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viernes, 29 de enero de 2016

Detrás del antihaitianismo se oculta la negrofobia

Entrevista a  Silvio Torres-Saillant

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Silvio Torres-Saillant, intelectual dominicano establecido en los Estados Unidos, expresó que detrás del antihaitianismo en la República Dominicana se oculta la negrofobia, que es un rechazo cultural que viene desde muy lejos contra los negros en la cultura dominicana.
En una entrevista con Elena Oliva, de la Universidad de Chile, aparecida en la revista Meridional, sobre estudios latinoamericanos, Torres-Saillant se expresa sobre diversos topicos poco tratados por los intelectuales dominicanos en el debate sobre la identidad.
Acento reproduce la tercera parte de la entrevista.
MERIDIONAL Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos
Número 4, abril 2015, 199-226
Detrás del antihaitianismo se oculta la negrofobia: conversación con el intelectual Silvio Torres-Saillant en Santiago de Chile

Tercera parte
EO: ¿Y qué hacer con respecto al antihaitianismo desde la intelectualidad?
ST-S: Historiar la construcción de esa alteridad radical superpuesta sobre la humanidad de nuestros vecinos al otro lado de la isla, la cual se extiende a compatriotas de herencia haitiana. Eso tendría una gran utilidad para cualquier proyecto encaminado a estimular la conciencia ciudadana, fomentar la convivencia entre los dos pueblos que comparten la isla y tratar a los compatriotas de herencia haitiana con el nivel de igualdad, justicia, respeto e inclusión digna que le debemos a todos los sectores socialmente diferenciados de la población. Cuando la prensa y los políticos en la sociedad dominicana se refieren a “los haitianos” no distinguen entre dominicanos de ascendencia haitiana e inmigrantes laborales de los que vienen con regularidad desde Haití, que es un país extranjero. Los juntan en el mismo lote como si fueran la misma cosa. Eso es como si pusiéramos en el mismo saco a los miembros de la familia Vicini que llegaron a la Republica Dominicana en el siglo XIX y los miembros de la familia de Silvio Berlusconi, llamándoles a todos “los italianos”. En otras palabras, predomina un discurso que condena a los dominicanos de herencia haitiana a la extranjeridad permanente. Ello se lo debemos a la perversidad trujillista y su extensión balaguerista, con el aporte de sus aliados liberales que comenzaron a gobernar a partir del 1978 sin hacer nada para desvincularse de la herencia ideológica que recibieron del régimen anterior. De ahí la importancia de tu pregunta acerca del papel de los intelectuales. Desde la intelectualidad hay mucho que hacer y hay la obligación de hacerlo. A los intelectuales primero les toca ayudar a la desmitificación porque pueden, tienen las destrezas correspondientes a dicha tarea. Su prestancia en la sociedad se debe a que pueden valerse de la palabra para arrojar luz sobre nuestros problemas. También arrastran un ruedo moral que les debe servir de incentivo. Pues todo este drama racial que nos agobia, esta criminosa descalificación de otras personas por causa de su herencia ancestral con la que todavía estamos lidiando, se naturalizó en nuestras sociedades con el aporte decisivo de letrados que hoy llamaríamos intelectuales: gente como Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Jose Ingenieros, o sus burdos epígonos dominicanos, tales como Manuel Arturo Peña Batlle, Emilio Rodríguez Demorizi y Joaquín Balaguer. Si uno hoy día entra en el predio de esa tradición intelectual y no hace algo por desvincularse del legado criminoso que pesa sobre la misma, puede justificablemente entendérsele como continuador de ella.

Silvio Torres-Saillant
Para el caso dominicano, hay aportes que tienen un potencial enorme de transformación. Si hiciéramos ver, mostrando evidencia fehaciente, cómo se ha impuesto la mentira oficial para determinar un modo viciado de recordar nuestra historia, rendiríamos un servicio inestimable a nuestro pueblo. Por ejemplo, hay un famoso episodio que utilizó la historiografía tradicional para hablar de los sufrimientos del pueblo dominicano durante el “yugo haitiano” en el periodo de la unificación con Haití de 1822 a 1844. Primero, permíteme señalar que las lamentaciones de la historiografía oficial en torno al sufrimiento continuo padecido por los residentes de la parte hispano-parlante de la isla durante esos veintidós años pierden validez cuando uno mira estudios como La dominación haitiana (15) de Frank Moya Pons, en la que queda claro que la unificación tuvo altos y bajos. Comenzó bien, con el presidente haitiano Jean-Pierre Boyer gozando de una bienvenida formal, apoyo popular debido a la abolición de la esclavitud, cosa que los criollos de ese lado de la isla que habían expresado ideales independentistas jamás consideraron. El nuevo orden integró a la élite criolla en la administración pública y en el ejército. Gran parte del liderazgo que posteriormente pasaría a dirigir el proyecto independentista y la formación de la República Dominicana una vez proclamada la soberanía obtuvo su entrenamiento durante sus años de servicio al gobierno haitiano. Pero, como tantos otros proyectos de gobierno, la administración de Boyer comenzó a fallar en ambos lados de la isla con políticas, medidas económicas y acciones simbólicamente hirientes. En la parte hispano-parlante parece que cayó muy mal su decisión de descontinuar las prebendas de la Iglesia Católica. Debido a los fallos, Boyer perdió su anterior apoyo, lo cual le sirvió a la elite separatista criolla de base para alentar el independentismo, para lo cual primero se alió a su contrapartida haitiana para derrocar al presidente haitiano. Luego arranca la acción separatista y ya para 1844 se proclama la República Dominicana, un nuevo Estado cuyo primer acto jurídico fue un aviso público en el que el recién nacido gobierno se comprometía a no restaurar la esclavitud que Boyer había abolido y exhortaba a todos los haitianos residentes en esta parte de la isla a quedarse en el país e integrarse al nuevo proyecto de nación con la seguridad de sus vidas y sus bienes garantizada por el gobierno dominicano.

Nada de eso llegó a los libros de texto usados en el aula para instruir a las nuevas generaciones sobre su pasado. Pero sí llegó el episodio que te quería contar, el cual funciona como Leitmotiv en todo el discurso antihaitianista de la historiografía tradicional dominicana desde que la elite gobernante adopta el requisito geopolítico de mostrar animadversión hacia Haití. Se trata de un incidente que pasó a la narrativa nacionalista con el nombre de “Las vírgenes de Galindo”. Ello se refiere a tres jóvenes que fueron asesinadas en una hacienda conocida por el nombre de Galindo durante el período de la unificación con Haití. Los documentos muestran claramente los nombres de los perpetradores del crimen, que son todos criollos hispanoparlantes, es decir unos tipos que pronto pasarían a llamarse dominicanos. Ojalá que la verdad de este episodio comience a difundirse mejor a partir de la próxima aparición de Archiving Contradictions, un estudio en el que la joven colega Lorgia García-Peña muestra la cronología de la gradual haitianización del crimen cometido por los criollos hispano- parlantes. Primero comienza a desaparecer el nombre de los victimarios en las recurrentes narraciones del caso, luego se va sobredimensionando la cronología –durante la dominación haitiana– hasta que eventualmente van adquiriendo identidad haitiana los perpetradores, después de lo cual ninguna narración perderá la oportunidad de presentar el caso como el crimen horrendo de los haitianos contra “nosotros los dominicanos” durante la ocupación y de esa manera ilustrar la inmundicia del yugo haitiano. La evocación manipulada de las muchachas de Galindo siguió recurriendo a lo largo del siglo XX y en los ochenta aparece de la manera quizás más vil en un libro del nefasto Balaguer titulado Galería heroica, un entuerto pseudo-poético, como lo fue todo su verso.

