martes, 5 de septiembre de 2017

Cuando la muerte nos pisaba los talones


Eramis Cruz

Recién habían matado al presidente Trujillo y eran los años de una lucha feroz por el control político de un país que exigía el retorno a la democracia. Mis dos hermanos y yo éramos los tres aún niños de una extendida familia. Nos fuimos vivir con el viejo, a vivir solo con él en medio de extensas fincas, grandes terrenos baldíos, espacios repletos de cocoteros, lagunas que nunca se secaban y un inmenso mar orillado por el infinito.
Una carretera arenosa pasaba por el lugar como un Bulevar solitario, el lado opuesto al mar era impenetrable por las puntiagudas ramas del agave, el aloe vera y otra planta que llamábamos Jericó. Era cuestión de tiempo y el mar terminaría con esta angosta vía, a cada cierta distancia se podía ver un cadáver sin sepultura de un cocotero arrancado de raíz por la consistencia de las olas del mar. Habíamos llegado a este lugar un día no marcado en el calendario, luego todos los días fueron iguales, hermosos y tentadores para la aventura.

De los tres yo era el mayor con tan solo diez años, nuestra hermana era la menor, pero tenía un instinto natural que era como un arte de autodefensa propia. Entre lo dos estaba el otra varón, acompañado de una malicia que lo hacía culpable de cuanto sucedía en el entorno porque tenía una gran habilidad para las malicias. La estrategia era tener la mayoría a su favor, dos contra uno, de lo contrario reinaba el caos y se descartaba todo elemento de mediación.
Como éramos la ultima prole, nuestro padre ya estaba mayor y siempre estaba ajeno al quehacer propio de nuestra edad. Como no corríamos riesgo humanos, a él la casualidad de la naturaleza no le preocupaba.
La tierra aquí era completamente plana, y donde no había un sembradío era terreno del dominio de la maleza. El animal más popular era el hurón porque mata a los polluelos y se come los huevos de las gallinas. Entre los insectos ponzoñosos los más populares eran las avispas, aparte del cien pies y las tarántulas. 

En realidad no éramos campesinos, habíamos vivido en la ciudad pero muy cerca del campo, en una ciudad desconectada del mar. En ese tiempo ni siquiera había una piscina en todo el pueblo del Macorís del norte, de manera que para aprender a nadar había que tener la suerte de vivir en las proximidades de un pozo o charco del río Jaya, pero aquí ahora todo era diferente. Teníamos la suerte de contar con un mar inmenso solo para nosotros. No teníamos que pedir permiso para irnos a la playa por el tiempo que nos diera la gana. Estas playas siempre estaban solitarias y a los lejos se podían ver las embarcaciones, y menos lejos, los pescadores remando sus canoas. A veces nos quedábamos allí, mirando la lejanía. 
La única advertencia con la que contábamos en relación al peligro de las olas del mar era la leyenda de María la O. Según lo que nos habían contado María la O se divertía vociferando vilipendio al mar hasta un día en que éste tomó venganza en su contra. Sin embargo esa leyenda no impidió las tantas veces que desnudos y con gran alboroto no lanzamos a disfrutar la tibieza de aquellas aguas de la costa de Nagua.

Siempre soñamos con encontrar una caracol de eso que  permiten oír el ruido del mar sin importar cuan lejos estés de él. El perímetro de nuestra zona de aventura se fue ampliando cada vez más igual que la confianza que le teníamos a las profundas aguas y bravías olas de aquel entorno llamado la Senda o Boca Vieja. En poco tiempo dos puntos del peligro limitaron la distancia que nos estaba permitida recorrer. A la derecha había un lugar donde las olas salían con gran estampido y se estrellaban contra la playa y luego regresaban con violencia formando un pequeño río tormentoso que regresaban al mar entres rocas paralelas y se deslizaban por debajo de las olas de aquel círculo natural del vaivén.
A la izquierda había un lugar que nos fascinaba, como siempre pasa con el peligro. Era un espacio profundo dentro de aquellos arrecifes, su única salida era hacia el mar, por donde entraban las olas para convertirse en un gran recipiente repleto de espumas blancas. Con cuidado descendíamos unos metros para llegar al fondo y recoger unos caracoles de colores que nos parecían muy atractivos. Ya habíamos hecho de este descenso al infierno una rutina hasta el día que apareció un señor que alarmado nos hizo salir de aquel lugar. Fue tanto su estado de consternación que repetía no creer el atrevimiento para exponerse a una muerte segura. Los ademanes de aquel hombre, los gestos de su cara, su mirada fija a aquel agujero y su disposición de estar allí hasta que saliéramos de aquella peligrosa fosa, nos convenció de que nunca más volviéramos ni siquiera a mirar a aquel lugar. En mi mente se quedó aquel cuadro sin pintor, rocas mojadas de color gris oscuro, con fauces un su superficie que cientos de cangrejos desafiaban el agua salobre con vida propia.

Sin embargo el incidente más próximo a la muerte no sucedió ni a la izquierda ni a la derecha sino exactamente en el centro de aquel perímetro cuando unas olas de gran fuerza nos impactó y arrastraba a nuestra hermana hacia dentro cuando la sujetamos por los caballos mientras resistíamos contra la arena que se escapaba debajo de nuestros pies.
El mar es bravío por esta zona del litoral de la provincia María Trinidad Sanchez. Muchas veces oímos las historias de personas que se ahogaron en diferentes episodios del mar de este entorno. También no resultaban familiares las historias que describían las ocasiones en que un día o una noche, mientras la gente dormía, el mar hacía una inusual visita y se salía de su lugar para invadir las humildes casas de los residentes del litoral.

Recuerdo los días en que fuimos a la playa y sorprendidos la encontramos repleta de malezas verdes y hasta podridas, troncos enormes de palos secos transportados quién sabe de qué lugar y arrojados con ímpetu a muchos metros, lejos, donde no era usual que llegaran las olas.
La verdad que como dice la gente “la que está para uno no se tuerce”, me imagino que también así debe ser la versión contraria del dicho, porque como decían nuestros antepasados “nadie se muere la víspera" aún la muerte le pise los talones.

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66 años se cumplen del poderoso terremoto

 Hundió Matancita y sacudió RD 04 agosto 1946

Epicentro terremoto 04 de agosto de 1946.

SANTO DOMINGO, Republica Dominicana._ Sesenta y seis años se cumplen este sábado 4 de agosto del mas poderoso terremoto que recuerda la historia dominicana, que con una magnitud de 8.0 grados en la escala de Richter, y que tuvo su epicentro en la bahía de Samaná, produjo daños considerables, principalmente en la costa norte y nordeste.

Al terremoto, que de acuerdo al reloj se inició  a las 17:51 (5:51 pm) produjo un tsunami que arrasó  con el poblado de Matancita, en la provincia María Trinidad Sánchez (Nagua), mató  a unas 500 personas y hundió  bajo agua del Atlántico una gran porción del aquella comarca del nordeste del pais.

Cuatro días después. al movimiento telúrico siguieron varias replicas, una de ellas a las 13:38 (1:38 pm) del 08 de agosto con una magnitud de 7.6 grados.

Una crónica de Marcelo Peralta referente al terremoto, publicada por el El Nuevo Diario fechada al 04 de agosto de 2008 dice lo siguiente:

"... El fenómeno natural tenía olas de más de 10 metros de altura, donde produjo enormes daños en las costas noreste de la República Dominicana, según los informes de la época en algunos lugares bajos el mar llegó hasta mil 500 metros tierra adentro.

