Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

viernes, 28 de junio de 2013

Aquel pueblo de calles polvorientas

Eramis Cruz 

El nombre de Padre Las Casas le deja a uno ese sabor a colonia, a tiempo de grandes contradicciones en una época en la que nuestra América fue hallada en medio de los océanos. Aquel tiempo cuando supuestamente no teníamos ni siquiera un nombre y tomaron prestado el de la India mientras se definía qué era lo que  habían encontrado.
Llegamos al siglo 21 y esta América se esfuerza por dar un salto para acabar con la miseria que aún afecta a muchos hogares por todas partes. La mayor dificultad ha sido convencer al más necesitado de que  el costo vida no se resuelve con el maná que dicen una vez cayó del cielo. Que Dios no le va ayudar, ya lo hizo cuando le dio las habilidades para que trabajara creativamente y con dignidad por su bien el de los suyos, Pero el concepto trabajo demanda que existe un interacción social dignificante.
Pero hablando del presente nos damos cuenta que hay aspecto de los seres humanos que poco han cambiado. Creo que muchos percibimos que pasaron muchas horas maravillosas sin darnos cuenta de su magia, posiblemente momentos de simplicidad, de nimiedades que luego nos dan las mejores lecciones de vida. Fonemas capaces de crear metáforas divinas o llaman a la conciencia de las personas sobre el mundo o la localidad en que se vive, que el mundo nos pertenece a todos por igual.
La virtualidad del presente, y ni siquiera la del futuro, podrá ocultar la realidad de una gran mayoría de los hombres y mujeres que habitan la tierra. Creo que es cierto que lo más difícil de ver es la realidad, aunque resulte paradójico. Si no inspiramos a los niños de hoy en la grandeza que nos dignifica no tendrán un mañana de fuertes raíces.
Pero quién no se detiene a mirar el vuelo de alas extendidas de las águilas, donde el humano no las puede alcanzar. El envanecimiento del hombre con poder se rinde ante la vulnerabilidad de la vida frente a la muerte. ¿Quién no recuerda un tiempo o un lugar? El tiempo solo existe en el espacio, en la movilidad invisible de los átomos.
 Aunque viví en el Cibao, ningún pueblo de mis país me tocó tanto el alma como Padre las Casas (Valle de las Aguas), que nadie me pregunte por qué, no podría decirlo como lo diría un poeta de entre los ríos. Tal vez fueron sus calles polvorientas o el agua fresca de sus chorreras, tal vez fueron las pupilas de sus bellas mujeres o la voluntad libertaria de sus jóvenes.  Sucedió un día de cielo claro en el tiempo de la dictadura ilustrada, entonces creíamos en la convivencia para compartir las penas y sumar la alegría. Esta motivación aún perdura en grupo juveniles de esa comunidad.
En más de una ocasión llegué aquel lugar, anteriormente conocido como Túbano, donde era tan visible la injusticia en la distribución de los recursos, en un país de tan patética desigualdades. Una familia de apellido Paniagua era dueña de calle completa, y elementos sátrapas con influencia en las fuerzas armadas dominaban el municipio como dueños absolutos.
Subiendo por un camino largo llegamos a un alto donde tuvimos un encuentro con la gente y con un cura odiado por los terratenientes, pero a la par también encontramos unos canadienses considerados  expías norteamericanos. Ellos eran gente abierta a la conversación y el intercambio, claro era mejor para ellos fuera lo que fueran. Todavía hoy existe allí asistencia de agencias internacionales.
