martes, 11 de diciembre de 2018

El Lema de la amistad



Eramis Cruz

Hablar o escribir sobre la amistad tiene sus riesgos, las personas nos pueden catalogar por lo que interpretan en la ponencia, determinando si pueden ser amigos limitados en vez de incondicionales, según los criterios emitidos. No es igual que hablar de religión, que en nuestro medio implica menos sensibilidad.  
Siempre que escucho un referente a la amistad como tema de análisis, me recuerda a un joven del Macorís del norte. Era un exponente mañanero a través de una popular emisora del pueblo. Yo siempre lo escuchaba a las cinco de la mañana. Iba camino al trabajo cuando me encontré con él, frenó su bicicleta y se bajó del sillín. Después del apretón de mano, le dije: te felicito por tu ponencia, sobre todo, muy buena documentación. Me agradeció el elogio, tomó aire y comentó: la amistad es un tema pobre.
Lo entendí porque asumí que se refería a la inconsistencia del tema, o sea, implica serias conjeturas, por ejemplos: amigo es el ratón del queso y se lo come, en la confianza es que está el peligro, dime con quién andas y te diré quién eres. A esto se agrega la convicción de la gente sobre lo difícil que es dar con el sujeto.
Parece tomar vida la creencia popular de que en el hospital y la cárcel se conocen los amigos. Sin embargo, es de alto relieve el valor de un verdadero amigo, mucho más cuando se considera como sacarse la lotería.
Tengo esa suerte, como usted, amigo. Pero he llegado a la conclusión de que la amistad no es un tema pobre, y aquel joven quiso decir más bien, que es un asunto político, en el sentido de que es mejor considerar a todos “muy buenos amigos” y al buen amigo, un verdadero hermano.
Es posible que pase mucho tiempo, para conocer al mejor de tus amigos, pero no tanto para sufrir las decepciones de los amigos menos afortunados, aquellos que son amigos según los resultados de la suerte o la incertidumbre de los augurios. La amistad es una maravilla, vale la pena compartir el tiempo y el espacio, siempre teniendo en cuenta que todo lo que brilla no oro.
Decía mi supervisor, quien se parecía mucho a buen amigo, que en asunto de relaciones humanas, debemos aprender a determinar los parámetros, o sea, uno es quien decide el espacio vital, entre uno y el otro. En este mismo concepto es bueno entender que la amistad, como cualquier otra relación humana, amorosa o comercial, debe nacer y crecer, paulatinamente.
El verdadero amigo, no nos debe preocupar, nunca nos dará problemas, al contrario, restará las dificultades, el problema son los amigos catalogados como tales, cuando en verdad, son conocidos, compañeros de trabajo, hermanos de religión, miembro del sindicato o partidos políticos, entre otras categorías.


lunes, 10 de diciembre de 2018

La mentira se hizo magia universal


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Eramis Cruz

Cuando yo era niño, hace sólo unos cuantos años, las niñas jugaban con muñeca de trapo, eran muy escasos los tanques de guerra para los muchachos. Santa Claus era una pintura extraña, donde nunca había caído la nieve ni los arbolitos perdían sus hojas por vivir el eterno verano. Entonces las mentiras eran tan pequeñas que no llamaba la atención de nadie. Pero la mentira creció con una rapidez asombrosa.
Al principio eran figuras de luces en la televisión, voces afinadas en la radio, y más tarde, las películas tecnicolor, y después todo eso comenzó a desplazar la verdad, o sea, ahora todos somos actores, protagonistas de nuestra historia de ficción. Como actores necesitamos cambiar nuestras apariencias, las facciones de la cara, la dimensión de la cintura, y las huellas del paso de los años. En otras palabras, tenemos que reinventarnos, porque no llamar la atención es morir, fallecer ante nuestra propia realidad. Nada que no se pueda ver tiene importancia, por eso el primer daño colateral lo han sufrido los valores.
Para muchos no podía ser de otrora manera, el mundo finalmente ha logrado hacer de la realidad una fantasía, podemos estar en todos lados, y hablar con todo el mundo al mismo tiempo. Desapareció el temor a una Tercera Guerra Mundial. Hay millones de diminutas pantallas en las manos de millones de personas, incluyendo niños de todas las edades, son algo más que pequeñas ventanas, para hablar lenguaje sin palabras afectivas, para saberlo todo de antemano.
Para hacer verdad la gran mentira de un mundo sin pobres, donde el dinero no hacer falta, de nada sirven esas sucias papeletas. Ahora el dinero no se ve, como siempre lo quisieron los superricos. Ahora ellos se mienten unos a los otros, se roban unos a los otros, mientras inventan nuevos algoritmos para quitar a los muchos lo poco que tienen, su capacidad de pensar.    
Siempre ha sido para mí difícil engañarme a mi mismo, pero más difícil aún, tolerar que me engañen otros. Pero es que la manera de mentir también cambió para que no fuera infringido el octavo mandamiento. La mentira ahora es una asignatura ramificada certificada por colegios y universidades. Las mentiras simples no importan, pasan como parte del léxico de los recurrentes personajes de este teatro despersonificado. Por ejemplo, su puede decir “todos somos libres”.  
Dicen que no vende con éxito quien no sabe crear la necesidad, inclusive, que hay que venderse primero, como un buen pregonero, cuidando del atuendo. En este menester, parece poco importar el hábito del interior, cuando hay poco por ganar y mucho para perder. Por encima de este crucigrama de la mentira, la semilla de objetividad ha de germinar a su tiempo.
Es preferible un cínico a un hipócrita. El cinismo puede ser cuestión de estilo, pero el hipócrita carece de integridad. Ni uno ni el otro pasaría por comediante, este no obstruye el brillo de los diamantes. La sinceridad tiene un precio, del mismo modo, que la discreción tiene un limite. Para ser bueno por fuera es necesario ser mejor por dentro, las apariencias solo engañan a los ingenuos de la superficialidad nunca al admirador del talento, aún viva en la cercanía del carisma.
La historia no es todo lo que se escribe, sino todo lo acontecido, y tu eres un acontecer, al principio nadie te podía ver. Tal vez tu no puedas resolver todos los problemas, pero el mundo espera por tu granito de arena, que más somos en medio de la magnitud del universo. Una gota de agua sobre la roca, una frase elocuente, un soplo de vida en el espacio sideral. Cuida de no confundir el eco de tu canto con el resonar lejanos de los truenos, las nubes pueden tornarse negras, pero no impedirán la majestuosidad del arco iris.
Lo que piensas no es más importante que lo que eres, es el pensamiento el que cambia, el tuyo y el ajeno, pero si no te cuidas serás aniquilado por los creadores de duendes.  


