Inquietudes, Conocimiento y Experiencias. Una publicación Aceda - Eramis Cruz *******

sábado, 11 de diciembre de 2010

Uvas y manzanas para las navidades


Aunque a los jóvenes del presente les parezca imposible, cuando nosotros, ahora padres y abuelos, éramos niños en nuestro país, para muchas familias las navidades no eran tan comerciales, pero si se importaba del extranjero frutas y semillas que todavía siguen siendo símbolos de las navidades, especialmente, las uvas y las manzanas. No podemos negar que hay muchas razones por las que estas son tan preferidas al gusto y al deleite de la humanidad.

Fue una manzana la que Adam se comió y a pesar de que le costó caro porque en el jardín del Edén le estaba prohibido echarle un mordisco, de todas podía comer pero no de ese árbol, creo que todavía no se arrepiente. Es preferible vivir condenado a trabajar para vivir pero tener el privilegio de comer manzana. Creo que es mayor deleite si luego de la comida acompañada de un trozo de manzana también se puede disfrutar de una copa de vino proveniente de la uva.

De manera que como las navidades son unas fiestas de origen religioso o bíblico, es natural que la uva y la manzana tengan un significado especial para las navidades. Las navidades están o debería ser relacionada con el amor. Sabemos que la gente asocia la manzana por su morfología con el corazón, y es en este órgano que mucha gente dice sentir los sentimientos, cuando son sinceros, porque cuando son realistas se llevan más en el cerebro que es mejor computador.

La mayoría de los niños de entonces, y para muchos aun en el presente, no veía uvas ni manzanas durante todo el año, y si las veía era en los comerciales de la época, por ser importadas eran muy caras para gente que prácticamente sobrevivía con lo elemental. No recuerdo que alguna vez distribuyeran manzanas ni uvas para los niños ni siquiera en tiempo de navidad.

Recuerdo que en la familia se partía en trozos una manzana. Nuestra madre era una artista usando una simetría perfecta para cortar todos los gajos iguales, tan iguales que nadie se detenía a medir milímetros, a pesar que en ese tiempo todos en la familia teníamos una visión veinte veinte, excepto la abuela Julia y la otra llamada Maruca que las queríamos más por ser vieja, no sabíamos qué era de nosotros ni cómo apareció en la familia.

Con la llegada de la Navidad estábamos tan excitados, a pesar de la miseria de entonces, y no puedo negar que eran hermosos esos arbolitos improvisados, con luces de colores y regados de algodón para emular la nieve que no conocíamos sino por referencia de cuentos europeos.

Creo que el olor de las manzanas y las uvas, para nosotros no es real, ni si quiera las mismas manzanas y las uvas que vemos ahora, aquellas eran enigmáticas, tenían sabor a música de navidad, a esos asaltos de entonces a las familias del barrio, no como los asaltos que se hacen ahora en Santo Domingo y México. Cuando se asaltaba una familia lo único que uno le quitaba era una taza de té caliente y algunas veces se terminaba en la enramada del patio improvisando músicos e instrumentos mientras la doña y el señor  feliz preparaban una abundante sopa que se servía caliente. Había otro modo de referirse a esas comidas milagrosas, porque siempre alcanzaba para todos, un “asopado”, un “chambre”, o “sopion”.

Todo cambia cuando se pierde la inocencia. Pero los adultos insisten en mantener las tradiciones porque creen transmitir con ellas algo de más valor que trozos de una manzana o una uva desprendida del racimo con la delicadeza con que todos merecemos ser tratado en las familias y en los empleos, no sólo en navidad sino siempre por el resto de nuestras vidas. Ese debe ser el mensaje.

La gente se queja de que el mensaje no llega, que están tirando las joyas a la pocilga, con tanto valor y los puercos las ignoran, pero no podemos culparlos. Somos nosotros mismos los que creamos esa situación caótica en la sociedad, comenzamos mintiendo y después queremos obligarlos a que nos crean, cosa que solo se logra re-educando que es mucho más difícil y más caro, porque cuando el hábito o la costumbre hace ley la adopción es inminente.

Las mismas religiones no se creen capaces de salvar el mundo, entonces de que se quejan, son un proyecto fracasado desde su origen. No creen en la democracia, no creen que se pueda salvar a la mayoría, ni siquiera con la ayuda de Dios que dicen es muy poderoso. Entonces sin proponérselo, la mayoría termina con más analogía con el diablo, lo cual parece tener sentido.

Como se puede decir que se busca a la oveja perdida, no señor, si es casi todo el rebaño el que no aparece ni viene a la casa del de padre.

Las historias y las leyendas de la navidad son fascinantes, y por muchos siglos se vienen celebrando, las iglesias y los ministros gubernamentales están y han estado felices de su resultado. Que la gente salga de compra, eso ayuda a activar la economía, no importa si la policía mata a los asaltantes, esas son ovejas perdidas que igual que los puercos ignoran el valor del mensaje que se le ofrece como si vivieran en pocilgas asquerosas y pestilentes.

