sábado, 26 de enero de 2019

VENEZUELA Y LA DECENCIA


Matías Bosch

Puede ser que en 2003 eras muy pequeño/a y no lo recuerdes. También puede ser que algunos lo hayamos olvidado. Pero en esos días, hace 16 años, nadie sacó un carnet de seguidor o admirador de Saddam Hussein cuando, en muchas partes del mundo, en muchas capitales y ciudades pequeñas, los ciudadanos y ciudadanos repletamos plazas para decirle NO a la invasión en Irak. Por algo muy sencillo: sentido de la decencia y la legalidad. 

Porque nadie puede vivir tranquilo en una casa, en un barrio, en un país o en un planeta donde la mentira y la fuerza decidan el destino de la gente. Aquella vez, cuando el Secretario de Estado de Estados Unidos mostró al mundo fotos falsas de falsas armas de destrucción masiva, que hasta hoy nadie encuentra, y se llevó la votación al Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno de Chile, bajo Ricardo Lagos (que de enemigo de EEUU no tiene ni un mililitro en su sangre) votó en contra de la invasión, por una sencilla razón: si los países pequeños no preservan el derecho internacional, ¿entonces a quién le va a interesar hacerlo? Al final masacraron Irak, como siempre ha ocurrido, porque “el poder es para usarlo” ¿no?

Eso no terminó allí. Volvió a ocurrir con Libia y con Siria. Se armaron escenografías. Se pagaron actores. Se financiaron falsas milicias y falsas guerras civiles. Todo para imponer al margen del derecho internacional los bombardeos y el derrocamiento de gobiernos, sólo porque a un poder -que se cree mundial- no le gustan. Hoy, ese mismo poder es el que dice que no tenemos que ponernos de acuerdo en nada: ni en cambio climático, ni en comercio, ni en migraciones, en nada. Lo que es igual: acatar lo que ellos digan, guste o no guste, porque aquí manda el jefe. Eso es lo que está en juego para el mundo hoy, enero de 2019, más allá del problema local (y serio) de si en Venezuela hay desabastecimiento o no. 

Por eso creo que no hay que ser chavista, ni madurista, ni rojo-rojito, ni socialista del siglo XXI, para ser decente y repudiar que hoy impongan un presidente falso en Venezuela. ¿Con qué argumentos podrían hacerlo? 

En la OEA hicieron lo mismo que con Irak en 2003: decir que un gobierno no es legítimo sin mostrar ninguna prueba válida suficiente, ni ningún argumento jurídico que lo sostenga, para terminar, declarando que toda medida es válida, la que sea. 

¿Se basan en la verdad? ¿Se basan en el derecho? El poder mundial que bombardeó y mató millones en Irak, Siria y Libia, declara por Twitter cuál es el presidente de Venezuela que ellos quieren y que “todas las opciones están en la mesa”, incluyendo la militar. Unos pequeños países corren a hacer el coro, lo que Lagos no hizo en 2003, con todo y ser profesor de Duke University. Piñera, Bolsonaro, Macri, incluso el nuevo “progresista” de Costa Rica…el mismo país ejemplo de democracia, la nación que no tiene ejército y lugar clave para las negociaciones de paz en América Latina. 

Hasta Haití y República Dominicana, países invadidos, masacrados y saqueados, víctimas de golpes de Estado y tiranías armadas por ese poder mundial, y que hasta hace solo meses apoyaban públicamente al gobierno legal de Venezuela y consumían su petróleo a precio solidario, se plegaron a la coreografía. ¿Tanto valían las ofertas que les hicieron llegar en inglés? ¿Cómo recogerán ahora toda la locura de echar por tierra la verdad, la decencia y la legalidad? ¿Las relaciones internacionales se pueden prostituir sin costo alguno? 

No hay ningún argumento válido para el plan en marcha, ni en la legalidad venezolana ni en la internacional. ¿Cómo Maduro va a ser presidente “ilegítimo”, si ganó en elecciones abiertas con participación efectiva de la oposición, y en cambio va a ser “presidente interino” y “legítimo” un desconocido diputado que un buen día se presenta en una tribuna, seleccionado por aclamación de aplausos y twitts en inglés? 

La Constitución venezolana sólo permite la sustitución del presidente cuando hay ausencia permanente, cuando hay una sentencia penal definitiva en su contra o cuando se hace un Referendo Revocatorio…figura jurídica que no existe en NINGUNO de los países tan democráticos que condenan la “ilegitimidad” venezolana. 

