sábado, 15 de febrero de 2014

El Brooklyn Bridge



Maravilla del Siglo XIX  Tenacidad ejemplar de una familia

Eramis Cruz 


El progreso de la humanidad se impulsa inspirado por los grandes hechos de la historia, protagonizada por hombres y mujeres hoy conocidos y por otros seres humanos anónimos que dejaron sus huellas estampadas sobre la superficie del acero, sobre los trazos de la arqueología, o  simplemente sobre el espíritu de los sedientos e inquietos luchadores por un mundo mejor.  Esos precursores podrían ser mejor reconocidos si esta sociedad aprendiera a valorar de otra manera el trabajo, y fuera concebido como el medio humano transformador de la naturaleza y propulsor indispensable del avance de los pueblos, no como una mercancía que se compra, se vende, o se explota.
El Puente de Brooklyn que une a Manhattan con ese condado es considerado una de las grandes maravillas del siglo diecinueve.  La historia de su construcción es una prueba más de que los sueños se logran cuando se es consistente, positivo y dispuesto a compartir el porvenir con los demás, por el bien común.  Nos enseña que, desde el mismo medio de la bruma del presente podemos superar los inconvenientes para echar una mirada al futuro de nuestros semejantes.
Podemos imaginar a aquel ingeniero de gran reputación, parado al otro lado del desafiante río del Este de Manhattan, mirando el agua gélida, congestionada de embarcaciones abarrotadas de personas y mercancías, formando una trayectoria hacia la inesperada tragedia.  El proyecto les costaría la vida a más de 27 trabajadores, a su creador John Augustos Roebling, causaría la parálisis parcial de su hijo, Coronel Washington Augustus Roebling y el sacrificio de una mujer, Emily Warren Roebling, que surge fuerte y dispuesta a llevar la obra hasta su final como símbolo de la tenacidad de una familia en la historia de este país.
Muchos escritores incluyendo a David McCullough, que escribió el libro “The Greatest Bridge”, destacan la virtud, el empeño y la tenacidad de los hombres detrás de la construcción del Brooklyn Bridge.  Enfatizan la tragedia humana y los impactos de los sacrificios de los hombres inmigrantes que desafiaron el factor del tiempo y el miedo a lo desconocido en el desarrollo de una obra primera en el mundo de ese siglo.
La propuesta de la construcción de este puente fue de John A. Roebling en 1855 quien era propietario de una compañía metalúrgica (de cables) y famoso ingeniero diseñador de puentes, nació en Muhlhausen, Alemania en 1806.  Se graduó de ingeniería civil en Berlín en el 1826 e emigró en compañía de su hermano a los Estados Unidos en el 1831 para dedicarse a la agricultura.  Cuando fracasó aceptó una posición como ingeniero en el Estado de Pennsylvania.  En 1841 Roebling inventó un sistema de cables en forma de lazos retorcidos en acero para usarse en puentes suspendidos lo que rápidamente lo hizo conocer como ingeniero de alta reputación.
 Para los 1800’s el condado de Brooklyn tenía cerca de 400,000 residentes, todavía era una localidad más rural que urbana.  Para entonces Manhattan solamente componía la Ciudad de Nueva York con una población que duplicaba la de Brooklyn.  La construcción del puente era una necesidad para una ciudad que ya estaba saturada, además un imperativo para el trasporte y desarrollo económico entre ambos condados.  Los Roebling no sólo fueron visionarios en cuanto a la necesidad de la construcción del Brooklyn Bridge, sino que predijeron la necesidad de otras dos vías sobre el río: el Williamsburg y el Manhattan Bridge.
Para el 1848 y 1855 ya el señor Roebling tenía experiencia en materia de ingeniería de puentes por haber construido el puente suspendido de Delaware, Niegara y Ohio Rivers.  Un día mientras esperaba por el ferry Atlantic Avenue-Fulton Street  para cruzar al otro lado John Roebling perdió la paciencia, termino iluminado por la idea de construir un puente que cambiaria la fisonomía de ambos condados.
Imagínese el problema que era en esos años cruzar el río del Este, numerosos barcos navegaban en diferentes direcciones esas fuertes corrientes, una situación que  era peor durante los tiempos invernales.  La propuesta de Roebling fue recibida con entusiasmo pero con frialdad el costo económico de la obra, la administración de ambos condados mostraron lentitud sobre la inversión de los recursos.  Fue aprobada gracia a la intervención de un hombre de negocio, influyente y de buenos contactos políticos llamado William C. Kingsley que concibió la idea del ingeniero con gran entusiasmo.  En 1855 John Roebling se abocó en un proyecto trazado según las exigencias de una misión extraordinaria que el mismo concibió como una “gran obra de arte”.
En 1867 un grupo de prominentes líderes formaron the “New York Bridge Company” con el propósito de construir y mantener el puente que cruzaría el East River.
En Junio 1969 la construcción del Brooklyn Bridge era un proyecto oficial, dos mese más tarde, mientras Roebling examinaba la localidad ideal para la construcción de la torre del lado de Brooklyn, Roebling sufre un grave accidente, uno de su pie fue aplastado por un ferry que llegaba al muelle.  Contrajo el tétanos a consecuencia de la herida, y a pesar de que la extremidad le fue amputada murió días más tarde.
Inmediatamente después de la muerte de John Augustus Roebling, su hijo Washington A. Roebling fue encargado como Jefe Ingeniero del Brooklyn Bridge.
