Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

jueves, 20 de febrero de 2014

Ada Byron, condesa de Lovelace (1815-1851)







"Al desabrochar el abrigo, metió las manos en los bolsillos de su pantalón para mostrar mejor el chaleco, que estaba tejido con el dibujo de un mosaico impreciso de diminutos cuadros azules y blancos. Los sastres los denominaban el Estampado a cuadros de Ada, la señora que había programado el telar Jacquard para que tejiera álgebra pura"

Gibson y B. Sterling

Hace muchos, muchos años, allá por el año 1944, había una hermosa joven en una fábrica de tejidos que producía en serie, metros y metros de telas estampadas. La joven vigilaba el correcto funcionamiento de una máquina que tejía automáticamente los dibujos gracias a unas tarjetas que guardaban todas las órdenes necesarias. Grupos de tarjetas que actuaban una y otra vez para estampar repetidamente el mismo motivo a lo largo de la enorme pieza de tela. Libre de pensar en el número de pasadas y puntos en que antaño ocupaba su atención, cuando atendía su propio telar en la casa familiar, ahora mataba el hastío dejando volar su imaginación en alas de los cuentos de hadas y soñaba que una de ellas se había ocupado de ahorrarle la monotonía de las repeticiones. Recuerda que le gustaba crear o descifrar una muestra, pero luego era embrutecedora la necesidad de repetirla infinidad de veces hasta conseguir la pieza completa Ciertamente, en un lejano país, muchos años atrás, una hechicera, hija de un poeta mágico y de la princesa de los paralelogramos, inventó un lenguaje nuevo con la intención que la bella joven suponía. Aunque ahora parecía que una horrible bruja la había encadenado a aquella máquina y la había convertido en una pieza más de la enorme fábrica que deglutía millas y millas de hilo y vomitaba sin cesar las piezas “manufacturadas” que engrosaban progresivamente las arcas del amo.

La niña hechicera recibió, al nacer, el nombre de Ada y heredó de sus padres dos dones, de su madre el don de hablar el lenguaje de la aritmética y la geometría y de su padre el don de las letras. Gracias a estos dones, siendo muy joven, inventó unas palabras mágicas que, ser pronunciadas por los duendes mecánicos, eran capaces de conseguir lo arriba referido. 

La industria textil vio pronto la posibilidad de tejer los mismos estampados con muchas menos tarjetas y adiestró a sus duendes en la pronunciación de las palabras mágicas. Los duendes así adiestrados produjeron tal cantidad de telas estampadas y brocados que las aldeas se vaciaron porque las jóvenes aldeanas y los mozos de las aldeas emigraron a lejanas ciudades atraídos por la magia de éstos duendes y en busca de fortuna.
Este relato parece un cuento, pero no lo es: Ada, en 1833, era una joven de 17 años. Un lunes del mes de junio, el día 5 exactamente, iba con su madre, Annabella Milbanke, a ver la máquina pensante, era la máquina de diferencias de Charles Babbage.

Unas semanas antes le habían conocido en una fiesta en casa de Mary Somerville, que introdujo a Ada en el mundo de las diferencias finitas. Ya en aquella ocasión, Babbage les hizo saber que estaba pensando en construir una máquina totalmente nueva. El proceso simplificador del cálculo seguía avanzando a lo largo de la Historia. Y todavía avanzaría más, cuando la tecnología llegara a estar a la altura del "Hardware" de Charles y del "Software" de Ada. 

Diez años más tarde del primer encuentro entre Ada y Charles, éste último daría una conferencia en Turín para presentar su Ingenio Analítico, como llamó a la nueva máquina. Acudió a la conferencia el joven ingeniero Menabrea. Quedó tan impresionado que escribió un resumen de la conferencia y lo publicó en francés. Ada, que ahora era la esposa del conde de Lovelace y, por eso, llevaba su apellido, se puso a traducir el resumen de Menabrea. Enterado Babbage, la animó a comentar la traducción y, así, fue como surgió su obra “Sobre la máquina analítica”.

En palabras de Ada Byron Lovelace, “La característica que distingue a la máquina analítica, es la inclusión en ella del principio que Jacquard concibió para regular la fabricación, mediante tarjetas perforadas, de los más complicados modelos de brocados. Al capacitar a los mecanismos para combinar entre sí símbolos generales en sucesiones de variedad y extensión ilimitadas, se establece un eslabón entre las operaciones materiales y los procesosmentales abstractos de la rama más teórica de la ciencia matemática. Se desarrolla un lenguaje nuevo, amplio y poderoso, para su empleo futuro en elanálisis, cuyas verdades se podrán manejar de modo que su aplicación sea más práctica y precisa para la humanidad de lo que hasta ahora han hecho las medidas a nuestro alcance”
En sus márgenes una explicación de cómo hacerla funcionar, que triplicaba el texto, mejoraba el reciente invento de las tarjetas perforadas del francés mencionado por ella misma, Jacquard, para que pudieran ser reutilizadas en las tareas cíclicas.
Aquello era el invento de las subrutinas, pieza clave en la programación de los modernos ordenadores.

En otra de sus páginas se podía leer: "La Máquina Analítica no tiene ninguna pretensión de originar nada. Es capaz de hacer cualquier cosa, siempre que sepamos ordenarle cómo hacerla. Puede seguir el análisis; pero no tiene capacidad de anticipar cualquier relación o verdad analítica. Es de su incumbencia ayudarnos a hacer disponible lo que ya conocemos. Está calculada para hacer esto primordialmente y sobre todo, claro está, por medio de sus facultades ejecutivas; pero es posible que ejerza una influencia indirecta en la ciencia misma de otra manera. Porque, al distribuir y combinar las verdades y las fórmulas del análisis de manera tal que sean lo más fácil y rápidamente disponibles a las combinaciones mecánicas de la máquina, las relaciones y la naturaleza de varios temas en esa ciencia, reciben necesariamente una nueva luz, y se investigan más profundamente".

El Ingenio analítico estaba diseñado con dispositivo de entrada, a semejanza de las tarjetas perforadas del telar de Jacquard; almacén, llamado hoy memoria; molino, nuestro micro y moderno procesador, y dispositivo de salida en papel u otra vez en tarjetas, como las actuales impresoras y disqueteras. La máquina podía sumar, restar, multiplicar, dividir –como la máquina de Pascal- y ejecutar instrucciones atendiendo a ciertas condiciones, repetir algunas de las instrucciones y computar cualquier fórmula algebraica, sin intervención humana en el proceso de cálculo. Bastaba para ello traducir las órdenes, condiciones y fórmulas algebraicas a tarjetas perforadas, éstas eran sólo otro lenguaje analítico, un lenguaje de programación, diríamos hoy, en realidad el Software de Ada. Era con esta aportación con lo que la condesa de Lovelace superaba al telar inventado por Jacquard en 1801, que organizaba las hebras de las tejedoras, que a su vez habían aprendido de las arañas o tal vez de las mariposas. 

