viernes, 20 de marzo de 2020

No son tantos, ni tontos ni tonterías

Eramis Cruz

No es nada personal, pero si usted lo piensa bien, la desgracia del mundo proviene de Europa como imperio de dominación. Esas potencias no son desgraciadas, los desgraciados somos nosotros que les hemos permitido que nos tronchen la vida. Fuimos descubiertos por ellos, (supuestamente), esclavizados por ellos, y educados por ellos. Nuestras guerras han sido contra ellos y por causa de ellos ya que la mayoría de los conflictos internos no han llegado a una solución por culpa de sus injerencia e intervenciones. Pero no quiera usted confundirse, que al hablar de europeos no solo me refiero al viejo mundo sino también al imperio del nuevo. Estados Unidos y Canadá siempre han obedecido a sus padres eternos, Europa, y si han tenido guerras y conflictos, no han sido otros que los que se dan entre padres e hijos. 

En el presente solamente han cambiado de táctica con fin de implementar una nueva estrategia. Les servimos mejor como buenos consumidores que como malos enemigos. Eso los descubrieron después de la Segunda Guerra Mundial, en aquella famosa conferencia entre los grandes de los grandes que se conoce como “Bretton Woods”. Mucha gente en el mundo no sabe lo que fue esa conferencia, ni qué clase de convenios se adoptaran allí entre las grandes potencias mundiales. Breton Wood es el nombre del lugar donde se celebró la conferencia, en New Hampshire, US, del 1 al 22 de Julio de 1944. Asistieron 730 delegados de 44 naciones. 

La primera y la segunda guerra mundial dejaron grandes tensiones entre los envueltos, y había que evitar una tercera guerra mundial de manera civilizada, se trataba de un problema, además de territorial, específicamente económico. Luego muchos teóricos y economistas de relevancia implementaron un nuevo modelo económico coherente con el “Bretton Woods system” (Sistema financiero Bretton Woods) que hoy conocemos como neoliberalismo.
Para tener éxito el neoliberalismo deja en ridículo las ideologías, e impone una sola manera de pensar para todos, y por eso, todo el mundo ha de vivir para satisfacer supuestas necesidades inmediatas de consumo, o sea consumir lo que ellos producen, no lo que necesitamos, de tal manera que el mundo entero sea una máquina de hacer dinero, incluyendo el dinero inorgánico que imprimen las potencias contra la real fuerza de trabajo de la gente y contra aquellos que con sacrificio invierten en sus iniciativas empresariales.
“El pez grande se traga al pequeño”. Bajo el modelo neoliberal el Estado renuncia a su papel como garantía al bienestar general de los pueblos para ser un instrumento al servicio del monopolio de la economía del uno por ciento, los más ricos de la población. En mi país se dice que “el que tiene más saliva come más holjadras. La competencia es un elemento principal que los economistas aludan es medio de estabilidad entre la inflación y la deflación. Parecen olvidar la gran depresión de 1929.

La Fundación del Banco Mundial, el Fondo Monetarios Internacional, la Organización Mundial del Comercio, fueron para proteger los intereses privados que se filtran a través del sistema bancario. De modo que todos los Estados terminan al servicio de los dueños de los grandes bancos y toda una estructura de dominación política. Hablar o actuar contra ese sistema es lo que ellos asociaban al terrorismo, del mismo modo que el que difiere del modo de pensar del Vaticano es considerado ateo. Una sola pregunta para usted ¿Dónde tiene usted ahorrado su dinero? Usted no tiene dinero, el dinero pertenece al Estado, usted solo cuenta con un crédito que ellos determinan como le viene en gana. Por eso se hacen las grandes guerras y las pequeñas las cuales han sido patrocinadas por la misma gente con diferentes apellidos. Estos problemas no se analizan en los centros académicos de nuestras universidades, y si se hace, es como información manipulada.

Existieron dos últimos buenos discípulos defensores y imputadores del modelo de economía neoliberal conocido como “Globalización”, Ronald Reagan y Margaret Tatcher (la Dama de Hierro). Ronald Reagan dijo que el problema era el Estado. Ahí comenzaron las negociaciones de los llamados tratados de libre comercio entre las naciones, gracias al avance tecnológico para una economía globalizada. Pero principalmente para que todo pase al sector privado. Las propiedades y empresas públicas han sido vendidas a precios ridículos, de manera que se renuncia al Estado como empleador e innovador empresarial contra las privatizaciones al estilo socialista. Todo ese proceso aparentemente encaja bien para los países desarrollados, pero deja en el caos a los países del desarrollo sostenido bajo el control de las grandes potencias.
La historia es importante, porque quien olvida de donde viene difícilmente sabe hacia donde va.