Esa vez llegué allí, como lo hice entonces a otros pueblos, como líder juvenil del sindicalismo, brillante, talentoso, y con fe en el futuro, no se sorprenda, para esos años muchos jóvenes dominicanos pecábamos de esa autoestima, créamelo que rechacé más de una vez la oportunidad de obtener una visa americana. Hablamos de una juventud que leía y discutía las ideas y los hechos y proclamaba “habrá las rejas señor gobierno”. Tal vez para muchos era frase la suena extraña, pero no la realidad que golpea de la misma manera, vivimos las alucinaciones de un futuro dominado por la ficción.
Después de la comida del medio día, el señor donde me hospedé me invitó a dormir la siesta, rechacé con timidez la oferta, pero obedeciendo a su insistencia sincera, acepté dormir la hora recia del pasado meridiano. ¡Valla acogedora suavidad del colchón de lana! Cómo confié en la pureza de la sábana blanca, en la puerta trasera a lo ancho abierta, en la brisa fresca que acarició mi piel en mi sueño. Nunca olvidaré la hospitalidad de aquella gente nuestra de aquella década los años 70’s. ¡Qué buenos amigos fueron ellos, los de Padre las Casas!
Sin embargo da lástima saber de los grandes problemas de esa población, actualmente de 30 mil habitantes, que no fueron resueltos durante los doce años del gobierno de Leonel Fernández Reyna. Definitivamente le ha convenido a los malos gobiernos que el país mantenga esa mentalidad de pobre, de vivir comparándose a los menos agraciados de América Latina, así nunca alcanza el presupuesto ni los impuestos. Quién se crea pobre y desgraciado, nunca dejará de serlo, mucho menos cuando es una triquiñuela maquiavélica de quien se considera madre, padre y maestro de los desdichados, santo milagroso del voto popular.
Si algo fuera utilizable para el desarrollo de las poblaciones desventajadas, como la de Padre las Casas, se gasta en las campañas electorales y las negociaciones de partidillos que se hacen a escondida de la luz pública, dicen que así es la política. Pero un hijo de esta tierra, Amaury Germán Aristy, sacrificó su vida para sembrar una historia.
 Hace unos meses sus pobladores denunciaron a los medios la carestía de la luz eléctrica aún cuando sufren largas interrupciones del servicio. Dijeron que no existe un sistema cloacal y por lo tanto las aguas impuras provenientes de los hogares se vierten a las calles, poniendo en riesgo la salud de todos. A esto se agrega que  cuando se desborda la presa Sabana Yegua inunda el cementerio provocando una situación de salubridad preocupante para los habitantes de Padre las casas. Cuentan con un acueducto que fue construido hace cincuenta años y no cuenta con un sistema de purificación.
Simplemente poco ha cambiado en este valioso municipio de la provincia de Azua desde los 1970’s a la fecha. A pesar de que tantas cosas han cambiado desde entonces, no solo en el mundo digital sino en las concepciones más impensadas; quién hubiese creído que los gobiernos imperiales pasarían a ser los clandestinos, expías secretos de la ciudadanía, y a cambio, los clandestinos de la guerra fría los terroristas, sean estos del Talibán o inmigrantes de Latinoamérica, solamente se transformó la guerra fría con la modificación económica global.
Dejaron de existir las comunidades aisladas en el mundo, cada coordenada existe, pero solo se ve donde se crea que vive un terrorista, aunque usted no se dé cuenta, se le marca con solo usar ciertas  palabras, por teléfono, por correo electrónico, o cualquier medio digital de la comunicación social. Qué no se diga que nadie sabía la coordenada de Padre las Casas, (18°45′0″N 70°53′0″O) no el que murió hace siglos sino la ciudad de la gente que honra su nombre.
 