EO: Haciendo el símil con las hermanas Mirabal (16).
ST-T: Precisamente. Se trata de un pretendido homenaje a las hermanas Mirabal en el que Balaguer traza un paralelo entre las tres beldades de Salcedo y las tres doncellas de Galindo. El insufrible intento de elegía se torna demasiado paradójico para convencer a nadie. Pues no hay ejercicio elegiaco que valga para hacer olvidar que el autor tiene responsabilidad directa en el asesinato de las homenajeadas. Cabecilla del régimen que las asesinó, Balaguer fungía como presidente títere de la dictadura trujillista en el 1960 cuando aparecieron exánimes los cuerpos de las muchachas de Salcedo al pie de una barranca. Además, este símil, que procura de alguna manera haitianizar el crimen, yuxtaponiéndolo con el caso de las tres jóvenes ultimadas en Galindo, se siente como traído por los moños. Dice: “Eran también tres doncellas/ de la más límpida casta/ que perecieron a mano/de unos hombres de otra raza/dominados por las brujas/de su lujuria africana”. No creo que tenga mucho precedente en la historia de la escritura la combinación espeluznante de trastorno conceptual y cinismo morboso que hallamos en estos malhadados versos.

Todo este andamiaje de mentira burda y pobreza conceptual se caería por su propio peso si alentáramos en los estudiantes la disposición a mirar con ojo crítico. La denuncia del discurso fofo de la narrativa oficial se ha hecho desde que en los sesenta arrancó la “nueva historia” en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, pero ha faltado una pedagogía pública que facilite la llegada de esos saberes a la base de la población, con tal de que ella misma pueda descodificar la enajenación puesta allí por la vieja erudición. Pienso que nos hace falta un mayor esfuerzo por desmontar toda la falsedad del discurso oficial que ha seguido repitiendo el régimen. Entiendo que es un tanto incómodo y podría sentirse como un ejercicio poco académico debido a la pobreza conceptual de los textos y los discursos con los que hay que terciar. Es como emporcarse las manos. Pero hay que hacerlo hasta que les resulte obvio a los estudiantes que los haitianos no son “otra raza” con respecto a los dominicanos, que África no es sinónimo de “lujuria”, puesto que, de serlo, serían lujuriosos la mayoría de los dominicanos debido a su herencia africana. Hacerlo hasta que la comunidad le retire la tolerancia a un autor que escriba elegías a mujeres que el mismo autor ha ayudado a matar, considerando que dicha escritura añade ofensa al crimen en vista de su evidente burla contra el pueblo. Para conectar con lo anterior, los intelectuales serios deben trabajar arduamente en esa empresa de pedagogía pública con tal de que el repudio a la mentira oficial, para seguir usando esa frase útil de Roberto Cassá (17), deje de inquietar solo a los intelectuales. Es decir, combatir la manipulación de nuestra memoria pública deberá formar parte del menú de inquietudes de la población una vez se le haya activado la conciencia ciudadana que su educación le ha obstruido. En la República Dominicana, como tú sabes, se dio una trifulca intelectual en el 2002 cuando al Ministro de Cultura Tony Raful se le ocurrió premiar como mejor libro del año al mamotreto negrofóbico y antihaitiano El ocaso de la nación dominicana del afrodominicano neotrujillista Manuel Núñez, obra tan chapucera en los argumentos como vil en la redacción. Sabremos que hemos avanzado si la próxima vez que a otro ministro se le ocurra tal aberración, la reacción venga, no de la intelectualidad, sino de la comunidad que se tire a la calle a exigir su inmediata destitución por insultar de tal manera a la ciudadanía.

EO: Usted tituló uno de sus libros El tigueraje intelectual, en el que discute con esta intelectualidad oficial, tradicional –como usted mencionaba– de República Dominicana que justamente ha falseado esta historia, que la ha acomodado de acuerdo a sus intereses.
ST-S: O mejor dicho, a esa intelectualidad con carnet de identidad liberal que no ha sabido, que no ha podido o no ha querido distanciarse, separarse de la intelectualidad tradicional que nos dejó el legado de falsificación rampante y de insulto a la ciudadanía. Por la razón que fuera, esa clase instruida con carnet liberal se ha hecho solidaria con los portavoces actuales del trujillato y su extensión balaguerista.

EO: ¿Y por qué cree usted que no ha querido, no ha podido, no se ha distanciado?
ST-T: A mí parecer, primero porque no hay una economía del saber autónoma en la República Dominicana. Durante mucho tiempo, por ejemplo durante los ochenta, los académicos dominicanos tenían que estar todos involucrados en lo que en ese momento se llamaba el pluriempleo, que quería decir que después que tú enseñabas tus clases en la universidad, tenías que irte a hacer otros trabajos que te permitieran completar el sueldo que necesitabas para mantener la familia a flote. Entonces, en situaciones como esa, es muy difícil que la gente pueda declararse totalmente independiente, porque a lo mejor el Ministro de Cultura podría ofrecerte algo que te saque de esa situación angustiosa en la que tú te encuentras en la lucha por el pan, por la vida diaria. Tomando prestada una frase de la colega puertorriqueña Yolanda Martínez San Miguel, yo he hablado de una solidaridad intervenida, de que la necesidad material les coarta la capacidad de solidarizarse con las necesidades de la población. Claro, llega un momento en que superan esa necesidad pero se quedan adictos a la comodidad que les provee la alianza con el régimen y evitan distanciarse ideológicamente del mismo.
Se suponía que después de la muerte de Trujillo, comenzáramos una revisión de toda la historiografía mentirosa de Trujillo. Pero, ¿qué pasó? Hubo un gobierno democrático que no duró más de siete meses. Lo derrocó la misma derecha trujillista, la cual, con ayuda de los Estados Unidos, puso a Balaguer en el poder para continuar la agenda trujillista ahora disfrazada con un ropaje electoral que le permitía llamarse democracia, no obstante siguiera la misma conducta: la violencia asesina, el robo de todos los bienes nacionales, la perversión de las instituciones y la misma teoría cultural trujillista. Luego, en 1978 el pérfido Balaguer se vio obligado a dejar el Palacio Nacional. Vino un gobierno dirigido por el Partido Revolucionario Dominicano, que había nacido en el exilio y había formado parte de la resistencia anti-trujillista. Pero ese gobierno parece que no se planteó la urgencia de desmontar la mentira oficial y sanear la narrativa histórica, así como el discurso cultural y de identidad nacional. No sé si tú sabes que la narración trujillista de la historia contiene agresiones haitianas contra el pueblo dominicano que se remontaban al siglo XVII, es decir hasta poquito después de 1605, cuando las autoridades españolas de Santo Domingo despueblan el oeste de la isla para tener mayor control de la población, creando tierras baldías que eventualmente terminarían en manos de Francia con el surgimiento de la lucrativa colonia de Saint Domingue. Como era de esperarse en el caso de dos poderes coloniales competidores entre sí, hubo disputas a veces de corte fronterizo entre las autoridades españolas y las francesas durante parte de ese siglo y del siguiente. Los Peña-Batlle, Rodríguez Demorizi y Balaguer muestran tal frenesí en la necesidad de solidificar lo haitiano como otredad adversa que echan mano a todas las décadas de disputas franco-hispanas para convertirlas en episodios de agresión haitiana contra nuestro pueblo. En su perversidad conceptual se las arreglan para fechar agresiones haitianas comenzando más de ciento cincuenta años antes de la existencia de Haití. Pero parece que esa desinformación no le preocupaba tanto a la dirigencia del Partido Revolucionario Dominicano. Quizás creyeron que se eliminaba el trujillato con solo ganarle las elecciones a Balaguer. No sorprende, por tanto, que ocho años después el pérfido caudillo volviera al poder.

