Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

domingo, 15 de octubre de 2017

El muro de los prejuicios raciales

Eramis Cruz 

Es normal que la gente sienta vergüenza al desnudarse, digo para la que la vergüenza no ha sido verde. 
Me llamó la atención al mirar la gráfica de un niño blanco y uno negro discutiendo la razón de su color de piel. El niño blanco pregunta al negro: ¿Estuviste demasiado tiempo y te quemaste? y el negro contesta: Lo normal 9 meses, y a ti, ¿Te sacaron crudo? 
Me recuerda las veces que me preguntaron de igual manera los adultos al compararme con otros de mis hermanos. ¿Qué me había sucedido? Que si estuvo muy caliente la sartén. Yo nunca contestaba, entonces no era moda contestar a los mayores. 

El chiste casi siempre era hecho por personas tan prieta como uno. A mi propia madre y a sus familiares les divertían este tipo de broma, uno se acostumbraba y la vida seguía adelante. Entre nosotros era común tomar como una ofensa que le llamaran haitiano, y aunque decían que el negro era “comía de puerco” a la vez te hacían creer que tu no eras negro, sino blanco marrón o indio de color.

El problema fue que un un día, a la edad de unos seis años, yo me miré al espejo pero esta vez lo hice desde otra perspectiva, me comparé y me di cuanta que mi físico no era igual al de las personas que yo veía en la popular revista de entonces ¡OLA!. 
A pesar de que muchas fotografías de la elite social eran publicadas en blanco y negro, era obvio que no se trataba de gente denominada "comía de puerco”. Fui muy cuidadoso en observarme bien, me di cuenta que no tenía labios perfilados ni una narices puntiagudas, pero sobre todo, mi pelo era completamente distinto, sin importar la brillantina ni los halagos de mi madre. 
Recuerdo que no miré a nadie en particular, sino a todo el mundo como grupo. 

Hacía mucho tiempo que yo contaba con la confianza de doña Virgen, una acomodada dama de la vecindad. En su casa, mientras ella dormía la siesta, yo me quedaba en la ordenada sala, cosa que a ella no le molestaba. Lo que más me gustaba era entonar su radio Philips y escuchar las emisoras en tono bajo, oír a los locutores hablando tan buen español, especialmente lo bien que pronunciaban las palabras. Hacían contraste con el modo autóctono de los viejos y gente de a pie que nos rodeaba.

Con el radio a tono bajo, ojeaba las revistas y en ellas veía aquellas fotografías de la alta sociedad española del tiempo de Francisco Franco, el gran amigo de Trujillo.
Es increíble cómo los prejuicios pasan de los padres a los hijos y de una generación a otra. Estos pasan como elementos folclóricos de la sociedad, con una apariencia completamente inofensiva. Buen consejo es cuidarse hasta del silencio.

Recuerdo que desde muy niño le había confesado a mi madre algo que quería ser y cosas que quería tener cuando fuera grande, cosas muy naturales hasta para un niño de hoy. Mi madre repetía mis aspiraciones con una cara de alegría, como era ella. Yo le decía que me  casaría con una mujer de pelo negro, muy largo, de cintura muy fina, con piernas gordas y que usara zapatos de tacones que sonaran al caminar, como se oían en las novelas radiales. 
Que quería tener un automóvil convertible de eso que miraba en los “paquitos” y revistas. También le decía que cuando creciera quería ser un doctor, lo que a esa edad quería decir un médico. Pero lo que más a mi madre le divertía era el consejo que yo le daba: que cuando yo llegara al frente de la casa conduciendo el auto se quitara de el medio porque no quería estropearla.
No sé como lo hice, pero luego que me miré en el espejo aquella tarde algo me dijo que me parecía a mucha gente nuestra, pero no a tanta de la triunfadora o exitosa de las revistas y los canales de televisión. 

Seguí adelante con mi vida como todos los demás niños pero tomó tiempo sobreponerme a mis equivocadas percepciones. 
Creo que prácticamente muchos seres humanos pasan por esta experiencia, pero no todo el mundo la cuestiona ni la trata como un problema que puede afectar las posibilidades de desarrollo de los niños, que se puede ver coaccionado por trabas que se imponen mediante los prejuicios de manera indirecta en el campo laboral y hasta académico; especialmente porque lo niños no saben como lidiar con su culpabilidad y generalmente nunca la discuten con los adultos aún cuando pueda tener un efecto tóxico al forjar la personalidad. 


