martes, 23 de junio de 2015

MÁS ALLÁ DE AHORA; AYER *(Meditación)



Versión corregida y ampliada.
¿Más de lo mismo? O ¿Mejor pensada?
Juzga tu, yo solo escribo y ya.


No ha mucho he estado meditando profundamente acerca de nuestro pueblo. Me he hecho varias preguntas en torno de la idiosincrasia del dominicano, así del verdadero pensar del pueblo raso. Nace mi inquietud de un cuestionamiento serio que me he planteado. Y es que viendo en realidad la composición social dominicana he querido encontrar respuesta a una serie de hechos históricos que han afectado nuestro desarrollo social y que a la vez han moldeado la sicología colectiva nacional. Que los motivo y de qué manera han incidido a todas las generaciones, moldeando como ya dijimos, la sicología colectiva o cabeza sideral.

Mucho se ha hablado de nuestra historia pasada y de los movimientos libertarios independentistas y separatistas de un amo colonizador, España, por una parte, y de una anexión a la recién creada Republica de Haití que tuvo sus bases en un tratado entre potencias colonizadoras europeas allende de los mares. A todo esto, medito yo, qué papel juega el pueblo raso en todo esto ¿Hubo acaso un desbordamiento de las masas pobres cuando en 1812 Núñez de Cáceres, tras un levantamiento político en que declaró lo que se conoce como “La independencia efímera”? ¿Estaban los pobres, los más, de acuerdo con la gesta iniciada por el patricio? ¿Había calado acaso en lo profundo del pueblo llano la idea de la independencia? ¿Independencia de qué? ¿Qué beneficios iban a tener los habitantes desposeídos habitantes del Santo Domingo español colonial? ¿Era el pueblo en todo su conjunto un involucrado en la conspiración? Y si así era ¿A qué tenor?

Corrámonos un chin más para allá, tiempo más tarde, hablemos del movimiento separatista que nos declara por primera, vez país independiente con nombre y apellido República Dominicana en el 27 de febrero del 1844. ¿Qué papel juega el proletariado dominicano en el proceso conspirativo? ¿Cuál era el número de habitantes dominicanos en ese tiempo? ¿A quién le convenía la separación? ¿Para quién era una afrenta la ocupación y anexión del territorio por parte del gobierno haitiano? ¿Aprendió o había aprendido el pueblo raso a convivir con los naturales de Haití sin importar la barrera del idioma? ¿O acaso era un hecho antiguo que se consolidó con la ocupación? ¿Pudo calar la idea de Duarte entre los pobres de la zona rural y urbana de la patria? ¿Cuán cerca estaba Juan Pablo Duarte del ciudadano de a pie? En otro orden de ideas, ¿Cómo pensaba el pueblo de entonces? ¿Con qué intereses se sentía identificado? ¿A los hombres y mujeres del pueblo les importaba la llamada independencia? ¿Entendían ellos el verdadero sentido del concepto? No perdamos de vista que el sistema social antes de la llegada de Haití en 1804 que era de esclavitud, tras declarar su independencia de Francia y emerger como el primer Estado Negro Libre del mundo de esa época, o sea que no había pasado tanto tiempo entre aquel hecho y el de la ocupación definitiva en 1822. Ocupación que ocurre obedeciendo a un tratado entre las potencias europeas las que se repartían y aun se reparten el mundo a su antojo.

Entonces, volviendo por un rato al lugar de antes, que significó el movimiento liderado de Manuel Núñez de Cáceres. Entre ese pueblo que había sido emancipado ocho años antes (1804), y que tuvo que ver como la soldadesca haitiana se retiraba de nuevo a Haití, y que ahora veía el esfuerzo emancipador “por así decirlo” o fue todo lo contrario, y lo que había iniciado Toussaint Loverture, tuvo poca repercusión entre la población esclava, que ya se sentía liberada del yugo del amo o hacendado. Acaso podría llamársele esclavitud a aquel estado social en el 1812? ¿Acaso quería el pueblo raso ser español, ser parte de la llamada “Madre patria” o en su lugar ser haitiano? Realidad más tangible, dada al hecho de la proximidad de ambos pueblos. Sin embargo la historia siguió su curso y se desarrollaron otras coyunturas políticos sociales y no se definía el ser nacional, que éramos aquella vez y que hemos devenido hoy. Me he preguntado mil veces si en realidad éramos entonces dominicanos, cuando aún no había nacido como tal ni la nación, ni el concepto. ¿Qué éramos? ¿Qué nación defendíamos? ¿Contra quién peleábamos? ¿Contra los colonizadores y esclavistas españoles, o en contra de un mal vecino que no nos dejaba ser como nos daba la gana? No es fácil arribar a una conclusión que nos dé respuesta del porqué somos así. Yo creo, me parece que debemos zambullirnos más profundo en las turbulentas aguas de nuestra historia para poder desentrañar la madeja. Que nuestro sistema de enseñanzas publica tiene la obligación de ensenarle a las futuras generaciones la, verdadera historia y nuestros orígenes como nación, pero no refiriéndose a los indios como prototipo y base étnica racial, y quedarnos bailando, llorando cantando la magnitud de su pérdida, sino ese nosotros que somos y cómo arribamos a él.

