Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

sábado, 30 de mayo de 2015

PLD: EL ACUERDO DEL FIN





Las relaciones de poder son relaciones de clases que se dan en toda sociedad donde existe una división social y, por consiguiente, donde se crea una relación de dominio y de subordinación (…) En el seno de una sociedad dividida en clases, el marco más amplio del ejercicio del poder político lo
constituye el Estado, y por esa razón, tanto para los revolucionarios como para los contrarrevolucionarios, el dominio y control de este instrumento se convierte en el problema político central (…) Por eso la revolución socialista, al plantearse una ruptura con toda forma de dominio y explotación, lucha también por devolverle al pueblo su derecho a la palabra”

Leonel Fernández Reyna, 1980, Revista Política: Teoría y Acción No. 2, Año 1.
   “De “la ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”, en la República Dominicana se ha hecho un negocio para provecho de unos cuantos vivos, y los responsables y beneficiarios de que así sea se presentan ante las masas e incluso en círculos internacionales como si fueran en verdad políticos y no lo que son: farsantes y maestros en el arte infame de engañar a su pueblo (…)La Política no es un negocio, pero es eso, y no otra cosa, para  un gran número de dominicanos”.
Juan Bosch, 1985.

Primero, digamos lo obvio: todo el discurso del Dr. Leonel Fernández en su alocución al país el 25 de mayo de 2015 ha quedado al desnudo en sus verdaderos propósitos y su más genuino espíritu. Más allá de las referencias a 1963, 1965, a la Patria y a la Constitución, a Juan Bosch y sus coloridas citas -incluyendo a Martí para hablar del “decoro de los hombres”-, sus palabras eran un fraude de pies a cabeza. Como lo fueron las palabras de aquel acto de abril en el Palacio de los Deportes en que negó y negó el “grupismo” como realidad en el Partido de la Liberación Dominicana.
Había que esperar que los días pasaran para ver bien este fraude, y ver hasta dónde se es capaz de hacerlo llegar.
El “acuerdo” de quince puntos celebrado ayer jueves 28 de mayo no sólo confirma que el PLD es una agrupación de facciones, sino que lo que estaba en juego para Leonel Fernández y los suyos era su cuota de poder. No un poder subjetivo, mera ambición personal o pura cuestión moral: El poder material y de clase que en una sociedad capitalista subdesarrollada significan las senadurías, diputaciones, alcaldías, regidurías. Y ser jefe.

Para Fernández en específico, el poder de ser “presidente” de la maquinaria que hace todo eso posible, sin lo cual es inviable su peso personal; perder la presidencia del partido y su cuota importante de control sobre éste, se traduciría en la inviabilidad de FUNGLODE (fundación privada

cuyos ingresos ya han mermado por la baja de las “acciones” de su creador en la bolsa de las influencias), la pérdida de blindaje judicial para él, los suyos y sus empresarios cómplices, entre las más importantes graves consecuencias. Leonel Fernández no defiende a la “Patria” ni “ama” al “partido”, ni es legatario de “1963” ni se comporta como “deudor de Juan Bosch”… Nadie negocia con lo que verdaderamente ama ni transa con aquello de lo cual se siente responsable.
Pero de todo lo que dijo Leonel Fernández, aun siendo un fraude, algo se podía rescatar: ¿qué podía tenerse en contra y porque no podría estar del todo involucrado el PLD en la organización de una gran consulta nacional, donde “el pueblo mande”, respecto a la repostulación presidencial? ¿Acaso no es la verdadera democracia su credo fundacional?

Sucede que el acuerdo viene a poner al desnudo otra cuestión escasamente comentada o discutida, porque conviene a la mentalidad de “oficialismo-“oposición”, “sistema de partidos”, “alternabilidad” y “check and balance”… pensar en aquello de la “dictadura de partido”. Se trata de la desaparición del PLD como partido político, su conversión en maquinaria electoral o fábrica de presidentes que en realidad es fábrica de acumulación originaria para los operarios visibles y fondo de inversiones del verdadero poder social: los grandes dueños de la República Dominicana. En tal sentido, el PLD es un activo, una cosa que permite obtener unos resultados y al mismo tiempo funciona como fondo de garantía, según sea el caso. 