 

miércoles, 26 de junio de 2013

¿Por qué no hablar español en el hogar o escribirlo en Facebook?

Eramis Cruz

Ser bilingüe quiere decir hablar y escribir en dos idiomas (en este caso inglés y español), pero extraña que algunas personas denoten tendencia a dejar de lado su idioma en un intento por sobresaltar uno que aprendió, perjudicando a sus hijos que deben aprender un segundo idioma para que sean más cultos y exitosos en este país y dondequiera que vayan. Hablar un segundo idioma es sinónimo de una cultura más amplia hacia más de un horizonte.

No sé si hay alguna manera de entenderlo, sin que nadie se sienta directamente aludido, pero le puedo asegurar que puedo servir de ejemplo en lo que digo, por mi propia experiencia. Comencé a estudiar inglés en mi país, cuando llegué a Estados Unidos me di cuenta de lo mucho que me faltaba. El inglés me permitió una vida más estable con un trabajo mejor y la seguridad de que si salía de un empleo podía conseguir otro. Dicen que las personas bilingües están ganando más dinero en este país que aquellos que solo hablan inglés. Pero a esto se agrega que el español es el segundo idioma de los más hablados del Mundo, después del chino y seguido por el inglés.
 Para los hispanos es parte de sus raíces y lleva su identidad. Pero por estas razones debemos darles la oportunidad a nuestros niños de aprender español. La mejor manera es hablar el idioma español en casa y que ellos se den cuenta que se usa con ellos de manera habitual.
En el caso de los dominicanos, que en general bastante malo hablamos el español, en compasión con otros países como Columbia y México, el esfuerzo debe ser mayor. Se trata de lograr una meta que permita que se aprenda a hablar y también a escribir este idioma. Claro que también dependerá del esfuerzo académico en esta dirección.
Está demostrado que el aprendizaje del inglés para los niños que nacen en este país, no se ve de ninguna manera obstruido por el hecho de que aprendan un segundo idioma, bien ambos idiomas pueden ser aprendidos a la vez, aunque siempre es notable que exista más facilidad para el inglés  en razón de los medios de comunicación y la educación escolar impartida en inglés.
Es justo decir que existe en muchos inmigrantes de nuestra América cervantina un delirio que por mucho tiempo nos ha perseguido enmascarando el colonialismo, esa manera de creernos que lo del otro es mejor y que lo nuestro es algo que nos avergüenza cuando hay confrontación de valores o se interactúan las circunstancias. Me refiero a lo pro europeo o a lo que sigue patrones de aquel que ha dominado e impuesto su cultura, su economía y ha pretendido escribir nuestras historia según la visión de la suya. ¿Y de que está hablando este? Claro que no se entiende especialmente porque está en español. Definitivamente que el que anda en busca de lo ajena es porque le falta algo propio, estos prejuicios se ven acentuado por una estatura de negación que rebasa la afirmación y la originalidad.
Los padres lo entienden mejor cuando su hija o hijo no puede ocupar un empelo bien pagado porque el español que habla es una jerigonza rara al idioma de Cervantes, de esa que muchos escriben en Facebook y lo peor es que lo que otros escriben en ingles no está lejos de una jerga ofensiva al idioma de Shakespeare.
Sin ofender a nadie, ya que somos grandes familias hispanas que hemos venido a transformar este país con nuestro trabajo y esfuerzo, demostrando que podernos cambiar la historia y garantizarle a esta gran nación un futuro diferente al que corrieron antiguas civilizaciones que se vieron condenadas a desaparecer por ir en contra sus vecinos y hasta de su propia gente.
A pesar de toda la información disponible sobre este tema, no es fácil poner todos los elementos juntos para terminar definiendo una meta que termine en un cambio de actitud una modificación de lo habitual para inmiscuirse en al alcance de un punto que facilite la integridad que supone vivir en una dualidad de culturas o influencias ipso facto.
Existe un pequeño libro muy importante que tuve la oportunidad de leer mientras asistía al colegio, “Hunger of Memory, the education of Richard Rodríguez”, se trata de una obra publicada por este autor de descendencia mexicano (chicano) en 1982 y que enfatiza en el aspecto de la alienación sufrida con respecto al avance académico enfatizando lo idiomático, del  inglés  como lenguaje de negocio en comparación con la familia y el idioma materno.

