lunes, 15 de septiembre de 2014

“No hay mal que por bien no venga”



Eramis Cruz

Soy cuidadoso con las frases que ingieren una dosis de resignación a las personas, del mismo modo que rechazo que Dios sea usado para la conformidad y la inercia espiritual. Pero debo reconocer que existen expresiones que son producto de la sabiduría de los pueblos. No deja de ser curioso que sean los componentes del burgo quienes las mantienen y las identifican. Decir que “no hay mal que por bien no venga” es como un calmante para aminorar el recipiente negativo que se recibe cada vez que nos ocurre algún inconveniente y para colmo inesperado.
La frase se reconfirma cuando analizamos los hechos ocurridos en nuestra vida y nos damos la oportunidad para medir los resultados a largo plazo. Ocurre que olvidar hace bien cuando de los recuerdos no se obtiene nada placentero, pero por culpa del olvido no hacemos conexiones entre el pasado y el presente, especialmente cuando el pasado no se esfuma y el presente se extiende hasta lo que creíamos debería ser el futuro. Por eso es posible mirar el efecto inmediato de los eventos negativos pero no los resultados positivos a mediano y largo plazo.
También es cierto que la persona puede influir para hacer que la consecuencia de un evento negativo tenga un efecto limitado y pueda ser completamente positiva inclusive a larga plazo. En otra circunstancia se aprovecha la oportunidad para erradicar de raíz un mal que por mucho tiempo nos traía traumatizados.  Mi amigo estaba devastado cuando perdió su nuevo empleo que tanto esfuerzo le había costado, para calificar tomó un curso que le costó cinco mil dólares y tuvo que competir con los mejores candidatos por la posición. Su mundo cambió de repente cuando consiguió otra posición en otra agencia del estado con un sueldo más alto y mejores perspectivas. Su mundo volvió a derrumbarse cuando renunció su supervisor porque el nuevo designado le puso la vida de cuadrito. Tenía exactamente tres años en el empleo cuando le respondieron por una nueva posición con un sueldo con diez mil dólares más que su empleo y tres aumentos escalonados en tres años.
Queda Ilustrado que muchas veces lo que consideramos negativo o devastador es el motor que nos impulsa a cambiar. Mi amiga Audrey no quería que su madre muriera, naturalmente, pero mientras su madre estuvo viva combatiendo una larga y fatal enfermedad de cáncer su vida fue un infierno, tenía que trabajar y el poco tiempo que le restaba era para correr de su casa al hospital, su novio la abandonó y ella continuó en su soledad. Después de la muerte de su madre, el mundo cambio para ella, se reconcilió con su novio, logró una promoción en el empleo, y ahora es la madre de dos niños.
No queremos que nos ocurran cosas malas en nuestra vida, pero lamentablemente no tenemos la capacidad para prevenir las cosas que nos pueden ocurrir. Muchas pueden ser el producto de un accidente, otras son el resultado de proceso que no sabíamos que estaba teniendo efecto. Esto le pasó a mi querido amigo Frank que llegó a los Estados Unidos con su esposa de una vida ambos eran de una edad para el retiro. El logró un empleo en una empresa de mantenimiento de aviones, en unos años pudo rentar un apartamento y era mucho su entusiasmo. Su esposa logró también su sueño ale instalar en su casa un spot para masaje físico.
Isabel era buena en esto y tenía muchos clientes. Les ayudé a instalar una cortina de hospital para separar un espacio en la sala para la comodidad de sus clientes, la mayoría mujeres. Mientras instalábamos la cortina siguiendo las instrucciones del manual me confesó frente a su mujer que tenía una infección de garganta por más de un mes. Le sugerimos ir al doctor. El día de la consulta le dieron la noticia que terminó con su vida en menos de tres meses. Frank tenía una grave leucemia ya en estado avanzado.
Durante el tiempo que estuvo en el hospital él nunca mostró debilidad y se daba ánimo a sí mismo de que todo saldría bien. Algunos de sus amigos viajaron desde Orlando hasta Nueva York para implorar una oración por él haciendo una cadena humana con sus manos. El hospital consiguió que el seguro médico cubriera los gastos necesarios para ofrecerle todas las terapias contra ese cáncer. Sus tres hijos vinieron desde su país y le acompañaron mientras él cada vez se convertía en un esqueleto con vida. Logró mantener la sonrisa y el sueño de volver al patio del taller de su nuero para allí sembrar unas hortalizas y quedarse en su país para disfrutar el paisaje natural de aquel medio. En su cama leyó mi primer libro “Tras las Paz Perdida” y él se identificaba con aquella historia de niños viviendo en el verdor de aquellos campos del Cibao.
Hay males que en verdad nos son tan malos como uno cree, por lo menos dependen del cristal con que se miran. Pero lo importante es no perder el sentido de la realidad ni la ilusión que anima la razón de nuestros sueños. Muchas cosas pueden cambiar, otras las podemos hacer cambiar, luego restan las que nos podemos controlar en absoluto, pero si podemos controlar cómo reaccionamos ante ellas. Al final no hay mal que por bien no venga, incluyendo la muerte, porque que sería de los vivos si los enfermos nunca murieran.
Por razones lógicas aprendemos a ver las cosas separadas y a darle vida propia desde su creación, según aprendemos a sumir. Que una cosa es la vida y otra es la muerte, que una cosa es volar por los aires y otra cosas es navegar por los mares o viajar por largas carreteras, pero una tormenta puede arruinar una aventura, no importa cuál vía había sido selecta. Mientras tanto tal vez resulte cierto que “no hay mal que por bien no venga”.

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