Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

sábado, 29 de diciembre de 2012

Tome apuntes, es bueno que lo escriba


Eramis Cruz
Me llamaron por el intercomunicador y me dijeron que tenía una visita. Tan pronto la vi me di cuenta de quien se trataba, su nombre era Lucrecia, y sé que la había visto unas dos veces anteriormente. Tuve que detenerla para que no me dijera sus problemas en frente de todo el mundo.
Me dijo que la última vez que la vi fue tres años atrás, y que por eso tenía unas cuantas cosas más que decirme que la última vez.  Apenas le abrí la puerta para que pasara a la pequeña oficina, reconoció que el calor la sofocaba. Me dijo que la gente cree que porque uno hable más de la cuenta, es que está loco, pero en su caso no era así, aunque era cierto que a veces se sentía un poco nerviosa, y otras veces hasta algo tensa. Fue enfática de nuevo en repetir que debido a que una persona visite a un siquiatra, eso no indica que le falte el juicio. Y mucho menos en su caso, ya que ella se considera una mujer muy inteligente. Me mostró un certificado de participación en un taller sobre violencia doméstica.
La mujer tan pronto como entró al cuarto de conferencia, comenzó a deshacerse de sus atuendos, primero fueron sus guantes negros, luego la bufanda gris y por últimos su abrigo azul oscuro, menos mal que esto fue lo último de que despojó. Luego se sentó y sustrajo de su bolso algunos papeles. Me aclaró de nuevo que tenía que decirme algo, pero primero tenía muchas cosas que contar debido a que hacía tres años que no me veía y que durante ese tiempo muchas cosas habían sucedido en su alrededor o mejor dicho entre ella y sus vecinos.
La mujer no paraba de hablar, yo por lo pronto estaba dispuesto a escucharla, sabía, que como me había dicho, tenía mucho que decirme. Finalmente dijo que la peor de todos era Ana Luisa, pero que Mirna no se quedaba atrás y en tercer lugar estaba aquel hombre de baja estatura, que hacía poco tiempo había muerto, porque como ella sabía, Dios es grande y todo se paga, en esta vida o en la otra.
Me dijo que sabía que Ana Luisa fue la que más daño le hizo. Dijo saber de fuente segura que fue Ana Luisa la que dijo a medio mundo que ella se acostaba con el guardia de seguridad del edificio. Reconoció que el guardián era un hombre muy decente y que por eso lo trataba, y que a veces le regalaba cosas, pero no más de ahí. “Simplemente esta gente anda buscando que me echen del edificio, que me tiren a la calle” –dijo en voz alta y con gesto agresivo.
Luego contó que Mirna era una malvada aunque no tan diabólica como  Ana Luisa. Fue Mirna la que aseguraba que ella vivía con el joven Anthony, un muchacho muy bueno y vecino suyo. Dijo que el muchacho era de buena familia y hasta cristiano, que fue cierto que se quedaba por las noches en su apartamento, y que ella le había permitido pasar la noche en su dormitorio, que con mucho gusto le cedió, mientras ella dormía cerca de la puerta del frente.
“Escriba usted todo lo que le digo, es bueno que lo escriba, fíjese que hacía tres años que no venía a verle” –insistía la mujer.