Dicen los informes que el poblado de Matanzas quedó destruido y se estiman en 500 las muertes ocurridas. La retirada del mar en Puerto Plata, al Norte de la República Dominicana fue tan grande que se podía caminar debajo de la estructura del muelle.

Ante esos desastres naturales, que causaron muertes, destrucciones y desolaciones, los dominicanos recuerdan hoy lunes el 62 aniversario del mayor terremoto registrado en la historia de ésta Nación.

En aquella ocasión, el fenómeno dejó un saldo estimado en dos mil muertos, pero dada la concentración población que registra en la actualidad en esos mismos lugares las muertes podría ser mucho peor.

Dicen los estudiosos que para esa ocasión se registraron más de mil cien réplicas en los meses siguientes al terremoto, de 8.1 grados en la escala de Richter.

La mayoría de los muertos se debieron a un maremoto generado por el movimiento telúrico en el fondo del mar que prácticamente sepultó las comunidades de Matanzas y Matancitas, en el municipio de Nagua, provincia María Trinidad Sánchez, al Nordeste del país.

Los expertos recomendaban la colocación de boyas especiales con censores para transmitir información durante el maremoto y educar a la población residente en zonas de peligro sobre que hacer en caso de nuevo terreno o temblor de tierra muy fuerte.

Nagua es una ciudad ubicada por debajo del nivel del mar, localizada al nordeste del país, limita al sur con las provincias Juan Pablo Duarte y Santa Bárbara de Samaná, al oeste con la provincia Espaillat, al norte el Océano Atlántico, al este la Bahía Escocesa .

Como es costumbre en la República Dominicana nunca se supieron las cifras exactas porque fueron minimizadas por orden del dictador Rafael Leonidas Trujillo. 

Los poblados más afectados fueron Matancitas, Nagua, El Juncal, Punta Morón, Las Cañitas, Río Boba, El Bajío, Samaná, Sánchez, Sabana de la Mar, Río San Juan y Miches. El terremoto estuvo localizado en la latitud 18 grados, siete minutos Norte y en la longitud 69 grados y 17 minutos Oeste.

En las partes bajas, el mar penetró arrasándolo todo, viviendas y árboles, dejando varias lagunas, transformando el curso de los ríos en las proximidades de sus desembocaduras y aislando algunos sectores. En la parte escarpada, el sismo ocasionó el derrumbe de los arrecifes y acantilados, que se desplomaron en enormes masas.

En adición, el terremoto fue sentido en Montecristi, Dajabón, Valverde, Elías Piña, San Juan de la Maguana, Santo Domingo, Villa Mella, La Jagua, Jarabacoa, Villa Trinitaria, El Seibo y Yaguate, dónde cayeron objetos de los tramos en las tiendas y las estructuras vacilaron y se produjeron agrietamientos.

Los más violentos sismos registrados anterior a ese fueron el ocurrido el 2 de diciembre de 1562, que destruyó la antigua ciudad de La Vega.\

También, el sucedido en el año 1751, que destruyó La Villa de El Seibo, en el Este de la República Dominicana. Otros de esos fenómenos fue el que ocurrió el día 7 de mayo de 1842, que produjo grandes daños en la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Asimismo el que se produjo el día 19 de agosto de 1881, que causó grandes estragos en varias poblaciones del interior del país, específicamente en La Villa de Higüey, cuyo histórico santuario resultó seriamente dañado.

En la República Dominicana han sucedido otros terremotos, huracanes y ciclones que han generado muertes, pérdidas en las vías de acceso y en las plantaciones agrícolas.

Se mencionan a David en el año 1979, George, 1998, Noel y Olga en el año 2007, los cuales destruyeron grandes plantaciones agrícolas en el Cibao, especialmente en Bonao, San Francisco de Macorís, Nagua, Santiago y otras localidades. De igual forma, hubo muchos muertos, heridos y desaparecidos.

Santo Domingo, Republica Dominicana, 04 de agosto de 2012,


http://presenciadigitalrd.blogspot.com/2012/08/70-anos-se-cumplen-del-poderoso.html

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lunes, 4 de septiembre de 2017

Lo que dijo JUAN BOSCH sobre la República Democrática de Corea


La historia escrita de Corea tiene miles de años, de manera que la lengua de sus pobladores es vieja. En esa lengua, que ya se hablaba cuando todavía no se había formado Roma, Corea se llama “el país de los amaneceres luminosos”. Hubiera podido llamarse también “el país de la gente que sonríe”, porque el coreano reacciona ante cualquier estímulo con una sonrisa franca; pero yo recordaré siempre a Corea como “el país de los niños alegres”. Kim Il Sung, el padre…. de la patria, dijo una frase que es a la vez profunda y conmovedora; dijo: “En Corea, el niño es ley”. 

Tómese esa frase por dondequiera y como quiera, y el resultado será siempre uno: El pueblo coreano está dedicado a sus niños; vive y muere, trabaja, lucha y crea por sus niños. De alguna manera, con esa extraña sensibilidad que tienen los niños en todas partes, los de Corea se dan cuenta de eso, porque donde ellos están —sea en la escuela, en las calles, en los parques—, sus risas y sus gritos de júbilo dan la impresión de una enorme pajarera colmada de cantos. En mis años, que no son pocos, jamás había visto nada igual.

Kim Il Sung sabía lo que decía al afirmar que en Corea el niño es ley, pues los países perduran en la medida en que sus ciudadanos los amen y los defiendan, y los niños de hoy serán los ciudadanos de mañana. El mismo Kim Il Sung era apenas algo más que un niño cuando a los trece años de edad comenzó a cumplir misiones de los grupos de patriotas que estaban luchando contra los japoneses —que habían ocupado el país en 1910—, y se hallaba en la flor de la vida cuando hacia 1932, acabando de cumplir los veinte años, inició la guerra de guerrillas por la liberación de Corea.
“¿Cuántos eran sus hombres en ese momento?”, le pregunté, entre cucharada y cucharada de una sabrosa sopa coreana que él mismo me servía con la naturalidad conque se comporta alguien con un hermano.

Kim Il Sung sonrió. Como todos sus compatriotas, es de sonrisa fácil y expresiva. Pero en esa ocasión la sonrisa del líder de Corea quería decir muchas cosas; quería decir, según me pareció: “Usted no va a creerlo”.
“Dieciocho”, dijo.

¿Y por qué no debía yo creerlo? ¿No se había quedado Fidel Castro con sólo doce seguidores poco después de haber desembarcado al pie de la Sierra Maestra? Fidel Castro había bajado de la Sierra, convertido en vencedor, a los dos años de haber subido a ella, y Kim Il Sung estuvo guerrilleando trece años, y los dos tomaron el poder al cumplir los treintidos. ¡Extraña similitud de destinos entre el líder de un viejo pueblo oriental y el de un pueblo nuevo del Caribe! Pero si el destino de Kim Il Sung y el de Fidel Castro se parecen, en cambio el de Corea y el de Cuba son distintos, porque a Corea le ha tocado ser uno de esos países a los que Norteamérica les ha aplicado la fórmula que ensayó con Colombia en Panamá, la de dividir las naciones y de cada una hacer dos: dos Coreas, dos Chinas, dos Vietnam. A lo mejor, en esa historia de país dedicado a dividir pueblos hallaron los negros norteamericanos la idea de dividir ellos a su vez a los Estados Unidos en una nación para los blancos y otra para los negros.