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domingo, 9 de diciembre de 2018

LA DEBILIDAD DE LA FUERZA

Por JUAN BOSCH

By Luis Rodríguez Salcedo

 Publicado en julio del 65 en la revista liberal norteamericana The New Republic bajo el título “The Dominican Revolution” y aquí por el periódico constitucionalista Patria.  En el mismo brilla la luz del intelectual iluminado que fuera esta figura señera de nuestra política y las letras latinoamericanas, ejemplo de templanza ética-

Las revoluciones las han perdido los más fuertes. Una revolución tiene su origen en fenómenos peculiares de su medio social, económico y político, y tiene su fuerza en el corazón en el cerebro de las gentes. Ninguno de esos dos factores de una revolución puede ser medido por computadores electrónicos. Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes. Las trece colonias americanas eran más débiles que Inglaterra, y le ganaron la revolución de Independencia; el Pueblo francés era más débil que la monarquía de Luis XVI y le ganó la revolución del siglo XVIII; Bolívar era más débil que Fernando VII, y le ganó la revolución de América del Sur; Madero era más débil que Porfirio Díaz y le ganó la revolución de 1910; Lenin era más débil que el Gobierno ruso, y le ganó la revolución de 1917.

Todas las revoluciones triunfantes a lo largo de la historia, sin una sola excepción; han sido más débiles que los gobiernos combatidos por ellas. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico
La de Santo Domingo fue —y es— una típica revolución democrática a la manera histórica de la América Latina y se originó en factores sociales, económicos y políticos que eran y son al mismo tiempo dominicanos y latinoamericanos. Para situarla en el contexto latinoamericano, su patrón más cercano en el tiempo es la revolución mexicana de 1910, aunque no debía ni debe esperarse que fuera exactamente igual a esa revolución de México. En términos históricos, nada es igual a nada. A pesar de que habían transcurrido cincuenta y cinco años desde que estalló la revolución mexicana hasta que comenzó la dominicana, y a pesar de que en ese largo tiempo —más de medio siglo— se han extendido por el mundo los estudios políticos, sociales, económicos e históricos, los Estados Unidos actuaron ante la Revolución Dominicana de 1965 en forma casi igual a como hicieron ante la revolución mexicana de 1910. 

En 1965 se ha aducido el peligro comunista como razón de la intervención militar en Santo Domingo; en 1910 no podía usarse ese pretexto para desembarcar tropas en Veracruz porque entonces no existía el peligro comunista. ¿Por qué la actuación ha sido tan parecida? Porque tradicionalmente el mundo oficial norteamericano se ha opuesto a las revoluciones democráticas en la América Latina. Con la excepción de los años de Kennedy, la política exterior norteamericana en la América Latina ha sido la de entenderse con los grupos de poder y la de usar la fuerza para respaldar a esos grupos. Durante los años de Franklyn Delano Roosevelt se abandonó el uso de la intervención armada, pero no se abandonó el apoyo a los grupos dominantes, y todavía en el caso de la revolución cubana de 1933 se hicieron presentes los buques de guerra norteamericanos en aguas de Cuba como un recordatorio ominoso. 