La carretera suspendida sobre el amplio espacio del río sería sostenida por dos torres por medio de cuatro inmensos cables, dos hacia fuera y dos en la cercanía del centro del piso del puente.  Estos cables serían de un diámetro de 15 pulgadas y cada uno colgaría sobre el río en lo que es conocido como la curva catenaria, una forma natural tomada por una soga o cable suspendido sobre dos puntos, que en este caso se refiere a la cima de las dos torres de piedra de granito”.  A todo el largo, cables suspensores verticales, del grueso del agarre de una mano, colgarán hacia el piso del puente.  Y esos serán cruzados de manera diagonal por cientos de  pesados cables que radiarán hacia abajo, desde las torres para asegurar diferentes puntos a lo largo del puente, ambos en dirección a la tierra y hacia el centro del espacio del río” (David McCullough).
Roebling diseñó el puente de Brooklyn en un espacio de 1,595 pies, con una capacidad de carga de 18,700 toneladas, vías de trenes en ambas direcciones, dos carriles en ambas direcciones para el transporte automotriz y en animales, en el centro del puente, a la altura de un segundo nivel, una pasarela para peatones y ciclistas.
Washington Roebling dejó atrás la tradición e introdujo el uso del acero, llamado entonces “el metal del futuro”, de cuyo metal diseñó los cuatro cables principales.  Para ese tiempo el acero era usado en los ferrocarriles, pero no en la construcción de puentes, lo que se usaba era el hierro.  Roebling defendió el uso del cable de acero en un artículo en “The American Railroad Journal” en el que discutía la debilidad de cables y cadenas de hierro en los puentes suspendidos y su vulnerabilidad frente a las destructivas oscilaciones causadas por los vientos fuertes.
Cada cable del puente colgante de Brooklyn mide 3,578 pies y 6 pulgadas y esta formado por 5,434 cuerdas de acero.  Los cables en conjuntos miden 15,060 millas.
El trabajo de construcción del Brooklyn Bridge fue un desafío para los 600 trabajadores inmigrantes que operaron en el peligro y en condiciones miserables, con un salario de apenas $2.25 al día.
Para excavar los puntos de las torres debajo del río, una profundidad de 78 pies, se construyeron unos arcones neumáticos de 3,000 toneladas.  Por primera vez se usó dinamita en este tipo de construcción.  Los accidentes eran frecuentes y los trabajadores sufrían de aeroembolismo, una enfermedad causada por los cambios de presión en el agua, una condición que afecta el nivel de nitrógeno en la sangre.  Esta enfermedad causó la muerte de más de 20 trabajadores y enfermó a muchos, debido a las largas horas que permanecían debajo expuestos al cambio de presión del agua.  El mal era peor porque en ese tiempo se conocía muy poco sobre el tratamiento de esa enfermedad.
El mismo Washington Roebling un día al salir del cajón neumático, enfermó y quedó paralítico.  No podía moverse ni podía hablar; nunca más volvió al lugar de la construcción.  “Abajo en el “caisson” todo se revestía de apariencia  irreal. Había una sensación de confusión en la cabeza, como “el paso de mucha agua.”  El pulso al principio era acelerado, y a veces por debajo de lo normal.  La voz se oye débil e innatural y cuesta mucho esfuerzo hablar.  Y qué del reverbero de la luz, el espesor de las sombras, el confuso ruido de los martillos, los barrenos y las cadenas…” (E. F. Farrigton, maestro mecánico)    
La discapacidad de Washington fue una tragedia más que se sumaba a la familia después de la muerte del padre, que ponía en riesgo la terminación del puente.
Pero Roebling no estaba dispuesto a ceder en la realización de un sueño que había costado la vida de su padre, hizo un esfuerzo sobrehumano para continuar, pero lo logró gracia al temple y determinación de su esposa, Emily Warren Roebling, quien nació en el 1843 en una ciudad llamada Cold Springs, (Hudson Valley), la segunda de doce hermanos, de los cuales sólo seis sobrevivieron.  Ella se casó con Washington el 18 de enero de 1865.
Emily se vio compelida al estudio de matemáticas avanzadas, leyes y principios de ingeniería civil y con la ayuda de la mente lúcida de su marido continuó la construcción del puente que para ese entonces sería el más largo del mundo y lo fue por 20 años más.  Washington sólo podía mover un dedo, los esposos desarrollaron códigos de comunicación, un sistema para entenderse con el uso de ese dedo.  Washington supervisaba el puente a través de la ventana de la habitación de su casa en Brooklyn, mientras Emily iba y venía con las órdenes e instrucciones para los ingenieros y los empleados comprometidos en la construcción.
El costo final del Puente de Brooklyn fue de $15.1 millones, el doble del estimado original de $7 millones.  El 23 de mayo de 1883 el Presidente Chester Arthur y el Gobernador Grover Cleveland inauguraron la estructura sobre el río ante la presencia de 14,000 invitados, una multitud impresionada por la terminación de una maravilla más del siglo.
Otro episodio restaba para la historia, una tragedia más y ocurrió 6 mese después, en “Memorial Day” de 1883, cuando una mujer tropezó en uno de los peldaños de acceso del lado de Manhattan y su compañera lanzó un grito instintivo que provocó el rumor de que el puente se hundía, el pánico fue inmediato, lo que causó una estampida humana que dejó doce personas muertas y unas 35 seriamente heridas.  Un año después la gente aún no confiaba en la fortaleza del puente y fue necesario que el empresario P. T. Barnum desfilara en compañía de una manada de 21 elefantes.  Sin embargo el puente no se hundía, continuaría imponente sobre el río del Este, permitiendo el paso de peatones y vehículos del mismo modo que pasarían los años y las generaciones de esta gran capital del mundo, impulsado por inmigrantes del espíritu y constancia de los Roebling.


    

Es mejor precaver que tener que lamentar

Estar atento, caminar de prisa, transmitir que vas para algún lado, son ingredientes para evitar ser víctima del crimen callejero. Los ...