Somos vulnerables

Eramis Cruz

El sentido de si mismo, la falsa percepción del individualismo y la creencia de que somos semejantes a los dioses, nos ha transformado en seres indiferentes. Ahí nos ha llevado la vida en un mundo globalizado en el que la banalidad se antepone a los grandes valores que han de servir de soporte a las relaciones humanas.
El año 2020 entró cargado de optimismo, especialmente para aquellos con un promedio de ingreso superior a la línea de pobreza, mucho mas optimista para quienes tienen ingresos superiores. La economía se perfilaba con buen índex para algunos países. La tecnología ofrecía facilidades increíbles hace unas décadas. Antes de los tres meses se despertó un gigante pequeño que tiene temblando a las grandes potencias mundiales, comenzó en Wuhan, China, en pocos días se extendió por los países del mundo, poniendo de rodillas a los Estados Unidos, Italia, España, y otros tantos países.
Este virus es una infección que se puede propagar de persona a persona con gran facilidad. Por eso, para ser eliminado es esencial que la persona se mantenga alejada una de la otro. Como siempre sucede con los eventos extraordinarios, después de Coronavirus la vida no será la misma, y nos veremos compelidos a entender que el vecino o el desconocido no es nuestro enemigo sino nuestro más eficiente colaborador. De repente nos damos cuenta que hay cosas que no podemos comprar con dinero, sino con la buena voluntad para vivir como comunidad.
El virus se convirtió en pandemia en cuestión de semanas, por su morfología fue conocido como Coronavirus. Llegó matando seres humanos y dando lecciones de que la exclusión o la discriminación no tiene sentido, especialmente si los humanos tenemos características que nos definen como iguales. El Covid 19 no rechaza a nadie por ser blanco, negro, alto, bajito, rico o pobre. Lo que menos le importa al Coronavirus es como la persona piensa.
De repente nos encontramos como en los tiempos de la caverna, buscando la manera de sobrevivir, luchando contra un enemigo común que se ha coronado rey y que infecta como castigo y mata como condena. Será un capitulo de nuestra historia que les enseñará a las futuras generaciones que para seguir adelante la humanidad, en su expresión más simple, la comunidad y la familia, necesitan llevarse de las manos para vivir preparado para enfrentar cualquier tipo de pandemia que amenace lo que con trabajo se ha conseguido.



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jueves, 12 de marzo de 2020

El lado político de esta pandemia


 Crecer es un proceso que necesita de un estado de conciencia, cada etapa de la vida se identifica por nuevos desafíos. Nuestro mundo no es perfecto, aunque esa característica no niega que es hermoso, del mismo modo su historia es un libro mal escrito donde la lógica se debate entre la verdad y la mentira.
La democracia es una ilusión, mientras el pueblo cree en ella, los grandes capitalistas se buscan fórmulas para extender su dominio. Después de la Segunda Guerra mundial los esfuerzos estuvieron dirigidos a la implementación del modelo económico neoliberal que implicaba desarticular el pensamiento ideológico, la destrucción de las organizaciones sindicales, la privatización de las empresas públicas y una modificación sustancial del papel del estado como medio para garantizar el bienestar general de la ciudadanía.  
Arribamos al Siglo 21 con la falsa percepción de que el éxito nos ha sido acreditado, la gente no sueña sus ideales, sino que alucina sus desaciertos confundidos con falsas imágenes. De repente despertamos en medio de un puente desequilibrado, en un lado apoyado en la ligereza del pasado y en el otro el pesado efecto de una pandemia que amenaza con el colapso total.
Hace mucho tiempo que las voces críticas se dejan oír de noche y de día, llamando la atención de todos, que el mundo que sostiene nuestros pies se tambalea por el mal uso de los recursos, por el daño ecológico a causa de la explotación mineral y petrolífera, por los desperdicios industriales y la expedición de gases tóxicos a la atmósfera, la injusta distribución de la riqueza que excluye a la mayoría de la humanidad del derecho a la digna sobre vivencia.
Estamos justo a tiempo para levantar la frente con el propósito de mirar lejos, para cambiar de actitud frente al abuso del poder. No más indiferencia, no más ignorancia, no más voto ni defensa a gobiernos corrompidos. Solo así podremos ser libres de las amenazas de las pandemias a la salud y de aquellas que llegan paralelas para aniquilar a quienes son considerados por los poderosos como estorbo político.
De repente con un solo virus, llámese Influenza H1N1 o Coronavirus, un continente se siente vulnerable, no hay una iglesia capaz de hacer un milagro, Ni un gobierno con un plan efectivo para presentar una solución a una situación que nos toma a todos desprevenidos. Entonces caemos en cuenta que en realidad somos seres, no sólo controvertidos sino demasiado distraídos, de que ha sido demasiado el tiempo perdido en Facebook o Instagram.
Una vez más queda ilustrada la vulnerabilidad de los pueblos para hacer frente a una pandemia como Coronavirus que por su naturaleza de inducida no es previsible como los virus naturales en contraposición a los elaborados en laboratorios. Las potencias mundiales invierten billones de dólares armándose una contra la otra, a la vez que desarrollan programas en el espacio en busca de fortunas que puedan explotar para hacer más ricos a los multimillonarios.
Nuestros corrompidos gobiernos se pasan el tiempo ocupados en la próxima reelección de su presidente, distorsionando la realidad mientras en muchos laboratorios se desarrollan virus para la guerra biológica entre las potencias.
Luego de los desastres de dos guerras mundiales deberíamos tener suficiente evidencia de que la gente no puede ni debe confiar el planeta a los sin escrúpulos falsos profetas. Hay que educarse más allá de los parámetros universitarios y crear conciencia del papel que desempeñan políticos y funcionarios comprometidos con la falsa democracia de un capitalismo descarnado, neoliberal y excluyente, de lo contrario no cerrarán los laboratorios médicos y políticos para el terror de impredecible pandemia.