En Venezuela hoy no hay ausencia permanente del presidente, tampoco sentencia penal. Y la oposición venezolana ya ni siquiera se esfuerza en tratar de realizar un Referendo Revocatorio, y menos intentar ganarlo. Es que su guion fue declarado hace tiempo: no reconocieron a Maduro en 2013, menos lo van a reconocer ahora. Desde 2015 decidieron que la Asamblea Nacional tiene como objetivo público y razón de ser la destitución del presidente. 

Repito: usted puede ser madurista, chavista, o todo lo contrario, de derechas o de izquierdas. No le digo caprilista porque de Capriles ya nadie sabe nada. Ni siquiera de Leopoldo López (esa especie de “Mandela venezolano”) y su rubia esposa Lilian Tintori, pasados a la historia en esa notoria tendencia al canibalismo y la vaporización que posee la oposición de derechas venezolana. Usted puede considerar a Maduro lo peor de lo peor, porque no se parece a Chávez o por todo lo contrario. Pero eso no puede hacerle a uno perder la decencia, porque entonces ¿Qué nos queda? Que nos quede lo que nos hizo salir a calle en 2003, que si no los quitan también, lo habremos perdido todo.



Santo Domingo, 23 de enero 2019.


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jueves, 24 de enero de 2019

Doctrina Estrada: ¿Cuántos Gobiernos más habría que desconocer?

