jueves, 4 de octubre de 2018

Eliseo Candelario (Panyé)


Un militante y político sindical

Eramis Cruz

En el local del sindicato ubicado en la calle Billini, Panyé mostraba una de sus facetas, y se convertía en un amable tutor de matemáticas u  otras de las asignaciones tradicionales de los alumnos de San Francisco de Macorís.  Era el año 1971, aparte de la Güira, el local del Sindicato era un sitio favorito para ir a un baile de los que hacían los grupos organizados del sector. Cuando conocí a Panyé era todo un líder sindical, un dirigente obrero, un militante del movimiento de los trabajadores. A veces me encontraba con él en la calle Santa Ana entre Billini e Ingeniero Guzmán Abreu, venía conduciendo una motocicleta Vepa, yo sabía que iba al local de Sindicato a cumplir con sus responsabilidades. En una máquina de escribir de seguro haría una nota de prensa denunciando algo perjudicial a los trabajadores, escribiría una correspondencia formal algún patrón sobre algún conflicto o asunto pendiente de solución en beneficio del obrero.

Esa posición de líder en los 70s y los 80s implicaba una gran integridad y sobre todo una visión global de los problemas generales de la sociedad, clara conciencia de los riesgos y costos porque bajo el gobierno de entonces nada estaba garantizado.  Eso lo demostró la muerte del Coronel de Abril, Alberto Caamaño de Deñó y el asesinato del Ilustre periodista dominicano Orlando Martínez.

Panyé vivía en una casa sencilla en el barrio Santa Ana, conocido como Hoyo de Lala, no distante de la rivera del río Jaya.  En este barrio los vecinos eran considerados parte de la familia. Todo lo típico y propio de un barrio con sabor a pueblo identificaba el barrio Santa Ana, el Matadero con su historia, la escuela con sus niños juguetones y felices, sus mujeres hermosas, los señores y las señoras mayores de lento caminar inspiraba el respeto de los demás, la cancha cerca al cementerio viejo, la tenería de la calle Billini, Helado el Polo, Factoría Munnez, Iglesia Santa Ana, los rieles del tren como símbolo de otra época, las fiestas patronales con sus juegos y celebraciones, la pelota como medio de entretenimiento y calidad física para jóvenes y adultos, las novelas en la radio y luego en le televisión.  El barrio más cercano al centro de la ciudad donde la actividad comercial era evidencia de la vida y el lento progreso de la provincia Duarte.

Los Juguetes del día de los Reyes Magos en la calle San Francisco.  La misa de los domingos, luego de las tres campanadas rompiendo el silencio de la madrugada. Las huelgas constantes en el pueblo, reclamando la reparación de las vías públicas, de las calles llenas de agujeros, reclamando el agua que no llega cuando se le necesita, reclamando reivindicaciones sociales, los elementos más activos son los comerciantes, los estudiantes y los choferes de la transportación pública.

Los habitantes del barrio Santa Ana, aparte de vivir en medio del desafío de los años 70s y 80s confrontaban con ánimo de lucha, los embates de la naturaleza, los vientos que arrasaban las plantaciones en los campos y desbordaban los ríos arrastrando casuchas erigidas en la rivera, o sobreviviendo a los deslaves que pocas veces cobraron víctimas en el barrio.  Pero todo el mundo tenía espiraciones de un día levantar su casa sobre base de concreto, a altura de persianas salomónicas, o que algún hijo lograra una visa para Nueva York, o que cruzara el Canal de la Mona hacia Puerto Rico.

Panyé pertenecía a la Agrupación Católica, constituida con otros barrios de San Francisco de Macorís pero más extendida hacia las zonas rurales a donde venían sus miembros y dirigentes a predicar la palabra de Dios.  Por la emisora radial se anunciaban los visitantes a las diferentes localidades.  Distinguidos miembros de esta organización eran además de Panyé, Cutio Álvarez, Fello Paula, Francisco García, y entre los más jóvenes, Ramón Peralta (Pata), Eramis Cruz, Lorenzo Germen, y Luis Bautista.

A principios de Noviembre se realiza una Asamblea Nacional de Mujeres Trabajadoras y deciden reorganizar la Unión Nacional de Mujeres Trabajadoras (UNAMUT), afiliada a la CASC, y eligen a Melba Peralta de Candelario como Secretaria General. Esta mujer era la primera seguidora de su marido, y esta posición nacional da ejemplo de una pareja con ideales afines.

Debo mencionar que Cutio Álvarez, por mucho años propietario de la peletería La Defensa en la zona del Mercado Viejo, aparte de pariente de Eliseo Candelario, era uno de los hombres más compresivos y de alto valores y principios cristianos en la provincia Duarte. En más de una ocasión me cosía mi único par de zapatos, y me ofreció el pago de la mensualidad del Colegio Don Andrés Bello. La Última vez que lo vi estaba sentado en su negocio, me recordó de inmediato y yo le dediqué una copia de mi primer libro Tras la Paz Perdida.  Panyé supo manejar con inteligencia las diferentes 
situaciones que se le presentaron como dirigente de la Confederación Autónoma Sindical Clasista (CASC) e inclusive en el ámbito internacional a través de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT).  A pesar de que no llegará a ganar la denominación para la presidencia de CASC, posición que estaría predestinada a Gabriel del Río por décadas, fue respetuoso de la voluntad de la mayoría del congreso de los trabajadores del campo y la ciudad.

Durante una reunión sindical en Santiago de los Caballeros, cuentan que rechazó un aumento de sueldo para favorecer a otro compañero que tenía más hijos que él. Ese gesto es digno de admiración y permite identificar la personalidad de Eliseo Candelario.

Llegó a la sindicatura de San Francisco de Macorís y dirigió el ayuntamiento en medio de un sin número de dificultades ya que la sala capitular (regidores municipales) estaba dominada por representantes de partidos opuestos y obedecían a sus intereses propios.  Como uno sabe, las buenas intenciones y los principios no son suficientes para lograr los éxitos políticos en la sociedad y el sindicalismo no está exento de esa sentencia.


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