Continuó hablando con la mirada fija y sin pestañar, mientras yo la escuchaba sin interrumpirla, y a cada momento repetía cuan inteligente era ella, no como la gente la creía. Dijo que el muchacho continuó durmiendo en su habitación, pero un día mientras ella preparaba algo en la cocina él aprovecho la oportunidad y se escapó por la puerta del frente. “Él lo había intentado antes, pero no le he dicho que yo levanto pesas, o sea que hago ejercicio, no son tan pesadas, son para mujeres, algunas diez libras cada una, pero él sabía que yo tenía fuerza, y por eso aprovechó que estaba ocupada en la cocina para escapar por la puerta del frente, sin que yo pudiera detenerlo”.
–“Como le dije ya, hacía tres años que no venía a verle por eso tengo tanto para decirle, pero apunte lo que le digo, es importante que lo escriba. Hasta me permito llamarle hermano, se nota que usted es una persona buena”.
–“Me sacaron de la iglesia, pero muy pronto comenzaré a visitar otra, la gente sabe cuando uno ayuda, fue por eso que me sacaron de allí”.
Fíjese que es diabólica esa Ana Luisa, ella cree que yo no me doy cuenta, pero yo soy muy inteligente, la veo cuando se vale de un hilo, con algo atado en una punta, lo desliza entre sus dedos y lo deja descender hasta el piso. Es de esa manera que sabe todas mis cosas, no solamente ella sino todos los demás vecinos que se han conjurados para verme en la calle.
–“Mire si es diabólica esa mujer, digo Ana Luisa, la última vez me dañó el cerrojo de la puerta, lo hizo sin tocarlo, solamente mirando y haciendo unos movimientos raros. Tuve que convencer el ferretero del sector para que viniera a hacerme la reparación.
Pero tengo suerte, ya cuento con mi transferencia para otro residencial aprobada y certificada, lo único que temo es que estos se salgan con las suyas y me saquen de mi apartamento antes de que me escojan para una nueva vivienda.
La mujer insistió en denunciar que sus vecinos están interesados en hacerle daño, pero que ella es muy inteligente y que fue hábil de su parte abrirle un caso en la corte, que aunque no se impusieron penalidades, está pendiente otra cita.
Pero estas vecinas son unas testarudas, –dijo– fue después de la cita a la corte que oyó a Ana Luisa cantando: “La niña quiere sexo… La niña quiere sexo…  Ellas saben bien que soy de la iglesia y que fue verdad que tuve sexo, pero yo era mujer casada entonces.
Lucrecia se tornó mas calmada, luego que le dijera que no había razón alguna para que perdiera su apartamento, que su record estaba al día y en orden. Noté que se sintió algo mejor. Le dije que no había nada pendiente de hacer por ella, y que lo único que tenía que hacer era vivir su vida, y olvidarse de sus vecinas.
Con esto ella se marchó, balbuceando algunas frases… por hoy parece que no hay problemas, hasta que decida volver a verme dentro de tres años, tres meses o quién sabe si en tres días, estos clientes son así, se aparecen el día que menos los espera. Uno sabe que algo no anda bien con ellos, pero es uno el que lo supone. Hay que escucharlos y respetarlos, buscando méritos a sus reclamos, no siempre andan tan errados como dan a entender.