Publicado: 24 ene 2019 18:40 GMT | Última actualización: 24 ene 2019 20:24 GMT
La lucha de liberales y conservadores en México durante el siglo XIX dejó como parte de su herencia que las facciones políticas domésticas tuvieran que ceder importantes aspectos económicos y políticos nacionales cada vez que buscaban el reconocimiento de otros países y así tener una legitimidad al interior. Las potencias económicas tomaron ventaja de esta situación una y otra vez, reconociendo al grupo político que les ofrecía más prebendas, lo que le costó a México perder mucha de su soberanía. Teniendo esto en mente y en pleno proceso posrevolucionario, Genaro Estrada, Secretario de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio  (1930-1932), redactó en 1930 lo que sería la base de la política exterior mexicana que tanto lustre tuvo a nivel internacional durante todo el siglo XX.
La Doctrina Estrada se manifestaba en contra de que los países decidieran si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo, especialmente si proviene de alguna insurrección o de coyunturas sociales y políticas internas, situaciones comunes de aquella época. Contradecía a la Doctrina Tobar (del canciller ecuatoriano Carlos Tobar) que enunciaba que cada país debía reconocer al gobierno de otro para que este fuera considerado legítimo, situación que se prestaba al chantaje, principalmente de las grandes potencias. Además, como base de la Doctrina Estrada se encontraba el principio de no intervención y el derecho de autodeterminación de los pueblos, en aras de preservar las soberanías nacionales.
Las nociones de no intervención y el derecho a la autodeterminación de los pueblos quedaron consagrados en la Constitución mexicana en su Artículo 89. Además de esto, la política exterior fue motivo de orgullo gracias a episodios como la recepción de exiliados españoles durante la Guerra Civil, el apoyo a Cuba contra el bloqueo económico de los Estados Unidos o el papel de mediador que desempeñó en los conflictos internos en Centroamérica. Por décadas, la diplomacia mexicana fue reconocida por tirios y troyanos. Desafortunadamente, eso se perdió en el gobierno de Vicente Fox, donde se implementó una política más proactiva pero que buscó congratularse permanentemente con Estados Unidos en detrimento de las relaciones con Latinoamérica. Todos recordamos la falta de diplomacia que hubo durante la Cumbre de las Américas celebrada en Monterrey en 2002, donde Fox, a pesar de su carácter de anfitrión, le recitó a Fidel Castro su famosa petición de "comes y te vas". Una verdadera vergüenza.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
"México no puede decidir si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo. Nuestra Constitución no nos faculta a ello y ese respeto a la soberanía y a la política interior de otros países es lo que le ganó a México un lugar de respeto en el ámbito internacional durante el siglo XX".Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
Desde ese momento la política exterior mexicana perdió la brújula por años. Los gobiernos de derecha de Vicente Fox y Felipe Calderón no tuvieron oficio diplomático en muchos temas, especialmente en lo concerniente con Cuba y Venezuela. El servilismo con que se comportaban con los Estados Unidos influía de manera proporcional en la forma en que lidiaban con los liderazgos de Fidel Castro y Hugo Chávez. La animadversión ideológica, válida para un simpatizante partidista, no supo acomodarse en las obligaciones diplomáticas que debe tener un jefe de Estado. Aunque el gobierno de Peña Nieto trató de alejarse de estas prácticas, naufragó por completo al final de su mandato cuando la cancillería quedó en las manos de Luis Videgaray, neófito en cuestiones de política exterior como el mismo reconoció. El sometimiento público al todavía candidato Donald Trump y la agresividad con la que se trató al gobierno de Maduro para congraciarse con los Estados Unidos, marcó la etapa final de la política exterior de Peña Nieto.
López Obradordesde la campaña declaró que había de manejarse en política exterior bajo la Doctrina Estrada y los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, tal y como se encuentra consagrado en la Constitución. Este 23 de enero la diplomacia mexicana tuvo una prueba de fuego con los acontecimientos que se dieron en Venezuela. Juan Guaidó, diputado de Voluntad Popular (al que pertenece también Leopoldo López) y presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, organizó una serie de movilizaciones sociales y terminó autoproclamándose presidente interino de Venezuela por considerar al segundo mandato de Maduro como una usurpación. Una maniobra de naturaleza ilegal –a los ojos de quien escribe estas líneas– por múltiples razones que explica bien Pascualina Curcio.
El propósito de este artículo no es dirimir a quien le asiste la legalidad y la legitimidad, si al oficialismo o a la oposición; si a Maduro o a Guaidó. Tampoco esa es la finalidad de la política exterior mexicana, según el marco constitucional y por las razones que manifestó claramente Genaro Estrada en 1930. México no puede decidir si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo, especialmente en una coyuntura política. Nuestra Constitución no nos faculta a ello y ese respeto a la soberanía y a la política interior de otros países es lo que le ganó a México un lugar de respeto en el ámbito internacional durante el siglo XX. Y hoy se vuelve a aplicar.
Algunos analistas políticos o internacionalistas mexicanos se manifiestan en contra de esta posición del gobierno de López Obrador. Llaman a reconocer a Guaidó y a desconocer a Maduro. Llaman a que México se ponga en el mismo lado de la historia que los neofascistas gobiernos de Donald Trump o Jair Bolsonaro. ¿La razón esgrimida? Expresan que es por respetar la voluntad popular y los derechos humanos de los venezolanos. Pero como dicen los abogados, suponiendo sin conceder, que a Guaidó le asiste la razón y que el desconocimiento de un gobierno electo y en funciones (como es el de Maduro) es lo éticamente correcto por hacer, entonces ¿cuántos gobiernos más habría que desconocer? Podríamos empezar por Arabia Saudita, que no es ni una democracia ni respeta los derechos humanos, como lo muestra el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Esa misma Arabia Saudita cuyo príncipe acude a cumbres internacionales y es recibido con abrazos y sonrisas por los líderes del mundo libre.
Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
"¿Cuántos gobiernos más habría que desconocer? Podríamos empezar por Arabia Saudita, que no es ni una democracia ni respeta los derechos humanos, como lo muestra el asesinato del periodista Jamal Khashoggi".Javier Buenrostro, historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México y McGill University.
¿Por qué no desconocer al gobierno de Israel que es señalado por la ONU por violar el derecho internacional y por decenas de países de violentar los derechos humanos de los palestinos? ¿Por qué no hacerlo con China que viola derechos humanos y laborales de decenas de millones de sus ciudadanos? ¿Por qué no con Francia que vive olas de protestas violentas desde hace un par de meses por parte de los "chalecos amarillos" y que señalan como culpable de la crisis al presidente Macron? ¿Por qué no romper con Rusia a la que los opositores acusan de no ser una democracia sino un régimen autoritario de corte zarista? ¿Por qué no incluir en la lista a Brasil, que practicó un golpe de Estado contra la presidenta en funciones Dilma Rousseff y encarceló a Lula da Silva para dejarle el camino libre y que un neofascista pudiera triunfar? ¿Y por qué no, ya entrados en gastos, desconocer a los Estados Unidos y al gobierno de Trump, otro presidente de rasgos fascistas y xenófobos que dirige al país que más veces ha violentado los derechos humanos a nivel internacional en la última centuria con las decenas de guerras e intervenciones a lo largo y ancho del planeta? Y la lista podría seguir si aplicáramos a rajatabla y sin doble rasero el argumento de ciertos analistas.
Debe quedar claro que no es labor de México reconocer o no la legitimidad de gobiernos electos o de opositores sublevados. Lo que pasa en Venezuela se trata claramente de un asunto de política interior y que toca solamente a los venezolanos decidir ya que está en juego su soberanía. Nadie más debería de inmiscuirse, a menos que la situación se tornara abiertamente violenta por parte de cualquiera de las partes involucradas. En el mejor de los casos, México podría fungir (junto a otros actores internacionales) como un mediador en el conflicto, tal como lo hizo en los procesos de paz centroamericanos en los ochentas. Eso solo si le es solicitado o tiene el visto bueno de ambas partes. No hay que ser candil de la calle y oscuridad de la casa como en el pasado.