Esos malditos asaltantes, secuestradores y tramposos, fueron bautizados cuando tenían menos de un año de edad, firmaron por su fe a través de unos padrinos que se prestaron a ese proyecto que sustenta ideología pro capitalista. Aproveche el tiempo y lea Isaías 10, ahí está lo que nunca he oído predicar desde un púlpito navideño.

En otra parte se dice algo diferente, “El hijo del hombre no tiene donde descasar su cabeza”, pero no así el hijo del diablo, sea católico, evangélico, testigo de Jehová o simplemente gnóstico. Es por eso que los hijos de Adam siguen comiéndose las manzanas con gran deleite, estas abundan ahora pero siguen siendo prohibidas para muchos por razones tan diversas como perversas.

Cada cual puede creer en lo que le venga en gana, ese no es mi problema, simplemente quiero que sea reconocido cómo y por qué se tronchan los sueños navideños de los niños, no sólo de los que de adultos dan asaltos sino también de los que luego son universitarios indiferentes a los desafíos de la historia. Si uno no abre el ojo, lo embroman. Se discrimina también en la viña del señor, las mujeres no pueden ser papa pero los papas han tenido muchas mujeres.

Feliz navidad y prospero año nuevo; “un año que viene otro que se va”. Uvas y manzanas para todos.

Autor: Eramis Cruz

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Muy serio para esta navidad


Eramis Cruz

El año que pasó fue muy diferente, pero este año es mucho mejor y el año que viene es simplemente de un valor incomparable. Usted no está solo si piensa que muchas cosas de este mundo no están bien, aunque usted no fue quien las descompuso; como dice la canción, “un año que viene y otro que se va”. Y que tal si sumamos todos los años que vendrán y hacemos un plan bien coordinado, usando habilidades y experiencias y con destreza visualizamos lo que queremos en la medida en que evaluamos cada ejecutoria. Los recursos necesarios emanan de la cotidianidad en la que se producen y consumen tantos recursos sin balance positivo, un proceso que muchos pasan inadvertido. No más nos resta el dolor de cabeza de siempre, cómo nos relacionamos con los demás y cómo contribuimos mancomunadamente sin perjudicar nadie.

El respeto a la privacidad y el reconocimiento de los derechos de los demás son elementos fundamentales para la convivencia de una comunidad o país. Cuestionar todo aquel beneficio que con facilidad se nos ofrece o presenta debe ser un paso previo para evitar lo indebido que posiblemente perjudicaría a alguien o trae consigo tragedias personales o el rompimiento de la justa ley. La voz de tu interior y la observación del sentido común siempre resultan efectivas, cuando además se usa la intuición y el valor de la experiencia antes de tomar decisiones importantes requeridas de manera precipitada. Nunca acepte proposiciones que te niegan la oportunidad para la investigación y la reflexión según la fuente y los recursos utilizados por personas o corporaciones.

Vivir con limitaciones materiales no es sinónimo de infelicidad, mucho menos cuando las precariedades no son un motivo para la resignación y la falta de iniciativa. Aquel que siempre lee buenas fuentes del conocimiento y de la información valiosa desarrollará un sentido de seguridad en el intercambio comunicativo y el área de la documentación esencial en la toma de decisiones. El camino del éxito no está garantizado a nadie y aquel que no está dispuesto a tomar riesgos quedará confinado a las dudas y hasta al fracaso.

Incurrir en al fanatismo y la exageración, lo mimo que al dogmatismo religioso o filosófico, no es un buen recurso para quien le gustaría ser progresista y aportar nuevas ideas y proyectos, porque la verdad es siempre relativa y los factores que inciden sobre nuestras concepciones y creencias nunca estarán bajo nuestro control absoluto, aparte de eso, el cambio es la única constante de la vida, uno y el mundo cambia siempre, quiera el ser pensante o no, lo mismo en lo objetivo que en lo subjetivo, independientemente de las imágenes que se formen en nuestra cabeza. Si creer en lo que simplemente se ve es arriesgado, creer en lo que no se ve demanda de mayor esfuerzo e investigación.

Aquel que confiesa que no es político es un mentiroso inconsciente o un oportunista ingenuo que trata de escaparse a lo que considera un desafío para el que no está preparado. El hecho de no querer hacer sacrificios colectivos en torno a ideas revolucionarias o ejecutorias de cambios sociales, no necesariamente de excluye de los efectos resultantes de las realidades de un estado o país. La línea entre tus derechos y los derechos de los demás no existe sino para demostrar que los individuos no pueden vivir sin depender unos de los otros. Partiendo de este criterio, todos también tenemos derecho a la participación en los beneficios para los que nos hemos sacrificado colectivamente, o son un patrimonio de nuestros antepasados.