Corea quedó liberada en agosto de 1945 y el día 15 de ese mes fue proclamada república bajo un gobierno encabezado por el joven que había estado trece años dirigiendo las guerrillas antijaponesas, esto es, por el mismo Kim Il Sung de quien vengo hablando. Unas semanas después de establecida la república, los norteamericanos desembarcaban en el sur al mando de Douglas MacArthur, y éste proclamaba, con su conocida arrogancia: “… Todos los poderes del gobierno sobre el territorio de Corea, al sur del paralelo 38 de latitud Norte, y sobre el pueblo que lo habita, serán… ejercidos bajo mi autoridad”; y fue así como Corea, un país con más de tres mil años de historia escrita, quedó cercenado como un cuerpo al que le cortan la mitad.

Cinco años después de eso comenzó el ataque norteamericano contra Corea del Norte. Al cabo de tres años de guerra, todas las ciudades coreanas habían sido destruidas, o dicho con más propiedad, habían sido demolidas por los bombardeos yanquis. Dieciséis años después, ningún extranjero que visite el país verá las huellas de esa destrucción masiva, pues una por una, todas las ciudades han sido levantadas otra vez, y aun-que cualquiera se da cuenta de que son nuevas porque sus avenidas están trazadas y sus edificios concebidos según los conceptos característicos de la arquitectura más moderna, parece que tienen siglos de habitadas, porque a primera vista se nota que entre sus habitantes y ellas hay esa coherencia y esa intimidad que son propias de las ciudades antiguas.

Debido a que en los años de la vida de Kim Il Sung su país pasó de colonia a república, y en la lucha para hacer ese cambio él fue durante trece años el líder de la resistencia patriótica; debido a que a causa de su papel como líder de la resistencia él pasó automáticamente a ser el jefe del primer gobierno libre de Corea; y dado que debido al ataque norteamericano las ciudades del país quedaron demolidas y fueron reconstruidas bajo ese gobierno del antiguo guerrillero, la historia de la república de Corea y su renacimiento se ha confundido con la de Kim Il Sung. Decir Corea del Norte es, pues, decir Kim Il Sung; o si se prefiere expresado al revés, Kim Il Sung es Corea del Norte. Mi impresión es que para los coreanos no hay diferencia alguna entre el país y su líder, y que ellos se imaginan a Kim Il Sung como una parte esencial de Corea y a Corea como una obra de Kim Il Sung.

Esa identidad entre líder y país es un fenómeno poco común en la historia humana, y gracias a ella el poder de Kim Il Sung va más allá del campo político y alcanza una calidad que no puede ser apreciada fácilmente; no es un poder que descansa en la autoridad, en el terror, en el carisma del líder, en los bienes que éste distribuye. Nada de eso. Es algo más profundo. Para el pueblo coreano, Corea y Kim Il Sung son una sola y misma cosa.

Ese hombre que es a la vez su pueblo se presenta de improviso en una escuela de párvulos, se sienta en un pupitre y comienza a hacer preguntas como otro escolar; o se va al campo y se pone a vivir en una cooperativa para ayudar a los campesinos en su trabajo. Héctor Aristy y yo estábamos alojados en una residencia que tiene el gobierno para sus huéspedes y se suponía que antes de irnos de Corea visitaríamos a Kim Il Sung, y sucedió lo contrario: una mañana Kim Il Sung se presentó en la residencia, comenzó a hablar conmigo y se quedó a comer con nosotros. Como yo estaba a su derecha en la mesa, él mismo me servía la comida. Iba vestido con la sencillez característica de los líderes socialistas de Asia: un traje simple, pantalón y chamarra negros, y una gorra de tela, de ésas que en Santo Domingo no usaría un campesino porque le parecería pobre. Lo que hablamos en más de tres horas de conversación fue mucho, variado y bueno, y me sorprendió lo bien informado que está acerca de América Latina y sus problemas. Pero también tiene a flor de labios las estadísticas de su país.

“En comparación con 1948, hasta 1967 la producción industrial de Corea había aumentado 22 veces, y la fabricación de maquinarias, 100 veces, a pesar de la guerra; en 1946, la proporción de la industria en el Producto Nacional Bruto era de 28 por ciento y en 1964 era de 75 por ciento; en 1965, la producción de tejidos había aumentado 195 veces en comparación con la de 1944; en ese año de 1944, la producción de tejidos per cápita era de 14 centímetros y en 1965, de 25 metros”.

Todo eso lo dijo de un tirón, a pesar de que las comparaciones son tan dispares en lo que se refiere a los años que es difícil retenerlas en la memoria. De todos modos, no era necesario que lo dijera, pues el que visita Corea del Norte se da cuenta inmediatamente de que es un país con un desarrollo económico vertiginoso. Los que conocen Alemania del Este dicen que es el país cuya economía crece más de prisa en el campo socialista. Yo no he estado en Alemania del Este, pero me asombraría que su ritmo de crecimiento superara al de Corea. Corea produce el 98 por ciento de lo que consume, desde maquinaria pesada hasta fósforos, y lo que consume es mucho a juzgar por el nivel en que vive el pueblo.

La totalidad de las familias usa electricidad. Por la vivienda se paga sólo 57 centavos por cada 100 pesos de salario, de manera que la persona que gane, digamos, 200 pesos, paga 1 peso y 14 centavos. Actualmente está construyéndose una casa para cada familia campesina, y ya hay 600 mil familias campesinas con casas nuevas. Todo lo que se refiere a medicinas, médico, hospital, operaciones y tratamiento es gratuito y según pude ver visitando hospitales, el servicio es como para tutumpotes de nuestro país. La cuarta parte de la población está estudiando en 9,260 establecimientos escolares y no hay un solo analfabeto; el teatro, el ballet y el circo —que es muy popular en el país— son de primera categoría; su cine y su televisión, excelentes.

Corea tiene que destinar una suma enorme al mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo que se explica porque vive esperando de un día a otro el ataque norteamericano. A eso se debe que la parte más importante de su industria pesada —y según algunos, toda su industria de guerra— se halle bajo tierra, dotada además de hospitales, escuelas, viviendas, almacenes de provisiones y agua, luz eléctrica y hasta vías de comunicación subterráneas. Ya es un esfuerzo grande mantener un ejército en pie de guerra, pero estar preparado para la guerra nuclear es un esfuerzo extraordinario para cualquier país, cuanto más para uno pequeño que en quince años ha rehecho todas sus ciudades y todas sus industrias, y las ha multiplicado. Si Corea pudiera dedicar a su desarrollo todos los recursos que tiene que destinar a defenderse, sería el asombro del mundo. Para los partidarios del régimen socialista, ese poder de progreso será fruto del socialismo; para mí, al socialismo hay que sumar las condiciones naturales del pueblo coreano y la circunstancia de que cuenta con un líder —desde luego, socialista— que es a la vez resuelto y prudente; de una prudencia exquisita, al grado que en Corea no se ha impuesto a la fuerza ninguna medida socialista: todas han sido llevadas a la práctica después que han sido clara y metódicamente explicadas al pueblo y después que éste ha decidido aceptarlas. En cuanto al pueblo, es sobrio, disciplinado, trabajador, ardientemente patriota, y muy inteligente, y muy fino. De lo último da prendas abundantes su actitud ante la obra artística. El coreano es un artista nato.

