domingo, 24 de febrero de 2013

“A mí qué me importa”




Eramis Cruz




Resaltó con brillo notable para todos, el individualismo después de la Revolución Francesa, en este marco hemos considerado los derechos de las personas como lo más importante en el funcionamiento armónico de la sociedad, especialmente la sociedad capitalista que es la que prima en el siglo 21. Pero no es bueno que nos pasemos de la línea ecuatoriana en el ámbito de la convivencia colectiva. La limitación de la vida privada esta demarcada por los intereses colectivos jurídicamente establecidos o implícitos en el llamado sentido común.
Hay una expresión que se oye con frecuencia en muchas personas: “A mí qué me importa”, pues reflexivamente se debería pensar dos veces, porque a lo mejor le importa más de lo que usted piensa, y lo grande es que hay gente que ni sabe de qué manera influyen las decisiones importantes en su propia vida, especialmente aquellas de carácter gubernamental, política o colectiva.
Para poner las cosas claras, si es que a usted le importa este escrito y se detuvo a leerlo, la criminalidad es un problema en nuestra sociedad que demanda de mucha atención y que nos afecta a todos. De un momento a otro usted, sus padres, su hijo, o su mejor amigo, podría resultar un número más en las estadísticas fatales institucionalmente archivadas. Esto para poner un solo ejemplo. También podríamos citar el consumo de estupefacientes y de aumento de los salarios y los alquileres y ¿por qué no? El índice en los intereses de los préstamos.
La solución de la criminalidad demanda de la participación del público en término de qué cantidad de recursos económicos, cuales son los planes factibles para su solución, y cuales exactamente son los segmentos poblacionales a los que se aplicaran. También es importante saber en qué medida otras instituciones gubernamentales y civiles o del sector sin fines de lucro participaran como punto de apoyo en un programa conjunto.
“A mí no me importa” o “a mí qué me importa”, denota una actitud de irresponsabilidad en que el ser actuante comunica de modo despectivo que no tiene nexos con el asunto, y que le da un bledo cuál podría ser el resultado o las consecuencias. Casi siempre es una muestra de prepotencia de quien de alguna manera podría ayudar arribar a buen término algo que pende o exige la inversión de esfuerzo o la colaboración voluntaria.
Nada se ha logrado o existe en la sociedad sin esfuerzo. Todo lo que de algún modo nos beneficia o beneficia a los nuestros ha costado un gran trabajo, inclusive mucho antes de que usted y yo naciéramos. Usted podrá ser el dueño de una casa, tal vez la de su sueño, o tiene el derecho a aspirar a una buena residencia, pero los derechos para poseerla y las facilidades para completar los términos administrativos, no es algo que lo hizo usted o lo hice yo. Muchas veces nos beneficiamos de parámetros jurídicos y normas administrativas que ni si quiera son originarias de nuestro país.
 Además mientras usted hace los planos de su casa, ¿Quién se encarga de cuidar de su salud, de colectar la basura que usted y su familia produce? ¿Quién es responsable de colectar los impuestos de la sociedad y quién vigila sus derechos en su empleo? Una y cien más preguntas podrían ser formuladas que terminarían demostrado que la expresión de “a mí qué me importa” no es más que una de esas expresiones negativas y muchas veces impensadas que son utilizadas.
Entre las personas que nos merecen mayor reconocimiento en referente a su actitud consciente para llevar un trabajo de bien común, esta aquellas que se prestan a una campaña para registrar votantes, que se encuentran con individuos muy felices e interesados en la tarea, pero tienen también que lidiar con el lenguaje corporal y hasta verbal de muchos que dicen “a mí qué me importa”.
La gente responde mejor a aquello que le brinda algún beneficio personal inmediato, pero tampoco vamos a dejar de reconocer que la gente ha sabido responder con una actitud responsable en campanas de carácter común en la sociedad, como fue el caso de la lucha llevada a cabalidad en la República Dominicana para que el gobierno aplicara el 4% de producto interno bruto a la educación.
Si usted termino de leer este escrito por que si le importa lo que en él se dice, seguro está de acuerdo también que la presenta sociedad se está comprometiendo en una situación peligrosa con esa actitud de poco me importa o “a mí qué me importa”. Desde tirar desperdicios en las vías públicas, hasta la destrucción de los elevadores en edificios público y residenciales, conducir un vehículo en la carretera de manera temeraria poniendo en riesgo su vida y las de los demás, incluyendo una actitud de indiferencia frente al problema del otro, son factores que demandan la necesidad de una educación cívica y social que resulte en un compromiso directo en la vida colectiva y política.
Cuando la gente no es cuidadosa al cruzar la calle en las intersecciones, entonces el gobierno tiene que invertir recursos en la instalación de luces de tráfico o semáforos. Cuando lo conductores no respetan las luces de tráficos, entonces hay que penalizar a los conductores e invertir en el proceso de esas multas y el pago de agentes policiales para aplicar las normas. Nada de esto parece indicar que el “a mí qué me importa” tenga algún sentido.

La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile

Fuente: https://elpais.com/chile/2023-05-26/la-reunion-privada-entre-kissinger-y-pinochet-en-chile-queremos-ayudarlo.html?outputType=amp La ...