El problema no es sólo llegar a las metas personales sino cómo llegar sin tener que pasarle un filtro a la arena de las escasas oportunidades. Una idea equivocada es percibir que si el niño reúne las características de raza dominante éste está libre del efecto de los prejuicios y la exclusión, olvidando que en cualquier lugar puede haber un Donald Trump al acecho para construir un muro que impida la vista hacia el otro lado.
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jueves, 5 de octubre de 2017

La super-estructura que se levanta sobre la estructura economía, la prensa y los medios



La información no mata, pero es un arma terriblemente eficaz. Bien utilizada puede desarmar a todo un ejército. Durante la guerra de Vietnam, los enviados especiales fueron relatando los horrores, los cuerpos destrozados, las aldeas bombardeadas con Napalm y gas naranja. La televisión, el cine y la prensa escrita se convirtieron en parte del "fuego amigo", provocando un efecto boomerang. "Los ciudadanos descubrieron a un ejército cruel e injusto. Vieron soldados realizar ejecuciones masivas a civiles, torturar prisioneros, bombardear aldeas y utilizar armas y defoliantes químicos contra la población vietnamita. En buena medida debido a la televisión, el país no estuvo ya detrás de sus soldados. La guerra se perdió militar y psicológicamente. La noción de 'trasparencia' entró en crisis. (...) El pentágono y la OTAN aprovecharon las enseñanzas. Aunque los militares no culparon únicamente a los medios de comunicación de la derrota en el sudeste asiático, quedaron convencidos de la necesidad de canalizar y controlar a la prensa y mantenerla apartada de las operaciones bélicas".1 Nunca más periodistas independientes, apegados a su trabajo, dispuestos a ser un canal de mediación entre el acontecimiento, el ciudadano y el lector. Surge una nueva definición de información. El periodista se trasforma, acude a relatar espectáculo. Para él, ya no hay causas. No hay actores. No hay contexto. No hay memoria. No existe la historia.2 Solo puede existir una verdad: "la verdad oficial”.

Al tiempo que se fabrica la "verdad oficial", la guerra psicológica gana protagonismo. Los medios de comunicación pasan a cubrir el aspecto más "mundano" de la guerra. Son el vehículo de trasmisión ideológica de los valores dominantes y hegemónicos. Mutan en dispositivos para la disuasión. Las noticias y los hechos se recrean mediante técnicas de propaganda y publicidad ad-hoc. Se inventan informes, datos, se manipula y se miente deliberadamente para distorsionar la realidad y presentar un cuadro acorde a las necesidades militares.
En los escenarios de guerra no se puede permitir ningún desliz. Es necesario anular al enemigo en el terreno más importante: la mente. "El ser humano es considerado el fin prioritario en una guerra política. Concebido como un objetivo militar, el punto más crítico del ser humano es su mente. Cuando su mente es alcanzada, el 'animal político' ha sido derrotado sin que necesariamente haya recibido un proyectil. El objetivo es la mente de la población civil, de toda la población" Sólo a posteriori, es posible descubrir cómo se manipuló la opinión pública, cual fue el papel desempeñado por los servicios secretos, las organizaciones internacionales, así como la contaminación de las fuentes, el rol de las agencias y medios de comunicación para crear un estado de ánimo propicio a una guerra, invasión o bloqueo económico. Todos los dispositivos del poder, son mecanismos de trasmisión de mensajes sesgados, prejuicios, símbolos y sentimientos compartidos por la mass-media para recrear una imagen del enemigo y la necesidad de combatirlo.