domingo, 23 de febrero de 2020

Una mirada ancestral desde los rascacielos



Eramis Cruz

Cuando uno tiene maravillosas memorias calentadas por la superficie del asfalto o refrescadas por el rocío del amanecer, siente que son como murmullos torrenciales que no aceptan el silencio. Es un privilegio haber nacido en mi propia calle, haber jugado con las piedras purificadas de los patios, en

vez del plomo en la pintura de los apartamentos, haber tocado la nicotina de las pipas carbonizadas de mis abuelos, en lugar de las metralletas que cuelgan a la pared de muchos hogares estadounidenses o en los cintos de civiles y militares en los países del llamado “desarrollo sostenido”. Proceder de una isla en la que sus reservas petrolíferas aún no han sido tocadas por el agresivo capitalismo neoliberal, ofrece la frescura de un tiempo amenazado por la explosión expansiva de una invisible exterminación de los géneros.

Somos el producto de una transición demográfica sin ton ni son, que etimológicamente no establecía diferencia significativa entre una familia urbana y otra campesina, y si alguna ventaja era notable la balanza se inclinaba a favor del campo por múltiples factores. Acrecentó el residuo de esta división la concatenación de los cinturones de miseria, que no ha sido posible combatir a consecuencia de las limitaciones del sector asalariado, especialmente del que depende del trabajo informal, que no le permite cumplir a cabalidad con los acápites de una sociedad moderna, y podemos decir que hasta civilizada.

Como el hongo del desecho podrido, emergieron los residenciales, y siguen en auge, pero no son el producto del trabajo honesto de inversionistas y empresarios, sino del dinero fácil de bandoleros y mafiosos de cuello blanco, ante la tolerancia de la disfuncionalidad del estado y las instituciones públicas y privadas.

Pero algo tenemos que reconocernos los humanos desde el principio de los tiempos, cuando teníamos la caverna como el lujo más preciado para protegernos de las adversidades propias de los primarios, es la capacidad para sobrevivir y hacer posible la continuación del homo sapiens. No importa la época ni el sistema, al extremo que hoy nos vemos compelidos a luchar contra nosotros mismos con el fin de regular los impulsos egoístas que llevamos en los genes.

Este referente define las actitudes de los megalómanos, magnates como el presidente Donald Trump, a quien no le importa el precio que se pague a cambio de conseguir la consolidación económica de su nación en detrimento del resto del globo y para hacer más ricos, a quienes ya lo son en demasía. Delante de la catástrofe, corre como avestruces a enterrar la cabeza para no ver el apocalipsis, toda una caterva por alcanzar la adicta dependencia del nefasto acomodo que altera el equilibrio de las neuronas.

Para concluir, debo referir el principio de esta breve exposición, pues la migración hizo posible que cambiara la sutilidad del rocío por el hielo negro sobre el asfalto. Pero también, la frescura de una casa de puertas abiertas por el calor de un rascacielos. Trabajé en uno de ellos por 17 años en la cercanía de las colapsadas torres gemelas en el bajo Manhattan. Ese 11 de septiembre vi con mis propios ojos un clic de lo que fueron aquellas horrorosas guerras mundiales en Europa y Asia.

Comencé este escrito al levantarme del sofá y observar que estaba debajo del agua, en un segundo piso. Podía ver el diluvio a través de los gruesos cristales a punto de estallar, de repente me encuentro en la cúpula de la torre, esta convertida en una laguna, empujo el agua hacia afuera, pero solo consigo crear un oleaje que no puedo detener y que por un punto no me arroja desde el piso 110, gracias a que siempre hay una salida, escapé por un vértice de la ficción. Uno se despierta pensando que se lo puede explicar todo, sin darse cuenta que todavía está soñando.


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Eramis Cruz, es charlista, promotor social, editor y escritor dominicano que reside en los Estados Unidos desde 1978. Ha publicado cinco obras literarias y múltiples artículos en periódicos y revistas. Ha impartido clases de computación para la comunidad. Ha ejercido diferentes funciones institucionales y trabajó como asistente de viviendas para la Ciudad de Nueva York. Actualmente está retirado del servicio público, aunque trabaja independiente como administrador de la Editorial Pie de Amigo que funge en la Ciudad de Nueva York.
eramiscruz@gmail.com

No son tantos, ni tontos ni tonterías

Eramis Cruz No es nada personal, pero si usted lo piensa bien, la desgracia del mundo proviene de Europa como imperio de dominación. Es...