martes, 25 de diciembre de 2012

Sin memoria no hay historia

Eramis Cruz


Los años comienzan y terminan dentro de algunos días, le aseguro que no es fácil aprender a contarlos, estos no se cuentan como las cosas a las que uno esta acostumbrado. Primero tienes que ser un privilegiado, si quieres algún día contar muchos años, y tener mucho cuidado, algo que comienza muy temprano en tu vida. Aquella expresión de “vivir para contarlas” no es tan fácil como parece. Lo primero es que mucha gente no tiene una buena memoria para acordarse de los acontecimientos más importantes de su vida y la vida de los demás, especialmente, si los recuerdos no son relevantes para los demás, aquellos que tal vez sacarían el tiempo para escucharle.
Nadie quiere oír una historia de cosas aburridas, carentes de sentido alguno, o mejor dicho, cuando el relator no tiene la capacidad de pintar de colores las imágenes, de dinámica interacción los acontecimientos, y sobre todo, de impactantes reacciones las impredecibles y recurrentes experiencias de una vida transcurrida entre risas y lagrimas, que como un turno, transforma la tosquedad de un trozo de madero en obra de arte, con la misión de servir de soporte bajo la mesa o de decorativo en el espaldar de la cama.
La mala memoria no es una enfermedad en la cabeza de la gente, es una condición que se adquiere por culpa de la indiferencia, ésta a la que nos referimos, no está asociada al mal de Alzheimer, ya que estas personas recuerdan todo aquello que les interesa, por eso recuerdan poca cosa, debido a que el interés personal es muy limitado, comparado con el interés colectivo.
Uno solo puede disfrutar de una buena memoria, aunque muchas veces encuentre rincones con huecos no previstos, si durante su vida instintivamente y hasta simultáneamente tomó el tiempo para escuchar. A sabiendas que escuchar no es lo mismo que oír, al oír uno está prácticamente obligado, porque no es posible desconectar el auditivo cuando los ruidos son unos invasores de la privacidad. Escuchar es una disposición personal, un acto de voluntad con la intención y la extensión de interrelacionar los mensajes con las experiencias y los elementos relativos a lo comunicado. Uno se convierte en receptor, un decodificador dinámico con capacidad de análisis.
Pero uno no escucha aquello que no le importa, y muchos menos escucha aquel o aquella que no le interesa. Una actitud que los demás detectan más rápido que inmediatamente. De esta manera, se pierde la oportunidad de escuchar una interesante historia.
Y es que es demasiado simple. Tú no puedes vivir más vida que la tuya, y por eso debes de aprovechar la experiencia de los demás para aprender de ellos, escuchándoles. Es por eso que se hacen las encuestas, los estudios, para sacarle información a la gente, la sociedad no puede dirigirse o guiarse por el parecer de unas cuantas personas, no importa cuán preparadas sean estas.
Hoy más que nunca, es difícil escuchar a las personas, especialmente porque, nos invade la rutina, y a veces puede ser muy útil hacerse un autoanálisis, como los que desarrollan los trabajadores sociales con la gente, que le hace pensar como es la rutina del día, o sea, qué hace desde que se levanta hasta que se acuesta. Uno tiene que contar todas sus actividades, no importa cuán simples o complejas parezcan. Para esto hay que hacer una lista en un pedazo de papel. Y después uno subdivide las actividades en la de carácter físicas, sociales e intelectuales.
A veces las personas caen en la cuenta de que sus actividades intelectuales son muy limitadas en la rutina diaria, o sea que, no leen, no ven un programa que sirva para el intelecto.
No hay que sacrificarse mucho, basta con pensar en una persona que tiene una rutina de trabajo de ocho horas diarias, más dos horas en el trasporte público, que le ocurren durmiendo en uno de aquellos asientos, luego que llega a la casa, prepara la comida, hace o recibe algunas llamadas en su celular, y después, de siete a once de la noche, se dedica a ver novelas de cadena Univisión. Podemos asegurar que la actividad intelectual de este individuo es prácticamente cero.
Hace unos años, en la estación del tren de la calle 181 de Manhattan, una señora, que conozco desde más diez años, iba cruzando la plataforma, hablando en voz alta con una amiga que parecía una compañera de trabajo. Le contaba una historia que yo dudé fuera de ficción, por el modo espontaneo y realista de su narrativa.
Dijo que Carolina Bustamante, había llegado al colmo de la paciencia, debido a las calumnias de la amante de su marido, conocido en el paraje como Negrito, que se había envuelto en una relación desvergonzada con la hija de Carmelina que se llamaba Aurora, por culpa de quien su reputación estaba en lengua de medio mundo. Contó la mujer que era como las diez de la mañana, cuando había llevado a sus hijos a la escuela, y se quedó al cuidado del más chiquito. Le llevó el muchacho a su vecina Rafaela y le dijo: Cuídame este muchacho por un rato que yo vengo de inmediato, voy a ir en un momento a matar a Aurora. Narró la mujer que Carolina sin decir palabras entró en la casa de Carmelina y se topó con Aurora, que venía de la cocina hacia la sala, y con un cuchillo matavaca, que traía oculto en el bolsillo de su falda, le dio varias puñaladas a la amante de su marido. Regresó por su muchacho a casa de su vecina y se dirigió a la suya, donde con tranquilidad esperó que llegara la policía.
No me gustaría vivir esa experiencia, sería frustrante ver a alguien ser parte de una tragedia de tal magnitud, pero cuando uno escucha a las personas, puede ver en ellas talentos que ni se imagina.
Uno vive los años que le tocan, pero estos son más interesantes si son compartidos con los demás. La vida es muy corta para vivir solamente la de uno. No hay que entrometerse en la vida de los demás, solamente hay que saber escuchar a quien quiere dejarse oír, que son muchos y están por todos lados.
Vivir para contarla, inclusive para retenerla para uno mismo, si eso es lo que se quiere, no es para todo el mundo, por los menos no para aquellos que pretenden de sabelotodo. No lo es para el prepotente ni para el arrogante, mucho menos para el vanidoso, prejuicioso, adelantado y criticón, la gente no tolera esos tipos de actitudes, y mucho menos si se convierten en aptitudes.