Volviendo de Pammunjong —el punto donde se celebran desde hace años las conversaciones de paz— llegamos a media tarde a Kessong, y allí, en el Palacio de los Pioneros, se improvisó una fiesta de teatro infantil. Toda la vida recordaré aquellos diminutos artistas de 6 y 7 años; sus cantos, sus danzas, sus pequeñas piezas de teatro, y sobre todo el final del acto. Los niños coreanos no me dejaban salir. Me abrazaban, me besaban; cada uno de ellos era un surtidor de alegría. Yo tenía los ojos puestos en ellos, pero a quienes veía era a los niños de mi país.

JUAN BOSCH
(Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)*Lo que dijo JUAN BOSCH sobre la República Democrática de Corea*

La historia escrita de Corea tiene miles de años, de manera que la lengua de sus pobladores es vieja. En esa lengua, que ya se hablaba cuando todavía no se había formado Roma, Corea se llama “el país de los amaneceres luminosos”. Hubiera podido llamarse también “el país de la gente que sonríe”, porque el coreano reacciona ante cualquier estímulo con una sonrisa franca; pero yo recordaré siempre a Corea como “el país de los niños alegres”. Kim Il Sung, el padre…. de la patria, dijo una frase que es a la vez profunda y conmovedora; dijo: “En Corea, el niño es ley”. Tómese esa frase por dondequiera y como quiera, y el resultado será siempre uno: El pueblo coreano está dedicado a sus niños; vive y muere, trabaja, lucha y crea por sus niños. De alguna manera, con esa extraña sensibilidad que tienen los niños en todas partes, los de Corea se dan cuenta de eso, porque donde ellos están —sea en la escuela, en las calles, en los parques—, sus risas y sus gritos de júbilo dan la impresión de una enorme pajarera colmada de cantos. En mis años, que no son pocos, jamás había visto nada igual.

Kim Il Sung sabía lo que decía al afirmar que en Corea el niño es ley, pues los países perduran en la medida en que sus ciudadanos los amen y los defiendan, y los niños de hoy serán los ciudadanos de mañana. El mismo Kim Il Sung era apenas algo más que un niño cuando a los trece años de edad comenzó a cumplir misiones de los grupos de patriotas que estaban luchando contra los japoneses —que habían ocupado el país en 1910—, y se hallaba en la flor de la vida cuando hacia 1932, acabando de cumplir los veinte años, inició la guerra de guerrillas por la liberación de Corea.
“¿Cuántos eran sus hombres en ese momento?”, le pregunté, entre cucharada y cucharada de una sabrosa sopa coreana que él mismo me servía con la naturalidad conque se comporta alguien con un hermano.

Kim Il Sung sonrió. Como todos sus compatriotas, es de sonrisa fácil y expresiva. Pero en esa ocasión la sonrisa del líder de Corea quería decir muchas cosas; quería decir, según me pareció: “Usted no va a creerlo”.

“Dieciocho”, dijo.
¿Y por qué no debía yo creerlo? ¿No se había quedado Fidel Castro con sólo doce seguidores poco después de haber desembarcado al pie de la Sierra Maestra? Fidel Castro había bajado de la Sierra, convertido en vencedor, a los dos años de haber subido a ella, y Kim Il Sung estuvo guerrilleando trece años, y los dos tomaron el poder al cumplir los treintidos. ¡Extraña similitud de destinos entre el líder de un viejo pueblo oriental y el de un pueblo nuevo del Caribe! Pero si el destino de Kim Il Sung y el de Fidel Castro se parecen, en cambio el de Corea y el de Cuba son distintos, porque a Corea le ha tocado ser uno de esos países a los que Norteamérica les ha aplicado la fórmula que ensayó con Colombia en Panamá, la de dividir las naciones y de cada una hacer dos: dos Coreas, dos Chinas, dos Vietnam. A lo mejor, en esa historia de país dedicado a dividir pueblos hallaron los negros norteamericanos la idea de dividir ellos a su vez a los Estados Unidos en una nación para los blancos y otra para los negros.

Corea quedó liberada en agosto de 1945 y el día 15 de ese mes fue proclamada república bajo un gobierno encabezado por el joven que había estado trece años dirigiendo las guerrillas antijaponesas, esto es, por el mismo Kim Il Sung de quien vengo hablando. Unas semanas después de establecida la república, los norteamericanos desembarcaban en el sur al mando de Douglas MacArthur, y éste proclamaba, con su conocida arrogancia: “… Todos los poderes del gobierno sobre el territorio de Corea, al sur del paralelo 38 de latitud Norte, y sobre el pueblo que lo habita, serán… ejercidos bajo mi autoridad”; y fue así como Corea, un país con más de tres mil años de historia escrita, quedó cercenado como un cuerpo al que le cortan la mitad.

Cinco años después de eso comenzó el ataque norteamericano contra Corea del Norte. Al cabo de tres años de guerra, todas las ciudades coreanas habían sido destruidas, o dicho con más propiedad, habían sido demolidas por los bombardeos yanquis. Dieciséis años después, ningún extranjero que visite el país verá las huellas de esa destrucción masiva, pues una por una, todas las ciudades han sido levantadas otra vez, y aun-que cualquiera se da cuenta de que son nuevas porque sus avenidas están trazadas y sus edificios concebidos según los conceptos característicos de la arquitectura más moderna, parece que tienen siglos de habitadas, porque a primera vista se nota que entre sus habitantes y ellas hay esa coherencia y esa intimidad que son propias de las ciudades antiguas.

Debido a que en los años de la vida de Kim Il Sung su país pasó de colonia a república, y en la lucha para hacer ese cambio él fue durante trece años el líder de la resistencia patriótica; debido a que a causa de su papel como líder de la resistencia él pasó automáticamente a ser el jefe del primer gobierno libre de Corea; y dado que debido al ataque norteamericano las ciudades del país quedaron demolidas y fueron reconstruidas bajo ese gobierno del antiguo guerrillero, la historia de la república de Corea y su renacimiento se ha confundido con la de Kim Il Sung. Decir Corea del Norte es, pues, decir Kim Il Sung; o si se prefiere expresado al revés, Kim Il Sung es Corea del Norte. Mi impresión es que para los coreanos no hay diferencia alguna entre el país y su líder, y que ellos se imaginan a Kim Il Sung como una parte esencial de Corea y a Corea como una obra de Kim Il Sung.

Esa identidad entre líder y país es un fenómeno poco común en la historia humana, y gracias a ella el poder de Kim Il Sung va más allá del campo político y alcanza una calidad que no puede ser apreciada fácilmente; no es un poder que descansa en la autoridad, en el terror, en el carisma del líder, en los bienes que éste distribuye. Nada de eso. Es algo más profundo. Para el pueblo coreano, Corea y Kim Il Sung son una sola y misma cosa.

Ese hombre que es a la vez su pueblo se presenta de improviso en una escuela de párvulos, se sienta en un pupitre y comienza a hacer preguntas como otro escolar; o se va al campo y se pone a vivir en una cooperativa para ayudar a los campesinos en su trabajo. Héctor Aristy y yo estábamos alojados en una residencia que tiene el gobierno para sus huéspedes y se suponía que antes de irnos de Corea visitaríamos a Kim Il Sung, y sucedió lo contrario: una mañana Kim Il Sung se presentó en la residencia, comenzó a hablar conmigo y se quedó a comer con nosotros. Como yo estaba a su derecha en la mesa, él mismo me servía la comida. Iba vestido con la sencillez característica de los líderes socialistas de Asia: un traje simple, pantalón y chamarra negros, y una gorra de tela, de ésas que en Santo Domingo no usaría un campesino porque le parecería pobre. Lo que hablamos en más de tres horas de conversación fue mucho, variado y bueno, y me sorprendió lo bien informado que está acerca de América Latina y sus problemas. Pero también tiene a flor de labios las estadísticas de su país.