El acuerdo, hecho público sin pudor ni reparo, pone al descubierto la participación universal de toda la dirigencia no sólo en el desmonte de su estructura, organización y doctrina desde 2001, sino también en la violación fragante de sus estatutos, lo que incluye la usurpación de funciones, el desconocimiento de organismos y la desaparición en los hechos tanto del Congreso como del Comité Central, la transformación ilegal del Comité Político en poder absoluto colegiado. Fin del aparato doctrinario-filosófico (devenido en “partido progresista”) y ético que lo sustentaba y orientaba. Fin del centralismo democrático porque no hay ninguna democracia, y fin de la unificación de criterios porque no hay nada que debatir y unificar… El PLD se parte y reparte.

No pueden hacer ni siquiera una consulta interna porque los miembros ni se conocen entre sí: lo menos es que pasaría es otra guerra de sillazos. Hoy quedan pisoteados por sus propios gestores todos aquellos conceptos de “apertura”, “democratización”, “participación”. El PLD es hoy un partido masificado y al mismo tiempo absolutamente cerrado, antidemocrático, cupular, autoritario. Y al servicio de caudillos y “corrientes”. El PLD dejó de ser partido y es hoy, de lleno, la “maquinaria electoral” que ofrecieron en 1999 y 2000 sin querer admitir que lo convertirían en otro PRD, PRI y PRSC.

Uno puede llegar sentir hasta dolor por quienes han copado todos los pasillos del palacio en que se ha convertido la figura de Leonel Fernández, y se aferraron hasta ayer, tal vez algunos hasta con sinceridad, a la idea de que estaban defendiendo el bien de la nación. Uno puede olfatear la rabia, el desconcierto, de quienes se han dedicado tres años de gobierno a sembrar y fertilizar candidaturas a regidor, alcalde, diputado, senador, halados por la popularidad de la gestión actual… y hoy se ven tratados como monedas de cambio.

El gobierno o partes importantes de éste parecen no tener grandes problemas con esto, en resumen con ser un gobierno sin partido y un partido sin gobierno; o el partido –de nuevo- como mero sostén electoral e instrumento de negociación de cuotas de poder. De hecho, se ha dicho que ahora en República Dominicana existe una “nueva mayoría política y social” que está transformando el país… curiosamente despojada de partido y militancia, mostrándose aglutinada en torno a un presidente, al gobierno, hoy como simpatizantes expresados en las encuestas, tal vez mañana como votantes. Se cree firmemente en que es posible transformar la sociedad sin organización que la transforme, sin colectividad militante que controle a gobernantes, incluso sin siquiera las dosis elementales de poder para decidir en las instancias estatales y negociando al respecto. El presidente es el proyecto, el proyecto es el presidente. Dependencia absoluta. 

La inexistencia de partido, entendido como colectividad organizada en militancia con mandato y poder sobre su gobierno, le da autonomía relativa y ha sido el gran empuje del gobierno para ser lo que en la primacía leonelista no podía ser… Y es a la vez su gran talón de Aquiles, lo que obstaculiza su capacidad de concretizar una correlación de fuerzas nueva en favor de las mayorías en el seno del Estado y por tanto convertirse en brazo ejecutivo de una real y profunda transformación social. Ahí está su profunda ambigüedad en perspectiva histórica.

Mirando para otro lado, los y las peledeístas buenos y buenas, las que no han renunciado ni renegado a su vocación más íntima, no han podido ni van a poder resolver nada. El partido PLD ha sido borrado del mapa, paso a paso, desde aquel 19 de junio de 1994 en que Bosch renunció a sus funciones ejecutivas. Nada debería escandalizarlos después que se fue capaz de subir al líder histórico a un escenario junto a Balaguer en aquel 1996, hacen ya 19 años. Está claro que lo que se presentó como paso “táctico” era un gran giro estratégico.

El problema más grande lo tiene el Pueblo dominicano: Está de nuevo de frente a las montoneras que el propio Bosch contara en “La Mañosa”. Allí los “generales” y sus tropas, haciendo “revoluciones” y complaciéndose o matándose por sus “mañas”. Ahí está de nuevo el Pueblo dominicano, sin instrumento alguno de concientización, organización y lucha para su liberación, objetivo por el cual el partido PLD fue fundado. Sin herramienta propia para resolver las contradicciones fundamentales de una sociedad espantosamente injusta.