Ana María era la más lindada del barrio, la recuerdo por sus ojos verdes y un pelo castaño sobre sus espaldas. Y ninguno de los chicos éramos buenos para ella, se cría la única Coca-Cola en el desierto. No hace mucho me encontré con ella, acabada a causa de las cirugías, algunas estéticas otras por urgencia de salud, no tuvo hijos, el marinero que siempre se moría por su amor, finalmente se casó con ella cuando prácticamente era una joven anciana, luego la abandonó por ser intolerante y debido a los complejos de su vida, que le costaba tanto trabajo aceptar que ya no era la misma. En esta ocasión me senté con ella pero noté que tenía poco que contar, su vida fue como una flor, tierna pero muy breve. No recuerdo haberla visto escuchando a nadie. El día de su velatorio, encontré una funeraria vacía, aparentemente muy pocos la recordaban. La brevedad de la vida debe ser recompensada con la intensidad de su hermosura, cuando se oye el eco, el efecto no puede ser revertido.




 

sábado, 22 de diciembre de 2012

La melancolía de Tanango de Bella Vista


 
Eramis Cruz

A veces a uno le llega la melancolía, por tanta gente que conoce y nunca más le vuelve a ver, mucho más aun, cuando hace cuarenta años que le conoció, para ese entonces era gente otoñal. Fue Panyé quien me recomendó a Tanango. Hace poco instaló su taller, tendrá trabajo, no deje ir a verlo –me dijo. Tanango era un hombre alto, que se transportaban en una motocicleta, usaba espejuelos oscuros, con pelo caído, un buen reloj y un anillo con piedra brillante. Con su figura delgada Tanango era hombre poseedor de un porte impresionante. Me dijo que se crió en la sierra, en un lugar llamado Los Montones.
El día que hablé con él sobre nuestro contrato de trabajo, no solo me dio empleo a mí, sino también a mi familia, el taller era tan abierto que uno entraba y salía sin darse cuenta. Aunque, “poco dura la alegría en casa de pobre”, esta fue una relación laboral paradójica entre un joven y un hombre maduro y con la apariencia de posesionado. Uno agradece para siempre cuando alguien deposita la confianza sin exigir difíciles credenciales.
Ahora tenemos mucho que contar, era al año de 1972. Ese año, también llegó la navidad, y es que todos los años llega una. Me extraña sobremanera, que no se celebre cada seis meses ahora en vez de doce, para hacer posible mayores ventas en tiendas, supertiendas y supermercados. Pero ese 24 de diciembre, mi hermano, que después también fue mi compadre, nos levantamos para ser parte del drama de un maravilloso  día, de un verde ecológico en la cosmografía y un azul cielo en el firmamento.
Recién mudado de Macorís para Santiago, éramos jovencitos, casi adolecentes, que teníamos un grupo de muchachos qué mantener, no solo a ellos, sino también a nuestros padres, mejor dicho, junto a ellos para buscarnos la vida mientras la vivíamos.
Aquella miseria estaba marcada solamente por la carencia de plata, pero no porque nos faltara el calor humano, nuestra casa era tan grande como el barrio mismo, y la familia tan extensa que ocupaba la provincia, incluyendo comarcas, aldeas lejanas, y caseríos sin nombres de residenciales.
Detrás de la bodega de aquella calle de Bella Vista, que forma dos ángulos de 90 grados con el puente Hermanos Patiño, estaba el taller de ebanistería de Tanango, justo al lado de un almacén de tabaco que era considerado centenario y que expedía un aroma que hacía agradable el aire. Fue en principio el taller de nuestras esperanzas, aunque luego resultó ser un referente a nuestras frustraciones. Pero lo más importante es entender que la experiencia siempre le deja a uno algún beneficio, que luego se sabe aprovechar de una manera y agradecer de otra.
Nos fuimos al trabajo ese día, y echamos manos a los muebles diseñados por el entorno de la memoria, ambientados por la alegre música, con botellas de vino y ron, pasamos una navidad tan feliz como otras tantas de esos míseros años. La navidad para nosotros no era el 25 de diciembre, sino el 24. El 25 era reservado para pasar la llamada “resaca”. Ese día de Noche Buena, fue un día bienvenido para el trabajo alegre, con martillos, limas, serruchos, lijas de papel, y planchas de formica, y un margen reducido para los errores, hacíamos milagros en cuestión de horas. Un gavetero para la mujer del Coronel, o un seibó para el compadre Julián, o una cama con puertecitas de manubrios dorados para la vecina Margot.