A Trujillo se le hizo aparentemente fácil meterse al pueblo entre un puño, desde 1930 hasta su asesinato o ajusticiamiento. Sobre este tema se han escrito millares de artículos y libros tratando de explicar el fenómeno social de como un solo individuo dominara la voluntad de tres millones de seres humanos (vaya usted a saber si éramos menos) sin que la gente común se rebelara. Acaso el ser tan dóciles ante alguien que ostenta algún poder responda a un cuadro de complejos de inferioridad que se fueron plasmando a través del tiempo, al través de las frustraciones en nuestra atropellada historia. Cabe preguntar, ¿Se tiene entonces el dominicano al menos a sí mismo?, ¿por qué nos brindamos tan fácilmente a ser segundo del otro, mandadero, pitcher, lleva y trae, chopo, maipiolo y alicate, muchas veces de forma gratuita o por míseros centavos? Mi cabeza loca me ha preguntado más de una vez ¿Cuántas repúblicas dominicanas hay? ¿Cuál de esa república era verdaderamente anti trujillista? Por ejemplo ¿Se sentían amenazados y despreciados los campesinos por el Jefe? ¿Cuántos, separando desde luego, los potentados y dueños de grandes latifundios, no comulgaban con la política agropecuaria de Trujillo y sus familiares? ¿Cuántos en el campo se alegraron verdaderamente de la muerte del tirano, la noche del 30 de mayo? Dentro de la masa pobre, que era y sigue siendo mayoría del pueblo, ¿Cuantos bailaron de júbilo ese día? ¿Fue alguna vez o ha sido el campesinado dominicano anti trujillista, o revolucionario? ¿Por qué se pliega y apoya a Balaguer, después de la fallida revolución del 1965, luego que el Departamento de Estado se lo impusiera al pueblo dominicano? Como segundón el pueblo y los campesinos corren detrás del regalito, la cajita de comida, el apartamentico en las periferias de las ciudades miseria del país, la falsa reforma agraria, y llora y alaba a Balaguer. Acaso no le daba la gana al campesinado dominicano y al pueblo raso entender la labor, el esfuerzo de los líderes justos, veraces y de los militares honestos que en mancomunado esfuerzo se enfrento a los remanentes del trujillismo y a las fuerzas armadas de países foráneos encabezado por Estados Unidos?.
Trujillo calo fuerte en el alma campesina volviéndola exageradamente conservadora. El comportamiento de nuestros campesinos ante los miembros expedicionario del 14 de junio deja mucho que decir de nuestra gente del agro. Entonces ese pueblo parece que nunca comprendió y sigue sin entender el papel que jugaba y juega como factor determinante en el desarrollo político- social del pueblo dominicano. Tampoco que Trujillo, Balaguer y los norteamericanos significaban el atraso, el pasado y la injusticia. Nos acostumbramos desde los tiempos de la colonia al “Dame, búscame lo mío, ¿qué me trajiste?, ese/a pijotero/a nunca da na’, nunca le dan nada a uno “¡muertos de hambre! Porque somos tan arrastrados, y siempre estamos esperando que nos resuelvan todos los problemas, que aparezca un primo, un hermano, un tío rico que nos ponga en buena. Ese pensamiento de atraso, conformista esa mente “aningunia” es la que ha prevalecido entre nosotros. En la otra cara de la moneda tenemos el pensamiento pesimista, que ha mantenido en el poder a todos los sinvergüenzas y abusadores seudos-intelectuales que sabiendo de esas flaquezas del pueblo, en lugar de conseguir un paliativo y una solución del problema, se aprovechan y sacan ventajas de dicha situación. ¿Está el pueblo dominicano dispuesto a ayudar, a cooperar en la recuperación monumental e histórica que necesita la nación para poder salir del atolladero y corrupción en que se encuentra? Bueno primo eso está por verse. Si no nos apretamos bien los pantalones en esta hora, llegaremos a los portones del infierno con los pantalones en la mano. O sea, en cueras.

Juan Rivero

Es mejor precaver que tener que lamentar

Estar atento, caminar de prisa, transmitir que vas para algún lado, son ingredientes para evitar ser víctima del crimen callejero. Los ...