Hoy, a los dominicanos y dominicanas, y a los que se identifican en el PLD parece que no les queda otra que volver a la época de “lo viejo” que Bosch quiso derrumbar y superar: confiar y creer en la bondad o combatir la maldad de individuos escogidos que trabajan –tal vez sí o tal vez no, ojalá- en su “servicio”. Pero sin lugar ni en decisiones ni en veedurías. Es la política del populismo, la “política chiquita” que dijo Gramsci hecha entre facciones de lo mismo, de lo popular sin Pueblo; de mesías, campañas, relatos y personal branding.

Pregunta importante para los y las progresistas: ¿Entonces se trata de la “dictadura morada” y la meta prioritaria ha de ser “sacarla”?
Ojalá la respuesta fuera tan simple, por complaciente.

La respuesta debe partir por el ejercicio de rigor y seriedad analítica, y asumir que ya no hay ni “partido” ni es “morado”. Y el paso inmediato es el siguiente: reconocer que eso mismo es el PRD, hundido en su crisis terminal porque esto mismo le empezó a ocurrir hace ya cuarenta años, y el PRM, un partido hecho de la alianza entre facciones contra otras, creado con el cemento y los ladrillos del dinero y de los proyectos individuales.
¿A quién le constan los datos de la “convención” con 300 mil votantes en el PRM? ¿Quién es aquel Luis Abinader y con qué “fuerzas” decidió en 2012 que su próximo paso es ser presidente? ¿Cómo resolverán Abinader e Hipólito el conflicto que éste no pudo resolver con Miguel: el de las cuotas y el poder? ¿Cómo resolverían un acuerdo con reformistas y otros “opositores” sino a punta de cuotas? ¿Cómo se han establecido las ya virtuales candidaturas, acaso democráticamente? ¿Cuál de todos los “líderes nacionales” ha hecho una sola mención al atropello salarial bestial del gran empresariado parasitario contra los trabajadores? ¿Cuál se atreve?

Esta es -lo dijo el historiador Piero Gleijeses- la “democracia bastarda”: la democracia impuesta por los yanquis, los 12 años. Una democracia engendrada en una violación. La política dominicana queda, otra vez, como hace cuarenta años, desnuda como terreno de pugnas entre las facciones del poder económico y transnacional adueñado del país, que invierte y funciona como “gran elector” financiando partidos y campañas para garantizar el orden instalado en este país a partir de 1966, y garantizar las fuentes de su subsistencia como grandes emporios y grupos empresariales; y se devela como terreno para la disputa de facciones que ocupa  n la actividad partidista-electoral en busca de esos apoyos y con el presupuesto público y la posibilidad de influencias y favores como “joya de la corona”. La política como terreno para una formidable cadena de acumulación originaria que pare cientos de nuevos capitalistas al año. En términos de clases y caudillos empoderados de la política, en República Dominicana no existe oposición ni contradicción: existen antagonismos particulares, proyectos empresariales enfrentados, agendas que giran alrededor de individuos encargados de la Historia.

Ha culminado la lucha contra el último bastión importante fundado para una transformación de esta República Dominicana dividida entre una pequeña isla de todo-poderosos y un inmenso país despojado y abusado, subordinado en la democracia bastarda. La disputa por el control del Estado está en manos de cualquiera, menos del Pueblo organizado y participante. La posición de los protagonistas visibles en torno a este problema ha quedado totalmente clara.
Así no se va a romper con el orden heredado, bajo la creencia de que los partidos deben ser “maquinarias” y “fábrica de presidentes”; sin asumir al Pueblo como sujeto en vez de votante silente y paciente, mero “portador de derechos” según den los recursos y la voluntad; admirador de la “obra” o del “prestigio”, merecedor de la maldad o la bondad, según sea la moral individual del opinante… En esto es lo que hay que pensar. Esta es la gran encrucijada.