Ada Byron nació en Londres el día 10 de diciembre de 1815, con el fin del imperio napoleónico. Fue hija de Anne Isabella Milbanke y de Lord Byron. Las fechas de nacimiento de los progenitores marcan los extremos de uno de losperiodos históricamente más relevantes para Europa: la Revolución Francesa.Él con el anuncio de la convocatoria de Estados Generales, pocos meses antes de la toma de la Bastilla, ella el mismo año en que Mary Wollstonecraft publicó la Vindicación de los Derechos de la Mujer en Londres y Francia declaraba su primera República.

El matrimonio, celebrado en Londres mientras Napoleón iniciaba sus memorias y su declive, fracasó inmediatamente y Lord Byron abandonó la ciudad pocos meses después. Pasó el verano de 1816 en Suiza con Percy y Mary Shelley, autora de la novela Frankestein.

La princesa de los paralelogramos, como llamaba Byron a su esposa que había estudiado álgebra, geometría y astronomía con el Catedrático de Cambridge William Frend, puso todo su empeño en educar a su hija científicamente, alejada de las "triviales" tendencias literarias y en la más severa "disciplina", para contrarrestar los “vapores de la fantasía” que había heredado de su padre. Ada tuvo como profesora de matemáticas a Mary Somerville y también recibió consejo científico de Lord Morgan. Luego, cuando conoció a Babbage, aprovechó esta amistad para seguir creciendo en sus conocimientos matemáticos.

En 1835 Ada se casó con El octavo Lord King, nombrado conde de Lovelace en 1838, momento a partir del cual Ada pasó a ser la condesa de Lovelace. El matrimonio tuvo una hija Anna Isabella Noel y dos hijos Byron Noel, vizconde de Ockham y Ralph Gordon Noel, treceavo barón de Wentworth y segundo conde de Lovelace.

Además de tal abundancia de títulos nobiliarios, el primer conde de Lovelace proporcionó a Ada la posibilidad de acceder a los fondos bibliográficos de la Royal Society de Londres, para lo cual consiguió ser nombrado miembro de tan afamada sociedad científica. Ella, como mujer, no tenía acceso ni a la biblioteca de esta institución ni a la de ninguna otra de nivel universitario. Murió muy joven ocho años antes de que la primera universidad europea, la suiza, en 1860, admitiera en sus aulas a una mujer. Hasta 1874 ninguna mujer obtendría el doctorado en matemáticas, al que Ada hubiera podido optar por sus dotes, sus conocimientos y sus aportaciones, que la convertían no en poeta como su padre ni matemática como deseaba su madre, sino en una matemática poética, en lo cual fue precursora de los planteamientos más progresistas de la actualidad que abogan por la capacidad de exponer poéticamente una demostración matemática.

Elprograma confeccionado por Ada Byron, sobre tarjetas perforadas, para el Ingenio Analítico de Babage computaba los números de Bernouilli, y da idea de sus conocimientos matemáticos y de su capacidad para crear un programa, mucho más complejo y ambicioso que los pequeños programitas ideados por el propio Babbage. Extrapolaba la primitiva estrategia fabril a una máquina de calcular. La idea de reutilizar las tarjetas encargadas de cierto procedimiento, cada vez que fuera necesario, dentro de un mismo programa, era tan avanzada que en los cien años posteriores no se escribió nada mejor referente a esta materia. Para entonces, ya se estaba aprovechando su aportación en la industria textil que enriquecía a unos pocos y explotaba a tantas y tantas mujeres como la joven del comienzo de este cuento.

La salud de Ada nunca fue robusta y, a partir de 1843, a los 27 años, madre de tres criaturas pequeñas y terminadas las notas a la edición de Menabrea, decayó alarmantemente. Los médicos, en un principio, diagnosticaron histeria, era el saco de sastre de aquella época.

Ada creyó durante largo tiempo en la certeza del primer diagnóstico. El láudano la alivió del dolor, producido por el terrible cáncer diagnosticado pocos meses antes de su muerte , hasta que su madre se hizo cargo de ella al final de su enfermedad y le retiró todos los calmantes, para que ganara la salvación eterna de su alma con el sufrimiento infinito de su cuerpo. Murió a los 36 años, como su padre, el famoso Lord Byron, al que nunca llegó a conocer, pero del que heredó la poderosa imaginación que la hizo vivir y sufrir. Ada pidió ser enterrada junto a él, que pensó siempre en ella y que le dedicó las últimas palabras antes de morir.

De su triunfo científico sólo nos quedan sus iniciales en el artículo “Taylor’s Scientific Memoirs” publicado en 1843. Poner sólo las iniciales la preservaba del ridículo a que hubiera estado expuesta socialmente de haberse sabido que ella, una mujer, publicabamaterial“tan masculino”.

Hoy, en la era de la informática, se le han concedido reconocimientos como dar su nombre a un lenguaje de programación, el lenguaje ADA, diseñado por y para el Departamento de Defenda de los Estados Unidos de América.

Este lenguaje permite a Ada viajar alrededor del globo y en el tiempo, gracias a su amabilidad, flexibilidad, robustez y adaptabilidad a software nuevo. Está presente en un arsenal de industrias y organizaciones en Bélgica, Francia, Alemania, Suecia, Suiza, España, Reino Unido, y los Estados Unidos que utilizan el lenguaje Ada en los sistemas de control, de fabricación, en los sistemas de las actividades bancarias y de información, aviación, comunicación por satélite, y diseño. Por ejemplo, en los sistemas de control de la industria nuclear checa Westinghouse y elsistema de control del proceso del acero de la Weirton o en el sistema de actividades bancarias en el estado sueco que automatiza así todo el pago de la nómina, gastos, depósitos, y transacciones electrónicas. También se utiliza en telefonía móvil y en el diseño de circuitos integrados, en los sistemas de pruebas de motores de vehículos y a para diseñar toda la automatización de Microsoft Windows.
Se invierte un décima parte de tiempo y de presupuesto en el software para cohetes espaciales, lo cual es la razónprimordial por la que los militares de USA utilizan este lenguaje. 