EO: En ese sentido, me parece que el rol de la diáspora dominicana, sobre todo en Estados Unidos, ha sido fundamental para generar un pensamiento crítico, para mirar desde otro lugar la historia. ¿Cómo evalúa usted el rol de los intelectuales en la diáspora?
ST-T: El rol de los intelectuales de la diáspora ha sido fundamental principalmente en afirmar, reconocer y fortalecer las voces que desde la misma sociedad dominicana por décadas han protestado por la desinformación perpetrada por el régimen. Es importante para mí, por ejemplo, subrayar que en el país siempre ha habido resentimiento contra la opresión, siempre ha habido lucha contra la desvergüenza del régimen, siempre ha habido deseo de que el abuso desaparezca y de que a los enemigos del pueblo que nos gobiernan se les ponga en su puesto. Pero, ¿qué sucede? Que esos enemigos del pueblo que nos gobiernan también son quienes controlan los medios de comunicación y, principalmente, controlan la justicia. En esa situación, la resistencia dominicana tiene mucho en su contra. Hay figuras de relieve cuya presencia nacional es tan importante que se hace muy difícil callarlos, como, por ejemplo, Juan Bolívar Díaz, un periodista de un historial de lucha que se remonta hasta el principio de la violencia balaguerista. El está ahí como una voz difícil de silenciar. Están personas como Huchi Lora y Fausto Rosario Adames (18), todas figuras que han estado activas diciendo lo que tienen que decir. Huchi Lora, por ejemplo, hizo un gran aporte cuando compartió públicamente datos de una nueva investigación que pormenoriza el crecimiento de la población haitiana en la República Dominicana y el rol activo del gobierno dominicano en estimular ese crecimiento. El gobierno dominicano por muchas décadas ha tenido un programa de braceros pactado con el gobierno haitiano. El mismo contempla la llegada de los trabajadores migrantes a cortar caña, terminar sus temporadas laborales y regresar a su país. Al gobierno huésped, naturalmente, le toca cubrir los gastos correspondientes a la movilidad de esos trabajadores desde y hacia su país. Pero, siendo nuestro gobierno tan medularmente corrupto, las autoridades dominicanas tradicionalmente han optado por economizarse el gasto de la repatriación, economizándose también el costo de volver a traerlos para la próxima zafra. Entonces los dejan en el territorio nacional, trayendo trabajadores adicionales en la medida en que la necesidad de mano de obra va creciendo y volviendo a dejarlos en el país, y así sucesivamente. Desde la diáspora resulta sobrecogedor ver a Huchi Lora mostrando una foto de archivo del magistrado Milton Ray Guevara, actual Presidente del Tribunal Constitucional devenido ultranacionalista a raíz de las críticas suscitadas por su sentencia 168-13. Dicha foto data del 1979, cuando Ray Guevara, siendo funcionario del gobierno de Antonio Guzmán (19), firma con las autoridades de Port-au-Prince el acuerdo para traer al territorio dominicano los 29.000 braceros haitianos pactados para ese año. Nosotros desde la diáspora nos vemos representados por esas voces que desde sus lugares de opinión independiente están haciendo un llamado a la cordura para contrarrestar la vocinglería de los ultras. Sobre todo nos identificamos con la hostilidad que han debido padecer por más de un año debido a su decisión de asumir su conciencia ciudadana frente al régimen imperante. Pues a ellos el ultranacionalismo los tilda de fusionistas y a nosotros también.

La diáspora, entonces, no hace más que ensanchar el marco del discurso de resistencia y de respuesta, y hace menos posible que se margine de manera radical esas voces importantes. Hacemos nuestro aporte con una libertad considerable en el sentido de que no tenemos razón para temer una llamada que tal funcionario o el iracundo Cardenal López Rodríguez pueda hacerle a nuestros jefes para manifestar su disgusto acerca de una opinión pública que hayamos expresado y hacernos perder el empleo, temor que sí tienen razón para albergar nuestros colegas en la República Dominicana. Sin embargo, me atemoriza lo que puedan ser los planes de Leonel Fernández para con la diáspora. No hay duda de que tiene a estas comunidades de ultramar en su mirilla. Ha alimentado un Comisionado de Cultura en los Estados Unidos con sede en Nueva York, es decir, una extensión de ultramar del Ministerio de Cultura de la República Dominicana, con el propósito de mantener atada a la diáspora a su proyecto de Estado. Temo que esa injerencia distraiga a nuestra gente de la política étnica que se supone debemos llevar a cabo en los lugares donde estemos asentados como diáspora. Pienso que no conviene a nuestra emigración aliarse con el mismo régimen que nos expulsó. Cuando dicha injerencia implica, por ejemplo, que nuestros políticos dominicano-americanos puedan recibir dinero para sus campañas electorales de parte de Fernández, ello puede complicar el espacio de opinión para los intelectuales de la diáspora. Pues si determinado compatriota llega al Consejo Municipal de la ciudad de Nueva York o al Congreso de los Estados Unidos gracias al financiamiento proveniente de Fernández, ¿correría yo el riesgo de recibir represalias políticas en mi espacio diaspórico por juicios que emita sobre un político de la tierra ancestral? En el peor de los casos, podríamos llegar a ser víctimas del mismo silenciamiento que padecen nuestros colegas en la República Dominicana.
Notas
(15). Publicada en 19


domingo, 24 de enero de 2016

SOBRE RUPTURAS Y CARTAS PASTORALES



Por Argelia Tejada Yangüela

En países de tradición Protestante, una Carta Pastoral no llega a los periódicos. Pero en nuestra América Latina, una Carta Pastoral puede tumbar gobiernos. En República Dominicana la Carta Pastoral más trascendente es una que a la Iglesia no le interesa difundir.  El historiador Juan Mariñez nos ha dado a conocer través de FACEBOOK la existencia de la Carta Pastoral del 28 de julio de 1844. Un extracto del capítulo XVII de  la segunda edición de su libro en imprenta Origen y Desarrollo de la Nación Dominicana nos informa: 


En Carta Pastoral del 28 de julio firmada por el arzobispo Tomás Portes Infante, la Iglesia Católica expresa su respaldo al gobierno del general Pedro Santana que acababa de declarar ‘traidores a la patria’ a Duarte, Sánchez, Mella. Pedro Alejandrino Pina y otros contra los cuales lanzaba una cacería persecutoria por ser opuestos a los planes colonialistas a favor de Francia.

Esta Carta Pastoral fue la que legitimó desde el punto de vista teocrático a la dictadura criminal encabezada por Pedro Santana. Los fusilamientos de Mará Trinidad Sánchez, de los Puello, del general Mora, etc. están aquí legitimados. Los expulsados y los fusilados fueron excomulgados por el mismo obispo inquisidor.

