martes, 25 de diciembre de 2018

La utopía de vender el Vaticano


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Eramis Cruz

Por diferentes razones, eventos, y especialmente celebraciones, como las navidades y Viernes Santo, los críticos suelen reflexionar sobre aspecto que tocan la conciencia del pensante. “No vale la pena vender el Vaticano, me dijo un hermano, ¿para qué salir de la gallina de los huevos de oro, a dónde irían los beneficios por la subastación de sus millonarias reliquias?
O sea que se trata de los beneficios, de la gallina de los huevos de oro, se trata de un concepto completamente materialista, una posición de una iglesia que demanda de los cristianos, en todo el mundo, compartir lo que tienen, de manera que se declara que la iglesia no está en la capacidad de salir de sus bienes y dedicarlos a buenas causas, los que si están en esa capacidad son los humildes, simplemente porque no tienen nada del tesoro terrenal, específicamente en las áreas más miserables del mundo.

Jesús, mediante la evangelización de sus apósteles en ninguna parte mandó a acumular riquezas ni a fundar estado, con sistema protocolar para interactuar con 180 estados o gobiernos, incluyendo a los corruptos. No se trata de argumentos sino de principios.
El impacto de los cambios sociales de las iglesias en el mundo, es mínimo, es más, mueren más periodistas en el cumplimiento de sus deberes que sacerdotes. Pero la iglesia Católica no es la única que tiene magna riqueza, las demás también, inclusive en países con grandes necesidades. Los que no tienen riquezas son los que van a los templos, y no lo hacen porque creen en sus ministros, lo hacen porque creen en Dios.

Pero no es la megalomanía lo que es cuestionable, sino de qué manera la iglesia Católica se convirtió en el imperio que hoy conocemos, las extensas tierras que le fueron asignadas por gobiernos, reyes y emperadores, los escapularios y los perdones vendidos a cualquier influyente para librarle del infierno o de la Santa Inquisición.
Recuérdese que el Vaticano es una monarquía absoluta y, además, libre de impuestos. Lo curioso es que, que el Vaticano, al que hay que agregar la Santa Cede, a pesar de que Dios lo protege, cuenta con 130 policías, en contraste con el recién electo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, le están sacando en cara por no protegerse lo suficiente con una amplia escolta, como lo hacían sus antecesores.

“En 1984, la Ciudad del Vaticano fue declarada patrimonio cultural y natural por la Unesco, de modo que todo el Estado está reconocido como "patrimonio moral, artístico y cultural, digno de ser respetado y protegido como un tesoro para toda la humanidad".1
Tengo la impresión que los testigos de Jehová, tienen más razón al creer que después de la muerte, lo que los católicos llaman la Gloria, será aquí en la tierra y no en el Cielo.
La iglesia Católica cuenta con 1,285 millones de miembros, un 17.7% de la población mundial, se supone que se trata de apósteles diseminados por todo el mundo. El clero compone alrededor de 466,634 apósteles. Si a estos sumamos los religiosos musulmanes, a los, hindúes y a los judíos, no tenemos que ir lejos para quedar convencidos de que hay un problema, con la práctica y la teoría con respecto al sostenimiento de la fe, desde el punto de vista teológico.2

Es inconcebible que entidad tan sagrada mantenga mentiras históricas tan garrafales, que están a la vista de todo aquel que lea o sea suficientemente responsable ante sí mismo y ante sus semejantes expresando la verdad. Claro que proponer que el Vaticano sea vendido o subastado, es una utopía. En el orden religioso a la utopía se le llama milagro y lo cierto es que son terminologías de semánticas afines; conceptos no permitidos por los creyentes religiosos. Para el religioso las cosas no necesitan lógica ni razonamiento, se cree por la fe y nada más poderoso para que todo sea posible en un abrir y cerrar de ojos. ¿A caso estos planteamientos son nuevos? No los son, pero mantienen vigencia y desafían el sentido de justicia, no de Dios sino de las religiones.  












martes, 18 de diciembre de 2018

ESQUELETOS DE CRISTAL


Chiqui Vicioso


Se denomina esqueleto de cristal, la condición que desarrolla la niñez desnutrida.  Estos niños y niñas, cuyas fotos nos horrorizan en Yemen (85,000), Siria y otros países de esas regiones lejanas, parecen réplicas de los esqueletos que son eje temático en imágenes del artista Posada, de México, y que mundialmente se denominan Catrinas.

