miércoles, 22 de abril de 2015

UN NIÑO EN ABRIL APODADO PACHÍN



Tirso Medrano

El 24 de abril de 1965, Pachín contaba con trece años, estaba cursando el sexto curso de la primaria en la escuela República de Chile y trabajaba como aprendí de zapatero, en la zapatería de Ricardo Peña, ubicada en la calle Altagracia numero 64 parte atrás. Vivía y había nacido en la calle Altagracia número 68., del barrio San Carlos. Su vida transcurría entre chichiguas, trompos, disfraces de máscaras e ir a buscar cangrejitos a la Zurza. Pero ese sábado 24 de Abril de 1965, su vida cambio.
Me cuenta que había una gran efervescencia en las calles después del llamado de Peña Gómez, exhortando al pueblo a la calle. El ve un grupito de jóvenes parados en el local del Catorce de Junio que estaba en la calle Caraca esquina Altagracia. Como a las cinco de la tarde se apersona al local acompañando a una multitud de adolescentes y jóvenes del barrio. Allí ve por primera vez a Fafa Taveras, que entraba y salía apresuradamente al igual que a Oscar Santana, Amín Abel Hasbun, Miguelón el Mocho y la China. Entre los jóvenes con menos de veinte años, se encontraban Rafael Augusto Matos, conocido como El Inglés, Leopoldo Mármol Solís, conocido como Maca, Ben Castillo, conocido como Yayo el Chino; era un grupo de adolescentes inquietos que estaban esperando un momento de acción. 

Pachín, cuyo verdadero nombre es Agustín Rodríguez Spearing, me dice: -Yo a esa edad no sabía lo que era política, no tenía militancia ninguna. Solo quería ayudar como los hacían los demás adolescentes. Empezamos preparando bombas molotov, unos buscaban botellas, otros clavos, grapas, arenas, y pedazos de hierros, mientras Oscar Santana y los demás dirigentes nos daban la gasolina y las instrucciones de lugar. El 24 al amanecer 25 de abril, nos las pasamos haciendo bombas molotov y el 25 temprano en la mañana, nos fuimos en grupo hacia el puente Duarte a esperar los tanques. Me acuerdo que desde las siete de la mañana se veían por todas las esquinas multitud de gentes bajando de todos los barrios a pies, con el cuerpo lleno de bombas molotov; y en las manos piedras, palos, varillas, machetes, puñales, cuchillo y algunos con revolver Enriquillo. Al llegar a la Av. Duarte con Caracas, una turba destruía la tienda Sederías California. La Duarte estaba llena de gentes, la seguimos hasta la esquina Teniente Amago García Guerrero donde se contemplaba un mar humano hacia el Puente Duarte. Nunca había visto yo tanta emoción, tanta entrega, tanto entusiasmo.
Los adolescentes y jóvenes de los barrios, se les escapaban a los padres para ir al puente, para ayudar en lo que fuera. Empezamos a poner obstáculos en las calles aledañas al puente; otros abrían zanjas o hacían trincheras.

Estábamos esperando los tanques de San Isidro, pero nos engañaron, como a las cuatro de la tarde empezaron a bombardear el puente. Yo vi una casa de dos plantas cerca del Puente Duarte, cuando el plato de la segunda se desplomo uniéndose con el de la primera planta producto de las bombas de los aviones. Frente al Destacamento de la Policía que estaba en la Av. Teniente Amado García Guerrero, cerca de la escuela Perú, vi a un señor partido en dos, encima de un triciclo lleno de plátanos. Desde ese momento un grupo de adolescentes y yo de 12 y 15 años, salimos desesperados a buscar armas donde quiera. Entonces la consigna generalizada era ¡Armas para el Pueblo!, ¡Armas para el Pueblo!, ¡Armas para el Pueblo! 

Yo conseguí un revolver treinta y ocho en el destacamento frente al parque Enriquillo. Cuando llegue a mi casa, mi madre me quito y lo voto.
Yo era muy flaco, apenas tenía noventa libras. Mi padre me dijo: ¨hijo para defender a la Patria, solo hay que tener valor y salud; yo estoy muy viejo y enfermo, represéntame tú. ¡Que la gloria este con el pueblo!¨
Ese día me fui con un grupo a la escuela Arzobispo Valera, que quedaba en la Jacinto de la Concha. Ahí nació el comando Cucaracha. Allí estaba junto a Jorge Puello Soriano, popularmente El Men, que era unos de los comandantes.
El 30 de abril participo en el asalto a la Fortaleza Ozama, es ahí donde obtengo el primer fusil, un M-1. Corrí donde Miguelón, que estaba atrincherado en la calle 11 esquina Juana Saltitopa. Él fue que me enseñó a disparar y a reparar el fusil y me dijo escucha bien, esto no es un juguete, nunca dispare alegremente, ni tampoco le apunte a alguien si no le va a disparar. Última advertencia, si te deja quitar el fusil, ere hombre muerto.
El 1 de mayo, a las 3 de la tardes salimos en diferentes grupos hacia la parte norte de la ciudad, con el objetivo de darle apoyo a los grupos que enfrentaban la avanzada yanquis y su cordón de seguridad.

