domingo, 12 de agosto de 2012

Para vivir como los equilibristas

Eramis Cruz


Hay que tomar la parte buena de lo que nos toca, a veces resulta imposible separar la parte buena de la afectada o infectada sin alterar el todo, en ese caso, lo más aconsejable es aceptar que en la vida no todo es perfecto y que existe una relación interactiva entre lo positivo y lo negativo.
Uno se pregunta por qué a la gente le parece hasta pedagógico contraponer, teóricamente, las partes contrarias. Lo blanco contra lo negro, la oscuridad contra la luz, el verano contra el invierno, la gloria contra el infierno, lo grande contra lo pequeño, lo dulce contra lo agrio, la libertad contra la esclavitud, la guerra contra la paz, la tormenta contra la calma, al fin, Dios contra el Diablo…
Tiene sentido y es fácil de asimilar, pero no es bueno olvidar que la vida no se lleva dando salto de un extremo a otro, y no saber cuándo se puede saltar con suficiente impulso para llagar al otro extremo, es la causa por la que muchos caen en el abismo. No todas las riveras nos permiten salir del agua tormentosa, y la gente es muy sabia cuando dice que “hay que saber nadar y esconder la ropa”. Muchos de nosotros hemos tenido esa pesadilla en la que nos encontramos en medio de la ciudad desnudo, uno camina buscando una sombra que le cubra, la sensación no es algo agradable.
De qué manera se puede vivir disfrutando la vida al mismo tiempo, mejorando lo que no nos funciona, previendo las sorpresas del mañana, todo tiene una razón de ser, solo hay que buscar lo que se esconde a los limites de nuestra capacidad visual, los colores son una percepción óptica, gente negra y gente blanca no define nada que merezca importancia alguna.
Todo esto se parece mucho a la adquisición de un auto nuevo, es emocionante inclusive comenzar ojeando revistas, cambiando panoramas de colores decorados con los modelos del año, de antemano sabemos que tenemos que obtener una póliza de seguro para estar prevenido de cualquier situación inesperada que pueda ocurrir en la carretera.
Parece que esta idea se ha extendido a las grandes estrellas del cine y otros los millonarios que no están dispuestos a arriesgar el todo por el todo contra su fortuna. A pesar de reconocer estar  enamorados de una media naranja, exigen que se legalice un contrato prematrimonial. Después de todo, tiene mucho sentido, ya que las posibilidades de una unidad prolongada de pareja en las presentes circunstancias, depende de factores tan reales como los obstáculos que son posibles en una autopista.
En el amor no hay ley, apenas se observa el sentido común. La pasión se compara con el fuego. El amor se puede comparar con el agua. ¿De cuantas maneras se nos presenta el agua? ¿Qué elemento más maravilloso? El agua existe en los medios donde la vida apenas es visible. Caminar en la playa con los pies descalzos, tomados de las manos, sintiendo el calor en la sensación suave de su piel, del mismo modo que la arena húmeda amortigua el toque de cada paso dejando las huellas como testigo que desaparece. Todo el ambiente torna imperceptible la presencia del mar, el agua robando colores para quien la mira. Tanta agua, infinita como el amor, un perfecto desconocido.
No podemos vivir sin el agua, ella es parte esencial de nuestro ser, y veces la vemos a distancia, bravía en la tormenta, desafiante en los embates de los huracanes. El agua profunda del lago resulta aterradora a la imaginación. Sin embargo qué diferente nos luce en al vaso sobre la mesa.
En el amor el fuego es la pasión. La pasión es el impulso, como fuego la pasión es incontrolada. El amor sin pasión sobrevive, solamente. El problema de la pasión es que nos siega, nos hace cometer errores, nos puede enloquecer. Muchos amores mueren luego que la llama de la pasión se apaga. La pasión como el fuego, necesita de una razón para mantenerse encendido, es la fuente de la energía que le da vida.
Todo indica que para ser exitoso en lo que nos embarcamos necesitamos un balance. Como decíamos al principio, existen los extremos, pero estos no son posibles sin los puntos medios. Uno no puede pasarse le vida dando salto de un extremo a otro, existe la imperativa necesidad de mirar a los factores, ya que todo evoluciona y lo que hoy es un punto medio, mañana será un extremo, tan distante que tal vez no podremos saltar, a pesar de lo atractivo que nos parezca.
El balance es el secreto del equilibrista sobre la cuerda, cuesta trabajo dominar nuestro propio peso sobre una punto frágil, pero si reflexionamos, nos damos cuenta que vivimos caminando sobre la cuerda floja, esquivando los baches, acelerando la marcha en la mejor parte del camino.
Buscar un balance, es una manera de ser consecuente, tolerante, uno sabe que el otro existe. El único que no logra el éxito es aquel que no aprende de sus fracasos. Estos son muy buenos para lograr un balance, que no ha de ser total, pero suficiente para mantener el equilibrio. Somos parte de un medio determinado por la fuerza de la gravedad, un principio existencial del que no podemos abusar. Debemos evitar colocarnos en lugares peligrosos, donde lo único seguro es la caída, el fracaso. Debemos actuar como los equilibristas, ellos aprenden a mantener el balance, de lo contrario es mejor que no bailemos sobre la cuerda floja. Disciplinarse poniendo en práctica el equilibrio puede hacer la diferencia entre perder y ganar.
No hagamos de la felicidad un sueño, una virtualidad, uno puede ser feliz en la vida real, solo necesita tocar tu propia piel y descubrir el privilegio de vivir. Siempre tendremos esa sensación de que mucho nos hace falta, pero tal vez hemos hecho muy poco para lograr lo que queremos, todo por querer vivir la vida dando saltos. Hace tiempo que descubrí que no soy tan pobre como querían hacerme creer, y como dice la canción muy conocida “pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”.

Es mejor precaver que tener que lamentar

Estar atento, caminar de prisa, transmitir que vas para algún lado, son ingredientes para evitar ser víctima del crimen callejero. Los ...