Fue John Fitzgerald Kennedy quien transformó los viejos conceptos y puso en práctica una nueva política, pero desaparecido él, volvió a imponerse el criterio de que el poder se ejerce sólo a través de la fuerza. Esta idea parece no ser correcta. La fuerza como expresión única de poder tiene sus límites: es un instrumento idóneo cuando se enfrenta a la fuerza, pero no lo es cuando se enfrenta a fenómenos que tienen su origen en las bases más profundas de las sociedades.

Stalin pudo haber tenido razón al decir, durante la última guerra mundial, que esa guerra sería ganada por el país que fabricara más motores; pues la lucha de 1939-1945 fue llevada a cabo entre poderes militares organizados, y el poder de cada uno de ellos se medía en términos de fuerza, de divisiones, de cañones, de bombas. Pero una revolución no es una guerra, y hasta se conocen revoluciones que se han hecho sin que haya mediado un disparo de fusil. Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes.

La fuerza como expresión única de poder tiene sus límites: es un instrumento idóneo cuando se enfrenta a la fuerza, pero no lo es cuando se enfrenta a fenómenos que tienen su origen en las bases más profundas de las sociedades. Stalin pudo haber tenido razón al decir, durante la última guerra mundial, que esa guerra sería ganada por el país que fabricara más motores; pues la lucha de 1939-1945 fue llevada a cabo entre poderes militares organizados, y el poder de cada uno de ellos se medía en términos de fuerza, de divisiones, de cañones, de bombas. Pero una revolución no es una guerra, y hasta se conocen revoluciones que se han hecho sin que haya mediado un disparo de fusil.

Tradicionalmente, las revoluciones las han perdido los más fuertes. Las trece colonias americanas eran más débiles que Inglaterra, y le ganaron la revolución de Independencia; el Pueblo francés era más débil que la monarquía de Luis XVI y le ganó la revolución del siglo XVIII; Bolívar era más débil que Fernando VII, y le ganó la revolución de América del Sur; Madero era más débil que Porfirio Díaz y le ganó la revolución de 1910; Lenin era más débil que el Gobierno ruso, y le ganó la revolución de 1917.

Todas las revoluciones triunfantes a lo largo de la historia, sin una sola excepción; han sido más débiles que los gobiernos combatidos por ellas. Una revolución, pues, no puede medirse en términos de poderío militar; hay que apreciarla con otros valores. Para saber si una revolución es verdaderamente una revolución y no un mero desorden o una lucha de caudillos por el poder, hay que estudiar sus causas, la posición que han tomado en ella los diferentes sectores sociales, y determinar su tiempo histórico.

Los Estados Unidos, que en el mes de abril (1965) tenían en Vietnam 23 mil hombres, desembarcaron en Santo Domingo 42 mil. Para los funcionarios de Washington, los sucesos de la República Dominicana eran de naturaleza tan peligrosa que se prepararon como si se tratara de llevar a cabo una guerra de la que dependía la vida misma de los Estados Unidos.

La fuerza de los Estados Unidos se usó en el caso de la Revolución Dominicana de una manera absolutamente desproporcionada. Un pueblo pequeño y pobre que estaba haciendo el esfuerzo más heroico de toda su vida para hallar su camino hacia la democracia fue ahogado por montañas de cañones, aviones, buques de guerra, y por una propaganda que presentó ante el mundo los hechos totalmente distorsionados. 

La revolución no fusiló una sola persona, no decapitó a nadie, no quemó una iglesia, no violó a una mujer; pero todo eso se dijo, y se dijo en escala mundial; la revolución no tuvo nada que ver ni con Cuba ni con Rusia ni con China, pero se dio la noticia de que 5 mil soldados de Fidel habían desembarcado en las costas dominicanas, se dio la noticia de que había sido capturado un submarino ruso y se publicaron “fotos” de granadas enviadas por Mao Tse-Tung.

La reacción norteamericana ante la Revolución Dominicana fue excesiva, y para comprender la causa de ese exceso habría que hacer un análisis cuidadoso de los resultados que puedan dar la fe en la fuerza y el uso ilimitado de la fuerza en el campo político, y convendría hacer al mismo tiempo un estudio detallado del papel de la fuerza cuando se convierte en sustituto de la inteligencia.
Juan Bosch
www.teclalibre.org     @teclalibreOrg      teclalibre@yahoo.com     @luisrodsa



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La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile

Fuente: https://elpais.com/chile/2023-05-26/la-reunion-privada-entre-kissinger-y-pinochet-en-chile-queremos-ayudarlo.html?outputType=amp La ...