“En comparación con 1948, hasta 1967 la producción industrial de Corea había aumentado 22 veces, y la fabricación de maquinarias, 100 veces, a pesar de la guerra; en 1946, la proporción de la industria en el Producto Nacional Bruto era de 28 por ciento y en 1964 era de 75 por ciento; en 1965, la producción de tejidos había aumentado 195 veces en comparación con la de 1944; en ese año de 1944, la producción de tejidos per cápita era de 14 centímetros y en 1965, de 25 metros”.

Todo eso lo dijo de un tirón, a pesar de que las comparaciones son tan dispares en lo que se refiere a los años que es difícil retenerlas en la memoria. De todos modos, no era necesario que lo dijera, pues el que visita Corea del Norte se da cuenta inmediatamente de que es un país con un desarrollo económico vertiginoso. Los que conocen Alemania del Este dicen que es el país cuya economía crece más de prisa en el campo socialista. Yo no he estado en Alemania del Este, pero me asombraría que su ritmo de crecimiento superara al de Corea. Corea produce el 98 por ciento de lo que consume, desde maquinaria pesada hasta fósforos, y lo que consume es mucho a juzgar por el nivel en que vive el pueblo.

La totalidad de las familias usa electricidad. Por la vivienda se paga sólo 57 centavos por cada 100 pesos de salario, de manera que la persona que gane, digamos, 200 pesos, paga 1 peso y 14 centavos. Actualmente está construyéndose una casa para cada familia campesina, y ya hay 600 mil familias campesinas con casas nuevas. Todo lo que se refiere a medicinas, médico, hospital, operaciones y tratamiento es gratuito y según pude ver visitando hospitales, el servicio es como para tutumpotes de nuestro país. La cuarta parte de la población está estudiando en 9,260 establecimientos escolares y no hay un solo analfabeto; el teatro, el ballet y el circo —que es muy popular en el país— son de primera categoría; su cine y su televisión, excelentes.

Corea tiene que destinar una suma enorme al mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo que se explica porque vive esperando de un día a otro el ataque norteamericano. A eso se debe que la parte más importante de su industria pesada —y según algunos, toda su industria de guerra— se halle bajo tierra, dotada además de hospitales, escuelas, viviendas, almacenes de provisiones y agua, luz eléctrica y hasta vías de comunicación subterráneas. Ya es un esfuerzo grande mantener un ejército en pie de guerra, pero estar preparado para la guerra nuclear es un esfuerzo extraordinario para cualquier país, cuanto más para uno pequeño que en quince años ha rehecho todas sus ciudades y todas sus industrias, y las ha multiplicado. Si Corea pudiera dedicar a su desarrollo todos los recursos que tiene que destinar a defenderse, sería el asombro del mundo. Para los partidarios del régimen socialista, ese poder de progreso será fruto del socialismo; para mí, al socialismo hay que sumar las condiciones naturales del pueblo coreano y la circunstancia de que cuenta con un líder —desde luego, socialista— que es a la vez resuelto y prudente; de una prudencia exquisita, al grado que en Corea no se ha impuesto a la fuerza ninguna medida socialista: todas han sido llevadas a la práctica después que han sido clara y metódicamente explicadas al pueblo y después que éste ha decidido aceptarlas. En cuanto al pueblo, es sobrio, disciplinado, trabajador, ardientemente patriota, y muy inteligente, y muy fino. De lo último da prendas abundantes su actitud ante la obra artística. El coreano es un artista nato.

Volviendo de Pammunjong —el punto donde se celebran desde hace años las conversaciones de paz— llegamos a media tarde a Kessong, y allí, en el Palacio de los Pioneros, se improvisó una fiesta de teatro infantil. Toda la vida recordaré aquellos diminutos artistas de 6 y 7 años; sus cantos, sus danzas, sus pequeñas piezas de teatro, y sobre todo el final del acto. Los niños coreanos no me dejaban salir. Me abrazaban, me besaban; cada uno de ellos era un surtidor de alegría. Yo tenía los ojos puestos en ellos, pero a quienes veía era a los niños de mi país.

JUAN BOSCH

(Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)

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domingo, 3 de septiembre de 2017

Pensar no está permitido por el miedo y la ignorancia


Eramis Cruz

No todo el mundo sabe pensar, la mayoría de la gente sueña despierta o sea el pensamiento es una secuencia de imágenes determinadas por los hechos propios y ajenos. Tenemos una parte de nuestro cerebro que es como un manual de conducta y a la vez un un programa bajo el cual actuamos automáticamente. Esta facultad es magnifica porque nos permite ser más eficientes, podemos pensar en cosas cotidianas o extraordinarias mientras nos bañamos, una actividad que nos puede tomar unos quince minutos, pero también lo podemos hacer mientras ejecutamos una actividad de mayor envergadura, como preparar una comida aún nos tome una hora o más. Me fascina el tema sobre el pensamiento y sobre todo cuestiono si la gente algunas vez se detiene a pensar exactamente lo que piensa.

Recordemos los populares retiros, casi siempre era una actividad practicada por las iglesias para que sus fieles se alejaran de la rutina a un lugar tranquilo, donde la soledad les permitiera un encuentro con su interior. También recordemos esas imágenes de monjes en pose de meditación.

Hoy la vida nos tiene acorralados, no hay lugar para estar solos, los medios de comunicación se han convertido en sustitutos de nuestro cerebro. Aún no sabemos cuáles serán las consecuencias de estas manipulaciones tecnológicas dentro de diez o quince años pero las predicciones no indican nada positiva, especialmente para los jóvenes cuando asuman el control de su vida adulta.

Todo los seres vivos tenemos algo en común, todos queremos vivir, y los medios que nos lo permiten adquieren un elevado valor. Los artículos de primera necesidad, la educación, la vivienda, la diversión la velocidad para llevar la vida. No hay dudas que los medios de transporte apuntan a ser más eficientes para llegar más lejos en menos tiempo. 
Sin embargo parece un sinsentido invertir para ir más rápido cuando no se tiene claro a dónde se quiere llegar y el propósito del viaje. El problema tal vez se complica porque no somos capaces de definir nuestros propósitos permitiendo que sean otros quieres determinen nuestro destino. El ser humano es un recurso en sí mismo, y siempre alguien tratará de usarlo, no importa si se trata de esclavos o de hombres libres, el sentido de la libertad también es relativo a lo permisible dentro de la sociedad.

Es de vital importancia definir lo que significa la vida, pero hay que hacerlo partiendo, inclusive, de lo que concebimos como valores antes de nacer. Es lógico que todo tiene un antes y un después  y que esos dos puntos determinan el espacio que parte del nacer y termina con la muerte. Todo nacemos de la misma manera, crecemos respirando el mimo aire e iluminado por el mismo sol, en conclusión, todos somos iguales y vivimos determinados por los mismos factores. Si algo nos hace diferentes, no pasa de ser miniaturas, productos del oportunismo y la política parasitaria de quienes viven de los más vulnerables. 