Las personas que sueñan con proyectos personales para alcanzar riquezas y bienestar, famas o conquistas que tiene como fin la utilización de otros seres humanos, sin hacer las justas contribuciones, carecen te integridad moral para vivir en un mundo sin riegos ni grandes consecuencias producto de la violencia y la confrontación.

Es ingenuo vivir rezando a Dios para ganarse el cielo, cuando en esta vida se vive indiferente al dolor ajeno, el mandamiento de “amad a tu prójimo como a ti mismo” demanda del cristiano mucho más de lo que puede ser concebido en un mundo determinado por los intereses antes que por los valores, por tal razón, no hay que recurrir a tantas algarabías, si en verdad quieres ganarte el mundo, el cielo será tu premio, si eso es en lo que crees.

No podemos afirmar con certeza si hay otro mundo después de la muerte, tampoco podemos negarlo científicamente, por tal razón, es una teoría que solamente cabe dentro de lo metafísico, sin embargo estar de acuerdo o no, no es motivo para negar el amor inherente a nosotros y a los nuestros, aquellos con quienes compartimos el hogar o el mundo que es una casa grande, para compartirse y mantenerse, no para destruirla a cambio de petróleo u otras bagatelas.

Este es un mundo hermoso, donde resplandece la vida con eco tu voz cuando cantas con alegría y en tus ojos se reflejan los colores de las flores, o miran las montañas vestidas de nieves que complacen el movimiento de la brisa en la navidad, para que seas feliz, más allá de los límites de las ilusiones.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La mentira, certeza de un tiempo sin valores

Un artículo de Benjamin García

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” dice Serrat en una de sus canciones.

La mentira, como instrumento mediático, se ha instalado en nuestra cultura. Miente el padre ante el niño, enseñando a este a afilar sus garras, el amigo que se justifica, el mendigo que pregona una enfermedad para despertar la misericordia, el rico en su trinchera de intereses. Miente el pobre de dignidad y el político sin principios. De tanto mentir, hasta el Cura miente.

Miente, ante el micrófono indefenso y el público hambriento, el comentarista a sueldo. La secretaria sin respuesta ante un reclamo urgente, el mensajero que desvió la diligencia. Miente el gerente para quedar bien ante el superior inmediato. Miente el marido debajo de la sábana, la amante envuelta en la mentira sin escrúpulos del amante. Y mienten porque creen que la fortuna es del momento y no de la eternidad.

Y así vamos, conquistando adhesiones sin fundamento, ganando espacios carentes de bases. Instrumentando un mundo sobre cimientes poco confiables. La oposición política presenta cifras para llorar, que colocan la nación al borde del abismo. El gobierno hace lo suyo describiendo un panorama de abundancia y optimismo. Y el pueblo escucha, incrédulo, “chivo”, de tanta estafa disfrazada de gloria.

Porque el veneno, aunque envasado en recipientes de calidad, siempre será veneno. Pócima para la derrota y el miedo que pretende vencer, pero del que siempre pierde, porque lo muerde la duda. Porque una mentira nunca podrá construir la fe aunque la sirvan en vasija de oro.

“Mentiras piadosas, a veces cargadas de bondad” me decía un amigo. “Pero es que nada justifica un engaño”. Y ahí quedamos, convencidos de que aún cuando con ella evitamos males mayores, es mejor establecer con claridad la situación sin dejar resquicio de dudas, que marcada la distancia, hacen más daño que el que se pudo evitar con la “mentirita”.

Piadosas llama Sabina a aquellas que pretenden ocultar una verdad muy dolorosa y es preferible vivir feliz en el engaño que amargado ante una realidad irremediable. Pero no. La mentira esclaviza, la verdad libera. Y es mejor asumir la vida desde esa premisa liberadora.

“La verdad es un grito perenne, la sabia conquista de la vida y de la muerte. Nace en la mirada, en la rutina, en el amor, en la entrega. Se nos descubre pesada, y no tenemos la fuerza para soportarla. O liviana, entonces es tan ligera que nuestra conciencia no la tolera. Por eso es tan desgarradora”. Esto dice el Artesano de Sueños, personaje que luego conoceremos en estas entregas.

La verdad está ahí, ineludible, flotando como el colcho, que así nos enseñaron, cuando el abuelo era un templo. Y siempre estará mejor vestida, que una mentira que para la ocasión luce sus mejores galas.

Al camino de la mentira siempre habremos de volver a recoger el cieno donde se ocultan las espinas del desconcierto. Volver porque el peso en la conciencia no nos deja vivir en paz. A intentar descubrir, de ser posible un resquicio donde enterrar el remordimiento. En cambio, el camino de la verdad es transparente y cuando se transita, aun con el miedo natural a la realidad lacerante, nos habremos de sentir redimidos.

Y para los que llevan anotaciones, como colofón y catarsis, dejo establecida mi gran verdad: “También yo he sabido mentir”.



Benjamín García

Dic. Del 2010

http://www.paratrillarcaminos.blogspot.com/