la marcha, en la medida en que confronta las dificultades. Entonces se dará cuenta que la vida no es para angustiarse sino para continuarla, que son inevitables los problemas y que la vida misma es un problema divertido. La diversión consiste en comprender con claridad la naturaleza de cada cosa y de cada caso. Por ejemplo, saber que todas las personas se pueden enfermar por los elementos que existen fuera y dentro del cuerpo. Saber que hay enfermedades que se curan u otras que no se pueden curar en el presente porque no se ha descubierto todavía cómo curarla, como se hizo con el descubrimiento de la vacuna. Saber que hay manera para evitar ciertas enfermedades, evadiendo exponerse a las infecciones y que para algo se existen métodos y técnicas que  ayudan a mantener en buen estado los alimentos que ingerimos, como es la refrigeración y la pasteurización, que fue atribuida a Luis Pasteur y que fue un gran aporte a la humanidad de ese caminante de la ciencia.
Para aún ilustrar mejor este recuadro sobre la vida como un problema divertido, es importante saber que para un caminante que tenga sobre sus hombros la seguridad y buen estado de otros caminantes que le acompañaran parte del trayecto o tal vez hasta el final, la prevención de los riesgos es imprescindible, aquella que por experiencia,  por habilidad, o por nuestras destrezas naturales conocemos. La gravedad de una situación personal no es sinónimo de fatalidad, uno se da cuenta cuando conoce a cabalidad el porqué suceden las enfermedades y las tragedias y también las calamidades colectivas. Tal vez la muerte sea un evento desgarrador pero no por eso deja de ser natural.
Nos referimos a aquellas que sabemos que nos hacen daño, pero no renunciamos a ellas por muy absurdo que nos parezca, a veces porque nos hacemos adictos o dependientes, como es el consumo de tabaco o de alcohol. Pero también podemos incluir los malos hábitos alimenticios como ingerir grasa, sal y exceso de azúcar. A estos se suma la ausencia de actividad física. Así el camino se complica cuando aparece un estado depresivo en el viajero producto de la impotencia y la frustración. Las cosas comienzan pequeñas y es peligroso dejarlas crecer dentro de nosotros sin saber su origen y su consecuencia, es como el cáncer que no se detecta a tiempo por descuido del paciente.
Tomando en cuenta que la vida es un caminar y que tenemos opciones de cuál ruta tomar en la telaraña virtual en la que nacemos, podemos concluir que el éxito no puede ser considerado una casualidad sino una determinación de la causalidad. Por eso cuando somos niños dependemos de nuestros padres para nuestra protección y sana orientación, también contamos con el amparo de las instituciones del estado, pero luego que nos hacemos adultos necesitamos recapacitarnos y asumir nuestras responsabilidades en el entorno personal y social y de una manera diáfana tener definidas las estrategias para convertirnos en triunfadores del camino.
Una de las mejores advertencias que puedo hacerles a mis compañeros de este caminar que demanda resolver un problema divertido, es tomar en cuenta que en el transitar de la vida no todo lo que se escucha o se dice es verdad, vivimos un trayecto transitados por muchos que no saben adónde van y para lo peor ni siquiera les importa. Por eso no se dejen guiar por otros ciegos o terminaran todos en el abismo. Aquí se incluyen aquellos que negocian con la mentira y tienen negocios utilizando a brujos y religiosos, que crean duendes que condenan tomando de base las primicias de asumidos principios morales,  aprendidas conductas o comportamientos que nos hacen súbditos fracasados del imperio del oportunismo. El hábito no hace el monje, no importa si lo ayuda.
Finalmente no se puede olvidar que el propósito de dormir es para continuar despierto y con al éxito no se llega sin enfoque ni consistencia. Todos tenemos éxitos en la vida pero muchos no saben verlo de esta manera porque erróneamente esperan llegar al cielo sin conocer la tierra. El mejor éxito es un respiro sucesivo para continuar la marcha.

Es mejor precaver que tener que lamentar

Estar atento, caminar de prisa, transmitir que vas para algún lado, son ingredientes para evitar ser víctima del crimen callejero. Los ...