También se recuerda a Ada Byron Lovelace como personaje principal en novelas, obras de teatro y en un film de realidad virtual “Conceiving Ada”

En nuestro país, La Organización Española para la Coeducación Matemática ha adoptado su nombre,
OECOM“Ada Byron” (www.adabyron.org) , con la misma finalidad: reconocer en la era cibernética el papel pionero de una mujer en ese campo, tan ligado a las matemáticas como la misma Ada Byron reconoce en las citas apuntadas en esta breve biografía

Libros y revistas
Nomdedeu Moreno, Rosario; Mujeres Manzanas y Matemáticas. Entretejidas.Nivola. Madrid. 2000
Nomdedeu Moreno, Rosario; “Un cuento de Adas”.Atrevernos a educar 9-21. Madrid. Marzo. 2003
Toole, Betty Alexandra; The enchantress of numbers. Prophet on the computer age. Strawberry Press. Canada. 1992
Páginas web:
http://myhero.com/myhero/hero.asp?hero=a_lovelace
http://platea.pntic.mec.es/~mmediavi/Shelley/index.html
http://www.adabyron.org/ Volver a Divulgamat: Poincaré
     


      Autor: JESÚS HERNÁNDEZ (UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID)

martes, 18 de febrero de 2014

Con cariño, a Leónidas Ramfis Domínguez Trujillo


Por Miguel Espaillat               New York, 2/16/2014
 
 
 