sábado, 23 de mayo de 2015

De lo paradójico a lo irónico en Quisqueya



Belleza ecológica contra miseria moral y desintegración institucional

Eramis Cruz

La República Dominicana por su ecología es una joya en el Caribe y un paraíso del mundo. Una gran mayoría de nosotros no conocemos bien el país geográficamente. Sabemos que el turismo formal es costoso, pero no es solamente por el precio, sino por el tiempo que demanda y porque la vida se nos ha complicado a todos en los últimos tiempos. Desde hace décadas, cada vez que he viajado al país ha sido motivado por otras razones, no el turismo, especialmente para organizar publicaciones literarias o atender asuntos familiares.  Pero muy pronto, y presuponiendo buenos augurios, podremos dedicar tiempo a vacacionar también.
Para todos los que vivimos en ultramar, es una gran preocupación el hecho de que los dominicanos no crecen en término moral, en comparación a la extensión demográfica. Esto crea un desajuste que refleja el desorden urbano y la desconsideración en la interacción colectiva. Claro que somos personas muy amables, pero uno tiene que cuidarse porque detrás de esa amabilidad puede esconderse un tremendo ladrón o una buena “chapiadora”. Las llamadas chapiadoras tienen un auge mediático como nunca antes y si uno no tiene cuidado es fácil caer en sus trampas aunque también es fácil identificarlas.
Sigue siendo una lástima la desorganización del tráfico vehicular, pocos obedecen las reglas y mucho menos tener cortesía con otro conductor. Me ha llamado mucho la atención cada vez que he visitado San Juan, Puerto Rico. Allí los conductores con frecuencia se detienen para que el peatón cruce la calle, no importa si estos conductores son taxistas o de vehículos privados.  Al contrario, en Santo Domingo se usa manejar a la ofensiva, pero más que eso se usa la intimidación para abrirse paso, inclusive cuando no hay espacio entre carriles, exponiéndose a un accidente vehicular de graves consecuencias. Para evadir los riesgos hay que hacer malabares o tomarlo como rutina de la vida diaria.
Todavía no existe una política pública que impida que los niños sean transportados en motocicletas ante los ojos de todo el mundo, incluyendo a los propios policías de tráfico. Tampoco ponen atención a todos los que andan por calles y carreteras sin llevar puesto el cinturón de seguridad. Entendemos que no llevar el citarón de seguridad en el asiento delantero es un mandato solo para el conductor pero no para quien le acompañe, en el caso de los taxistas.
Es notable la despreocupación tanto del gobierno como la de misma sociedad ante la ausencia de una política definida para cumplir y aplicar las regulaciones que establecen aceras en las calles para los peatones y las personas discapacitadas. Las aceras no solo carecen del espacio suficiente sino que constantemente se encuentran obstruidas por cuanto puede ser imaginable. Esta situación obliga a las personas a caminar orillando el asfalto quedando expuestas a los accidentes automovilísticos.  
En todo el país debido al crecimiento de la criminalidad, cada residencia tiene la apariencia de una cárcel o una jaula para monos agresivos. Casas con un bonito diseño son desfiguradas con barras de hierros instaladas en las puertas, las salidas laterales, las marquesinas y hasta los balcones y todavía queda saber si los techos no son vulnerables a la sustracción. Todo el mundo prefiere alterar el presupuesto para la construcción de una vivienda con el fin de prever que su hogar sea violentado, lo que implica poner en riesgo la vida de todos los miembros de la familia. No somos el único país con este problema, pero como dice el dicho, “mal de muchos, consuelo de tontos”. La realidad es que el gobierno está llamado a planear más eficientemente estrategias y tácticas efectivas para disminuir de manera expedita y eficaz ese mal social tan grave.
 ¿Para qué es el Ministerio de Defensa de la República Dominicana? Somos un país pequeño con unas fuerzas armadas que cuestan una fortuna a la nación ¿Qué hace este aparato en un tiempo en él que no hay amenaza de invasión, no existe una guerra con otro país, ni tampoco hay potencial para guerra civil? Esta situación conlleva a que muchos padres de familia mantengan armas de fuego en sus casas, sus negocios o en sus vehículos para protegerse y cuidar de los suyos. Pero sucede lo inadmisible, que el 90 por ciento del los crimen organizado es cometido por miembros de los cuerpos castrenses, o gente ligada al Estado, según declaraciones Yeni Berenice Reynoso, Fiscal del Distrito Nacional.
Es entendible que el gobierno pueda aludir a que carece de los recursos necesarios para atender las necesidades de los munícipes como la recogida de la basura, corregir las grietas de las calles e implementar medidas efectivas contra la intolerancia de los conductores abusadores. Lo mismo puede decir que respecto a programas que son imperativos para elevar el nivel de vida de la población. Pero esto sucede debido a la corrupción  en el manejo de los recursos públicos extendida por toda la administración del Estado. Esta es una preocupación nacional que se deja sentir cada vez más en el país y con mayor sensibilidad.