 No recuerdo a la hora que salimos de aquel trabajo, pero no lo recuerdo como un trabajo, era como un gozo, estábamos llenos de alegría, nosotros, los hijos de Tanango y los demás trabajadores, que no pasaban de unos cuantos. Uno canta una canción de Sandro de América, otro vocifera bloqueado por el ruido de la sierra, mientras Tanango entra y sale a una hora, y en un rato se desaparece de nuevo, haciendo facturas urgentes o cubicando madera de memoria. Aunque el Jornal no estuviera seguro, no perdíamos la fe de que al menos un adelanto se nos recompensaría, ese día fue de suerte.
Es muy placentero poder caminar en un entorno vestido de adornos naturales, un lago con  superficie de espejo, donde se reflejan los pájaros con su vuelo sincronizado con la indiferencia. De la misma manera, es agradable echarle riendas sueltas a la memoria y encontrar en el pasado un punto donde detener la vista, esa que llevan consigo los recuerdos. Y es que aunque podría ser funesto vivir sin un futuro definido, en el mismo grado, es confortante saber que se cuenta con un pasado que no transcurrió inadvertido. El único ciego real es aquel que no ve los detalles, y todo lo esquiva como  corpulencia que estorba. La escritura es parte indispensable para la reconstrucción del pasado, para que no se obstruyan los huecos del porvenir.
Todas la navidades que recuerdo, fueron muy alegres, una alegría que pertenecía a la gente, sin regalos, con pocos arbolitos de navidad, algunos de bombillitos de colores y ramos de algodón, había que usar algodón, ya que la nieve por allí nunca caía, como ahora en la pantalla de la televisión u otros dispositivos. Pero los arbolitos estaban en los rincones iluminados en la sala de algunos vecinos, que muchas veces era un resultado del interés y no un esfuerzo monetario.
La gente de aquellos tiempos dice que la navidad perdió la magia, después que todo se comenzó a vender. A pesar de reconocer que todo cambia, existe algo de razón en ella, pero para quienes no vivieron aquel pasado, la vida es simplemente como la conocen.
La juventud siempre se ha visto como una etapa de la llamada “vida loca” que hiciera popular Ricky Martin. Pero luego que se superan las etapas, la gente puede mirar hacia atrás y darse cuenta que con todo el alboroto navideño, el fiestón y la cena, el traguito de ron, los dulces y los pasteles, ya que de asaltos ni hablar, hay un mensaje que trasciende las distracciones de la algarabía y los cambios tecnológicos. Hace más de dos mil años que ese niño nace y lo crucifican, porque muchos son intransigentes y no lo le quieren entender.
La palabra nunca pierde su brillo, siempre encuentra a alguien que la coloca en un contexto que resalta su semántica. Pero hay palabra que por sí sola compone una oración gramatical, y cuando se piensa en ella se convierte en una clausula de benevolencia.
El amor es para las personas, no para sus defectos o sus errores, no para sus imperfecciones. Lo que  es común a todos no hace ninguna diferencia, por tanto, es necesario mirar aquella valorada esencialidad del ser humano, que de alguna manera forma parte de nuestra vida, y decirle de corazón algún aliciente en tiempo de navidad o en cualquier otra ocasión.
 El primer día que vine a hablar con Tanango, en una casa enclavada en el Cerro de Bella Vista, me pidió que me quedara hasta el otro día, dijo que había acomodo. Fue una noche de celebración, un vino en la mesa, su primo tacaba la guitarra, mientras Tanango cantaba una canción que decía: Sembré una flor… la regaba con agua que cae del cielo… y la regaba con lágrimas de mis ojos… Descubrí que era buen cantante el Tanango… que no desafinaba. Creo que miraba reflejado en la copa la figura de su mujer que le sonreía mientras regaba una flor allá arriba entre las blancas nubes... yo lo percibí en el parpadeo de sus ojos húmedos.
Al otro día Tanango salió en su moto, inclusive antes del amanecer, se fue a invitar a nuestra madre que viniera a vivir con nosotros y a convivir con ellos, luego también descubrí que los Tanango tenían un hueco grande, un vacío de madre. Qué corazón más grande el de aquel hombre, si apenas empezaba a conocerme.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El terror americano refiere sueños y pesadillas