El periodismo de guerra está inmerso en esta batalla psicológica. Una vez definido el enemigo, el aparato propagandístico se vuelca en construir una barrera preventiva que anule cualquier información en sentido contrario. Desacreditar, enturbiar y sobre todo conseguir el apoyo de la población a sus planes se convierte en prioritario. Sumisión y domesticación.
Hoy, se ha decidido que Venezuela es un objetivo militar estratégico para occidente. Una guerra entre el bien y el mal. Democracia versus dictadura. También por los recursos naturales. Para hacerlo creíble, es obligado presentar dos bandos en guerra, dos maneras de entender el mundo. Débiles y fuertes. Un Estado opresor y una sociedad que lucha por su liberación. Comunismo versus libertad. Desobediencia civil, contra represión. Indefensos ciudadanos contra el poder omnímodo del totalitarismo. En esta guerra, todo vale. Hasta el Vaticano se decanta. La iglesia se siente amenazada, y apoya a un bando, a los responsables de la violencia callejera, pero comprometidos con Dios, la familia y la moral católica. Los considerados oprimidos. Primero, los obispos y la curia venezolana toma partido, es parte de un bando, se siente perseguida, hostigada por las fuerzas "chavistas". No aporta datos, pero se escuda en su palabra. Excusa suficiente para que El Papa Francisco se manifieste. Ya no tiene una posición equidistante, se quita la careta. La oposición es su bando. La misma que ha quemado, baleado a trabajadores, mujeres y niños. El guión es similar a lo ocurrido con la iglesia en Chile durante el gobierno de Salvador Allende en 1973, apoyo el golpe cívico-militar. Luego vendrían las lágrimas y los arrepentimientos. Era tarde, miles de ciudadanos habían sido detenidos, torturados y asesinados. El argumento es recurrente, la fe en peligro, la amenaza a los católicos, la libertad de culto, y el sacrilegio.

El periodismo y los medios de información pertenecientes al establishment del bloque occidental, han tomado una decisión, retrotraer a Venezuela a los tiempos del neoliberalismo, la economía de mercado, y el pacto inter-oligárquico. Sin excepción, desde esta trinchera fundamentalista, alteran hechos, crean acontecimientos y fomentan el odio hacia el pueblo venezolano contrario a dichas posiciones y que solo quiere vivir en paz. La última elección a la Asamblea Nacional Constituyente, lo demuestra. La declaran ilegal y un fraude de ley. No aportan argumentos, se parapetan en la violencia, el sabotaje y la sedición golpista. Se consideran víctimas de la opresión y la prensa así los presenta al mundo, invisibilizando que más de ocho millones de venezolanos acudieron a votar, pero eso no es noticia. El hecho se oscurece bajo la acusación de fraude. En contrapartida, y como acto democrático dan publicidad y consideran un éxito la convocatoria de plesbicito del 16 de julio, de la Mesa de Oposición democrática (MUD), donde los datos fueron falseados, las estadísticas del censo no cuadran con los votos emitidos, los lugares de votación no se atienen a la legalidad y para más inri, se queman las actas de votación, haciendo imposible una verificación de resultados. Todo lo anterior fue documentado extensamente, pero la prensa mundial califica dicho acontecimiento como expresión democrática del pueblo venezolano. Extraña manera de informar. 3

Mientras el proceso electoral para la Asamblea Constituyente es verificable, la oposición se dedica a quemar urnas, poner barricadas, impedir el acceso a votar, amenazar a quienes lo hacen, lanzar cocteles molotov contras las fuerzas armadas y la policía ¡Vaya dictadura más extraña! La oposición campa a sus anchas, desconoce el poder ejecutivo, amenaza a sus adversarios, los quema, impide ejercer derechos, usa la fuerza, manda a sus militantes a destruir edificios públicos, sabotear las elecciones, poner barricadas, entre vítores de la prensa mundial. El mundo al revés. Tal vez por este motivo, sus representantes son admiradores de Francisco Franco, Augusto Pinochet, y se sienten cómodos con el discurso neonazi y fascista. Para los incrédulos, Lilian Tintori, abanderada del antichavismo y compañera sentimental de Leopoldo López, declaro: "los opositores venezolanos es normal que vitoreen a Francisco Franco, si viviera nos apoyaría, como Rajoy", y el ex alcalde de Caracas, Ledesma, detenido por sedición y llamar al golpe de Estado, espetó: "Augusto Pinochet era una demócrata al servicio de su pueblo”.

