jueves, 11 de marzo de 2010

Dios no tiene la culpa


Martes 26 de Enero de 2010 04:29 Eramis Cruz

Lo primero que quiero aclarar es que un terremoto es una acción de la naturaleza. Lo que tiene un sismo de extraordinario es su capacidad destructiva, su carácter impredecible y sobre todo, que escapa a nuestro control. Para nosotros los humanos, es natural que llueva, que la nieve baje de las alturas, blanca y bella como alas de ángeles, pero no nos parece tan natural que un terremoto ocurra, a pesar de que los sismos siempre ocurren en lugares donde antes han sucedido. Un terremoto, grande o pequeño, uno como el que acaba de ocurrir en Haití, no tiene nada que ver con Dios. Creo que es mejor que así sea para muchos de esos creyentes, los que adoptan una fe ciega, que están dispuestos a creer por encima de todo, de todas las leyes naturales, a los que sin esa fe no son nadie, para ellos el mundo no tiene explicación sin esa fe que dicen sostienen sin necesidad de investigación alguna. Yo puedo decir que tienen mucha razón, deben de creer de esa manera, porque su fe parte del principio de que su Dios es un misterio que no puede ser explicado ni descubierto. Los milagros no han vuelto a suceder, nadie ha sido capaz de resucitar un Lázaro a plena luz del día, ni en medio de mucha gente, algo así como el mercado de Villa Consuelo.

De manera que él que no cree según esa fe, no puede usar la naturaleza para demostrar su ateísmo o su materialismo, pero los creyentes usan la naturaleza, sus leyes y sus procesos para presentarlos como evidencia de la existencia de la razón de su fe, y no sólo la naturaleza sino todo cuanto existe. Los creyentes suelen ser intolerantes frente a los que no comparten su modo de creer, y se amparan en el poder, no en el que su Dios le ha concedido, sino en el poder del estado, de los cuerpos represivos del estado, para de modo directo o indirecto denegar y combatir a los no creyentes, de tal manera que los creyentes que dicen ser más compasivos y consecuentes, resultan ser menos tolerantes a la hora de rebatir en el orden de las ideas o de la ideología, la diversidad metodológica va desde las cruzadas hasta la Santa Inquisición, aunque son más vigentes las rejas y las cortes judiciales o esa clase de relación de la iglesia hondureña con Roberto Micheletti.

Hemos escuchado que el terremoto que sucedió en Haití es inexplicable desde el punto de vista providencial y ciertamente el auxilio ha venido de todos lados. Estados unidos ha visto en la tragedia una gran oportunidad para establecer ahora cierto control en esa tierra de nadie, aunque no se trata de una guerra, responde con el ejército, uniformado y armado para la guerra. De manera que Estados Unidos debe de contar con la bendición de Dios y de las iglesias por venir en auxilio de los pobres y esta vez de los más pobres. ¿Acaso no son los pobres lo más favorecidos por el Señor?

El comportamiento de mucha gente no deja de ser extraño en estas circunstancias. Ciertamente viene mencionar que la misión de Estados Unidos siempre ha sido muy bondadosa, muchas de sus invasiones en Latinoamérica han tenido como objetivo salvar vidas, especialmente de ciudadanos americanos, no de panameños ni negros haitianos, esta vez el presidente Barack Obama no ha sido tan sínico, tal vez porque no se trata de una acción de los comunistas, que ahora los llaman también terroristas, no anarquistas o clandestinos. La gente se extraña cuando un país pobre como Haití sufre una tragedia como la reciente a causa de un evento natural y como sabemos inevitable, pero las tragedias haitianas vienen ocurriendo desde hace un largo tiempo sin que le quitara el sueño a muchos que tienen en sus manos los recursos para hacer algo en su favor. Quieren adoptar niños haitianos, eso está bien, pero los hombres de hoy fueron los niños de ayer, y ayer hubo indiferencia frente a la necesidad de un destino mejor para ese puedo. Los artistas, los actores de Hollywood, los millonarios de los medios, ellos también vienen en auxilio de esos pobres negros y de esos negros pobres, abandonados por Dios en esa tierra de terremotos. ¿No es irónico? Pero ya dije que Dios no tiene nada que ver con eso. Dios no mandó un terremoto a Haití, para beneficio de los religiosos, y no vengan con el cuento ese de que todo sucede porque así Dios lo quiere porque entonces si se van a meter en problemas para justificar su posición. Es mejor no abrir la boca cuando falta la razón, al menos que se trate de sectarios. Usted no debería ser tan cruel contra el Dios a quien le confesa su fe, eso no parece tener sentido, ni tampoco va para que los haitianos se ayuden a sí mismo.