Eramis Cruz

Sucedió otra vez, una persona de 20 años de edad, actuando por su propia cuenta, obtiene sin mayor dificultad armas de fuego automáticas de alto calibre, de su madre, y no encuentra un lugar más ideal para matar a 26 personas, incluidos 20 niños, y a su propia madre. Todo el mundo está consternado. ¡Es una locura!
La dantesca escena, no apta ni siquiera para una película de terror, sucede en Newtown, un pequeño pueblo del estado de Connecticut, en una escuela elemental llamada Sandy Hook, exactamente a las 9:40 de la mañana, día viernes de diciembre, cuando la gente sentía la llegada de las fiestas navideñas del 2012.
De alarma son las entradas en las páginas sociales, los medios de comunicación no paran durante varios días trasmitiendo los detalles de la tragedia, pero sobre todo, con empeño por cubrir primero cualquier nuevo elemento que explique lo que pasó. El presidente de los Estados Unidos, el país más poderoso  del mundo, Barack Obama, habla a la nación, reconoce que no es la primera vez que este acontecimiento siniestro oscurece la geografía de la nación. Con rostro triste y ojos humedecidos por sus lágrimas del alma, el presidente entiende que es imperativa una solución para prevenir la recurrencia de tales tragedias. 
El demente utilizó armas diseñadas para el combate, con capacidad de disparar cinco balas por segundo a una distancia de 1,200 pies. Las balas también tienen algunas particularidades que las hacen más efectivas para matar, especialmente porque al hacer contacto con el objetivo, se abren como una flor multiplicando sus efectos contra músculos y órganos del cuerpo. En esta ocasión cuerpos de niños, de madres y maestras.
Adam Lanza, sufre de un desorden de personalidad conocido como el síndrome de Asperger. Era evidente para muchos de sus ex compañeros de estudios, que tenía problemas muy serios para asociarse y compartir con otros. Luego se sabrá más información sobre los factores psicológicos que lo llevaron a cometer una tragedia de carácter megalómano.
Luego de 17 años de casados, los padres de Adam Lanza, Nancy y Peter, se divorciaron en el 2008, el padre se fue a vivir a otro lugar y luego se casó con una bibliotecaria de una universidad. La madre del joven se dedicó a sus hijos y dicen los vecinos que era madre entregada a los quehaceres del hogar, aparte de mantener su empleo como maestra, la definen como un pilar de aquella comunidad.
Tal vez nunca se conozca la verdadera razón de esta tragedia, pero podemos de antemano asegurar que pudo ser evitada si se hubiesen tomado medidas legales para impedir la compra y venta de armas tan peligrosas, simplemente a cualquier persona que pase un chequeo de record criminal. En este nuevo caso de tan horribles consecuencias, reportan que las armas usadas por Adam Lanza pertenecían a su madre, y que ella las había obtenido legalmente como instrumento de protección o objeto de colección, a pesar de que esta familia vivía en una ciudad clásica estadounidense, de gente económicamente estable.
Se reportaron varias armas con la que Adam Lanza terminó con la vida de veinte niños, la directora de la escuela, la psicóloga de la misma, y otras personas, es obvios que Adam Lanza terminó con su vida luego de consumado el acto.
Se trata de un rifle de asalto Bushmaster calibre .223, diseñado para operaciones militares y agencias de seguridad policial para el cumplimiento o aplicación del orden público. Este rifle de alto poder puede ser adquirido por unos $1,040 dólares. La otra arma utilizada por el señor Lanza, fue un Sig Sauer de 9-mm, capaz de disparar 5 balas por segundo at 1,200 pies. Esta puede ser obtenida por $650-950. Una tercera arma utilizada contra la escuela Sandy Hook fue una Clock 9-mm con una capacidad similar al Sig-Sauer. Unos días después se hablo en los medios de una cuarta arma encontrada en nombre de Nancy Lanza.
