domingo, 9 de diciembre de 2018

LA DEBILIDAD DE LA FUERZA

Por JUAN BOSCH

By Luis Rodríguez Salcedo

 Publicado en julio del 65 en la revista liberal norteamericana The New Republic bajo el título “The Dominican Revolution” y aquí por el periódico constitucionalista Patria.  En el mismo brilla la luz del intelectual iluminado que fuera esta figura señera de nuestra política y las letras latinoamericanas, ejemplo de templanza ética-

Las revoluciones las han perdido los más fuertes. Una revolución tiene su origen en fenómenos peculiares de su medio social, económico y político, y tiene su fuerza en el corazón en el cerebro de las gentes. Ninguno de esos dos factores de una revolución puede ser medido por computadores electrónicos. Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes. Las trece colonias americanas eran más débiles que Inglaterra, y le ganaron la revolución de Independencia; el Pueblo francés era más débil que la monarquía de Luis XVI y le ganó la revolución del siglo XVIII; Bolívar era más débil que Fernando VII, y le ganó la revolución de América del Sur; Madero era más débil que Porfirio Díaz y le ganó la revolución de 1910; Lenin era más débil que el Gobierno ruso, y le ganó la revolución de 1917.

Todas las revoluciones triunfantes a lo largo de la historia, sin una sola excepción; han sido más débiles que los gobiernos combatidos por ellas. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico
La de Santo Domingo fue —y es— una típica revolución democrática a la manera histórica de la América Latina y se originó en factores sociales, económicos y políticos que eran y son al mismo tiempo dominicanos y latinoamericanos. Para situarla en el contexto latinoamericano, su patrón más cercano en el tiempo es la revolución mexicana de 1910, aunque no debía ni debe esperarse que fuera exactamente igual a esa revolución de México. En términos históricos, nada es igual a nada. A pesar de que habían transcurrido cincuenta y cinco años desde que estalló la revolución mexicana hasta que comenzó la dominicana, y a pesar de que en ese largo tiempo —más de medio siglo— se han extendido por el mundo los estudios políticos, sociales, económicos e históricos, los Estados Unidos actuaron ante la Revolución Dominicana de 1965 en forma casi igual a como hicieron ante la revolución mexicana de 1910. 

En 1965 se ha aducido el peligro comunista como razón de la intervención militar en Santo Domingo; en 1910 no podía usarse ese pretexto para desembarcar tropas en Veracruz porque entonces no existía el peligro comunista. ¿Por qué la actuación ha sido tan parecida? Porque tradicionalmente el mundo oficial norteamericano se ha opuesto a las revoluciones democráticas en la América Latina. Con la excepción de los años de Kennedy, la política exterior norteamericana en la América Latina ha sido la de entenderse con los grupos de poder y la de usar la fuerza para respaldar a esos grupos. Durante los años de Franklyn Delano Roosevelt se abandonó el uso de la intervención armada, pero no se abandonó el apoyo a los grupos dominantes, y todavía en el caso de la revolución cubana de 1933 se hicieron presentes los buques de guerra norteamericanos en aguas de Cuba como un recordatorio ominoso. 

Fue John Fitzgerald Kennedy quien transformó los viejos conceptos y puso en práctica una nueva política, pero desaparecido él, volvió a imponerse el criterio de que el poder se ejerce sólo a través de la fuerza. Esta idea parece no ser correcta. La fuerza como expresión única de poder tiene sus límites: es un instrumento idóneo cuando se enfrenta a la fuerza, pero no lo es cuando se enfrenta a fenómenos que tienen su origen en las bases más profundas de las sociedades.

Stalin pudo haber tenido razón al decir, durante la última guerra mundial, que esa guerra sería ganada por el país que fabricara más motores; pues la lucha de 1939-1945 fue llevada a cabo entre poderes militares organizados, y el poder de cada uno de ellos se medía en términos de fuerza, de divisiones, de cañones, de bombas. Pero una revolución no es una guerra, y hasta se conocen revoluciones que se han hecho sin que haya mediado un disparo de fusil. Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes.

La fuerza como expresión única de poder tiene sus límites: es un instrumento idóneo cuando se enfrenta a la fuerza, pero no lo es cuando se enfrenta a fenómenos que tienen su origen en las bases más profundas de las sociedades. Stalin pudo haber tenido razón al decir, durante la última guerra mundial, que esa guerra sería ganada por el país que fabricara más motores; pues la lucha de 1939-1945 fue llevada a cabo entre poderes militares organizados, y el poder de cada uno de ellos se medía en términos de fuerza, de divisiones, de cañones, de bombas. Pero una revolución no es una guerra, y hasta se conocen revoluciones que se han hecho sin que haya mediado un disparo de fusil.

Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes. Las trece colonias americanas eran más débiles que Inglaterra, y le ganaron la revolución de Independencia; el Pueblo francés era más débil que la monarquía de Luis XVI y le ganó la revolución del siglo XVIII; Bolívar era más débil que Fernando VII, y le ganó la revolución de América del Sur; Madero era más débil que Porfirio Díaz y le ganó la revolución de 1910; Lenin era más débil que el Gobierno ruso, y le ganó la revolución de 1917.

Todas las revoluciones triunfantes a lo largo de la historia, sin una sola excepción; han sido más débiles que los gobiernos combatidos por ellas. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico.

Los Estados Unidos, que en el mes de abril (1965) tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos.

La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados. 

La revolución no fusiló una sola persona, no decapitó a nadie, no quemó una iglesia, no violó a una mujer; pero todo eso se dijo, y se dijo en escala mundial; la revolución no tuvo nada que ver ni con Cuba ni con Rusia ni con China, pero se dio la noticia de que 5 mil soldados de Fidel habían desembarcado en las costas dominicanas, se dio la noticia de que había sido capturado un submarino ruso y se publicaron “fotos” de granadas enviadas por Mao Tse-Tung.

La reacción norteamericana ante la Revolución Dominicana fue excesiva, y para comprender la causa de ese exceso habría que hacer un análisis cuidadoso de los resultados que puedan dar la fe en la fuerza y el uso ilimitado de la fuerza en el campo político, y convendría hacer al mismo tiempo un estudio detallado del papel de la fuerza cuando se convierte en sustituto de la inteligencia.
Juan Bosch
www.teclalibre.org     @teclalibreOrg      teclalibre@yahoo.com     @luisrodsa



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viernes, 26 de octubre de 2018

El soborno que habría pagado España por la anexión en el 1861

El soborno que habría pagado España por la anexión en el 1861

Según el cónsul inglés el imperio entregó 175,000 pesos a Pedro Santana y a ministros

La reina Isabel II, de España, cabeza del imperio español en la época de la anexión. Foto: Wikipedia.
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SANTO DOMINGO. La anexión a España, ocurrida en el 1861, no solo fue el resultado de ciertas circunstancias históricas, sino que también fue motivada por un soborno que habría entregado el imperio al general Pedro Santana, entonces presidente, y a varios ministros, promotores de la reincorporación de la República Dominicana a su antigua metrópoli.
La información relativa al acto de corrupción, que habría ocurrido entonces, está contenida en un reporte remitido por el cónsul inglés de la época, Martin T. Hood, al ministro de Relaciones Exteriores de su país, John Russell, sobre los sucesos concernientes a la anexión, el cual fue publicado por el historiador Hugo Tolentino Dipp en su libro La traición de Pedro Santana.
Es frecuente leer en textos de historia que la anexión fue “un error”, provocado por una opinión muy difundida entre las clases conservadoras y las mayorías de los dominicanos pensantes, según la cual el país tenía que incorporarse a una nación más poderosa para protegerse de posibles invasiones haitianas.
En el informe enviado por Hood a Russell, el 21 de marzo de 1861, le plantea además que las negociaciones de la anexión se realizaron en el mayor secreto y que se extendieron por más de un año.

“Dudo que en los anales de la Historia pueda encontrarse el paralelo de un proceder tan ignominioso o inicuo”, escribió Hood a Russell en el 1861, respecto a la anexión.

“El precio que España pagó por esa iniquidad fue, según me han informado, de ciento setenta y cinco mil pesos para ser distribuidos entre las cinco personas ya mencionadas; de esta suma, 25,000 pesos han sido ya pagados y el resto será enviado desde La Habana, cuando reciban la noticia de que la bandera española está efectivamente ondeando aquí”, afirmó Hood.
En párrafos anteriores, Hood escribió: “Cinco personas, el general Santana, el general (Antonio) Abad Alfau, Miguel Lavastida, Felipe Castro y Pedro Ricart han sido los únicos actores de este infame asunto. Sin consultar con nadie, negando la realidad a todo mundo, durante doce meses han estado en negociaciones con los agentes españoles para vender su país”.
Abad Alfau, Felipe Dávila Fernández de Castro, Pedro Ricart y Torres y Miguel Lavastida eran ministros del gobierno de Santana cuando se produjo la anexión.
El soborno que habría pagado España por la anexión en el 1861
El cónsul inglés además subrayó: “Cuando hubieron llevado a cabo los arreglos, obtuvieron, mediante intimidaciones, algunas firmas al pie de un memorial que servía de excusa a su traición, y ahora, y aun hoy día, las firmas están siendo exigidas con el memorial en una mano y el pasaporte para salir del país en la otra”.
De acuerdo al documento en El Seibo, Azua, Baní y Cotuí los anexionistas tuvieron éxito y la bandera española fue izada en la mañana del 18 de marzo pero en Santiago, Macorís y La Vega prevalecía un gran descontento.