No podemos negar que las creencias religiosas relacionadas a todo lo que se asume existe después de la muerte es determinante de las expectativas de millones de seres humanos. La realidad es que todo lo que tiende a condenar la vida para ensalzar la muerte es malo para nosotros y es un absurdo que no merece atención por carecer de lógica, pero especialmente, por ser contradictora con la naturaleza o sea la realidad del universo y por no superar la duda razonable. 

Nuestro primer error es ver la vida en tres factores relacionado al tiempo: el pasado, el presente y el futuro. Se presentan como si estuvieran marcados en un cinta de medir que utilizamos para determinar todo cuando nos rodea y todo cuando fluye a nuestro derredor. Es cierto que hay cosas que son parte del pasado, pero hay otras que son parte de un presente que tal vez nunca veremos pasar ni siquiera con la muerte. Para ser felices debemos extender el presente, porque las cosas que pasan al pasado pierden su valor, excepto para los museos y para los historiadores. Es iluso vivir determinado por un pasado irreversible o en la espera de un futuro que nadie sabe lo que aguarda. 


El mundo no fue creado en siete días ni el sol fue hecho para iluminar exclusivamente la tierra. Al fin, tampoco importa lo que usted piensa de Dios, una cosa es lo que se piensa y otra cosa diferente es la realidad de la existencia. Usted no quiere admitir que su Dios es un absurdo, pero solo su Dios lo es,  y no solo que no lo quiere admitir sino que no se atreve a desafiar esos conceptos aprendidos. No existe ningún dios que no se fundamente en el miedo y la ignorancia. Aquí no se trata de una verdad o de una mentira, aquí nos referimos a su calidad de vida y la calidad de vida de los suyos, nadie puede ser libre al menos que tenga un concepto del significado de esa libertad, para que desperdiciar la vida por la incertidumbre de la muerte.

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Un científico dominicano poco conocido

Diario Libre     Miércoles, 23 Agosto 201706:18 PM

DDoctor Miguel Canela Lázaro.Los dominicanos generalmente damos poca importancia a nuestros hombres de ciencia, quizás por la creencia de muchos de que el país no ha tenido ni tiene científicos. Se trata de un grave error, pues sí los ha habido y los hay; lo que pasa es que casi siempre las mentes brillantes suelen escudarse en la humildad, sin alardes, algo propio de los genios.

Los dominicanos generalmente damos poca importancia a nuestros hombres de ciencia, quizás por la creencia de muchos de que el país no ha tenido ni tiene científicos. Se trata de un grave error, pues sí los ha habido y los hay; lo que pasa es que casi siempre las mentes brillantes suelen escudarse en la humildad, sin alardes, algo propio de los genios.
En esta ocasión nos referimos al agrimensor, médico, botánico y alpinista que fue el doctor Miguel Canela Lázaro, nativo de Santiago, quien durante su permanencia en París, a partir de 1928, fue el descubridor del "ligamento superficial íleo-articular del ligamento sacro-ilíaco posterior", que hoy día lleva el nombre de Hakim-Canela. Pero, además, este científico dominicano descubrió en el pie del ser humano lo que actualmente los médicos conocen como "ligamento peroneano-astrágalo-calcáneo", descrito con el nombre de Rouviere-Canela. Rouviere era su profesor. El doctor Canela solo aceptó que el ligamento llevara su nombre si su maestro aprobaba incluir el suyo. Tal era su modestia.

El descubrimiento del ligamento en el pie creó gran euforia entre la clase médica mundial, hasta el punto que el doctor Canela Lázaro recibió el encargo de la Escuela de Medicina y del Departamento de Anatomía de la Universidad de la Sorbona, de comprobar la veracidad, importancia y relevancia de trabajos efectuados por anatomistas alemanes en las cadenas linfáticas y conexiones ganglionares del útero y ovarios. El propio doctor Rouviere escogió al dominicano para confirmar si era posible mejorar el trabajo de los germanos. Con ese motivo, viajó a Berlín, donde presentó su minucioso estudio que sorprendió y causó impacto no solo porque comprobó lo expuesto por los alemanes "sino que dejó demostrado que las conexiones linfáticas iban más allá de donde los alemanes sospechaban". 

El Gobierno de Francia le ofreció a este sabio dominicano el título de "Hombre de Ciencia", pero lo rechazó porque tendría que renunciar a la nacionalidad dominicana, algo que nunca tuvo en sus planes.

Canela Lázaro, en cuanto a su personalidad, incluso físicamente, se parecía un poco a Joaquín Balaguer: tímido, prudente, siempre sumido en sus propios pensamientos, amante de la naturaleza, no fumaba ni bebía; tampoco contrajo matrimonio, pues cuando tenía todo preparado para su boda en Francia, su novia murió durante un bombardeo alemán durante la Segunda Guerra Mundial y él se hizo a si mismo la promesa de no casarse jamás. No tuvo hijos, contrario a Balaguer.

La vida y obra del doctor Canela Lázaro está descrita en un libro de 273 páginas que escribió ese maestro de la psiquiatría dominicana, el padre de ella si se quiere, nuestro inolvidable amigo Antonio Zaglul, Toñito, (1920-1996), quien demás fue diplomático y autor del libro Mis 500 locos, que describe la vida del manicomio de Nigua que llegó a dirigir. En realidad, eran 503, pero Zaglul resumía diciendo "mis 500 locos".

En el libro Ciencia & Humildad, que detalla la vida del doctor Canela Lázaro, su colega Zaglul dice: "Su amor por la ciencia y el alpinismo, su labor tan útil como callada y anónima de ir marcando los pinos a filo de machete para trazar la ruta que debía seguir todo el que quiera escalar todos nuestros altos picos sin perder el rumbo, el abrir trochas en pleno macizos de la Sierra Atravesada y de la Cordillera Central, dejando su consultorio de médico y gastando dinero, tiempo y salud, la exquisitez de su espíritu y la más alta de todas las virtudes, el desinterés, le dan derecho a ostentar el título de Máximo Deportista Dominicano".

Es que el doctor Canela Lázaro era también alpinista. En 1920, ejecutó medulares trabajos en torno al estudio de la conformación fisiográfica del macizo donde nacen y se forman los dos ríos Yaque del Norte y Yaque del Sur. Expuso también informes sobre las mediciones de nuestras más importantes elevaciones geográficas, los picos Yaque, La Pelona, La Rusilla, Pico del Gallo, Culo de Maco, Quita Espuela, Diego de Ocampo y otros.

En 1924, según dice Zaglul, junto al licenciado Juan Bautista Pérez Rancier "realiza la mensura y la delimitación del Vedado del Yaque, siendo este acontecer considerado como el primer grito de alarma sobre lo que estaba sucediendo en aquellos sagrados sitios. La indiscriminada tala de árboles de nuestros bosques, la constante ardentía de nuestros pinares, de nuestras reservas, la devastación comercializada de las principales cuencas de los ríos que bañan y dan vida al Valle del Cibao y por ende a la República, todo esto y más fue expuesto en secuencia bi-anual por Canela Lázaro y Pérez Rancier, hasta el extremo que llegó a motivar al periódico La Información de Santiago a que llamara la atención del país en varios soberbios y alarmantes editoriales en mayo y junio de 1924".

"Los afanes de Canela iban de la medicina a la botánica y de allí encontraba el máximo de satisfacción en aquella época en el sueño lejano de evitar a toda costa la depredación inmisericorde de los recursos naturales del país", dice la biografía que escribió Zaglul.