El joven Lanza parece tenerlo todo, excepto lo que a otros, tal vez, le sobra, un mínimo sentido común para entender los complicados aspectos psicológicos de las relaciones humanas. A pesar de tanto que se ha avanzado, y reconocido los derechos y los tratamientos para las personas afectadas por algún tipo de limitación física o mental, existe la tendencia a ofrecer un mejor trato para las que son de tipos físicas en comparación con las que son netamente mentales o de efectos emocionales.
Adam Lanza mostraba signos raros ya a la edad de cinco años, según testimonian quienes le conocían. Para el 2006 su único hermano, el mayor, Ryan Lanza, deja el hogar por razones de sus estudios, en este año, ya los padres, Nancy Lanza y Peter confrontan problemas con su relación marital, una situación que termina en el divorcio en el 2008. Ryan vive en Nueva Jersey y no tenía contacto con su hermano, según sus propias declaraciones, desde el 2010. Al padre de Adam, un contable que trabaja como vice presidente de una compañía de servicios financieros, no se le veía por aquellos lares, se supone que mucho menos, luego que se casara con la bibliotecaria. El mismo acordó pasar una suma que inicialmente era de 240, mil dólares y que para el 2015 llegaría a los $298 mil dólares.
Las preguntas vienen a la mente de todo el mundo después de la tragedia, no antes. Ahora todo el mundo quiere saber quién era Adam Lanza. Y causalmente esto quizá fue lo que motivó a este ser humano a ejecutar una acción con la capacidad de correr por los canales cibernéticos de las cadenas de comunicación. Es suficientemente inteligente para entender que has sido ignorado, que no existe, que no es nadie, no tiene una máscara para esconderse como los demás, es un enfermo sin cuidados apropiados, su defectos mentales no se ve como quién anda en una silla de ruedas, para su desgracia él puede ver en una sola dirección, es inteligente, pero tiene un límite desconocido, hay rincones que le obstruyen la luz, del mismo modo que otros le ocultan las miradas.
Sube el rating de los programas de televisión, todo el mundo deja clavado sobre los aparatos, ojos, mente y corazón. Es una reacción que desgarra por dentro y por fuera, pero sabemos que no es la primera vez, aunque todos queremos que sea la última. Sabemos que nadie se hace demente solo, ya que nadie está solo en este mundo, por tanto, es también la responsabilidad de todos dedicar recursos humanos y materiales para evitar que se repitan tragedias como la de Sandy Hook, en Connecticut y la de Columbine en Deber, Colorado, en el año 1999.
Una madre que se niega a reconocer públicamente el peligro que es un hijo, un padre que rehúye de su responsabilidad, un hermano insensible, una comunidad que se cree invulnerable de alguien, de algo o de nada, un sistema que se cree por encima de la acción de los individuos, ciegas a las puertas traseras que no reflejan los virus de las computadoras, al fin, una equivocación táctica civil y militar.
Debemos lograr las transformaciones legales o constitucionales para el control de la venta y el tráfico de armas, legal o ilegalmente. La garantía constitucional para el porte arma a los ciudadanos en tiempo de paz, y por razones de seguridad personal, carece de sentido, especialmente, cuando se trata de armas de guerra. Si no se hace, efectiva y rápidamente, entonces no convertimos en cómplices de tragedias que en nada se diferencian del terrorismo que en la actualidad Estados Unidos combate por razones imperialistas y de dominio de la economía corporativa. Son urgentes, cambios rápidos y efectivos, este mal tiende a empeorarse, todo porque vivimos una crisis de valores y nos negamos a reconocerlo. Está demostrado que los sueños se nos pueden convertir en pesadillas en un abrir y cerrar de ojo. Tenemos que garantizar la vida de los  niños, los padres y los maestros.