“Se cree que los habitantes de allí rechazarán la anexión a España y proclamarán, como frecuentemente han querido antes, su anexión a los Estados Unidos”, vaticinaba Hood.

Asimismo, informaba a Russell que en la frontera haitiana predominaba el mismo descontento con la diferencia de que los moradores de esos lugares preferían la anexión a Haití.
El cónsul Hood auguraba que no era difícil que se produjera un estallido general y que comenzara en las provincias del Norte, donde los elementos de la resistencia eran más fuertes y estaban organizados contra los españoles.
En efecto, el descontento continuó y la guerra de la Restauración estalló en el 1863, en el Noroeste, con el famoso Grito de Capillo y culminó en el 1865 con el restablecimiento de la República Dominicana.
Respecto a lo sucedido para que se produjera la anexión, Hood le dijo a Russell en el 1861: “Dudo que en los anales de la Historia pueda encontrarse el paralelo de un proceder tan ignominioso o inicuo”.
Pocos vivas y el saludo a la bandera española
El soborno que habría pagado España por la anexión en el 1861
En su comunicación a Russell, el cónsul Martin T. Hood le describió cómo fue proclamada la anexión, ante unas 250 personas en un acto efectuado en la Plaza de Armas de Santo Domingo, después de las ocho de la noche del 18 de marzo de 1861. En el acto no se dirigió a los presentes del presidente Pedro Santana.
Sobre aquel momento, Hood, quien estuvo allí como uno más, contó: “El lugarteniente de Santana se adelantó entonces hacia el balcón y leyó la proclama, de la cual yo le envío una copia y traducción, declarando que Santo Domingo fue reincorporada a los dominios españoles”.
A continuación, agregó: “Hubo unos pocos, no muchos, vivas en el balcón, los cuales fueron respondidos por los españoles presentes en la plaza. Pero ninguno de los dominicanos, ni siquiera los soldados, ni los extranjeros tomaron parte en ello”.
Relató que la bandera española fue izada y saludada luego en la Fortaleza Ozama con 101 cañonazos.
Llanto por la anexión
Por su lado, el vicecónsul inglés radicado en Puerto Plata. C .J. Chesman, le dirigió una carta a Hood en que describió el pesar con que recibieron los dominicanos de esa localidad la noticia de la anexión.
“Tengo el placer de informarle que en la tarde del 26 la bandera española fue izada en lugar de la bandera dominicana en la Comandancia de Armas. El cambio fue efectuado en perfecto silencio y el espectáculo resultó ser verdaderamente melancólico; hombres y mujeres llorando, ni una aclamación, ni un ruido de ninguno de los dos lados y no fue tirada ninguna salva de cañón”, subrayó Chesman.
Y agregó: Este cambio no ha sido efectuado con el consentimiento del pueblo; la mayoría está muy descontenta. Yo tengo el presentimiento de que la presente calma anuncia tormenta”.
En cuanto a la proclamación de la anexión, Tolentino Dipp expresó que “a partir de ahí el pueblo le demostraría a Santana que él nunca había comprendido su amor a la independencia. Tras la guerra más hermosa de nuestra historia, en la que los dominicanos defendieron su tierra y todos los elementos sociales que lo determinaban como un grupo con características de nación, España, vencida, abandonó definitivamente el territorio nacional el 11 de julio de 1865”.