El control, es total. Cuando se declaró la guerra contra el gobierno constitucional y legítimo de Venezuela, se patrocina la estrategia del miedo y el terror. Así, es posible usar adjetivos como: "asesino", "corrupto", "dictatorial", para referirse al gobierno y sus funcionarios. Todo, aderezado con declaraciones tendientes a desacreditar y negar la legitimidad del Estado, a fin de declarar la "guerra a muerte al chavismo". Podríamos seguir esta política que invisibiliza la ideología de los llamados "demócratas venezolanos". La lista se haría interminable.
Sus aliados en el exterior comparten tales afirmaciones desde el silencio cómplice, y se suman a la guerra, dando cobijo, financiando a todo aquel que les apoye. Mientras tanto, cuando urge una voz discrepante en sus filas, la atacan y desacreditan. Ha sido el caso del Alcalde de Valladolid y portavoz parlamentario del PSOE, Óscar Puente. En entrevista a los medios de comunicación subrayó: "que la crisis por la que pasa Venezuela es responsabilidad colectiva" apostillando que en España los medios de comunicación sobredimensionan el problema, "portada tras portada". No pasaron minutos, toda la prensa y los dirigentes políticos lo insultaron. La Vicesecretaria General del PSOE, Adriana Lastra, a la par se disculpó con la oposición venezolana y destacó su compromiso con la MUD. Sin olvidar la editorial de El País, donde se le insulta y llama a guardar silencio en cuanto a la cobertura informativa sobre Venezuela.

Los principales periódicos del Estado español, secundan el golpismo en Venezuela, se unen a la guerra con editoriales incendiarias y mal intencionados. Los enviados especiales un día sí y otro también, mienten, manipulan y desinforman. En ese momento dejaron de ser periodistas, para ser títeres del poder. Hoy sus homólogos, renuncian a la profesión y se trasforman en soldados de una guerra. Antonio Caño, en El País, Francisco Maruhenda en la Razón, Francisco Rosell en El Mundo, Bieito Rubido en ABC o Marius Carol en La Vanguardia, por citar los destacados, cumplen órdenes aunque ello suponga abandonar los principios deontológicos para mentir. Se reconocen en el insulto, la descalificación y los exabruptos. No informan, son parte de las radioemisoras, televisiones públicas, privadas y por cable que se dan a la tarea diaria de mentir, bajo el manto de la una falsa objetividad. Es una guerra declarada contra el pueblo de Venezuela.4

No es primera vez que asistimos a un teatro de operaciones donde el control de la información conlleva manipular la realidad hasta hacerla irreconocible, forjando una mentira para subir la moral de los combatientes, aunque el resultado sea la derrota. Hitler no dejo de arengar a sus generales, mintiendo y distorsionando los hechos. Estados Unidos hizo lo mismo en la guerra de Irak y hoy se repite en diferentes escenarios. Venezuela no es diferente. Sin embargo, esta guerra impuesta, ha sido rechazada e impugnada en las urnas por el pueblo venezolano. Pero aún así, la oposición no reculará, llevará esta guerra espuria hasta sus últimas consecuencias. Occidente lo tiene claro, el proyecto bolivariano debe ser reducirlo a cenizas y sus militantes aniquilados. Las declaraciones de Donald Trump, señalando que no "descarta una intervención militar" dan fe de sus planes. Sin embargo, estas manifestaciones han puesto en entredicho el carácter democrático, si alguna vez lo fue, de la oposición venezolana. Hoy se fragmenta, no sabe hacia dónde ir. Ha fracasado, dejando una estela de muerte, asesinatos, golpes fallidos o asaltos a cuarteles por mercenarios, el último, el cometido contra la 41 brigada blindada, en el Estado de Carabobo, el 6 de agosto. Así, la oposición ha ido de derrota en derrota, de fracaso en fracaso. Ojalá, abandone la sedición y la violencia, acepte dialogar, la mano está tendida, sólo hace falta ser demócrata. ¿Lo será la oposición venezolana? Ese es el dilema.

Nuestra fuente: Le Monde Diplomatique, septiembre de 2017.
1Fazio, CarlosTerrorismo mediático. La construcción social del miedo en México. Editorial DEBATE, México. 2013. Pág. 26.
2Véase: Ramonet, Ignacio: "La guerra en los medios" Revista Papeles, Nº 62, 1997.
3Para la información del plesbicito puede consultarse: La Jornada de México; Página 12 de Argentina; o las páginas web: Resumen LatinoamericanoRebelión.org, Red Voltaire, entre otros medios de comunicación.
4Como ejemplo sirva el libro publicado y financiado por los servicios de inteligencia de México en colaboración con Le Monde y El País para desacreditar al EZLN en 1994. Bertrand de la Grande y Maite Rico: Marcos, la genial impostura. Una sarta de mentiras para favorecer una acción punitiva de las fuerzas armadas en Chiapas al vincular al EZLN con grupos terroristas internacionales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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