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domingo, 31 de marzo de 2013

Cuando la Guerra Fría se calienta



Eramis Cruz





Imagínese usted lo que pasamos luego de la tormenta Sandy, que ni siquiera llegó a la categoría de ciclón. En la ciudad de Nueva York no había gasolinas para los automóviles, parte del subterráneo de trenes fue inundada a causa del desbordamiento del río. Todavía las consecuencias humanas en términos de viviendas y servicios para los que quedaron desamparados no se resuelven.
Lo que ha escandalizado a muchos estadounidenses es que después de las amargas experiencias del 11 de septiembre, y de Catrina, una gran ciudad del país más poderoso del mundo resulte más vulnerable a una tormenta que un país como Republica Dominicana o Cuba.
Muchas de las grandes ciudades y localidades de los Estados Unidos no están preparadas para confrontar una situación de gran calamidad humana, sea ésta de causa natural o provocada por la acción de otro país en una situación de guerra. Primero, debemos comprender que los Estados Unidos tienen experiencia atacando a otros países en defensa de sus intereses como imperio económico del mundo. Porque la única razón de las guerras son las económicas, está demostrado que los demás conflictos se resuelven por medio diplomático, a través de organismos internacionales o usando acuerdos directos entre los países. En otras palabras, Estados Unidos no tiene la experiencia de una guerra moderna prolongada en su territorio de parte de otra nación.
Esta situación vuelve de nuevo sobre el tapete y es causa de gran preocupación en el mundo, a raíz de la del estatus de estado de guerra de Corea del Norte contra Corea del Sur y de los Estados Unidos. USA tiene a Corea del Sur como un punto de control en su beneficio, no solo en termino de guerra sino también, y muy especialmente, en su planes de expansión económica.
Hay razones para preocuparse, ya que estas amenazas no solo conciernen a los ricos, sino también a los que viven de su trabajo, a los que se esfuerzan pagando la casa que con sacrificio han obtenido para la felicidad de su familia. Esto es debido a que la economía de los Estados Unidos no tiene la consistencia del desarrollo que lograra después de la gran depresión de 1929, sino que por ser una economía fundamentalmente de servicios y la vez parásita, que depende de la explotación que hace a otros países, vendiéndole caro lo que produce barato en otros territorios de países en vía de desarrollo y desarrollados.
Se trata de conseguir materia prima barata, de comprar fuerza de trabajo el precio más bajo posible, sin contratos laborales, y sin condiciones de salud garantizadas para los trabajadores. Y aun cumplieran justamente con esas prestaciones, ganarían,  porque estas grandes corporaciones y hasta empresas promedios están exentas de los  impuestos en el territorio norteamericano, donde tampoco pagan los justo en comparación con el ciudadano que trabaja. Es una gran inmoralidad legalizada por el sistema jurídico de un gobierno al servicio del gran capital.
Los ciudadanos de los países envueltos en un riesgo de guerra, especialmente con armas nucleares, son los primeros llamados a manifestarse frente a sus gobiernos. Especialmente en los Estados Unidos que es el país provocador de esta situación de riesgo.
Y porque el gobierno de Estados Unidos no obedece a los intereses del pueblo norteamericano. La mayoría de del pueblo de los Estados Unidos no vota en la elecciones, ni es parte activa de los partidos, el Demócrata o el Republicano. Estos partidos dependen de los medios para llevar a cabalidad sus campañas electorales, además, el congreso es el mismo casi todo el tiempo, compuesto por unos millonarios que poco les interesa el ciudadano que paga los más altos impuestos y tiene que confrontar la fuga de sus ingresos debido a los altos precios de productos y servicios.
 Aparte de esto, el voto popular está debilitado por el llamado voto electoral que es una representación por delegados,  un instrumento de control para prever cualquier sorpresa al imperio Estados Unidos, incluyendo la opción del fraude.
No se mantiene este esqueleto arcaico para fortalecer la democracia, como se le quiere hacer creer al pueblo. Son  538 delegados entre los 50 estados, los que defieren en cuanto al número de delegados que les pertenecen. Se gana una elección con el 50 más uno de los votos de los delegados o sea 270 votos electorales.
El presidente es quien somete al Congreso los candidatos a jueces de la Suprema Corte de Justicia de la nación. De manera que al final se puede notar que el sistema democrático no es más que una manera de justificar el gobierno que continuará por los próximos cuatro años.
Por esta razón es importante que el pueblo mismo tome en sus manos directamente la protección de sus intereses frente a la superestructura de poder manipulada por el gran capital de las familias más ricas ubicadas en el territorio de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra o el Reino Unido. Téngase en cuanta que esta mafia tiene sus aliados en los países que controlan, como lo ha sido el ex presidente Uribe de Columbia y los últimos presidentes de México y República Dominicana, especialmente Leonel Fernández.
El congreso está autorizado para hacer una declaración de guerra a otro país. En el caso de las declaraciones de guerra de los gobiernos de Jorge W. Bush, padre e hijo, fueron guerras imperialistas no justificadas por la verdad supuestamente dicha al pueblo de los Estados Unidos. Todos los países tienen  derecho a defender su territorio, pero en los casos de Estados Unidos, en su condición de imperio, es consistente provocando a otros países muchos más débiles bélicamente, defendiendo los intereses de los inversionistas, y no necesariamente del pueblo norteamericano.
Frente a la vulnerabilidad del sistema financiero de los Estados Unidos, consistente en una economía de burbuja, si se consideran empresas como Twitter, Facebook, y la propia bolsa de valores, reconocida como Wall Street, no hay que llegar a la guerra necesariamente para sufrir las consecuencias económicas que afecta directamente la limitada economía de la ciudadanía, que en su mayoría depende más de tarjetas de créditos que de inversiones financieras de importancia. Estamos hablando de gente como usted y yo, inclusive, millones de retirados y deshabilitados con ingresos que promedian los $700 dólares al mes. Las guerras cuestan caras a los pueblos, a pesar de que benefician a las mafias que manipulan los gobiernos de los imperios. Durante una guerra se intensifica la venta de armas, se incrementan los contratos al sector privado, y se aumenta el rublo del presupuesto bajo condiciones de emergencia.