 
Es probable, que la gran mayoría de los que lean este artículo, conozcan algo de la vida de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el narcotraficante, fundador y líder del criminal Cartel de Medellín, con el cual, llegó a ser el hombre más poderoso de la mafia colombiana.  Este capo ha sido uno de los psicópatas más terribles con que ha contado en su haber el crimen organizado.  En su búsqueda de dinero y poder, sumió a Colombia en un baño de sangre y terror.  Por ese camino, enfrentando al Estado, practicó el terrorismo, usando de carros bombas, asesinatos selectivos y masacres, en lo que  fueron asesinadas unas 10 mil personas.  Se dice, que Gaviria llegó a amasar una fortuna cercana a los 25 mil millones de dólares, con los cuales, junto a los suyos, se dio una vida de jeque árabe.
El 2 de diciembre de 1993, a la edad de 44 años, este monstruo murió baleado, mientras intentaba escapar de las fuerzas elites que lo buscaban desde hacía muchos años.  Su vida fue azarosa para su patria, y exponencialmente desgraciada para sus hijos, Juan Pablo Escobar Henao  y Manuela Escobar Henao, quienes al sobrevivirle, comenzaron una triste y dura peregrinación en busca de un país que los acogiera.  En esa búsqueda, pasaron todos los sinsabores, vicisitudes, vergüenzas y humillaciones, que provocan el tipo de rechazo que suscitaban, pues ningún país quería recibirlos.  Ellos estaban estigmatizados por los crímenes de su padre.  Finalmente, después de un largo deambular que lo llevó a recorrer parte de Europa, fueron admitido en Argentina donde para pasar por desapercibido ambos (Manuela y él) se cambiaron de nombre.
Con el transcurso de los años, Juan Pablo se hizo arquitecto y diseñador industrial, y a través de un doloroso y difícil proceso de concientización y cultivo de la espiritualidad, se elevó, transformándose por esa vía, en un hombre de bien.  Ya en ese estadio de madurez y superioridad de su ser, comprendió su existencia, la cual no podía desvincular de su padre, y entonces, humanizado, reconoció públicamente los pecados de su padre.  
En ese estadio, sintió la necesidad acuciante de pedir perdón a los 40 millones de colombianos que habían sido víctimas de la maldad de su padre.  También, esa necesidad la sintió con los hijos de Luis Carlos Galán (candidato presidencial por el Partido Liberal) y con los de Rodrigo Lara Bonilla, en ese tiempo, ministro de Justicia.  Para ello, escribió una carta, que ya es famosa en la literatura epistolar.  La misma, aparece en las redes, con el título –los pecados de mi padre-.
Es una carta hermosa.  De sus letras, se puede derivar, que su autor ha alcanzado grandeza de alma.  Es tan inmensa esta carta, que si el lector tiene sensibilidad, le pueden brotar lágrimas.
Veamos algunos de sus párrafos, cito:
Son muchas las razones que tuve para salir ahora a la luz pública. Con mi largo silencio quise mostrar mi respeto absoluto a las víctimas de mi padre, a todo mi país. Aproveché este largo tiempo para poder encontrarme a mí mismo como persona, en busca de una propia identidad y sabiendo que nada crece bajo la sombra de un gran árbol como la de mi progenitor. Elegí y decidí, humildemente, reinventarme como ser humano y estudié dos carreras universitarias: soy arquitecto y diseñador industrial. Me preparé por años para la construcción de sueños, no para la destrucción.
Con dolor he aprendido a separar al padre del Pablo Escobar que recuerda la mayoría. Jamás podría renunciar al amor que como hijo le profeso, pues además lo recuerdo siendo un padre que me cantaba las canciones de Topo Gigio y me inventaba cuentos para dormirme, me enseñó a jugar al futbol, a montar en bicicleta, en moto y hasta en elefante.  Me enseñó a ser un hombre de palabra, decía que la palabra era un contrato.  Lo acompañaba a los barrios marginales a donar decenas de canchas de futbol y polideportivos, vi cómo crecía su proyecto de construir 5,000 viviendas equipadas para regalarle a estas familias que vivían en el basurero municipal de Medellín y restaurar así la dignidad de las clases que nos negamos a reconocer aún hoy en la sociedad. Fue además un gran maestro de lo que no debemos hacer y es así como lo recuerdo a diario frente al espejo, debatiéndome en un duelo permanente de sentimientos explosivos y contradictorios que estoy obligado a enfrentar, buscando encontrar un equilibrio y una paz que respete la dignidad de todos sin excepción.
No es fácil, aprendí que el odio mantiene a muchos atados al pasado, y perpetúa infinitamente el dolor generado por el victimario hasta enfermarnos de violencia.  Por ello busqué una reconciliación y un perdón público ante los hijos de las víctimas más prominentes de mi padre, Rodrigo Lara Bonilla y Luis Carlos Galán.  Un Ministro de Justicia que se atrevió a denunciar públicamente la infiltración del narcotráfico en la vida política de Colombia, y un líder reformista seguro ganador de las elecciones presidenciales de 1990.
Además de a ellos, pido aún hoy perdón a cada uno de los 44 millones de colombianos víctimas de la violencia generada por mi padre.  Es una larga lista, que tristemente no excluye a nadie: policías, jueces, políticos, periodistas, narcotraficantes y cientos de inocentes transeúntes que ni siquiera osaron enfrentarlo, pero que estuvieron en el lugar y el momento incorrecto cuando explotaban sus bombas indiscriminadamente.  Como su familia, no nos fue ajena esa violencia ni logramos escapar de ella.
El primer coche bomba de la historia de Colombia explotó en mi hogar un 13 de enero de 1988 a las 05:13 horas.  Allí nos encontrábamos con mi madre Victoria Eugenia, quien tenía 28 años, mi hermanita Manuela, con escasos meses de edad, todavía no tenía ni siquiera la posibilidad de declararse inocente por no saber hablar aún.  Yo tenía 11 años.  Mi padre tenía para entonces un enorme poder económico y militar.  Cuando vio la foto de la cuna donde dormía su hija durante la explosión que destruyó los vidrios de todas las viviendas de Medellín en un kilómetro a la redonda, enloqueció de violencia y respondió con ferocidad.  Una sola bomba contra su familia lo hizo ordenar la explosión de más de 200 bombas por todo el país hasta casi lograr la claudicación de todos los poderes del Estado frente al poder del narcotráfico.  Estábamos todos ciegos y aturdidos en ese ambiente hostil.
Aprendí que la vida es un búmeran, que los actos violentos generan una violencia cada vez mayor y desenfrenada, llevándonos hacia una espiral inconmensurable de maldad que luego es imposible detener, salvo por nuestra propia e íntima voluntad. Así corren aún hoy en Colombia ríos de sangre que tiñen de odio, maldad, tristeza y desazón a la sociedad. Solemos olvidar la historia, y por ello es que siempre se repite, pues insultamos así el precioso legado de las experiencias de la vida. Colombia ya era violenta antes del nacimiento de Pablo Emilio Escobar Gaviria.
La carta más difícil que escribí en mi vida fue para los hijos de aquellos líderes que prometían rescatar el país y que murieron junto a la esperanza de muchos. Allí les dije a sus hijos en la misiva enviada a principios de 2008 que “… Comprendo que nací en un ambiente fértil para la violencia, pero el legado de nacer en un ambiente tan hostil no podría ser otro distinto al de la búsqueda de la paz.  No quiero repetir la historia”.  Recordé, que “mi padre con su violencia obligó a muchas familias a exiliarse, principalmente a las suyas, ignorando que con ello se estaba también gestando subrepticiamente el exilio de sus seres más queridos”.  Quiero tener un hijo, pero no le dejaré por ello un testamento de violencia.
Algunos están dispuestos a matar para no vivir en la indigencia, pero no puede haber excusa válida para generar violencia hacia nuestros hermanos a costa de nuestras necesidades o ambiciones personales.
En nuestra vasta familia latinoamericana solemos heredar las virtudes y lo pecados de nuestros padres, y es bajo esta excusa que vivimos por décadas enfrascados en unos círculos de violencia y venganzas generacionales que se repiten incesantemente.  Yo no fui ajeno a esto, de hecho, al enterarme de la muerte de mi padre, a mis 16 años, caí en esos círculos y armado de ira e intenso dolor amenacé públicamente con matar a quienes habían dado muerte a mi padre.
Sin embargo, ahora agradezco a Dios que 10 minutos después me hizo  reflexionar y transformar el odio para no perpetuar este aparente estilo de vida que –les aseguro– es más de sufrimientos y de persecuciones que de placer.
La muerte de mi padre no afectó en absoluto el tráfico de drogas en el planeta, la violencia y las drogas ya estaban afincadas en Colombia y en el mundo antes de su nacimiento, y siguen lamentablemente estando aún hoy hasta que elijamos perdonarnos unos a otros desde nuestras más íntimas fibras.
Miles de millones de dólares que podrían haber sido gastados para asegurar salud, educación y un futuro mejor y más digno para el pueblo colombiano.
La paz, en cambio, es gratis, pues sólo se requiere de nuestra humana voluntad de hacerla (fin de la cita).
Esta carta de 5 cinco páginas, se puede leer integra en el enlace siguiente:
Con los párrafos anteriores de la carta aludida, se puede descubrir a un ser superado en lo filosófico y espiritual, y en todo lo concerniente a la mente y al alma humana. Esos párrafos, revelan a un hombre que ha sabido elevarse por sobre toda la malignidad de su genética, así como también, sobreponerse a las miserias de su entorno social y familiar del convulsionado pasado en que se crio.  En cambio, los escritos de Leónidas Ramfis Trujillo, son las expresiones de un hombre que aún navega, aletea, camina, se revuelca, contorsiona y recta como víbora en un mundo de tinieblas, muy propio de espíritus en niveles inferiores de evolución, donde se defiende lo indefendible, y se ignora lo evidente, tan solo, porque la luz no ha tocado su mente y corazón.
La vida de Trujillo y Pablo Emilio Escobar Gaviria, en cierta forma tienen similitudes.  Los dos fueron psicópatas temibles. Ambos fueron hombres que se gozaban con hacer el mal.  A ambos, el dolor ajeno, la honra y dignidad de los demás, les daba un pito.  Ambos fueron crueles hasta lo inhumano.  Ambos, desprovistos de espiritualidad, solo persiguieron toda la vida, dinero y poder.  En pos de ello, mataron, robaron, extorsionaron, asesinaron, conculcaron derechos, con lo cual, ocasionaron inmensos sufrimientos a sus respectivos pueblos, con la agravante, que las características de maldad infinita y perversidad exponencial, fue propia de toda la familia Trujillo, sin excepciones.  En cambio, en la familia de Pablo Escobar, hubo gente buena y decente, y hasta su descendencia ha salido diferente a la de los Trujillo. No es lo mismo, una arrogante Angelita Trujillo, que una humilde Manuela Escobar Henao, ni tampoco es lo mismo, un vanidoso y soberbio Leónidas Ramfis Trujillo, que un contrito Juan Pablo Escobar Henao.
Leónidas Ramfis Domínguez Trujillo, se ha dado a defender a su endemoniado abuelo y a toda su horrorosa familia, ignorando, suavizando o justificando sus bestialidades. Véase  su artículo: “La soberanía: más necesaria que nunca”
http://www.almomento.net/articulo/156430/La-soberania-mas-necesaria-que-nunca
En cambio, Juan Pablo Escobar Henao, como su hermana, en un acto de contrición, han reconocido lo que fue el monstruo de su padre, y en vez de mostrarse arrogantes y orgullosos de su ascendencia, han pedido perdón a todos, los que su padre, les hizo daño.  
En esa defensa a su abuelo y a toda su funesta familia, ahora Leónidas Ramfis Trujillo, incluye el tema de la inmigración haitiana, y el de la Sentencia 0168/13 que despoja de su nacionalidad, a dominicanos de ascendencia haitiana; y lo hace, resaltando el “patriotismo y nacionalismo” del tirano, que por 31 años atormentó, martirizó, sacrificó, abusó y atrasó a nuestro pueblo.  Esta defensa, la hace a despecho de la verdad histórica, soslayando, que su abuelo, realmente a sido el dominicano que más ha contribuido con esta inmigración, con la traída de miles de braceros haitianos a sus ingenios, donde los explotaba de manera cruel y despiadada, para después no repatriarlos, para no incurrir en el gasto que conllevaba esa repatriación. 
¡Pero ah cosas de la vida! los ciudadanos dominicanos, a los cuales hoy el nieto de Trujillo y seguidores quieren despojar de su nacionalidad, descienden de aquellas personas, que por largo tiempo, con su trabajo explotados inmisericordemente, produjeron riquezas, que fueron claves en el desarrollo económico de nuestra patria, a la vez, que hicieron inmensamente rico a su abuelo, a toda su familia y a la elite de los barones del azúcar.  Estoy segurísimo, que parte de la fortuna que le ha permitido a Leónidas Ramfis Trujillo, a su madre y a todos los Trujillo, darse la glamorosa vida que han disfrutado, fue originada por las manos de esos hombres y mujeres, que hoy, todos ellos desprecian, catalogándolos como seres inferiores.  En esta arremetida contra gente pobre, abusada, desvalida y hasta indefensa, la injusticia, se ha ensañado vanidosa y cruel, invocando un nacionalismo y patriotismo pestilente, producto de las bajas condiciones humanas, pasadas y presentes, anidadas en el pecho sus infames explotares.
No obstante esta ceguera, vanidad y orgullo del nieto del siniestro Trujillo, con el ejemplo de los hermanos Escobar, sólo hemos querido señalarle a él, que la evolución humana es posible, para con un crecimiento espiritual vigoroso y comprometido, revertir las características heredadas, como también, superar malformaciones recibidas, a través de una educación inadecuada. 
Señor Leónidas Ramfis Trujillo, por todo lo anterior, en resumen, lo apropiado al caso que nos ocupa, seria, que usted,  le pida perdón a tanta gente a las que el padre de su madre les hizo tanto daño atroces e infinitos.   Ello sería lo correcto, justo y de lugar, en vez de estar persistiendo en  la ofensa de defender a su antepasado, justificando sus crímenes de sangre y robos, agraviando y desafiando con ello, a los  miles y millones de víctimas directas e indirectas, producto de la psicopatía y megalomanía de ese ser diabólico llamado Trujillo, cuya sangre,  al decir de usted, es siente orgulloso, de que la misma, le corre por sus venas. 
¿Será ello posible algún día con su persona, o será mucho pedirle, o esperar de usted?
A vos, le dejo la palabra.