El original de la Carta se localiza en el Archivo General de la Arquidiócesis de Santo Domingo, estante B cajón 62, legajo 28. Esta fuente fue consultada por Mariñez en la copia localizada en el Archivo General de la Nación, Colección del Centenario de la República Dominicana, la cual fuera dirigida por Emilio Rodríguez Demorizi. Volumen II páginas 47 a 55. Mariñez transcribe el contenido de la Carta Pastoral firmada por el Arzobispo Portes:
Solo Dios puede consolar nuestras penas, solo ese grandísimo Dios, ese Dios de dioses de toda consolación, es el único que sabe hablar al corazón: por consiguiente él os dice por órgano de mi débil voz pero embajador de su hijo preciosísimo, que os mantengáis en tranquilidad, que no abuséis de su misericordia y advertid que él es muy celoso de su honor y de su gloria y ya vosotros estáis comprometidos, y por supuesto se dará por ofendido si no obedecéis los mandatos y órdenes tanto del General de División y Jefe Supremo Santana como los de la Junta Central Gubernativa para lo cual os conminamos con excomunión mayor, a cualquier clase de persona que se mezclase en transformar las disposiciones de nuestro sabio Gobierno y del bien social.

"Dada en la ciudad de Santo Domingo, en el arrabal de la misericordia a los días 24 del mes de julio de 1844, firmado, Doctor Tomás de Portes (rúbrica)”.
La legitimización que el Arzobispo Portes hiciera del gobierno dictatorial de Pedro Santana, acompañado de la amenaza de excomulgar a los que siguieran a los Trinitarios fue suficiente para cambiar nuestra historia en su nacimiento.  El obispo asume autoridad divina para dictar que el General Santana es el elegido por Dios.  Y por si no fuese suficiente, acompaña su dictámen con el látigo que la Iglesia ha puesto a su disposición: la excomunión.  El poder que la Iglesia se atribuye de enviar a los mortales al fuego eterno.  

Al mismo tiempo que La Carta Pastoral de 1844 se esconde, porque sin duda es una carta avergonzante, antidemocrática y antidominicana, la Carta Pastoral de 1960 se sobredimensiona y se pregona como una “ruptura” de la Iglesia con Trujillo.  Con la misma se pretende borrar  los 30 años durante los cuales la Iglesia participó, se enriqueció y creció bajo el amparo del dictador Rafael Leónidas Trujillo. También se intenta disimular el establecimiento en República Dominicana de un nacionalcatolicismo no muy diferente del establecido en España durante la dictadura del General Francisco Franco (1936-1975).




El Diccionario Manual de la Lengua Española (Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.) define el nacionalcatolicismo como la “doctrina y práctica de la Iglesia católica española durante el franquismo, caracterizada por su estrecha relación con el Estado y por su control de la educación, la cultura y otras parcelas de la vida social”. A diferencias con República Dominicana donde el estado confesional permanece y los dogmas Católicos se han incorporado a la Constitución del 2010, en España gradualmente se cambió el Concordato de 1953 para establecer una separación Iglesia-Estado en 1978, a solo tres años de la caída de Franco.

Nadie niega que en la etapa final del la dictadura de Rafael Trujillo, (1960-1961) se produjeron cambios en la relación entre Trujillo y la Iglesia, pero cambios que esencialmente no modificaron la relación Iglesia–Estado que todavía prevalece en la República Dominicana a través del Concordato que Rafael Trujillo Molina firmó con la Santa Sede en 1954 durante el pontificado de Pío XII.

Ambos gobiernos, el del Vaticano y la República Dominicana de facto sellaron una política que existió desde 1930, y que fue delineada en el discurso de bienvenida que Trujillo dio al primer Nuncio Papal de la Republica Dominicana, Monseñor José Fietta. El sacerdote episcopal William Wipfler documenta en su tesis doctoral la síntesis de ésta bienvenida: “La iglesia como legitimadora, Trujillo como protector”.[1]

En la actualidad, son muchos los interesados en proyectar la imagen de una Iglesia valiente y perseguida al final de la tiranía y simultáneamente borrar la historia de privilegios, enriquecimiento, sumisión y silencio de la Iglesia Católica ante los crímenes de lesa humanidad perpetrados por Trujillo contra los haitianos en 1937, y en mucho mayor medida, contra los dominicanos que se opusieron al reino de terror que Trujillo impuso.  

Muchos escritores hacen malabares para darle un “borrón y cuenta nueva” a la Iglesia. Critican el Trujillismo, pero ocultan el papel que la Iglesia jugó de proporcionar al régimen a través de su liturgia, sacramento bautismal, y plegarias por el Presidente un aparato propagandístico formidable.

Es en relación al período de complicidad con el régimen, de 1930 a enero de 1960, que podemos definir cambios posteriores. Por eso, cuando los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo fueron capturados vivos por denuncias de campesinos y asesinados por el ejército
[2] puede notarse en junio de 1959 un cambio de la Iglesia hacia la neutralidad; pero un cambio dudoso porque se refiere al silencio de la Iglesia y su alejamiento de celebraciones gubernamentales a que nos tenía acostumbrados.

El domingo 31 de enero de 1960 la Iglesia promulgó una Carta Pastoral que fue histórica porque marcó la primera manifestación de desafecto de la Iglesia con el régimen. Fue leída en todas las Iglesias del país y firmada por el conjunto del Episcopado. Pero ¿puede decirse que marcó una ruptura con el Trujillato? Los acontecimientos posteriores indican el enfriamiento de la relación de Trujillo con la Iglesia pero no su ruptura.

Internamente la Iglesia se vio presionada a reaccionar en enero de 1960 con el apresamiento de los dirigentes y miles de personas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio que hasta ese momento funcionaban en la clandestinidad. A esto se unió la presión del Vaticano con Juan XXIII, quien anticipara la confrontación con Trujillo al sustituir al Nuncio Papal Salvatore Siino por el Arzobispo Lino Zanini. Fue el nuevo Nuncio quien “auspició el pronunciamiento de los Obispos el 25 de enero de 1960”.
[3]

Si analizamos la Carta Pastoral desde el paradigma actual, no la consideraríamos contestaría. Pero leer una lista abstracta de derechos humanos en un contexto en que todos eran sistemáticamente violados, lo fue. A pesar de su tono moderado y conciliador para evitar un ataque directo a Trujillo, la Carta Pastoral expuso la hipocresía del régimen que demandaba constantes adulaciones a la vez que violaba  los derechos humanos de la población.[4]



Monseñor Octavio Beras abrazando a Trujillo
Romper con el régimen no fue la intención de la Carta Pastoral como evidencia la prensa dominicana en los artículos de El Caribe y la Nación de la semana del 8 al 14 de enero de 1961. La periodista Ángela Peña, en su artículo en el periódico Hoy, Trujillo y la Iglesia después de pastoral, analiza la sorpresa de la población cuando a casi un año de la Carta Pastoral, el Episcopado en pleno entregó un Memorándum reconciliatorio a Trujillo, acompañado de un brindis de champaña “por la eterna unión entre el poder “material y el espiritual.” El arzobispo Beras expresó gratitud al “Benefactor” por las ayudas que recibían los obispos, y comparó las desavenencias con Trujillo a las de un padre con el deber de conducir a sus hijos. Este brindis fue seguido de un opulento agasajo  que Trujillo ofreció a los obispos el 22 de enero de 1961.

