jueves, 6 de junio de 2013

El miedo subjetivo como instrumento político


   Eramis Cruz
 
A veces cuesta trabajo acostumbrarse, especialmente a lo que de alguna manera adviene contra el sentido natural, la dignidad  o la sublimidad de la justicia. La miseria y la ignorancia suelen andar de las manos, del mismo modo que la ambición y el engaño son instrumentos útiles de quienes prefieren la riqueza y el poder al precio que sea necesario.
La gente suele respetar a quien tiene poder o autoridad aún cuando esta le haya sido transferida por medio de sofisma y oportunismo. Transitamos por la vida por caminos difíciles, y el hecho de que muchos de nosotros nos hayamos superados no quiere decir que todavía no existan seres humanos víctimas de la violencia, aquella que se impone por medio de la confabulación.
Aún son muchos los que sustituyen su potencial para el talento y la superación por una fe carente de sentido. El mundo entero con todas sus riquezas y todas sus posibilidades nos ha sido ofrecido para hacer más hermosa la vida, pero hay distorsión de quienes se han dedicado a crear demonios para justificar la existencia de sus dioses, haciendo creer que existen los milagros, y mientras los tontos útiles se pierden por la vía de la ignorancia, otros viven en la abundancia ilimitada.
Todos logramos vivir una época durante la cual tenemos que conectar el pasado para visualizar el porvenir, pero lamentablemente la historia no es siempre contada como sucedió. Las imperfecciones subjetivas, las contradicciones de los procesos, y los interese encontrados de los elementos participativos desafían nuestra capacidad de razonamiento.
El estado es el poder, la economía es el poder, la religión es el poder, los medios son el poder, la información y el dominio intelectual, la capacidad de habilidades y destrezas en diferentes disciplinas constituyen el poder. El poder es el resultado de una combinación de elementos. Y uno se pregunta por qué no tiene poder o por qué grande segmentos de la población de un país carece de poder, mientras grupos pequeños o clases sociales tiene más poder del necesario.
De la misma manera, existe otra forma de explicarse la misma cosa para llegar a los mismos resultados. ¿Qué es lo que le meten en la cabeza a la gente desde el mismo momento de nacer hasta la muerte? ¿Y cómo se concibe que una persona nunca cuestione si las cosas que ocupan la telaraña de su cerebro fueron productos del pensamiento de otros que según determinados intereses hizo creer como verdad absoluta o como dogmas incuestionables?
La mayoría de la gente vive con miedo, un miedo que le llega a los huesos y le amilana el espíritu. Existe un terrorismo que no se deja ver, impuesto por el poder del más fuerte a través de la imposición de la mentira y la falsedad proyectada hacia la eternidad. La mentira se presenta protegida por la súper estructura del poder establecido y mantenida por medio de la cultura, las tradiciones y los elementos del intelecto embotellados por medio de la domesticación, no por la educación.
El miedo no es una condición que perturba solamente al pobre o al ignorante, este se extiende a todo individuo que desconoce su origen y la razón de su persistencia. Sin embargo existe otra condición que se parece mucho al miedo, es la inseguridad. La inseguridad al desempleo, a la posibilidad de  perder lo que se quiere o se ama. La inseguridad es muy distinta al miedo, por lo menos no tiene ese perfil mortífero del miedo.
El miedo al fracaso es el peor de todo, es más terrorista que el miedo a la muerte, la muerte no siempre asusta a todo el mundo, hay personas que con pleno placer desafían a la muerte cada vez que tienen una oportunidad, lo hacen fumando a sabiendas que hace daño, toman alcohol aunque saben de sus efectos destructivos del tejido y órganos del cuerpo. Y no podemos dejar de lado a aquellos que manejan a alta velocidad en una búsqueda inconsciente de un desenlace fatal no solo para ellos sino para los demás a quienes ni siquiera conocen, sean estos niños o adultos.
Pero el miedo al fracaso es el peor, no deja vivir y si se vive, no permite triunfar. Con miedo no se llega al éxito porque se carece de la valentía y de la voluntad para desafiar los elementos intricados en el fundo de las dificultades. El miedo no permite mirar más allá de la distancia que existen entre el obstáculo que aumenta su tamaño o usa un camuflaje efectivo para confundir al protagonista. El miedo el veneno que surge de la fuente del río negativo de la desgracia del fatalismo de la mala suerte.
Existe el miedo a ser ridículo, el miedo a perder, a no llegar a la meta, a no poseer las cualidades de súper hombre que solo se ven en las películas y las fantasías que sirven para entretener a los niños.
El mundo objetivo no existe en la mente de las personas, pero somos los humanos los capaces de divulgar nuestros pensamientos, de grabar nuestras ideas y creencias en los medios disponibles según el tiempo de que se trate, sobre el papiro o sobre un CD de códigos digitales. Esta corriente manipulativa es tan fuerte que la veracidad del pensamiento único viene a ser confundido con la propia realidad. La idea se hizo dios y vino a dominar a la mayoría de los habitantes de este mundo y a doblegarlos ante una condena eterna en el fuego fulgurante del infierno, (simplemente dantesca).
Y uno se pregunta ¿Por qué tanto miedo en el mundo? Si es cierto que solo si vive una vez, también es cierto que solo se muere una vez. Pero ya dijimos que no se trata exactamente del miedo a la muerte, si no del miedo que justifica la mediocridad de la vida sometida a la esclavitud.
Para concluir de una manera simple y lograr una reflexión autocritica, a todos se nos ha dicho que Dios es amor, que Dios es grande, pero sobre todo que Dios es justo y perfecto. Sin embargo este mundo que se nos ha presentado como dependiente del pecado y creado por el mismo Dios, presenta una contradicción que solo el miedo es capaz de pasar por alto. De ahí se agregan a Dios los grandes misterios que el hombre no tiene derecho a cuestionar si no a creer, de lo contrario comete blasfemia.
De esta manera y según la miopía de esta filosofía, existe Dios pero también el diablo, existe la gloria para él que se porta bien y el infierno para él que se porta mal. Solo resta definir qué es lo que está mal y que es lo que está bien. Y por qué algo ha de estar mal eternamente o bien eternamente. Finalmente usted debe preguntarse si no tiene miedo de pensar en esto ni de discutirlo, corriendo el riesgo de ser acusado de ateo genuino o comunista empedernido.  Al final debemos de perder el miedo a perder el miedo, a pasar de un titilo que dice que “los valientes mueren jóvenes”.
El terrorismo, tal como se le define hoy, tiene como fin implantar el miedo, amedrentar al poder por su parte más vulnerable. El terrorista no persigue matar gente como único fin, sino utilizar el miedo como un instrumento político capaz de conllevar a la negociación, voluntaria o forzada. Al fin los terroristas no son los únicos que usan el miedo como instrumento político, de lo contrario, uno se pregunta para qué se lanzó una bomba atómica sobre Hiroshima.
 
Tanto los pueblos como las personas se hacen libres cuando vencen su propio miedo.

 




 

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