sábado, 15 de febrero de 2014

Historia sobre los niños trabajadores




Por José Gómez Cerda
Rebanadas de Realidad - Santo Domingo, 07/08/06

Los horarios de los niños trabajadores
Una de las consecuencias más trágicas del Liberalismo y el Capitalismo ha sido su incapacidad para mantener la familia obrera unificada.
Diariamente millones de niños tienen que salir a trabajar en condiciones infrahumanas. El sistema se aprovecha de ésta situación. Aquellos niños que debieran estar educándose en las escuelas, preparándose para el futuro, deben necesariamente que trabajar para ayudar a mantenerse y ayudar sus hogares. 

¿Cómo era el horario de los niños?
  • En 1819 se prohibió, en Inglaterra, el trabajo de los niños menores de 9 años de edad, en la industria textil.
  • En 1833, en Inglaterra, se prohibió el trabajo de niños menores de 9 años. Los niños entre 9 y 13 años trabajaran con un horario de 8 horas de trabajo, los de 13 y 18 años un
    horario de 12 horas de trabajo.
  • En 1836, en Alemania se prohíbe el trabajo en las fábricas a los niños menores de 9 años de edad, y los que estaban entre 9 y 16 años debían trabajar 10 horas al día, no podían hacer trabajo nocturno.
  • En 1841, en Francia, se prohibió el trabajo de los niños menores de 8 años en la manufactura, fábricas y talleres con motores mecánicos o de fuerza continua, y en toda fábrica que agrupara más de 200 obreros en un solo taller.
  • En 1842, en Inglaterra se prohibió el trabajo en las minas para las mujeres y los niños menores de 10 años.
  • En 1844 en Inglaterra se prohibió el trabajo nocturno a las mujeres y a los jóvenes obreros menores de 18 años, también se estableció un horario para las mujeres de 12 horas al día: un horario para los niños menores de 13 años, con 7 horas diarias de trabajo, y un ley contra los accidentes de trabajo de las mujeres trabajadoras.
  • En 1847, en Inglaterra se estableció un horario de 10 horas de trabajo para los niños de 13 a 18 años y para las mujeres trabajadoras.
  • En 1853 , en Alemania se prohibió , por una legislación laboral, el trabajo de los niños menores de 12 años, en las fábricas; de 12 a 14 años tenían horario limitado a 6 horas al día, con obligación de estudiar 3 horas diarias en las escuelas.
  • En 1875, en Inglaterra habían 118.000 niños menores de 13 años que trabajaban en la industria textil.
  • En 1891 en Alemania se prohibió el trabajo productivo a los niños menores de 13 años.
Testamentos
Veamos algunos testamentos de esta situación en el siglo XIX, en países ricos, que demuestra lo inhumano del sistema capitalista y del liberalismo económico.
  • a) Los niños deshollinadores de chimeneas
  • b) Informe del Comité Sadler, Inglaterra 1831
  • c) Situación de los niños trabajadores en Francia (Informe del Dr. Villarmé, 1840)
  • d) Los niños trabajadores de Sicilia
  • e) Adolfo Moned
  • f) Congreso de beneficiensa
  • g) Poema de Víctor Hugo
Los niños deshollinadores de chimeneas
La mayoría de las chimeneas primitivas eran pequeñas, median menos de un pié cuadrado por dentro. Algunas firmas ofrecían “niños pequeños, para deshollinar chimeneas pequeñas”, para esto utilizaban niños de 3 y 4 años de edad, entre ellos muchos eran robados.
A veces los niñitos eran introducidos cuando las chimeneas todavía estaban calientes, muchos sufrían quemaduras mortíferas, otros se perdían dentro de las cañerías y morían asfixiados.
La pérdida de la vida y la tuberculosis eran las consecuencias más corrientes de los “niños deshollinadores”, muchos tenían quemaduras, llagas, infecciones, la falta de cuidados médicos y sanitarios agravaba más la situación. 