Esos niños niñas tienen cráneos asimétricos, piernas arqueadas, protuberancia en la caja torácica, deformaciones en la columna, retraso en la formación de la dentadura, caries, baja estatura para su edad, flacidez en el tono muscular y los ojos profundamente hundidos en rostros que son la representación de las calaveras.

Leemos: Más de medio millón de niños y niñas se están muriendo de hambre y nos horrorizamos, desconociendo que en el Hospital Hugo Mendoza, antiguamente conocido como Robert Reíd, hay una Unidad de Niños con Raquitismo cuya carencia principal, en este país con el mayor crecimiento económico de la región y donde se habla de millones como cheles,  es la falta de alimentos, fundamentalmente la leche.

Leche procesada, pescado, vegetales verdes, hígado, luz solar, podrían ser la fuente de vitamina D que necesitan esos niños y niñas cuyos esqueletos de cristal se pueden romper al menor abrazo; niños y niñas cuyo dolor es difícil de imaginar.
Y, si esta falta de alimentos es tan aguda en el Robert Reíd, imaginen lo que es en los hospitales del interior del país, donde, según las monjas que manejan la Unidad, las subvenciones para alimentos no llegan.

Podría comenzar a rasgarme las vestiduras, como falsamente hace casi todo el mundo cuando se entera de noticias como esta, pero el problema es que esa rasgadura dura hasta el próximo escándalo y va creando una callosidad en el alma que nos inmuniza frente al dolor ajeno.

Por eso no voy a protestar sino a proponer dos cosas: Esta Navidad, y sin fanfarria, destine, aunque sea uno de sus regalos a comprar leche y apersónese al Robert Reíd.  Si logra convencer a su familia inmediata de que haga lo mismo entonces la cantidad de leche será mayor, y si puede llevar latas de atún, o vegetales verdes y frescos mucho mejor.
A nivel popular insisto en las propiedades de la Moringa, que tienes siete veces más calcio que la leche, y se puede consumir en sopas, te, con arroz, guisada, pero solo si el árbol tiene más de tres años.  Aclaro esto para que no se desate una euforia que arranque todas las maticas para venderlas en las esquinas.  Si el árbol no tiene tres años entonces sus ramas no nos sirven.

Hay que preservar el cristal de la solidaridad, aunque su abrazo nos haga añicos.


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jueves, 13 de diciembre de 2018

Cuando en navidad nada nos faltaba


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Eramis Cruz
           
Aparte de lo indispensable para mantener las funciones vitales en un espacio inofensivo, las necesidades pueden ser imperceptibles, no así el imperativo de la costumbre o el acomodo al hábito.
Las navidades eran mucho más alegres, no creíamos que nos faltara gran cosa. Sí señores, mis contemporáneos saben que las limitaciones económicas extremas no nos eran extrañas en las campiñas. Pero en las ciudades el día de los Santos Reyes era preocupante para los padres, las siguen siendo aún. Definitivamente, esta situación era más notable en las zonas urbanas que en las rurales. Tuve ambas experiencias junto a otros familiares.
En el barrio viví con mi madre, una mujer hermosa que nunca usó artificio de belleza, madre soltera entonces. Con mi padre, todo un señor, sin dinero debido a la ruina, viejo y solitario, compartí su rancho, de tablas de palmera y cobijado con sus yaguas. Vivimos en aquel Macondo de nuestras remembranzas, y en navidad no extrañamos los juguetes, no nos hicieron falta. La vida allí transcurría como en un Jardín del Edén.