Nos resulta problemático que en la introducción al texto de la Carta Pastoral, en el recién abierto Museo Memorial de la Resistencia, se exprese la idea de que Trujillo “arremetió contra los obispos firmantes de la misma [la Carta Pastoral], atacándolos por la radio y por la prensa”. Pero, los hechos evidencian que Trujillo solamente arremetió contra los dos obispos extranjeros, Francisco Panal de la Diócesis de la Vega y el redentorista estadounidense Tomás O'Reilly y sus sacerdotes de San Juan de la Maguana. Fue provocado por las valientes denuncias que estos Obispos iniciaron en sus diócesis más de un año después de la promulgación de la Carta Pastoral de 1960.

 Los hechos que condujeron a la persecución de Francisco Panal, se iniciaron el día 3 de febrero de 1960 cuando el obispo se enteró que se gestaba una protesta en la Vega contra la Carta Pastoral y advirtiera a los organizadores que serían excomulgados y a las autoridades responsables se les negaría todo oficio religioso que normalmente se ofrecía a su favor. Pero la ruptura de este Obispo con Trujillo sucedió el día 4 de marzo de 1961, a más de un año de la promulgación de la Carta Pastoral, cuando durante la celebración de una misa en la Catedral de La Vega a la que Trujillo asistió, Panal lo enfrentó. 
Si vos lo ignoráis, yo os lo informo. Las cárceles están llenas de prisioneros políticos que son torturados a diario. El pueblo dominicano padece de hambre. Numerosas familias carecen de alojamiento y viven en la miseria. Si mis palabras deben causar víctimas, estoy listo para ser la primera[5].

La misa estaba siendo transmitida por radio a toda la nación. Las inesperadas palabras hicieron que el técnico interrumpiera el discurso muy tarde para evitar que el mensaje saliera al aire. Pero la humillación de Trujillo no terminó con el sermón. En el momento de la consagración, el obispo obligó a Trujillo a arrodillarse, quién intentaba permanecer de pie como expresión de protesta.

Panal continuó la lucha con una Carta Pastoral para ser leída en todas las Iglesias de su diócesis el día 26 de marzo; cuestionaba la política del régimen hacia la Iglesia y las persecuciones contra el pueblo. Previamente, el domingo 12 de marzo, Tomás  O'Reilly se unió a los enfrentamientos iniciados por Francisco Panal con una Carta Pastoral para ser leída en todas las misas en la Catedral de San Juan de la Maguana, recordándoles a sus fieles que “no están llamados a servir a Cristo en el espíritu de cobardía”
[6].
El contra ataque no se hizo esperar y el 7 de abril de 1961 los periódicos La Nación y El Caribe publicaron el artículo titulado “Descubren Complot Terrorista Auspicia Monseñor O’Reilly (sic) contra Gobierno Dominicano”. Cuatrocientos soldados fueron trasladados de la Capital a San Juan, vestidos de campesinos. El día de la manifestación unas 10,000 personas vociferaron slogans anti-Yankees. Gritaban “a la horca”, “al paredón”, “muerte a los curas”[7]. El resto es historia conocida.
Conclusión

Revolución de Abril
La historia evidencia que los miembros de la jerarquía que particularmente no enfrentaron a Trujillo no fueron atacados. La alianza Iglesia-Estado no solamente sobrevivió el período Trujillista, pero facilitó su posición en contra de la Constitución laica de 1963 durante el golpe de estado y la lucha de abril de 1965.  

En el Siglo XXI tenemos vigente el Concordato de 1954 y una Constitución en el 2010 que impone dogmas católicos que niegan derechos humanos.  El fortalecimiento del estado confesional se manifiesta en el acelerado crecimiento de la burocracia eclesial. Un año antes de firmarse el Concordato, solamente existía una diócesis en el territorio nacional. En el 2005 el número aumentó a dos arquidiócesis, nueve diócesis territoriales y un obispado castrense. 

Además, cuando la Conferencia Episcopal Dominicana fue creada en 1962, estaba compuesta por cinco obispos. En el 2005 aumentó a 20 obispos, 14 activos y 6 eméritos.  Todo con financiamiento del pueblo dominicano y el rol de Benefactor de los pocos presidentes que se han alternado el poder después del ajusticiamiento del tirano. 

El estado laico es una tarea pendiente del pueblo dominicano. La burocracia eclesiástica se resiste a perder sus privilegios jurídicos, su control de la enseñanza de religión en las escuelas públicas y el financiamiento que le ha permitido crecer exponencialmente y lograr un acercamiento con los militares que nada bueno puede augurarle a la democracia dominicana. 



[1] William Wipfler. Poder, Influencia e Impotencia: La Iglesia como factor socio-político en República Dominicana. (1980).  Ediciones CEPAE.  Santo Domingo: Editora Santo Domingo. Pp. 84-107.
[2] Ver Anselmo Brache, Constanza, Maimón y Estero Hondo: Testimonios e investigación sobre los acontecimientos (1985).  Santo Domingo: Taller. 
[3] William Wipfler, op. cit. P. 108.
[4] El texto completo de la Carta Pastoral puede ser encontrado en el portal del Museo de la Resistencia. http://www.museodelaresistencia.org/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=37&Itemid=103
[5] William Wipfler, op. cit. pp. 141-142.
[6]  Idem.
[7] George Gent. Expelled Priest Relates Attacks on Bishop Reilly Chicago: The New World, 21 de abril de 1961.



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Argelia Tejada Yangüela ©2011

Los mitos en la historia oficial dominicana


Tirso Mejía Ricard
http://hoy.com.do/los-mitos-en-la-historia-oficial-dominicana-1-de-2/


La historia dominicana oficial ha sido desde siempre un instrumento de dominación ideológica colonial y neocolonial, creando mitos que justifican de alguna manera el interés de los sectores sociales dominantes y de las potencias mundiales actuantes.
Hoy me referiré brevemente a los sucedido en los siglos XIX y XX, desde que España cedió la totalidad de la isla a Francia en 1795, en virtud de la Paz de Basilea, como botín de guerra a cambio de la devolución a la metrópoli hispana de las plazas que había conquistado Francia al oeste de los Pirineos.
Se puede recordar que en 1798, John Adams, segundo Presidente de Estados Unidos, entonces en conflicto con Francia, armó al régimen de Toussaint L’Ouverture y se adueñó del comercio de la cuasi independiente nación vecina. Este, con esas armas ocupó la parte oriental para integrarla a su territorio. Entonces, la invasión francesa con el apoyo importante de los dominico- españoles encabezados por Juan Barón, permitió a Francia mantenerse en nuestro territorio.

En 1805, el jefe haitiano Dessalines trató de incorporar nuestro territorio, fracasando nuevamente por la ayuda de los dominico-españoles, por temor a Haití; pero la Era de Francia terminó en 1808-1809 gracias a una combinación de fuerzas francesas e inglesas con el apoyo decidido de los hateros dominicanos encabezados por Juan Sánchez Ramírez, para entregarle la soberanía de nuestro país a un rey traidor y contrarrevolucionario (Fernando VII), que nos hizo caer en el atraso absoluto de la España Boba.
En 1821 José Núñez de Cáceres protagonizó la primera independencia dominicana, que no obstante sus inconsistencias le merece el título de padre de la patria, tanto como los que tuvieron en su momento Hidalgo en México, Miranda en Venezuela y Céspedes en Cuba, considerados allí padres de la patria, aunque solo lograron controlar una pequeña parte de sus territorios; por poco tiempo los dos primeros y el tercero por 10 años.