Informe del Comité Sadler, Inglaterra 1831
En el año 1831, en Inglaterra se rindió el Informe del Comité Sadler, sobre el trabajo de los niños en Inglaterra, que en una de sus partes dice, al referirse a esa condición:
El trabajo de los niños en las Hilanderías de Algodón:
“Esos niños entran en la fabrica a las 5 o 6 de la mañana y no la abandonan sino entre las 7 ó 8 de la noche, encerrados durante catorce horas en los talleres, en medio de una atmósfera sofocante de 75 a 80 grados Fahrenheit. Sin reposo, salvo a las horas de la comida: a lo sumo una media hora para el desayuno, por la mañana y una hora para el desayuno.
Para los niños, las horas de reposo no son regulares: 3 o 4 días por semana, significan solamente un cambio de tarea en lugar de vigilar una máquina en marcha, cuando está en “ descanso”, entonces el niño debe limpiar una maquina detenida o recoger derechos de algodón, obligado, mientras trabaja, a comer bocados en medio del polvo.
No hay asientos; sentarse es contrario al reglamento. Desde 15 horas por día, la jornada de los niños se prolonga más todavía durante los periodos de actividad industrial.
En ciertas fábricas, los niños trabajan regularmente, desde las 3 y media de la mañana hasta las 9 y media de la noche, en verano; además, dos veces por semana tienen que trabajar toda la noche.
Los industriales más humanos se contentan con hacerlos trabajar sólo...16 horas. No se logra de los niños un esfuerzo tan prolongado más que por el terror.
Cualquiera que sea su cansancio, los niños deben llegar por la mañana a la hora precisa, de lo contrario son cruelmente castigados.
...Un niño que volvía a su casa a las 11 de la noche, debió levantarse a las 2 de la madrugada, por tener el castigo que le esperaba si llegaba tarde al trabajo, y cansado como estaba se arrastró hasta la puerta de la fabrica.
En ciertos establecimientos, raramente pasa una hora sin oírse los gritos que los golpes arrancan a los niños. A veces los mismos padres pegan a sus hijos para evitar los castigos más brutales, en las fábricas se les golpea con una pesada barra de hierro (el billyroller); suele ocurrir también que un niño rendido por el sueño se resbale bajo la maquina y quede mutilado para toda la vida.
Por la noche, la fatiga se vuelve insoportable que los niños preguntan con frecuencia que hora es, ansiosa de saber cuanto tiempo va a durar su suplicio.
Un día un niño preguntó a su padre:
“Papá, que hora es?. El padre le respondió, las siete de la tarde, y el niño respondió: Todavía dos horas antes de la nueve?...No podré llegar hasta esa hora.
Con el corazón oprimido los padres tienen que llevar a sus hijos a las fábricas, no pueden hacer otra cosa. Si no hacen trabajar a sus hijos se mueren de hambre. Sólo tienen derecho al socorro público, “ley de los pobres”, los padres que ponen sus hijos a trabajar en las fábricas.” 

Informe del Dr. Villarmé
Según el Informe de Villarmé, sobre la situación de los niños, en Lyon, Francia, en 1840:
“Niños muy pequeños son ocupados en el torno destinado a los carretes mecánicos de las máquinas de tejer: allí constantemente encorvados, sin movimientos, sin posibilidad de respirar aire puro y libre, contraen irritaciones que se convierten en afecciones de tumores”.
“Sus débiles miembros se deforman, y su espina dorsal se desvía. Esos niños se agotan y desde sus primeros años, son los que sueles ser siempre débiles y enfermizos, otros niños son ocupados en hacer girar ruedas que ponen en movimiento largos mecanismos para devanar; la nutrición de los brazos se hacer a expensa de sus piernas y estos pequeños desdichados tienen a menudo los miembros inferiores deformados”
“Niños que permanecen 16 y 17 horas trabajando de pie, en una habitación cerrada, sin cambiar de sitio o de actitud.
No es un trabajo a destajo, es una tortura: se les aplica este trabajo a niños de 6 a 8 años, mal alimentados, mal vestidos, obligados a recorrer desde las 5 de la mañana, la larga distancia que les separa de los talleres, a la cual se agrega, por la noche, el regreso desde los mismos talleres. La consecuencia de ellos es una mortalidad excesivamente elevada”.
“Es preciso ver a esta muchedumbre de niños flacos, desencajados, cubiertos de harapos, que con lluvia y barro van descalzos, llevando en la mano ( y cuando llueve , debajo de su ropa, que por el aceite que ha caído de los telares se ha vuelto impermeable), el pedazo de pan que ha de alimentarles hasta su regreso”. 

Los niños trabajadores de Sicilia
“Imaginen que ustedes caminan sobre los cráteres de esos volcanes apagados, en forma de anfiteatro, que se extienden alrededor de la ciudad de Calanissetta, en el centro mismo de Sicilia.
Montículos de piedras amarillentas, hileras de losas de azufre, hornos humeantes aparecen a sus miradas; y por allí cerca, disimulado, bajo una pequeña construcción de piedra, un agujero hecho en el suelo.
Acérquese y fíjense ustedes con sus ojos de esta sorprendente abertura y descubrirán ustedes a la luz del día que penetra por la boca de la mina, en las entrañas de la tierra, una larga escalera semidestruida, formada por peldaños dispuestos alternativamente a uno y a otro lado, y que se pierde en el fondo tenebroso de la mina a 300 metros, e incluso más profundidad, en algunos casos no hay escaleras algunas, sino un declive del que no se ve el fin.
Los niños obreros se emplean para descender ese declive o esa escalera y para subirla catorce veces al día, cargados con peso agotador.

Un capataz compra los niños a familias más pobres, o mejor dicho, los toma como prendas de préstamo ( empeñados) por 50 o 100 francos que da a las familias, estipulando que tiene derecho a servirse de los niños mientras su familia no puede devolver la suma prestada, lo cual muy pocas veces puede hacerlo.
Las pobres criaturas, trabajando bajo el látigo del amo, llegan sin aliento, jadeantes, doblados bajo el enorme peso, sollozando de desesperación llegan a la superficie, y cuando han descargado su saco, se echan al suelo, agotados, para recomenzar tras algunos instantes, su terrible faena.
El saco se va grabando, por así decirlo, en la espalda de la víctima. Poco a poco las costillas de la criatura se hunde, el pecho se contrae, aparece una joroba por delante o por detrás, los miembros se agarrotan y el rostro adquiere ese aire enfermizo y caquéctico que equivale a una sentencia de muerte.
Imposible de ver estos desdichados sin sentirse embargado de piedad, vergüenza y espanto. Sus horribles fisonomías se fijan en la memoria como un remordimiento, y el deber se renueva cada vez que se habla de ello o se piensa en ellos.
No se puede imaginar un espectáculo más triste y más bárbaro que este sacrificio premeditado contra la más tierna infancia, sacrificio sin parangón en las costumbres de la humanidad más primitiva.” 