sábado, 22 de junio de 2013


Corazón contento señor barriga

Eramis Cruz
 

Mucho antes de que las cosas cambiaran, había gente que decía que no era posible, todavía después del cambio, sigue diciendo que no será por mucho tiempo. Los cambios no suceden solamente por la voluntad de alguien, los agentes activos de los procesos cuentan como elementos causales en una dinámica dialéctica donde tanto lo negativo como lo positivo juega un papel matemáticamente determinado, no por el poder de los duendes, sino por la historia. Por eso no es raro ver un payaso llorando, una persona rica que envidie la felicidad de su vecino pobre, o a alguien que no es envidioso, pero quiere tener una mujer como esa, unos hijos como aquellos, o simplemente la capacidad de tolerancia de un hombre que trabaja de sol a sol por un jornal que le ayuda a llevar la vida.
Otras veces alguien que no lo dice, le gustaría poder hilvanar las ideal, como lo hace su amigo a quien a regaña dientes llaman escritor. Es él quien escribe páginas que luego se dejan llevar por los vientos, nunca deja de escribir, no le importa el costo de lo que piensa, aunque a veces se cuestione cuánto gana un analfabeto en las grandes ligas.
Como hay tantos que les gusta la vida fácil, hay otros que saben cómo hacerles el juego. Las cosas cambiaran pero será más difícil mientras una mayoría piense que no vale la pena. Mucha gente no sabe si ha cambiado, sigue pensando que el pasado fue mejor, quien no mira hacia adelante, terminará condenado por la miopía del pretérito.
 Yo no tengo la verdad sino la capacidad de cuestionarla.

–¿Para qué el cambio o para qué cambiar?

–¿Y desde cuándo eres el mismo?

En el mundo no existe nada más importante que el trabajo, después del trabajador, es una pena que a tantos se les pague tan barato él. Una cosa son los valores y otra los intereses y aquel que no sabe la diferencia terminara esclavo de la economía.
La mejor técnica del capitalismo en los últimos tiempos es hacer caer migajas de la mesa y usar los medios para hacerte creer que eres feliz, debajo del comedor, como un gato distinguido.
Nada de lo anterior debe ser entendido como premisa para vivir amargado y por el contrario comprender que la verdadera felicidad es cuando uno se siente realizado por dentro y por fuera, sin vivir camuflando los fracasos, especialmente aquellos con son productos de factores exteriores que demandan correctivos comunes. El ser humano dejar de ser político cuando deja en los margines la ideología que conduce al menos al derecho de vivir por una utopía. La utopía solo es dominio de aquel que sabe que una sociedad no será mejor así, como un milagro. Luego tendremos que reconocer que Dios no tuvo la culpa.