Fuente: https://actualidad.rt.com/opinion/javier-buenrostro/303228-mexico-venezuela-principios-doctrina-estrada

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martes, 15 de enero de 2019

¿Qué no hay quien lo dude?


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Eramis Cruz

No hay diferencia entre una mentira garrafal y un sofisma. No hay dudas, para muchos, creer en Dios les resulta mejor negocio. Otros están destinados a creer por obligación moral, por tradición o por desconocimiento del mundo de las ideas. Siguen los que recorren en silencio un camino lejos del cielo y cercano al infierno, adheridos al símbolo de la cruz, estuvieron muertos antes de nacer, y para borrarles los pecados de sus propios padres, han sido bautizados aún sin saberlo, y luego siguen viviendo hostigados por los sufrimientos terrenales o los avatares del un infierno que arde de cabeza en cabeza de los hombres ingenuos.
No muy lejos, hay una mayoría que no cree en nada porque le resulta mejor que vivir de rodillas, estos son los que esperan el momento crucial para unir fuerza en contra del impostor y pasan de oprimidos a redimidos por la fuerza de su propio proceder. Al contrario de los soñadores esta masa silente guarda en su haber anónimo la semilla que hacer germinar los cambios sociales.

Dios quiso hacerlo todo bien, ¡benditas sean sus buenas intenciones! especialmente porque no tenía a otro dios que lo hiciera mejor que él. Su mejor invento fue la imperfección del hombre, éste usa su imaginación para ver su propio desastre, no tiene salida sin un dios poderoso, si no existe en la realidad, lo inventa usando la ficción para obtener un poder que sobrepase los limites de su ignorancia.
Todos vivimos sujeto a la historia, no importa si esta ha sido mal contada, es parte de la naturaleza del humano indagar en busca de la verdad, porque esta no tiene sentido sin los intereses en conflictos. Sea por Dios o por la razón, la verdad es una fuerza de choque, por eso el poder trata de ocultársela a las masas.

Los imposibles de Dios son los posibles del hombre. Es difícil admitir que a Dios se le olvidara que el diablo no era su único contrincante, sino una serie de vividores que en su nombre inventaron religiones y teologías. Según la leyenda, existe un diablo que se reinventa, que ha vivido bien en todas las épocas, es tan tenaz que se reveló contra el mismo cielo, y fue enviado a la tierra porque aquí vivían muchos desquiciados, desde entonces, él ha tenido mucho éxito. En la actualidad su última vestimenta se llama modelo neoliberal y tiene como pasarela a la gente que produce con su trabajo y consume con su salario hasta lo que es necesario.
Restan los hombres libres y pensadores, sin otra convicción que una verdad que nunca es la misma. Cargan con ellos el peso de la erudición y la praxis de su trabajo, pero son los únicos que saben que el mundo lo dirige el hombre o la mujer que piensa. Son los atrevidos que hacen enunciados desafiantes, dicen que Dios nunca no fue digital sino tridimensional, súper inteligente, tolerante y paciente, sabe que a los pobres hay que llevarlo de espacio.

Da la percepción de que a Dios no parece molestarle la corrupción del poder, y por eso pasó por alto el gobierno de las prostitutas de Vaticano, iniciado por Teodora y Marozia en el centro del mismo centro de la ciudad de San Pedro. Tuvieron papas de marido he hicieron reyes a sus hijos bastardos en el siglo X. ("La influencia de dos prostitutas, Marozia y Teodora, se fundaba en su riqueza y belleza, sus intrigas políticas y amorosas. A los más vigorosos de sus amantes los recompensaban con la mitra romana"(...), apuntó Edward Gibbon, historiador del siglo XIX).

El potencial de la mente humana aún pende por verse, pero no serán posibles los grandes logros, al menos que nos conozcamos nosotros mismos y adoptemos una actitud de ser prácticos y consecuentes con nuestra propia naturaleza, que la vida requiere ser vista como un todo, esencialmente humana. La historia demuestra que lo hombres se liberan juntos o se ven compelidos a vivir condenados. Dios nos ayuda en la misma medida de nuestro compromiso y esfuerzo.
El hombre no tiene mayor y más noble aspiración que lograr que todos sus congéneres puedan vivir con la dignidad que le es proveída por su propia naturaleza y el equilibrio del universo.




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Los Estados Unidos no puede con Venezuela

Eramis Cruz Los Estados Unidos no puede con Venezuela, a pesar de que, según Donald Trump y sus vasallos, Nicolás Ma...