Adolfo Moned
“Veamos todos los días como los jefes de taller abusan de la necesidad del pobre para obligarle a un trabajo excesivo que arruina a la vez el espíritu, el alma y el cuerpo.
Vemos a verdaderos chiquillos trabajar en fábricas desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche, con apenas tiempo para comer y dormir...” 

Poema de Víctor Hugo 

A dónde van todos estos chiquillos
de los cuales ni uno solo ríe,
y esos dulces seres pensativos, enflaquecidos por la fiebre,
esas niñas de ocho años que vemos andar sola?
...Van a trabajar quince horas en las fábricas
van a hacer eternamente, desde el alba hasta la noche,
en la misma prisión, el mismo movimiento.
Jamás pueden detenerse, jamás podrán jugar.
Y que palidez! La ceniza está en sus mejillas:
Apenas apunta el día ya están fatigados...
Maldito sea el trabajo odiado por las madres!
OH Dios! Maldito sea, en nombre del mismo trabajo.
En nombre del mismo trabajo, santo, fecundo, generoso
que hace libre al pueblo y feliz al hombre.

Congreso de beneficiensa
“Nosotros hemos introducido medios de distracción para los niños trabajadores.
Les enseñamos a cantar durante el trabajo y a cantar igualmente trabajando: estos les distrae y le permite aceptar con valor esas DOCE HORAS DE TRABAJO que son necesarias para procurarse los medios de subsistencia.” 

El industrial belga, Sr. Scrive, en el Congreso de Beneficiensa 1857, Bruselas, Bélgica.
Extracto del Libro: CRONOLOGIA DEL SINDICALISMO INTERNACIONAL (1801-2001), de José Gómez Cerda.