jueves, 6 de junio de 2013

El miedo subjetivo como instrumento político


   Eramis Cruz
 
A veces cuesta trabajo acostumbrarse, especialmente a lo que de alguna manera adviene contra el sentido natural, la dignidad  o la sublimidad de la justicia. La miseria y la ignorancia suelen andar de las manos, del mismo modo que la ambición y el engaño son instrumentos útiles de quienes prefieren la riqueza y el poder al precio que sea necesario.
La gente suele respetar a quien tiene poder o autoridad aún cuando esta le haya sido transferida por medio de sofisma y oportunismo. Transitamos por la vida por caminos difíciles, y el hecho de que muchos de nosotros nos hayamos superados no quiere decir que todavía no existan seres humanos víctimas de la violencia, aquella que se impone por medio de la confabulación.
Aún son muchos los que sustituyen su potencial para el talento y la superación por una fe carente de sentido. El mundo entero con todas sus riquezas y todas sus posibilidades nos ha sido ofrecido para hacer más hermosa la vida, pero hay distorsión de quienes se han dedicado a crear demonios para justificar la existencia de sus dioses, haciendo creer que existen los milagros, y mientras los tontos útiles se pierden por la vía de la ignorancia, otros viven en la abundancia ilimitada.
Todos logramos vivir una época durante la cual tenemos que conectar el pasado para visualizar el porvenir, pero lamentablemente la historia no es siempre contada como sucedió. Las imperfecciones subjetivas, las contradicciones de los procesos, y los interese encontrados de los elementos participativos desafían nuestra capacidad de razonamiento.
El estado es el poder, la economía es el poder, la religión es el poder, los medios son el poder, la información y el dominio intelectual, la capacidad de habilidades y destrezas en diferentes disciplinas constituyen el poder. El poder es el resultado de una combinación de elementos. Y uno se pregunta por qué no tiene poder o por qué grande segmentos de la población de un país carece de poder, mientras grupos pequeños o clases sociales tiene más poder del necesario.
De la misma manera, existe otra forma de explicarse la misma cosa para llegar a los mismos resultados. ¿Qué es lo que le meten en la cabeza a la gente desde el mismo momento de nacer hasta la muerte? ¿Y cómo se concibe que una persona nunca cuestione si las cosas que ocupan la telaraña de su cerebro fueron productos del pensamiento de otros que según determinados intereses hizo creer como verdad absoluta o como dogmas incuestionables?
La mayoría de la gente vive con miedo, un miedo que le llega a los huesos y le amilana el espíritu. Existe un terrorismo que no se deja ver, impuesto por el poder del más fuerte a través de la imposición de la mentira y la falsedad proyectada hacia la eternidad. La mentira se presenta protegida por la súper estructura del poder establecido y mantenida por medio de la cultura, las tradiciones y los elementos del intelecto embotellados por medio de la domesticación, no por la educación.
El miedo no es una condición que perturba solamente al pobre o al ignorante, este se extiende a todo individuo que desconoce su origen y la razón de su persistencia. Sin embargo existe otra condición que se parece mucho al miedo, es la inseguridad. La inseguridad al desempleo, a la posibilidad de  perder lo que se quiere o se ama. La inseguridad es muy distinta al miedo, por lo menos no tiene ese perfil mortífero del miedo.
El miedo al fracaso es el peor de todo, es más terrorista que el miedo a la muerte, la muerte no siempre asusta a todo el mundo, hay personas que con pleno placer desafían a la muerte cada vez que tienen una oportunidad, lo hacen fumando a sabiendas que hace daño, toman alcohol aunque saben de sus efectos destructivos del tejido y órganos del cuerpo. Y no podemos dejar de lado a aquellos que manejan a alta velocidad en una búsqueda inconsciente de un desenlace fatal no solo para ellos sino para los demás a quienes ni siquiera conocen, sean estos niños o adultos.
Pero el miedo al fracaso es el peor, no deja vivir y si se vive, no permite triunfar. Con miedo no se llega al éxito porque se carece de la valentía y de la voluntad para desafiar los elementos intricados en el fundo de las dificultades. El miedo no permite mirar más allá de la distancia que existen entre el obstáculo que aumenta su tamaño o usa un camuflaje efectivo para confundir al protagonista. El miedo el veneno que surge de la fuente del río negativo de la desgracia del fatalismo de la mala suerte.
Existe el miedo a ser ridículo, el miedo a perder, a no llegar a la meta, a no poseer las cualidades de súper hombre que solo se ven en las películas y las fantasías que sirven para entretener a los niños.
El mundo objetivo no existe en la mente de las personas, pero somos los humanos los capaces de divulgar nuestros pensamientos, de grabar nuestras ideas y creencias en los medios disponibles según el tiempo de que se trate, sobre el papiro o sobre un CD de códigos digitales. Esta corriente manipulativa es tan fuerte que la veracidad del pensamiento único viene a ser confundido con la propia realidad. La idea se hizo dios y vino a dominar a la mayoría de los habitantes de este mundo y a doblegarlos ante una condena eterna en el fuego fulgurante del infierno, (simplemente dantesca).
Y uno se pregunta ¿Por qué tanto miedo en el mundo? Si es cierto que solo si vive una vez, también es cierto que solo se muere una vez. Pero ya dijimos que no se trata exactamente del miedo a la muerte, si no del miedo que justifica la mediocridad de la vida sometida a la esclavitud.
Para concluir de una manera simple y lograr una reflexión autocritica, a todos se nos ha dicho que Dios es amor, que Dios es grande, pero sobre todo que Dios es justo y perfecto. Sin embargo este mundo que se nos ha presentado como dependiente del pecado y creado por el mismo Dios, presenta una contradicción que solo el miedo es capaz de pasar por alto. De ahí se agregan a Dios los grandes misterios que el hombre no tiene derecho a cuestionar si no a creer, de lo contrario comete blasfemia.
De esta manera y según la miopía de esta filosofía, existe Dios pero también el diablo, existe la gloria para él que se porta bien y el infierno para él que se porta mal. Solo resta definir qué es lo que está mal y que es lo que está bien. Y por qué algo ha de estar mal eternamente o bien eternamente. Finalmente usted debe preguntarse si no tiene miedo de pensar en esto ni de discutirlo, corriendo el riesgo de ser acusado de ateo genuino o comunista empedernido.  Al final debemos de perder el miedo a perder el miedo, a pasar de un titilo que dice que “los valientes mueren jóvenes”.
El terrorismo, tal como se le define hoy, tiene como fin implantar el miedo, amedrentar al poder por su parte más vulnerable. El terrorista no persigue matar gente como único fin, sino utilizar el miedo como un instrumento político capaz de conllevar a la negociación, voluntaria o forzada. Al fin los terroristas no son los únicos que usan el miedo como instrumento político, de lo contrario, uno se pregunta para qué se lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima.
 