Fuente: https://www.diariolibre.com/revista/cultura/el-soborno-que-habria-pagado-espana-por-la-anexion-en-el-1861-EI11083160



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lunes, 22 de octubre de 2018

Para ser bella por fuera y fuerte por dentro


Eramis Cruz



Recuerdo el tiempo cuando te conocí, vivías entonces en tu pueblo natal, tierra de hombres y mujeres valientes. Eran tus padres quienes proveían lo necesario para ti y tu pequeña hija. Recuerdo que años después tuvimos el honor de tu visita. Nos llamó la atención que fuera tan organizada con tus cosas y hasta meticulosa al comunicarte con la gente. Luego te fuiste dejando una maleta en el closet para asegurarte que regresarías, tomó varios años, pero lo hiciste.
En busca de manera para mejorar la vida tu regresaste y tu hermano se fue de aquí como si estuviera supuesto a ocupar tu lugar al otro lado del océano. He sido testigo de cómo han crecido desde ángulos opuestos. El brilla desde adentro y tu centelleas desde afuera. Según los parámetros de la sociedad ambos parecen tener sentido porque él es hombre y tu eres mujer, pero eso no pasa del estereotipo.

Así es la vida, el espacio y el tiempo no son iguales para todos, lo que si es igual es la reafirmación de que no importa adónde vamos, es necesario que tangamos un cometido en la mente y en el corazón y la convicción de que es realizable, de no serlo tenemos que hacer los ajustes requeridos, pero nunca claudicar.
En varias ocasiones te he referido esta temática, pero ahora que has logrado hacer de tu cuerpo la figura que soñaste y mientras te sientas hermosa por fuera, quiero que te decidas con todo tu coraje y que logres la estabilidad que has estado buscando. Estoy seguro que no eres cobarde, el miedo que sientes es completamente normal en todas las personas que se ven compelidas a enfrentar sus propias limitaciones.
Recuerdas que fuiste capaz de ponerte en forma, moldeaste tu cuerpo y te tomaste las fotografías de colores que veía en tus sueños y en los espejos ajenos.  Rememoras que no lo hiciste en un solo día, de igual manera, necesitas establecer tus metas objetivamente e ir tras ellas. Hay tres cosas indispensables en la vida de una persona, y casi siempre las pasamos inobservables: la educación o habilidad de empleo, un hogar o una casa para guarecernos, y trabajo para ganar los medios que nos exige la vida. De estos tres, el único seguro y que estará con nosotros siempre es la educación. Empleos y viviendas son elementos variables, mientras que la educación la podemos mejorar y de hecho mejora con la experiencia y la preparación adicional, pero nunca se menoscabará.

No pretendo ser tu maestro ni hacer uso de verbo sin praxis, por eso debo exponerte mi ejemplo. Yo inmigré a este país en 1978, tenía 26 años de edad. Llegué peor que tú porque era un indocumentado, estaba casado y tuve tres hijos en unos años. Fui el primero que emigré de mi familia, o sea no tenía ese apoyo moral, sino que era la promesa virtual de otros.
Trabajé en varias factorías, en empleos mal pagados que me presionaban a conseguir algo mejor, quería un empleo en una oficina, como el que tenía en mi país cuando trabajaba como sindicalista, pero esa oportunidad había quedado atrás. sin inglés, sin documentos y sin experiencia, era como una utopía, pero no me detuve y paulatinamente, todo lo puse en su lugar. Solo te menciono estos logros personales para que sepas que tu también puedes, pero no te acomodes, esfuérzate con alegría sin abandonar el ánimo que requiere el día a día.

Cuando no nos ha sido posible llevar una vida ordenada según los estándares sociales, sea a consecuencia de la disfuncionalidad familiar o por razones propias de la edad y tenemos los hijos antes de casarnos, buscamos empleo antes de graduarnos, y desarrollamos experiencias aún muy jóvenes, entonces nos queda el desafío de tener que reordenar los elementos de la mejor manera posible. Un día mi hija de cuatro años de edad me preguntó porqué ella estaba en la fotografía de nuestras bodas, la verdad que no lo pensamos antes de hacerlo. Fue difícil, pero tratamos de explicárselo.

Yo estoy felizmente retirado, puedo ocuparme de mis obligaciones del mismo modo hice durante los 23 años que trabajaba para la Ciudad. Tu apenas comienzas tu carrera, y no tengo dudas que lograrás lo que te propongas.

Nunca es tarde para quien quiere reinventar los apremios del tiempo, del mismo modo, uno no se detiene ante la distancia cuando sabe adonde va. Lo más importante de envolverse en estos cometidos es que ir en su búsqueda resulta divertido, porque se puede vivir al mismo tiempo, y cada paso que se logra hacia adelante, es un destello de indetenible voluntad.

LA DEBILIDAD DE LA FUERZA

Por JUAN BOSCH By  Luis Rodríguez Salcedo   On  Dic 7, 2018 Publicado en julio del 65 en la revista liberal norteamericana The New Repu...