La segunda independencia dominicana fue en realidad la separación de Haití, ya que ocupó el país y lo integró a ese país con la connivencia de malos dominicanos, cuya élite convivió sin mayores problemas por veinte años. Pero desde el día siguiente de esa separación, el 28 de febrero de 1844 pasó a controlar el país por 17 años a través de los “prohombres” Bobadilla, Santana, Manuel Jiménez y Báez, quienes tuvieron al hatero hispanófilo Sánchez Ramírez como héroe nacional de una república independiente en la que no creían.
Esa guerra dominico-haitiana se libró en nombre de la separación, del 1863 al 1865, la de mayor raigambre popular fue ganada por campesinos descalzos encabezados por generales casi analfabetos en la que pelearon dominico-haitianos como Luperón y Heureaux, pero asociados con anexionistas baecistas, quienes poco después de la desocupación española (1865) se adueñaron del poder y por lo menos en tres ocasiones (1868,1875 y1898) intentaron incorporar nuestro territorio a los Estados Unidos de América.

Seguiremos…

Parte 2

Un análisis objetivo del proceso emancipador del pueblo dominicano, nos señala claramente que Núñez de Cáceres fue el padre fundador del primer Estado dominicano, en 1821, de España, como el resto de Hispanoamérica. aunque no pudo unirlo y movilizarlo para mantener la independencia.
Juan Pablo Duarte fue el verdadero forjador de la conciencia nacional, por lo cual le corresponde el título de apóstol de nuestra independencia, como lo fue José Martí para Cuba. Duarte no estuvo presente en la gesta del 27 de febrero del 1844, cuando este pueblo encabezado por Francisco Sánchez proclamó la República Dominicana, a golpes de heroísmo; con la Separación, por lo que merece el título de El Libertador. El primero en ser denominado como tal fue Pedro Santana, por haber dirigido las guerras dominico-haitianas; pero éste terminó por entregar la patria a la metrópoli hispana.
Haití nunca fue una potencia colonial, sino un país que luchó como el que más por su independencia, que absorbió temporalmente nuestro territorio; por lo que esa gesta no se denominó “Independencia”, sino “Separación”, hasta la Restauración de la República (1865); tal como sucedió con Centroamérica de México y luego los demás países de Guatemala; Bolivia del Perú; Ecuador, Venezuela y Panamá de Colombia, y el estado de Texas de México, antes de incorporarse a los Estados Unidos.

El antihaitianismo dominicano quedó como secuela de invasiones anteriores de L’Ouverture y Dessalines y de las guerras dominico-haitianas que hicieron casi desaparecer de la historia oficial la llamada Independencia Efímera, para asumir como tal la Separación del 1844, al punto de que hasta la avanzada escuela de Historia de la UASD todavía hoy enseña en su ciclo básico solo la evolución de nuestro pueblo hasta poco después de esa fecha, e ignora a las 25 ocasiones, mal contadas, en que los Estados Unidos han intervenido este país, incluyendo tres intervenciones militares propiamente: 1904, 1916 y 1965, además de otras en los años 1845, 1849,1850,1851,1858,1866,1868,1880,1889, 1905,1907, 1912, 1913, 1914,1930,1960, 1962,1963, 1965,1978 y 2000.

En el caso de Haití, debe tenerse presente que un gobierno suyo presidido por Fabré Geffrard hizo lo que pudo por ayudar al pueblo dominicano a luchar contra la reanexión de España entre 1861 y 1865, y que no pocos dominicanos de origen haitiano han dado ejemplos de patriotismo, desde Luperón a Jacques Viaud.
Es sencillamente ridículo hablar de una supuesta conspiración de Francia, Estados Unidos y Canadá para imponer la fusión de Haití con República Dominicana, cuando la penetración pacífica de los nacionales haitianos tiene motivaciones básicamente económicas, aunque sí ésta es masiva puede tener efectos sociales y políticos contraproducentes. Lo mismo podría decirse de millones de emigrantes dominicanos a Estados Unidos que pretenderían fusionar el país a la nación norteamericana; y así otras muchas nacionalidades que viven en ese país.

Los inmigrantes ilegales plantean problemas de empleo para los dominicanos, salud y control del medio ambiente; que resulta necesario controlar, así como eliminar los ghettos que son los antiguos bateyes, integrándolos culturalmente.

Lo que no podemos es cerrar totalmente las puertas a la migración ni al comercio con nuestros vecinos del oeste y del norte, porque es impracticable, aunque sí regularizarlos y reducirlos progresivamente. Lo demás es pura demagogia electorera dañina.

martes, 19 de enero de 2016

Un peso para los dos

Eramis Cruz


Sobrino Cesar Lopez, me has hecho referencia a un pasaje que me trae a la memoria aquel tiempo cuando mi vida era como un barco a la deriva, no tenía entonces un faro con una luz apuntalado el mar, pero me gustaba cantar sin tener voz para eso. Fue un tiempo muy difícil durante aquellos 12 años del gobierno de Balaguer.
Había venido del Cibao a la capital, a vivir en la casa de una prima de mi madre que ni siquiera conocía. Ella residía en la calle Juana saltitopa, en la cercanía del parque Enriquillo, en una pieza de un cuarto y una sala reducida. Eran unas casas traseras donde todo el mundo compartía el mismo baño. Ella era una mujer en sus 37 años de un cuerpo excepcional que tenía una relación con un teniente reformista. A éste señor yo le resultaba un estorbo porque yo dormía en aquella pequeña sala sin caer en cuenta que previamente la amante vivía sola, para él.

Ella se llamaba Gisela, sé que no me negó el albergue por consideración hacia mi madre. El teniente me vivía provocándome con indirectas políticas pero yo conocía sus intenciones y evitaba sus trampas.
Una amiga de Gisela a veces me veía de paseo por la Avenida Duarte, matando el aburrimiento, asumía que andaba buscando prostitutas, luego iba a decirle a la mujer que se cuidará de una enfermedad venérea. Era cierto que los cueros eran tan atractivas como las vitrinas de las tiendas, descontando aquellas viejas de caras marcadas por las cicatrices de las navajas.
No recuerdo cómo me encontré con Negro, tu padre, nuestro hermano que siempre fue cariñoso con todos nosotros. Ese domingo de aspecto triste, Negro se compró una pequeña botella de coñac y nos fuimos a un cine cercano a ver una película que no recuerdo. Al salir del cine aún le quedaba del coñac. Lo invité a venir al lugar donde vivía pero no le dije nada de mis contratiempos. Ya tenía yo unos días largos buscando algo qué hacer. Una señora amiga de Gisela, que tenía una especie de puesto de vender comidas en su casa me ofreció comida y ropa limpia que luego no me cobraba ni una cosa ni la otra. Ella tenía una gran admiración por mi. Un día me confesó de manera muy espontánea que le habían matado un hijo, no me dijo la circunstancia ni yo le pregunté, pero me confesó con las lagrimas inundando sus ojos que el muchacho se parecía mucho a mi. 
En cuanto a Negro, fue obvio que se dio cuenta de la situación y me ofreció su casa para venir a vivir con ustedes.

Fue por pura casualidad que me encontrara con Quico, un amigo, compañero de un taller de ebanistería donde habíamos trabajado como aprendices, allá en San Francisco de Macorís. Ambos teníamos la edad que rayaba el adiós a la adolescencia. El tenía una hermana muy hermosa y habilidosa, era muda de ojos azules como el agua del mar. Fue su iniciativa cuando me invitó a trabajar con un señor delgado y bien moreno, montando los gabinetes de los edificios multifamiliares cercanos al Puente Duarte. Ahí ganábamos algo, pero el empleo nos duró poco. Este patrón nunca hablaba sino era para dar órdenes, hasta un día que lo vimos llegar algo agobiado, con penas nos dijo que no tenía más trabajo.