Tanto los pueblos como las personas se hacen libres cuando vencen su propio miedo.

 




 

martes, 4 de junio de 2013

Abuelas centauras en la memoria de los niños

Eramis Cruz

Cuando caí en la cuenta solo quedaba la historia, la de un hombre que fue muy rico, decían, que tenía mucha tierra que heredó de sus padres, luego agregaban que todo lo había perdido, en diferentes tiempos y causas. Pero quien era rico era él, los demás estaban sujeto su voluntad. Fue de esta manera como la familia hizo del fracaso la razón de una ruina recurrente, moral más que económica.
Recuerdo con claridad cómo la gente solía discutir los asuntos familiares por muy íntimos que fueran delante de los niños, asumiendo que estos no sabían de qué se hablaba. Puedo darme el crédito de haber sido un muchacho muy discreto, que nunca dijo lo que podía complicar la vida de los demás. Por mi parte, entendía mucho más de lo que los demás podían suponer. Que el cura de la iglesia portaba una pistola para defenderse de su falta de fe. Que la señora de la casa, al otro lado de la calle, era una querida de un diputado de la dictadura trujillista.
También sabía que el tipo de la esquina era considerado un desgraciado que luego de llegar intoxicado a hora tarde de la noche le entraba a golpes despiadados a su mujer, a ella que durante todo el día había cuidado de la casa y de los niños, y se había visto compelida a mentir a los acreedores de su marido. La “violencia de género” no era un término usado entonces, pero su efecto psicológico era el mismo.
Algo que no se podía comentar donde los viejos lo oyeran, aunque todo el mundo lo sabía, era que el maestro que vivía en la soledad de la casa de alquiler de doña Virgen era un homosexual, algo no tolerado en aquellos años. El hombre venía en chancleta a disfrutar el frescor de la noche haciendo ademanes que los demás pretendían ignorar. Se trataba de estereotipo generalizado.
Lo que no se quiere que se sepa es mejor que  no se diga, pero está demostrado que la gente no puede ser discreta con lo que tiene carácter de curiosidad o contiene algo que interesa por razones humanas o sociales. La memoria larga es la que más perdura, y es ella la que nos permite establecer relaciones entre los elementos que determinan nuestro mundo personal. Por esta razón cambiamos con el tiempo la manera cómo nos tratamos con las personas. Los niños recuerdan mejor que nadie el comportamiento de los adultos.
No hace mucho tiempo que la gente solía ser muy cruel con los niños, estos sufrían en carne viva las consecuencias de los conflictos familiares y de los encuentros de intereses de los mayores. Esto era más impactante en el aspecto emocional porque a los niños se les obligaba a callar y no se protegía su integridad ni su inocencia. Las peores crueldades no eran los llamados castigos impuestos como disciplina o como amedrentamiento al mal comportamiento, sino que más que eso eran las huellas dejadas en el alma producto de la ignorancia de esos tiempos.
A estos se agregan las conjeturas políticas, los atropellos de la dictadura contra los elementos de la oposición, era un peligro decir algo sobre un implicado aún no se le conociera personalmente. Recuerdo que cuando nos reuníamos los muchachos del barrio, tomábamos receso entre los juegos y en más de una ocasión nos preguntamos quién era más grande o poderoso de Dios o Trujillo.
De lo que sí puedo dar fe es que a pesar de las limitaciones y la miseria que se vivía entonces en una gran parte de la población dominicana, una situación que no era única de nuestro país, ya que otros tantos de América Latina tenían la misma situación, el rose humano entre familiares establecía un lazo poderoso difícil de romper, no importa cuán fuera la fuerza del infortunio.