Los enfrentamientos eran en cada esquina de los barrios de villa Juana, villa Consuelo, villas Agrícolas y el ensanche la Fe. Tuvimos enfrentamientos con los americanos y los del CEFA, en las calles Eusebio Manzueta, Peña Batlle, Francisco Villa Espesa, María Montés, Av. Máximo Gómez y Av. San Martin.

El día 2, salimos un grupo grande de militares y civiles constitucionalistas, a tomar a Transportación del Ejercito Nacional, ubicado en el ensanche la Fe. En ese grupo estaba los Hombres Ranas Santiago Disla y uno apellido Heredia; los civiles Blanco Peña, Pérez Guillen, la coronela Gladis Borrel, Diomedes Mercedes, Marinito, la Rubia, Alfredo Toussaint, la China, Tina Bazuca, Genaro Brito, Hitler Moreta, Higinio Machuca apodado Gino, Belkis, Barahona el flaco, Batata y Freddy, un adolescente de 14 años, blanco, delgado, con los ojos como un gato, cuyo valor superaba a diez hombres. Allí cayeron cientos de constitucionalista dentro de ellos un adolescente de San Carlos apodado el Jabao. Fue una de las más cruentas batallas en la que participe. Todos los guardias anti pueblo que defendían a Transportación murieron. Los que fueron agarrados vivos fueron rematados por los mismos soldados constitucionalistas que los conocían.
Esa encarnizada batalla, duro hasta la madrugada del día siguiente; dejamos a los militares constitucionalista allí y salimos hacia la fábrica de clavos Enriquillo, ubicada en la Av. Máximo Gómez, donde había un reducido grupo de guardias del CEFA, atrincherados. Llegamos como a las 4 de la mañana y ya a las 9 lo habíamos aniquilado.

Fue ahí donde me toco cargar con un compañero muerto el cual yo pensaba que estaba herido y a dos cuadras, me caí con él y me entro un ataque como de locura; dicen que yo reía y lloraba a la vez. Yo solo sé que salí de la fábrica de clavos sordo y agotado. Solo en Transportación fueron más de 10 horas de estruendosas bombas, granadas, bazucas, morteros, fusiles y ametralladoras; Silbándome en los oídos.
Otra de las grandes batallas de la parte norte, fue la librada en el Cementerio de la Máximo Gómez y sus alrededores. Allí duramos más de una semana resistiendo, tanto dentro como fuera del cementerio. Una de la ventaja que nos ofrecía el cementerio era que el cementerio tiene un kilómetro lineal de cada lado.
 Los guardias del CEFA, se apostaban en la esquina de la Av. Máximo Gómez con Pedro Libio Cedeño y en la Av. Máximo Gómez con Américo Lugo, mientras nosotros a un kilómetro entre las calles Pedro Libio Cedeño y Moca; y Moca con Américo Lugo.
A demás nos desplazábamos por los, patios y callejones los cuales se intercomunicaban de una forma que uno salía de una calle a otra por los callejones. Además los enfrentábamos dentro del mismo cementerio. 

Nosotros éramos cientos de combatientes constitucionalistas, dirigidos por varios comandantes y subcomandantes, civiles y militares. Los que teníamos armas largas íbamos delante y los demás detrás. El adolescente Freddy, peleo junto conmigo en Transportación y en la fábrica de clavos, ahora también estaba inquieto, intranquilo como siempre. Freddy tenía un fusil M-1, disparaba y a la vez iba voceando palabras desafiantes y avanzando hacia ellos. Era un francotirador natural; en esos momentos se amarraba un pañuelo en el ojo derecho. Nosotros les vaciábamos: ¡Freddy te van a matar! y que va. Freddy se hizo popular todo el mundo mencionaba su nombre en las batallas. Nunca había visto un muchacho tan guapo. Después de la guerra, no supe más de él. No sé si se fue; pero no creo que este muerto…. Dicen que los americanos se llevaron muchos adolescentes valientes como él-.
Hablando con el combatiente Nicolás Matos, apodado Pipí la Guerra, quien combatió junto a Freddy en los alrededores del cementerio de la Av. Máximo Gómez, en los días de Operación Limpieza. Nos cuenta los siguientes: -Freddy de la Rosa, lo llamaban Freddy; creo que está vivo. Para mí él tenía más de catorce años. Talvez entre vente a treinta años más o menos. Él vivía en Villa Juana en la calle Mauricio Báez casi llegando a la Calle María Montés. En Operación Limpieza, combatimos juntos por los alrededores del cementerio. Era muy inquieto, yo le dije a Freddy y al grupito de combatientes que nos acompañaban que siempre se mantuvieran detrás del tanque que les cogimos prestados a los muchachos de Villa Consuelo.