viernes, 22 de mayo de 2015

132 ANIVERSARIO DEL NATALICO DEL HISTORIADOR LUIS EMILIO ALEMAR



EL OLVIDADO

EFEMERIDE HISTORICA DOMINICANA


 Miguel Collado

Si, ese pionero de la microhistoria dominicana, Luis E. Alemar, no ha merecido, en reconocimiento a su enjundiosa y acuciosa labor de investigación histórica, ni siquiera ser recordado designándose con su nombre una de las calles de la ciudad que tanto historió y amó: la ciudad de Santo Domingo, donde vio la luz del mundo por primera vez el 22 de 1883. Fue un efemeridista que siempre me ha merecido respeto por su pulcritud u uso preciso del dato exacto.
Pero en esta ocasión no seré yo quien escribirá sobre el personaje homenajeado en este espacio del desahogo cultural y espiritual. Dejaremos que una brillante y reconocida periodista lo haga, porque ella ha venido, desde hace años, librando una cruzada para el Estado y el pueblo dominicanos valorice al singular historiador. Me refiero a Ángela Peña. De ella reproduciremos a continuación su ilustrador y justo artículo “Luis Emilio Alemar, el cronista”, aparecido en su columna “Calles y Avenidas”, en el diario “Hoy” (Santo Domingo) del 1 de junio de 2014.
Leamos a la investigadora Ángela Peña:

CALLES Y AVENIDAS. LUIS EMILIO ALEMAR, EL CRONISTA

Por: Ángela Peña

Si alguien merece ostentar el nombre de la más amplia, hermosa, popular, concurrida y transitada avenida de Santo Domingo es el historiador, periodista, escritor y servidor público Luis Emilio Alemar, porque él consagró prácticamente su vida a investigar el origen de las denominaciones de todas las vías, callejones, ensanches, casas históricas, ruinas, monumentos y plazas de la Capital y las publicó en el único libro que trata el tema de forma minuciosa y profunda: “Santo Domingo-Ciudad Trujillo”, de consulta obligada para conocer esos referentes desde la época colonial hasta 1943 cuando salió a la luz.
El Ayuntamiento del Distrito Nacional hizo el intento de reconocerlo. Emitió una resolución bautizando una calle como “Luis E. Alemar” pero solo fue la intención. La disposición nunca se efectuó.

El consagrado cronista cumplió años de nacido el pasado jueves 22 de mayo. Retomar y aplicar ese dictamen sería el más justo y oportuno homenaje a su grandiosa e intensa labor histórica.
Constancio Cassá, compilador de una gran cantidad de acotaciones, reportajes, notas, notículas y artículos que dejó dispersos en la prensa el postergado y poco enaltecido historiador, considera que “es inaudito que a los 69 años de haber fallecido Alemar, y a los 71 años de haber publicado su obra cumbre “Santo Domingo-Ciudad Trujillo”, el Ayuntamiento de Santo Domingo no haya reconocido sus méritos y aportes, designando una avenida importante de esta ciudad con su nombre”.
“Apelo a usted para que unamos esfuerzos y logremos sacar del olvido el nombre de este cronista que también dedicó gran parte de su tiempo a rescatar aspectos de la vida cotidiana, curiosidades y leyendas dominicanas además de defender con su pluma la soberanía nacional durante la intervención norteamericana de 1916 a 1924”, manifestó Constancio.

Aparte del libro mencionado Alemar publicó “La Catedral de Santo Domingo”, “La Puerta del Conde”, “Breves rasgos biográficos del general Gregorio Luperón”, “Fortificaciones antiguas”, “Mención de próceres de la Separación” y opúsculos sobre monumentos coloniales.
ALLANAMIENTO, CIERRE DEL PERIÓDICO. Se entregó por entero “al rescate de nuestro pasado histórico, prestó a la cultura nacional un servicio que todavía no ha sido justicieramente apreciado”, significó Vetilio Alfau Durán con motivo de la muerte de este académico que a pesar de descender y estar emparentado con familias ilustres y acomodadas, fue a la tumba “humilde como había vivido”, apuntó Alfau Durán.