Especialmente las abuelas, con aquella manera tan piadosa y condescendiente de verlo todo. El trato con los mayores era de un gran respeto, no solo de los jóvenes hacia ellos, sino que los mayores también se hacían respetar por la manera amorosa de tratar a sus nietos, y de la misma manera a los demás niños de pueblos y comarcas.
Es verdad que la manera de divertirse de aquellos tiempos también era más humana, no había la distracción que hoy causan los teléfonos celulares, las tabletas electrónicas y las mismas computadoras, algo que se complementan con los videos juegos. ¿Quién no recuerda lo que era sentarse alrededor de una abuela y oír sus cuentos e historias de terror? Para ese tiempo en la familia teníamos unas cuantas viejas centauras, todas conocidas por apodos, por ejemplo la abuela Yoyo, Mambó que para nosotros era algo más distante, Maruca que era como la madre todo el mundo, afanosa e incansable y la vieja Julia que se robaba el show. Mambó era imponente y carecía de tolerancia, Maruca era rígida y energética y le gustaba jugar la lotería. Yoyo era la más elegante de todas, pelo largo y ojos que perdieron su verdor para hacerse grises, pero la vieja Julia era la santidad resumida en el rostro de una virgen que estuvo en la tierra hasta sus años seniles.
Cuando nosotros éramos unos niños todavía tiernos, se fijó en nuestra memoria la figura de la vieja Julia. Nuestra familia, por ser tan grande, tenía una conexión bastante retorcida con estos viejos, en realidad eran nuestros abuelos pero no necesariamente por lazos sanguíneos. Cuando conocimos a la vieja Julia hacía tiempo que era una vieja, que no vestía de ningún color que no fuera el blando, que nunca se bajaba un rosario del cuello, ni dejaba de lado unos escapularios que compraba en la vitrina de la iglesia o los vendían frente a la iglesia después de la misa los domingos en la mañana. Ella tenía un lote de hijos que para nosotros eran también mayores que la llamaban mamá Julia. No conocí a nadie de edad tan avanzada y gozando de excelente salud, creo que se murió se dejar de ser como era.
Cuando nuestra madre tenía que salir por una urgencia, la vieja Julia se prestaba a venir a nuestro cuidado. Para nosotros era una gran noticia que la abuela viniera a compartir un día y una noche con nosotros. La verdad que no puedo descifrar la razón por la que le teníamos tanto cariño a esta señora. Ella era algo encorvada por el peso de los años, pero su mente era diáfana y clara como el cristal, hablaba lento pero nunca rebuscaba palabras como los viejos de ahora, que son olvidadizos y con poca historia para contar aun sea por no tener a nadie que les escuche.
Nada era más patético para nosotros que la muerte. La muerte no era el acto de morir e irse de este mundo, la muerte era un personaje muy particular, tenía forma de mujer o de hombre, podía presentarse anunciando la muerte de alguien, un conocido o un familiar, o simplemente podía ser un bulto al lado del cajón de la letrina en el fondo del patio. El silencio de la muerte era el cómplice de su grima.
Pero la vieja Julia no solo era un personaje por sus cualidades tan particulares, sino que luego que ella se marchaba y los mayores hablaban de ella, decían que era la mejor con respecto a los muertos, que no solo los veía sino que hablaba con ellos.
Nuestra bisabuela, la vieja mita era la más vieja de todas las viejas de la familia, debí conocerla en su cama cuando yo tenía unos cinco años. Eran buenos tiempos aquellos, a pesar del tabaco que masticaban estos señoras su vida era larga y tal vez sufrían de dolor de muela por carecer de conocimiento sobre al arte de curar las caries.
El miedo a los muertos se nos curó con la llegada a los hogares y barriadas de la luz eléctrica, pero no así nuestros gratos recuerdos de los tiempos de esas abuelas centauras. Dicen que los tiempos que se van no vuelve, pero aquellos a veces nos parece que se quedaron para siempre por lo menos en la sutilidad de los recuerdos.