Canela Lázaro nació el 29 de septiembre de 1894, hijo de los esposos Pedro Canela, nacido en Santiago y Dolores Lázaro, nacida en España. Se graduó de bachiller con notas meritorias en la Escuela Normal de Santiago en 1911 y de Maestro Normal el 2 de febrero de 1912. Su primer cargo lo desempeñó como director de la Escuela de Varones de Salcedo, pueblo al que estaría ligado por el resto de sus días al convertirse en hijo adoptivo de su segunda patria chica. En vida siempre insistió en que sus últimos restos fueran enterrados en esa ciudad, como en efecto ocurrió. En 1914 hasta 1916 estudia matemáticas en la Universidad de Santo Domingo, hoy autónoma, donde logró el título de agrimensor, para luego ampliar por un año sus estudios y optar por el título de ingeniero agrimensor.

En 1921 ingresó de nuevo a la Universidad para estudiar medicina, obteniendo la licenciatura en 1924 con notas y calificaciones de sobresalientes méritos. Ejerció su profesión en Salcedo y San Francisco de Macorís y aprendió cirugía de otro maestro: el doctor Pascasio Toribio. Hizo también amistad con otro genio dominicano de la medicina, el oncólogo doctor Heriberto Pieter, a quien el autor de este artículo logró entrevistar a pesar de la renuencia del médico a conceder entrevistas.

En 1928 viajó a París. En el hospital Necker, además de anatomía pura y simple, hizo anatomía patológica, como se comprueba por su trabajo sobre la tuberculosis renal. Era el discípulo preferido del profesor Rouviere, quien puso a disposición su laboratorio para que el dominicano realizara sus investigaciones. 

En 1945, tras su retorno de París, fue designado director del recién creado Instituto de Anatomía de la Universidad de Santo Domingo. El profesor André Sicard, de la Facultad de Medicina de la Universidad de París, le escribió diciéndole que no lo felicitaba por su designación, sino a la Universidad "por la valiosa adquisición que había hecho".

Entre 1953 y 1954 ocupó altos cargos relacionados con los asuntos forestales, a tal punto que personalmente redactó la Ley 3841 que el 22 de mayo de 1954 creó la Reserva Natural Integral que abarcó una región que quedaba entre el Vedado del Yaque y el Parque Nacional J. Armando Bermúdez. Tras la muerte de Trujillo, el doctor Pérez Rancier propuso que la otra cumbre de la cordillera bautizada con el nombre de Pico Duarte, es decir La Pelona o Rusilla, "con justicia podría dársele el nombre de Miguel Canela Lázaro".

En 1970, el Gobierno del doctor Balaguer le concedió la Orden Heráldica de Cristóbal Colón, en el Grado de Caballero, pero Canela Lázaro nunca compareció a recibir tal distinción. El 25 de agosto de 1970, mediante Ley, el Gobierno le concedió una pensión de 200 pesos mensuales. En 1985 el Poder Ejecutivo creó la Medalla de Oro Miguel Canela Lázaro, para ser otorgada cada Día del Árbol a los centros educativos públicos y privados que se destacaran en sus esfuerzos por la reforestación nacional. Solamente la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) recibió tal distinción en 1986 y, que se sepa, no ha sido concedido posteriormente.

El 3 de julio de 1996, el Poder Ejecutivo creó, mediante Decreto No. 233/96, la Reserva Científica Dr. Miguel Canela Lázaro, "destinada a proteger los valores ecológicos de las montañas Guaconejo y El Calvario, así como los numerosos manantiales que allí nacen para abastecer los ríos Nagua y Boba, y las especies del bosque pluvial virgen existentes en áreas aún desconocidas para la ciencia".

El doctor Canela Lázaro murió el 1ro. de diciembre de 1977 en Santo Domingo y fue sepultado en Salcedo, como siempre fue su deseo.

Su hermano Ramón comentó que si en algo falló la familia, fue en no tratar de que fuera sepultado "en una de nuestras empinadas lomas, quizás a la orilla de alguno de esos cientos y cientos de arroyos por cuya supervivencia soñó", como escribió su sobrino el también doctor Ramón Canela Escaño.

Creo que alguna de nuestras Universidades debería crear sendas cátedras, una de Anatomía y otra de Ecología, con el nombre de este gran científico dominicano poco conocido. O crear un Premio de Ecología para el mejor trabajo anual sobre nuestros Recursos Naturales, tarea en la que estoy seguro colaboraría el Gobierno Dominicano a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
Fuente: https://www.diariolibre.com/opinion/lecturas/un-cientfico-dominicano-poco-conocido-DLDL210542

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domingo, 16 de abril de 2017

El amor se siente gracias al hígado y no al corazón

El amor ha sido asociado por años con el corazón. Este órgano es un icono el Día de los Enamorados y, generalmente, se utiliza para representar los sentimientos que se tienen por alguna persona.

“Te amo con todo el corazón” es una frase que se suele emplear con recurrencia, pero de acuerdo al psicólogo Boris Barraza, lo correcto sería decir “Te amo con todo el hígado.”Y es que lo que hace que “alguien nos mueva el tapete” es un proceso químico que comienza cuando las féminas destilan sus feromonas.El psicólogo explica que las damas están permanentemente emitiéndolas. En algunas ocasiones con mayor intensidad que otras. Se captan a través de un órgano llamado vomeronasal, que se localiza en el epitelio olfatorio, en el cerebro, y de ahí ingresan al sistema nervioso central.

El “clic” -según Barraza- se da cuando el umbral perceptivo olfativo del muchacho se encuentra en la misma frecuencia que la vibración de las feromonas de la joven. Es por esta razón que una chica puede resultar atractiva para alguien y no para otro.En ese intercambio de estímulos, se descargan ciertas sustancias que impactan el hígado, lo que genera que éste libere unas hormonas llamadas glucocorticoides. “Son una especie de almacenadoras de energía. Cuando estamos emocionalmente impresionados, tanto la adrenalina como los glucocorticoides se liberan y hacen que nos sintamos bien con la persona que nos atrae”, señala Barraza.“Cuando alguien nos gusta, tenemos tanta energía que el corazón comienza a acelerar su ritmo cardíaco -por ello la asociación del amor con dicho órgano-. Es una respuesta a lo que el hígado está indicando. La pasión que se siente es el hígado trabajando con las suprarrenales”, agrega.

Es por esto que se dice que el enamoramiento es un proceso neuroendocrinológico.Aquí se entra en una etapa de fascinación, en la que no se le ve ningún defecto a la pareja. Esto mueve a iniciar una relación de noviazgo, donde se sube otro escalón: se pasa a la ilusión. Acá se empiezan hacer planes a corto, mediano y largo plazo con la pareja, desde viajar a casarse y formar una familia. Se comparte con el otro y es a través de la convivencia que suele surgir el afecto y a veces el amor.

La tercera etapa es la más difícil. Según Barraza es conocida como objetivación o confrontación. En ella, se comienzan a notar las imperfecciones del otro y es cuando se decide si se sigue o no. En un noviazgo, no todas las parejas pasan por las tres etapas. “Hay relaciones que duran más que otras. Y el hecho de que logren sobrellevar la tercera no significa que al final vayan a quedarse juntos”, sostiene Barraza.