Santa Claus no pasó por nuestro humilde hogar, si lo hubiese hecho, hubiese gozado de lo lindo, lo hubiésemos invitado ha halar un plantón de chuca mientras una cálida llovizna refrescara su caluroso atuendo de color rojo y blanco. No me cave duda de que habría conversado con el viejo, sentados a la mesa, irradiados por la luz de la lamparita con forma de falda y de pescuezo de cisne”. Le hubiésemos prestado la hamaca que teníamos en el rancho, para que descasara de su trajín regando regalos a niños de familias de clase media y alta.
Él señor, de carcajadas resonantes, pecho erguido y de perfecta salud, no pasó por aquel lugar, donde los campesinos salían con hachos luminosos a pescar camarones y jaibas en medio de la noche a un río de agua diáfana y enorme piedras verdosas por efecto de la clorofila de la vegetación.
El patio del bohío era tan amplio que tenía suficiente espacio para aparcar un helicóptero, mucho más para su trineo. Frente a la casa había nutritivas hierbas para alimentar a los renos.
Pero nosotros no conocíamos esos animales del Polo Norte, sino el burrito de Belén, aunque nuestro burrito tampoco era de Belén, sino de “Matancita” donde halaba una carreta de un carpintero que por pura coincidencia se llamaba José y su mujer doña María, que abría su friquitín desde las cinco de la tarde hasta las nueve de la noche.

Este estilo de vida del campo fue para nosotros una experiencia religiosa, apropósito de la navidad. Primero, porque creíamos la historia del nacimiento del niño Jesús sin alterar una sola letra. Saber que ese muchachito era el hijo de Dios, así tan vulnerable, y la virgen allí, que aunque continuó siendo virgen, parió como todas las mujeres, “que no hay quien lo dude… que no hay quien lo dude”, dice una canción popular.
Pero de nuevo, la gente sabía de la navidad, aún viviera en la lejanía, porque existen altos intereses de los sectores que se benefician de la viña del señor, donde ya no se habla de una mansa oveja perdida, sino de grandes inversiones de emporios que demandan promover sus ventas, a descuentos, sea a crédito o al contado, y eso implica inclusive, la venta de caros juguetes, y ahora hasta artefactos digitales, muy distantes de las cornetas, pistolita de “mito”, pitos y “tirijala”, eran bagatelas que no sobrevivían las diez de la mañana del día de los Santos Reyes. Después de esa hora, seguía la esperanza, de que vendría la Vieja Belén. Ese calificativo la hacía parecida a la abuela de dientes manchados por la nicotina. Era un cuento triste que trataba de mantener la ingenuidad de una sonrisa entre labios.

Igual que el Jardín del Edén, perdimos la inocencia otra vez, otros perdieron la vergüenza, y se prostituyeron. La exactitud salió a relucir, porque, aunque tantos no lo saben, la mentira es otra manera de llegar la verdad. Lamentablemente ahora, no tenemos otro camino, es como navegar en un barco, si no nos salvamos juntos nos hundimos juntos. Hay que ir a comprar regalos a las tiendas, no importa si no se necesitan, porque si se cae la economía, resultará la medicina peor que la enfermedad. Así, como lo está haciendo el presidente Andrés Manuel López Obrador, en México, lindo y querido, hay que perdonar ahora, porque el pueblo entero es pecador, unos porque tienen mucho y otros porque no tienen nada, los más pobres también, aun sean culpables por omisión. Después quedan los que prefieren vivir la ficción, la realidad les da miedo, miedo de ser incapaces de soñar, no importa si al hacerlo se acorta el tiempo para vivir realmente, sin las amenazas del calentamiento global que podría afectar el rodaje o el vuelo del trineo de Santa Claus.




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Es mejor precaver que tener que lamentar

Estar atento, caminar de prisa, transmitir que vas para algún lado, son ingredientes para evitar ser víctima del crimen callejero. Los ...