Su padre, Manuel Alemar Cancel, nació en Mayagüez y falleció en Santo Domingo. Su madre, María del Rosario Rodríguez Moscoso, era deuda de Eugenio María de Hostos y del obispo dominicano Elías Rodríguez Valverde, así como de la ilustre familia Moscoso.
Eran un matrimonio acaudalado que contaba con establecimientos comerciales, la finca “La Primavera”, la estancia “El Toro”, potreros en “Los Tres Brazos” entre otros bienes que cita Cassá.
Luis Emilio se inició en el periodismo muy joven llegando a ser director de La Semana, El Carnaval, La Avispa, El Pueblo, Casos y Cosas, El Almanaque Cómico, El Siglo, El Nuevo Diario, La Caricatura, La Actualidad. En estos últimos dirigía ataques a los interventores norteamericanos con los seudónimos “Paco Guillotina” y “Xaudaro” por lo que varias veces fue amonestado por los marines quienes le cerraron el periódico “La actualidad”, allanaron su residencia de San Carlos y le confiscaron un pequeño museo de armas de la época colonial.
TODO SU TIEMPO. Llegó un momento en que la investigación histórica, escribir y publicar ocuparon todo su tiempo. Mantuvo columnas en el Listín Diario, La Opinión, La Nación, revista Renacimiento y el Boletín del Archivo General de la Nación. Sus conocimientos del ayer nacional, urbanísticos, arquitectónicos, costumbristas, eran impresionantes. Fue biógrafo de héroes, próceres, mártires.

Discurría con propiedad sobre batallas patrióticas como del tesoro oculto del célebre pirata Cofresí, las celebraciones de Semana Santa, el fusilamiento del general Santiago Pérez, extranjeros que llegaron para quedarse, los mejores fabricantes de ron, el oficio de borriquero, las primeras cajas fuertes, los anexionistas, cónsules acreditados en el país, la introducción del suero antitetánico, estrenos de obras de teatro, inauguraciones y bendiciones de templos, primeros impresos, los decimeros, fechas históricas, expediciones e invasiones, testamentos, gremios, ruinas, ordenanzas, personajes populares, curiosidades históricas y otros cientos de variados tópicos.
Alemar fue director de la Biblioteca Pública Municipal, Comisario Municipal de La Romana, canciller del consulado dominicano en Puerto Rico y subdirector del Archivo General de la Nación “al frente del cual se encontraba cuando fue jubilado por el Congreso Nacional debido a su precario estado de salud”, revela Alfau Durán. Fue miembro de la Academia Dominicana de la Historia, de la de Venezuela y de la francesa.

Era desinteresado en cuanto a transmitir a otros sus dominios del acontecer y a nadie que le consultara le negaba datos y fotos.
En la crónica de su deceso se le describe como “un hombre de bien a cabalidad, de temperamento sencillo y afectuoso” por lo que gozaba del aprecio y el cariño colectivos.
Luis Emilio nació en Santo Domingo, en la calle “Padre Billini”, el 22 de mayo de 1883. Casó con Balbina Emilia Dubreil Fernández con quien procreó a Manuel Emilio, Luis Ramón y José.
Falleció el 7 de julio de 1945 en su residencia de la avenida “Braulio Álvarez” hoy “Teniente Amado García Guerrero”. La sociedad Dominicana de Bibliófilos reeditó su obra sobre las calles, con el título de “La ciudad de Santo Domingo” y también “La Catedral de Santo Domingo”. La Academia Dominicana de la Historia auspició la compilación de Cassá.

LA CALLE. En su resolución No. 42/77 el Ayuntamiento del Distrito Nacional tomó en cuenta los valiosos aportes de Alemar a la historia dominicana con sus incansables investigaciones y el tiempo que consagró para legar a la posteridad su importante obra. También que “este genuino historiador dominicano debe traerse a nuestra generación con el ejemplo que él simboliza y honrar imperecederamente su obra designando una de nuestras calles con su ilustre nombre”. La vía escogida por el cabildo fue la “Calle 14” de la Urbanización Real pero en ese sector no hay paseo, bulevar, callejón, plaza, parque o pasadizo que honre la memoria del insigne escritor. Además, el lugar que merece es otro, más a la vista, más frecuentado y animado.