Luego mi amigo consiguió empleo informal para los dos con un señor dueño de una compraventa con aspecto de mueblería, y no era para menos, ya que atrás tenía un pequeño taller con una mesa y sin ventilación, había una bombilla indiferente colgando de un cable improvisado. Trabajábamos mañana y tarde y no sabíamos cuanto ganábamos ni cuando era el día de pago, nunca supimos ni una cosa ni la otra. El dueño siempre estaba de buen humor. El negocio cerraba al mediodía y luego de cerrar, mi amigo le hacía una señal al dueño y él metía una mano en el bolsillo y extraía dos monedas de medio peso que lanzaba con apresuro desde el centro de la calle. El resonar de las monedas contra el cemento de las aceras, era tan claro que todavía puede ser escuchado con un ‘retiñe' recurrente.

Con ellas íbamos a un restaurante ubicado en la Teniente Amado García, próxima a la Avenida Duarte y comíamos todo un servicio consistente en arroz, carne, habichuelas y ensalada mixta. Sobre la mesa había sal, vinagre y aceite de oliva, abundante servilletas y agua refigerada que empañaba el cristal de jarrón. La música en el background alienaba el efecto de la algarabía.
Luego no íbamos a un parque cercano a dormir la siesta con el aire fresco que provenía del río Ozama y a mirar las bellas chicas en minifalda que por allí pasaban, cuando no, hablamos de nuestros sueños y limitadas aventuras. ‘Quico’ era más diestro en los desafueros del amor y yo mucho más reservado.
Fue por este tiempo que conviví' con ustedes, allí no lejos de mis hermanos y hermanas de esa parte de la familia fraccionada. Fue entonces que prácticamente conocí de nuevo a Rosemary y a Dulce, a Radhamés lo recordaba, pero eran imágenes de niños fortalecidas desde que nos vino a visitar a aquel campo de Nagua, aparte de eso, nuestro padre no dejaba de mencionar a los hijos que tuvo con Virgencita, siempre dominado por una melancolía lagrimógena.
Debo mencionar mi encuentro con una gran mujer, bella por naturaleza y de un carisma especial que deja al desnudo las descripciones de la sinceridad, ella no solo se llama Milagros sino que es un milagro tener la suerte de contar con ella. Milagros me ofreció trabajo que su reservado marido podía facilitarme, pero yo no tenían inclinación por el entorno militar sino militante. También conocí a otras personas que me brindaron un ambiente acogedor, a pesar de aquellas terribles limitaciones. Tenía en mi contra la apariencia de que ganaba dinero cuando en realidad apenas conseguía para el pasaje y la comida por los 50 centavos.

Pero un día, luego de haber agotado mis posibilidades, me fui. Volví al punto de partida buscado otro faro con un rayo luminiscente, o de una luz más intensa y extensa. Tomó tiempo navegar en barco seguro pero en el trayecto encontré tantas cosas hermosas difícil de olvidar. Al final siempre terminamos reconfirmando que “recordar es vivir” y que la vida ni es corta ni es larga, todo depende de la intensidad de sus sucesivos episodios.

domingo, 17 de enero de 2016

El cuerpo de las mujeres


Las mujeres reales, están desapareciendo de la televisión y que son reemplazadas por una representación grotesca, vulgar y humillante”.

El documental titulado El cuerpo de las mujeres sobre la presencia de la mujer en la televisión italiana muestra como se va reduciendo y degradando a las mujeres a un mero objeto decorativo. Viéndolo me vienen a la mente una vez más las palabras de Casilda Rodrigañez: tenemos la violencia tan interiorizada que ni siquiera somos conscientes de ella.


(Nora: resumen de la extracción hecha por Eramis Cruz de la narrativa del video del mismo artículo)


He entendido también que los espejos sirven más para esconder que para revelar. Recuerdo cuando Marco me decía que la televisión tiene un poder increíble. A pesar de que hable de la realidad y represente la realidad, puede disimularla. La televisión hoy roba, afea, mina el paisajes de la conciencia de todos, nos quita la railes y los fundamentos.

Rostros reducidos a máscaras por la cirugía estética. Cuerpos inflados en exceso como fenómenos de circo. Por eso estoy segura de que puedes ver la televisión, puedes también soportarla pero solo aceptando que es un grande circo que nos envían una idea de mujer falsificada e irreal. ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Porque todas las mujeres de Italia no nos bajamos a la calle prosternado por la manera en que nos representan? 

Las caras y los cuerpos de las mujeres reales han sido escondidos; en su lugar, la proposición obsesiva, vulgar y manipuladores de bocas, muslos, senos; una remoción y una sustitución con máscaras y otros materiales. ¿Donde están las calidades del femenino en las imágenes que hoy dominan? No podemos divisar en la televisión una naturaleza peculiar del ser femenino, una nueva identidad, original y genuina que no exista en oposición a la identidad masculina, excepto en raros casos de algunos canales televisivos o en horarios de baja audiencia.

La presencia de la mujer en la televisión es una presencia de cantidad, raramente de calidad. La mujer propuesta parece contentar y secundar cada presunto deseo masculino, renunciando completamente a la posibilidad de ser el Otro. Está reducida y se reduce ser un objeto sexual, ocupada en una lucha contra el tiempo que la obliga a deformaciones monstruosas, forzada a estar en un marco, completamente muda, que presenta espectáculos televisivos que no requieren algunas competencia. 

Es como si la mujer no pudiera más mirarse al espejo, no pudiera aceptarse a si mismo y aceptar su cara tal como es. La autenticidad probablemente es uno de los derechos fundamentales del ser humano. Pero ser auténtico requiere saber reconocer nuestros deseos y nuestras más profundas necesidades.

En mi opinión, creo que el verdadero problema de las mujeres es que ya no somos capaces reconocer nuestras necesidades, por esto, Cómo es posible ser autenticas? Estamos tan acostumbradas a vernos a través de los ojos de los hombres, que ya no sabemos qué queremos realmente y qué nos hace felices. 

Quiero decir que las mujeres nos miramos unas a las otras con ojos masculinos, miramos nuestros nuestros senos, nuestras arrugas como pensamos que un hombre nos miraría… El modelo corriente de belleza no nos representa y es como mínimo curioso que la publicidad utilice imágenes con referencias sexuales atractivas para los hombres, pero con la finalidad de atraer un público femenino… Estoy segura de que, sin presión, continua del “tener que ser guapa” siguiendo cánones que no hemos elegido, nos aceptaríamos más como tal y como somos.

Y si es verdad que los cuerpos hablan más que las palabras, ¿qué nos están comunicando estos cuerpos?
¿Necesitábamos realmente de la azafata televisivas sádica? Necesitábamos de una figura cargada de erotismo así poco solar, ¿que probablemente induce a los hombres que vuelvan del trabajo en aquel momento a no querer cambiar de canal? Porqué ha pasado todo esto? Quizás porque es así que funciona el sistema. Estos son nuestros modelos de referencia. Ai funciona desde la moda hasta la política, desde el deporte y la música pop hasta la medicina. Hacer parte de todo esto te hace una mujer fuerte, de da poder. 