Ahí andan de nuevo los creyentes, rezando a Dios por los sobrevivientes del terremoto. Pero es que no se dan cuenta que si eso fuera algo que tuviera que ver con Dios, lo mejor que pude hacer era evitar el terremoto mismo. Que admitan la verdad los charlatanes históricos de la religiones, los oportunistas vividores de la fe, los terremotos siempre han sucedido y van a seguir sucediendo y es tan cierto que sabemos dónde suceden y hasta con que intensidad aproximadamente, simplemente no tenemos un reloj debajo de la tierra para medir la presión de esta placas tectónica. Este es un proceso natural. Lo que sucede es que los hombres no tomamos las medidas necesarias para aminorar los efectos de las tragedias de este tipo.


¿Usted ha pensado que pasaría si dejara de llover sobre la tierra? ¿Y qué hubiese pasado si desde los tiempos primarios la tierra no sufriera movimientos internos algunos, como se hubiesen formado los continentes que habitamos los hombres, y los mares que son fuetes de vida? ¿Es verdad que la cordillera Himalaya se mueve? ¿Y es cierto que subir la cima del Everett puede costarle la vida a cualquiera incapaz de readaptar su cuerpo al fino aire de allá arriba? ¿Por qué no nos damos un paseo el interior de un volcán? Un terremoto nos cae como una gran tragedia, y deberíamos estar mejor preparados para enfrentar sus consecuencias, porque por trágico que nos parezca es mucho mas justificable que las bombas que caen sobre los pueblos beligerantes.

Hay gente que no sabe que le usa, pregúntense por qué esos condescendientes de los medios no usan su influencia y su poder en los medios para llamar a la atención sobre las muertes de los que caen en Irak, en Afganistán, de los niños que viven bajo limitaciones a consecuencia del embargo estadounidense a Cuba. No estamos en contra de que se preste la ayuda necesaria a los haitianos pero no sólo en este momento, sino que se le briden los medios para que dejen de ser el país más pobre del globo, no tiene que ser ayuda, sino asistencia, la cual es una obligación moral de las economías desarrolladas y los países en vía de desarrollo, si es que se puede usar esa terminología.

La naturaleza tampoco es culpable de las tragedias, somos los humanos los que escogemos localidades en la orografía del globo terráqueo para establecer poblaciones sin tomar las medidas necesarias. En otras palabras, la tragedia puede ocurrir de nuevo, puede ser en cuarenta o sesenta años. La Ciudad de la Vega en la Republica Dominicana se hundió el 2 de diciembre del año 1562 a causa de un terremoto, fue construida en la cercanía del río Camú, volvió a ser destruida el 7 de mayo de 1842. En el mundo existen estos grandes fenómenos que se cocinan en el interior de la tierra y un día toma efecto, cuando los humanos menos lo esperamos, lamentablemente.

Lo que duele es el oportunismo y el engaño, cuando se usa a Dios para manipular y expandir la ignorancia, y la gente vive creyendo que Dios le librará de algo que en el evolucionar del universo es natural y parte de la gravitación del cosmo, que sólo puede existir gracia a su equilibrio y al balance en el movimiento de la traslación. La ciencia no está al servicio de los pobres, no tanto como la religión, el fanatismo y la superstición. Usted si quiere puede creer en Dios, pero no en el que otros hombres igual que usted le han puesto sobre su cabeza, sin conocer que políticamente se le maneja para perpetuar el estado de dominio de un sistema históricamente condenado al fracaso en las medidas que los hombres descubran la verdad detrás de los terremotos y sabrán a tiempo que la culpa no es Dios. El pueblo haitiano se levantará de nuevo, como tantas veces lo hizo en su historia accidentada, pero debe y debemos comprender que los hombres progresamos en la media en que tomamos nuestro destino liberador en nuestras manos sin dejarlo a merced de los duendes y oportunistas enriquecidos y poderosos, profetas de la mentira y el engaño, miopías de los pueblos.

Autor: Eramis Cruz

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