Siempre siguiendo las huellas de las ruedas, ya que si nos disparaban con una bazuca, el proyectil penetraba debajo del tanque y los que estaban siguiendo el trillo de las ruedas se salvaban; pero los que estaban en el centro podían ser arrasado por el disparo a lo que Freddy de la Rosa no hizo caso; se movía mucho, era muy inquieto, no obedecía órdenes y lamentablemente una bazuca disparada por los enemigos, les destrozo las dos piernas. Eso fue en la calle Moca esquina Américo Lugo. Lo recogimos y por los callejones fuimos a salir a la María Montes, penetramos en una casa la cual abrimos a la fuerza; cogimos una sábana e hicimos una litera. En un garaje que había cerca, el dueño lo conocía y nos llevó en un vehículo al hospital Morgan. Allí lo dejamos. Después de la guerra lo vi con un par de muletas en la calle Mauricio Báez, entre Moca y María Montés todo el mundo por ahí conoce a Freddy de la Rosa. Debe de estar vivo-
Pachín continúa su historia: -En esos combates sufrí una parálisis infantil y me internaron en el hospital Salvador B. Gautier, cuando volví en sí, el hospital estaba lleno de heridos y familias refugiadas. Además en el patio del hospital habían fosas llenas de cadáveres que las ambulancias de la Cruz Roja, iban recogiendo por las calles de la ciudad y los arrojaban allí.
Dentro del hospital circulaban rumores de que los soldados del Ejército y el CEFA, secuestraban a los menores para sacarles información. Mi madre me puso un vendaje de gasas y mercurio, en el hombro derecho donde yo apoyaba el fusil, porque los guardias a los que tenían marcas en el hombro o en el dedo pulgar de la mano derecha los desaparecían.

Cuando me dieron de alta, el hospital estaba rodeado de alambres de púas y soldados del CEFA; al salir nos preguntaron de una forma rápida y enérgica:¡De donde vienen! ¡Para donde van!¡Que van hacer!

Una vez salido del hospital, ya había pasado Operación Limpieza, entonces me fui al comando Enriquillo, donde también estaba un hermano mío de 17 años llamado Ramón Eusebio Rodríguez Spearing, conocido como Chelo.
El comando Enriquillo estaba en la Salcedo esquina Félix María Ruiz. Ya había poco movimiento. Me tenían haciendo mandado.
El 15 y el 16 de junio, fueron días infernales. En San Carlos se peleó palmo a palmo, calle a calle contra las tropas invasoras yanquis. Tuvimos muchas bajas, pero ellos también.
La mayoría de las bajas nuestras eran de civiles, que no estaban peleando por ejemplo los yanquis mataron a Kulelé, un joven con problemas mentales que estaba en el patio de su casa, al lado del Club Enriquillo, en la calle Enriquillo, esquina Ravelo.
Después de la revolución, tuve que huir. Me fui a esconder al batey Angelina en San Pedro de Macorís. Ya a la edad de 16 años, salgo del escondiste, saco cédula y me inscribo en el Movimiento Popular Dominicano: MPD. Pase a Formar parte de los Comandos Clandestinos del MPD.
Desde el año 1968 hasta el año 1978, mi vida era en la cárcel o en la clandestinidad. Todos los que llegaron a ser jefe del Servicio Secreto de la Policía Nacional, lo primero que hacían era allanar la casa de mis padres, buscándome. Hubo uno que hasta el pasaporte de mi madre con residencia americana lo rompió. Los golpes recibidos durante esos diez años me han provocado parálisis momentáneas en diferentes partes de mi cuerpo aun todavía. 

Huyendo conocí a Santiago, Puerto Plata, Moca, Bonao, Cotui, Barahona, la Romana en casas de familiares de amigos constitucionalistas que me daban refugios. Yo les debo parte de mi vida a los campesinos dominicanos. Esas gentes humildes del campo que sin conocerme me daban asilo en su casa y muchas veces dormía con sus hijos sin preguntarme porque huías-
Al terminar de contarme las peripecias de su existencia humana, empezó a llorar. No tiene trabajo ni seguridad social.
Entrevista realizada por Tirso Medrano, el 4 de Abril 2015.

La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile

Fuente: https://elpais.com/chile/2023-05-26/la-reunion-privada-entre-kissinger-y-pinochet-en-chile-queremos-ayudarlo.html?outputType=amp La ...