Puesto que hemos decidido que las mujeres emancipadas tienen que proponerse públicamente como objetos de deseo, también cuando nos interpelan para nuestra profesionalidad y cuando en la pantalla hay mujeres adultas y preparadas que quizá tendrían algo que decir. Puesto que el único signo de atracción que conseguimos reconocer es una explicita alusión sexual, hemos orientado toda nuestra cultura hacia la estética de un club de Striptease.

Para filmar estas imágenes es necesario disponer las telecámaras antes del espectáculo de manera que puedan filmar senos, vaginas y muslos como en una película de porno, pero estamos mirando televisión pública.


Entre los 45 músculos de la cara, excepto los que necesitamos para masticar, besar, olfatear, y soplar, todos los otros sirven para expresar emociones. Cuanto más articulado y complejo es el carácter, y como carácter quiero decir nuestra profunda esencia, mas individual es la expresión de nuestra cara. ¿Qué están ocultando estas caras?

¿Porque las mujeres ya no pueden aparecer en la pantalla con su verdadera cara? ¿Porque esta humillación? ¿Tenemos que avergonzarnos de nuestras caras? Tener que esconder nuestras arrugas. ¿Es una vergüenza el paso del tiempo que deja huellas sobre nuestro rostro? Esto es el enésimo abuso que los hombres nunca sufren.

Anna Magnani decía al maquillador que antes del rodaje quería cubrir sus arrugas: “Déjamelas todas, no me quites ni una, he tardado una vida para procurármelas”. 

¿Cuando escondemos nuestra cara renunciamos a nuestra unicidad y entonces a nuestra alma? La cara expresa nuestras autenticidad. En primer lugar consideremos su exposición directa, sin defensas, en la cual aparece su digna desnudez. Es la cara que empieza y hace posible cada discurso y también es el fundamento de las relaciones humanas. ¿Estas caras hacen que la conversación sea posible?

La cara del Otro, entonces, nos envuelve, nos pregunta algo, nos hace responsables. La cara lleva un mensaje consigo: vulnerabilidad absoluta. Y es por eso que la camuflamos, la escondemos, la decoramos y hasta la modificamos con la cirugía. Esto explica porqué es tan difícil aceptar nuestra cara: es como mirar fijamente su vulnerabilidad absoluta.

Entonces ¿cómo podemos permanecer vulnerables, como podemos permanecer iguales a nosotras mismas en un mundo donde eres vencedor. Solo si eres invulnerables y feroz. ¡Qué difícil elección! ¿Invulnerables entre los vencedores o vulnerables y olvidadas? Sin embargo la vulnerabilidad es lo mas fascinante de la cara. 

Pier Paolo Pasolini había entendido hacía ya tiempo que la televisión estaba a punto de destruir la poética potencialmente expresada por el rostro humano. Pasolini tenía un sentido agudo de la realidad del rostro humano, como un lugar donde se encuentran las energías vitales que explotan en la expresión, es decir en algo que es asimétrico, individual, impuro, compuesto, en el contrario típico. 

¿Que ha pasado con las caras de las mujeres? ¿Y al femenino expresado por cada rostro en su unicidad?

Mientras envejezco, yo revelo mi carácter, y por carácter entiendo decir todo lo que he vivido y que ha plasmado mi cara, y la cara la creo yo misma, con mis costumbres, con las amistades que he tenido, con mi peculiaridad, con mis ambiciones, con los amores que he encontrado y que he soñado, con los hijos que he criado.

“Ahora el rostro del anciano” está escrito en el Levítico (19,32)

De hecho es un deber del ciudadano mostrar su rostro en público, sin esconderlo como hoy es permitido por la cirugía estética. No es poca cosa el daño que se produce cuando las caras que envejecen tienen escasas visibilidad, cuando se exponen en público solo las caras depiladas, maquilladas y convertidas en telegénicas para vender un producto, mercantil o político.

Hoy hay muchas mujeres que han conseguido poder y fama en la tele, pero ¿qué tipo de verdad nos proponen sus caras? ¿Qué modelo de femenino pueden proponer a las más jóvenes con la que parecen competir cuando se trata de estética? ¿No hay una mujer que proponga una alternativa a la dictadura de los cuerpos perfectos?

Las escasas imágenes de mujeres adultas no artificiales son feroces: hienas que se ensañan con mujeres jóvenes, cuando la comparación estética es desigual, asistimos al escarnio, a la humillación de la joven por la mas anciana.

Si las caras no muestran mas su vulnerabilidad, ¿dónde podemos encontrar las razones de la compresión, la exigencia de sinceridad, la necesidad de repuestas sobre las cuales se funda la cohesión social? Entonces no hagamos el lifting a nuestra cara, sino nuestras ideas, y así descubriremos que muchas ideas, que han madurado en nosotros mientras veíamos cada día en la televisión el espectáculo de la belleza, de la juventud, de la sexualidad y de la perfección corpóreas, en realidad sirven para esconder a nosotras y a los otros la calidad de nuestra personalidad. Tal vez esta es la parte de nosotras porque desde la infancia nos han enseñado que aparecer es más importante que ser, corriendo así el riesgo de morir desconocidos por nosotras mismas y por los demás.

En la escuela primaria para separar un texto escrito de otro, la maestra nos aconsejaba que dibujara unas “preguntitas”, elemento decorativos, marcos para mi trabajo. Latee pulula de mujeres”grechine”, algunas proponen el leitmotiv erotico, de figurillas, de marcos…

LoredanaLipperini, autora del libro “Ancora della parte delle batine”, nos rocuerda que, escondidos debajo del sostén y delos labios inflados que también la más inteligente de las huéspedes de un debate se siente obligada a mostrar, a diferencia de los colegas varones, hay el malentendido concepto según el cual una persona de los estereotipos pueda así utilizar estos mismos para divertirse.  
   
Pero jugar con los símbolos, y con los estereotipos, requiere un conocimiento tan potente y tan granítica del mismo juego que es muy difícil no quemarse. ¿Se puede permitir que nos introduzcan debajo de una mesa de plexiglas? ¿Se puede hacer de patas de mesa, pasar el tiempo acurrucada ahí debajo, manteniendo la superficialidad de un juego, sin que algunas recóndita parte de nuestros cuerpos se produzca una herida?

Y nosotros que estamos al otro lado de la pantalla qué sentimos?… en la tele hay un hombre que está poniendo una mujer debajo de una mesa… En aquella época alguien intentó protestar, pero los autores y el presentador Mammuccari se indignaron porque “la chica es una escultura viviente y en la jaula tiene también los agujeros para respirar. 

Un número infinito de mujeres HUMILLADAS.

Muchas de las mujeres adulas de latee italiana son tan potente como los hombres y por eso parece sentirse obligadas a adoptar el mismo modo brusco como haría un prevaricador, pero con diferentes modalidades. Siempre he creído que la tele no me interesaba, que no interesaba a los millones de mujeres que trabajaban, que se esfuerzan, que tiene una finalidad en la vida. Pero estas imágenes saltan fuera de la televisión y entran en nuestras casas,  alimentan las fantasías, ocupan los ojos de nuestros hijos, invaden el mundo.

Entra en juego así la supervivencia de nuestra identidad. ¿Porqué no reaccionamos? ¿Porqué no nos presentamos en nuestra verdad? ¿Porqué aceptamos esta humillación continúa? ¿Porqué no nos ocupamos de nuestros derechos? ¿Qué tenemos? 


IL CORPO DELLE DONNE


http://canalcultura.org/2012/06/05/el-cuerpo-de-las-mujeres-2/