El Brooklyn Bridge



Maravilla del Siglo XIX  Tenacidad ejemplar de una familia

Eramis Cruz 


El progreso de la humanidad se impulsa inspirado por los grandes hechos de la historia, protagonizada por hombres y mujeres hoy conocidos y por otros seres humanos anónimos que dejaron sus huellas estampadas sobre la superficie del acero, sobre los trazos de la arqueología, o  simplemente sobre el espíritu de los sedientos e inquietos luchadores por un mundo mejor.  Esos precursores podrían ser mejor reconocidos si esta sociedad aprendiera a valorar de otra manera el trabajo, y fuera concebido como el medio humano transformador de la naturaleza y propulsor indispensable del avance de los pueblos, no como una mercancía que se compra, se vende, o se explota.
El Puente de Brooklyn que une a Manhattan con ese condado es considerado una de las grandes maravillas del siglo diecinueve.  La historia de su construcción es una prueba más de que los sueños se logran cuando se es consistente, positivo y dispuesto a compartir el porvenir con los demás, por el bien común.  Nos enseña que, desde el mismo medio de la bruma del presente podemos superar los inconvenientes para echar una mirada al futuro de nuestros semejantes.
Podemos imaginar a aquel ingeniero de gran reputación, parado al otro lado del desafiante río del Este de Manhattan, mirando el agua gélida, congestionada de embarcaciones abarrotadas de personas y mercancías, formando una trayectoria hacia la inesperada tragedia.  El proyecto les costaría la vida a más de 27 trabajadores, a su creador John Augustos Roebling, causaría la parálisis parcial de su hijo, Coronel Washington Augustus Roebling y el sacrificio de una mujer, Emily Warren Roebling, que surge fuerte y dispuesta a llevar la obra hasta su final como símbolo de la tenacidad de una familia en la historia de este país.
Muchos escritores incluyendo a David McCullough, que escribió el libro “The Greatest Bridge”, destacan la virtud, el empeño y la tenacidad de los hombres detrás de la construcción del Brooklyn Bridge.  Enfatizan la tragedia humana y los impactos de los sacrificios de los hombres inmigrantes que desafiaron el factor del tiempo y el miedo a lo desconocido en el desarrollo de una obra primera en el mundo de ese siglo.
La propuesta de la construcción de este puente fue de John A. Roebling en 1855 quien era propietario de una compañía metalúrgica (de cables) y famoso ingeniero diseñador de puentes, nació en Muhlhausen, Alemania en 1806.  Se graduó de ingeniería civil en Berlín en el 1826 e emigró en compañía de su hermano a los Estados Unidos en el 1831 para dedicarse a la agricultura.  Cuando fracasó aceptó una posición como ingeniero en el Estado de Pennsylvania.  En 1841 Roebling inventó un sistema de cables en forma de lazos retorcidos en acero para usarse en puentes suspendidos lo que rápidamente lo hizo conocer como ingeniero de alta reputación.
 Para los 1800’s el condado de Brooklyn tenía cerca de 400,000 residentes, todavía era una localidad más rural que urbana.  Para entonces Manhattan solamente componía la Ciudad de Nueva York con una población que duplicaba la de Brooklyn.  La construcción del puente era una necesidad para una ciudad que ya estaba saturada, además un imperativo para el trasporte y desarrollo económico entre ambos condados.  Los Roebling no sólo fueron visionarios en cuanto a la necesidad de la construcción del Brooklyn Bridge, sino que predijeron la necesidad de otras dos vías sobre el río: el Williamsburg y el Manhattan Bridge.
Para el 1848 y 1855 ya el señor Roebling tenía experiencia en materia de ingeniería de puentes por haber construido el puente suspendido de Delaware, Niegara y Ohio Rivers.  Un día mientras esperaba por el ferry Atlantic Avenue-Fulton Street  para cruzar al otro lado John Roebling perdió la paciencia, termino iluminado por la idea de construir un puente que cambiaria la fisonomía de ambos condados.
Imagínese el problema que era en esos años cruzar el río del Este, numerosos barcos navegaban en diferentes direcciones esas fuertes corrientes, una situación que  era peor durante los tiempos invernales.  La propuesta de Roebling fue recibida con entusiasmo pero con frialdad el costo económico de la obra, la administración de ambos condados mostraron lentitud sobre la inversión de los recursos.  Fue aprobada gracia a la intervención de un hombre de negocio, influyente y de buenos contactos políticos llamado William C. Kingsley que concibió la idea del ingeniero con gran entusiasmo.  En 1855 John Roebling se abocó en un proyecto trazado según las exigencias de una misión extraordinaria que el mismo concibió como una “gran obra de arte”.
En 1867 un grupo de prominentes líderes formaron the “New York Bridge Company” con el propósito de construir y mantener el puente que cruzaría el East River.
En Junio 1969 la construcción del Brooklyn Bridge era un proyecto oficial, dos mese más tarde, mientras Roebling examinaba la localidad ideal para la construcción de la torre del lado de Brooklyn, Roebling sufre un grave accidente, uno de su pie fue aplastado por un ferry que llegaba al muelle.  Contrajo el tétanos a consecuencia de la herida, y a pesar de que la extremidad le fue amputada murió días más tarde.
Inmediatamente después de la muerte de John Augustus Roebling, su hijo Washington A. Roebling fue encargado como Jefe Ingeniero del Brooklyn Bridge.
La carretera suspendida sobre el amplio espacio del río sería sostenida por dos torres por medio de cuatro inmensos cables, dos hacia fuera y dos en la cercanía del centro del piso del puente.  Estos cables serían de un diámetro de 15 pulgadas y cada uno colgaría sobre el río en lo que es conocido como la curva catenaria, una forma natural tomada por una soga o cable suspendido sobre dos puntos, que en este caso se refiere a la cima de las dos torres de piedra de granito”.  A todo el largo, cables suspensores verticales, del grueso del agarre de una mano, colgarán hacia el piso del puente.  Y esos serán cruzados de manera diagonal por cientos de  pesados cables que radiarán hacia abajo, desde las torres para asegurar diferentes puntos a lo largo del puente, ambos en dirección a la tierra y hacia el centro del espacio del río” (David McCullough).
Roebling diseñó el puente de Brooklyn en un espacio de 1,595 pies, con una capacidad de carga de 18,700 toneladas, vías de trenes en ambas direcciones, dos carriles en ambas direcciones para el transporte automotriz y en animales, en el centro del puente, a la altura de un segundo nivel, una pasarela para peatones y ciclistas.
Washington Roebling dejó atrás la tradición e introdujo el uso del acero, llamado entonces “el metal del futuro”, de cuyo metal diseñó los cuatro cables principales.  Para ese tiempo el acero era usado en los ferrocarriles, pero no en la construcción de puentes, lo que se usaba era el hierro.  Roebling defendió el uso del cable de acero en un artículo en “The American Railroad Journal” en el que discutía la debilidad de cables y cadenas de hierro en los puentes suspendidos y su vulnerabilidad frente a las destructivas oscilaciones causadas por los vientos fuertes.
Cada cable del puente colgante de Brooklyn mide 3,578 pies y 6 pulgadas y esta formado por 5,434 cuerdas de acero.  Los cables en conjuntos miden 15,060 millas.
El trabajo de construcción del Brooklyn Bridge fue un desafío para los 600 trabajadores inmigrantes que operaron en el peligro y en condiciones miserables, con un salario de apenas $2.25 al día.
Para excavar los puntos de las torres debajo del río, una profundidad de 78 pies, se construyeron unos arcones neumáticos de 3,000 toneladas.  Por primera vez se usó dinamita en este tipo de construcción.  Los accidentes eran frecuentes y los trabajadores sufrían de aeroembolismo, una enfermedad causada por los cambios de presión en el agua, una condición que afecta el nivel de nitrógeno en la sangre.  Esta enfermedad causó la muerte de más de 20 trabajadores y enfermó a muchos, debido a las largas horas que permanecían debajo expuestos al cambio de presión del agua.  El mal era peor porque en ese tiempo se conocía muy poco sobre el tratamiento de esa enfermedad.
El mismo Washington Roebling un día al salir del cajón neumático, enfermó y quedó paralítico.  No podía moverse ni podía hablar; nunca más volvió al lugar de la construcción.  “Abajo en el “caisson” todo se revestía de apariencia  irreal. Había una sensación de confusión en la cabeza, como “el paso de mucha agua.”  El pulso al principio era acelerado, y a veces por debajo de lo normal.  La voz se oye débil e innatural y cuesta mucho esfuerzo hablar.  Y qué del reverbero de la luz, el espesor de las sombras, el confuso ruido de los martillos, los barrenos y las cadenas…” (E. F. Farrigton, maestro mecánico)    
La discapacidad de Washington fue una tragedia más que se sumaba a la familia después de la muerte del padre, que ponía en riesgo la terminación del puente.
Pero Roebling no estaba dispuesto a ceder en la realización de un sueño que había costado la vida de su padre, hizo un esfuerzo sobrehumano para continuar, pero lo logró gracia al temple y determinación de su esposa, Emily Warren Roebling, quien nació en el 1843 en una ciudad llamada Cold Springs, (Hudson Valley), la segunda de doce hermanos, de los cuales sólo seis sobrevivieron.  Ella se casó con Washington el 18 de enero de 1865.
Emily se vio compelida al estudio de matemáticas avanzadas, leyes y principios de ingeniería civil y con la ayuda de la mente lúcida de su marido continuó la construcción del puente que para ese entonces sería el más largo del mundo y lo fue por 20 años más.  Washington sólo podía mover un dedo, los esposos desarrollaron códigos de comunicación, un sistema para entenderse con el uso de ese dedo.  Washington supervisaba el puente a través de la ventana de la habitación de su casa en Brooklyn, mientras Emily iba y venía con las órdenes e instrucciones para los ingenieros y los empleados comprometidos en la construcción.
El costo final del Puente de Brooklyn fue de $15.1 millones, el doble del estimado original de $7 millones.  El 23 de mayo de 1883 el Presidente Chester Arthur y el Gobernador Grover Cleveland inauguraron la estructura sobre el río ante la presencia de 14,000 invitados, una multitud impresionada por la terminación de una maravilla más del siglo.
Otro episodio restaba para la historia, una tragedia más y ocurrió 6 mese después, en “Memorial Day” de 1883, cuando una mujer tropezó en uno de los peldaños de acceso del lado de Manhattan y su compañera lanzó un grito instintivo que provocó el rumor de que el puente se hundía, el pánico fue inmediato, lo que causó una estampida humana que dejó doce personas muertas y unas 35 seriamente heridas.  Un año después la gente aún no confiaba en la fortaleza del puente y fue necesario que el empresario P. T. Barnum desfilara en compañía de una manada de 21 elefantes.  Sin embargo el puente no se hundía, continuaría imponente sobre el río del Este, permitiendo el paso de peatones y vehículos del mismo modo que pasarían los años y las generaciones de esta gran capital del mundo, impulsado por inmigrantes del espíritu y constancia de los Roebling.