En este caminar, a veces se suele confundir la pasión con estar enamorado. Barraza aclara la diferencia: la primera es una reacción intensa que acaba en un instante; la segunda te hace sentir bien constantemente.

Amor para siempre
De acuerdo al psicólogo, el amor eterno es posible. “Se trata del amor que ha soportado y seguirá soportando las pruebas del tiempo. Es el amor maduro”, expresa.
Alcanzarlo implica un esfuerzo grande de la pareja. El apoyo y la comprensión no pueden faltar. Varios estudios han revelado que el enamoramiento no dura más que dos años, entre ellos el presentado por la BBC a inicios de febrero.

La investigación la realizó un equipo de la Universidad de Pisa, en Italia, y una de sus conclusiones es que “cuando una relación se vuelve estable, un tipo diferente de hormonas toma el relevo de la química corporal.” De las neurotrofinas o “moléculas del amor” se pasa a segregar oxitocinas o “moléculas de la ternura.”

Así finaliza el enamoramiento, pero no el amor. Sin embargo, Barraza establece que la monotonía puede deteriorar dicho sentimiento, por lo que recomienda la innovación diaria.
Con información de El Salvador

http://culturizando.com/el-amor-se-siente-gracias-al-higado-y/

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jueves, 13 de abril de 2017

El legado de William Edgard Burghardt DuBois

Por Eramis Cruz


 La historia no ha terminado, la historia nunca termina, porque es simplemente el antecedente del futuro. He aquí un hombre ilustre, que viene a complementar el escaso número de grandes luchadores de este planeta en el que habitamos los hombres que tenemos la responsabilidad de hacerlo mejor para el género animal, del cual somos nosotros los más atinados a dirigir los grandes y positivos cambios.

A esta parte del planeta, ocupado por los Estados Unidos de América, llegaron hombres blancos en un tiempo cuando sólo habitaban unos que ellos llamaron indios, luego trajeron negros del continente del sol, como esclavos que usaban y vendían como cosas poseídas, de esos negros surgieron hombres que soñaron con la existencia de un Estados Unidos libre de discriminación racial, donde los hombres y las mujeres no sufrieran la consecuencia del odio y la explotación por el simple hecho de ser negros, hispanos, o asiáticos.

Cuando analizamos la vida de un hombre que nunca tuvo miedo a la controversia y que fue capaz de sacrificarlo todo para sostener sus convicciones, entonces nos damos cuenta cuan profundamente han estado enclavadas las raíces raciales de este país. Pero sobre todo, cómo se han resistido a los embates de la lucha de las ideas los defensores tradicionales de la sociedad basada en el predominio económico y político de aquellos que monopolizan los medios.
  William Edgard Burghardt DuBois, es un referente a un hombre que se entregó por la causa de la igualdad de los hombres en esta  nación, ese es un legado que ha sido reconocido inclusive por aquellos que de algún modo no compartieron los últimos giros que tomó su vida a favor de las ideas del socialismo.

  En la presente circunstancia de la realidad que viven los afro-americanos, conjuntamente con las otras minorías, en el ámbito económico, de salud, vivienda, seguridad de empleo y justicia social, las ideas de este hombre siguen vigentes, y deben constituirse en razones para reactivar las acciones y las reacciones contra la sociedad de consumo y de la explotación de la fuerza de trabajo.  W. E. B. DuBois ocupó una posición en la historia de las luchas civiles de este país, y por la reivindicación de la dignidad humana en otros países, que a la vez es extremadamente distante de las posiciones que han ocupado el General Colin Powell, la Secretaria de Defensa  Condoleeza Rice y el Juez de la Corte Suprema Clarence Thomas entre otros que sirven a la ala conservadora de la nación. En términos más claros, se prestan al juego contra su propia gente bajo los indicadores de un discurso ya expuesto por Booker T. Washington.

William Edgard Burghardt DuBois nació el 23 de febrero de 1868 en Great Barrington, Massachussets, y murió el 27 de agosto de 1963 en Accra, capital de Ghana.  DuBois se hizo miembro del partido comunista en 1961 y ciudadano de Ghana, luego de renunciar a la ciudadanía norteamericana.
Este académico es bien conocido como un autor afro-americano, catedrático y sociólogo, fundador de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) en 1909.  Fue el editor de la revista “The Crisis” que era un órgano dedicado a los aspectos de interés para la  gente de color.  Es el más destacado opositor negro estadounidense durante la primera parte del siglo veinte. En 1952 recibió el premio del Consejo Mundial de la Paz y el premio soviético por la Paz Lenin en el 1959.  Ha de suponerse que estas influencias de DuBois en los medios diplomáticos y terrenos internacionales debió de ser de mucha molestia para la oligarquía estadounidense, porque el nombre de DuBois llegó a ser sinónimo de las denuncias y protestas contra la segregación de los negros en una nación supuesta a ser ejemplo de la democracia para el mundo, pero segada por la supremacía blanca y las aspiraciones imperialistas.

DuBois se gradúo en Fisk University, una institución académica de artes liberales, establecida para los negros en Nashville, Tennessee, en 1888.  Poseyó un ph.D. de la Universidad de Harvard en 1895, siendo el primer afro-americano en obtener ese título de ese prestigioso centro académico. Su disertación con motivo de su doctorado fue publicada en 1896, titulada “La supresión del comercio de esclavos africanos en los Estados Unidos de América, 1638-1870”.  Cabe señalar que DuBois obtuvo una maestría en historia avanzada, tenía amplias habilidades en materia de ciencias sociales, y condujo amplias investigaciones sobre las condiciones de los negros mientras era profesor de la Universidad de Georgia, es su mérito que “The Philadelphia Negro”, 1899, fuera el primer caso de estudio de la comunidad negra en los Estados Unidos.

 Para ese entonces Booker T. Washington era el negro de mayor influencia en América, para los años posteriores a 1915, un gran educador, para finales del siglo 19 y principio del siglo 20, pero estaba destinado a ser superado en los aspectos fundamentales de su filosofía por aquellos líderes más radicales de la estatura de W. E. B DuBois, quien demostró, con la teoría y la práctica, que para los negros alcanzar un estatuto libertario era necesario escalar estrategias y tácticas más radicales aún fuera a costo de conflictos sociales y políticos frente a la tolerancia y la reconciliación. Booker pensaba que era más exitoso un trabajo desde el centro del poder, tenía fe en el alcance de la educación como medio de superación, y desde esa posición controlaba recursos de importancia destinados para esos fines. El hombre tiene sus méritos históricos y temple de carácter demostrado desde su juventud. Nacido esclavo en una hacienda de Virginia trabajó en las minas, pero estuvo decidido a subir la escalera académica para alcanzar la prominencia, viajaba gran distancia para llegar a “Hampton Instittute”. 

Al principio, DuBois también compartía la creencia de que las ciencias sociales eran suficientes para ofrecer las soluciones a los problemas raciales, pero gradualmente se convenció de que debido a la violencia extrema, el racismo imperante, las injusticias y el prejuicio racial, era necesario optar por medidas de protesta y agitación.
Debido a esas convicciones DuBois entra en desacuerdo con este líder de mucho prestigio y contemporáneo suyo, Booker T. Washington, que predicaba y sostenía una filosofía de acomodamiento y que en cierta medida proponía que los negros aceptaran las condiciones de discriminación mientras elevaban sus condiciones económicas y ascendieran hacia posiciones que les permitieran ganar el respecto de los opresores.

En el año 1903 en su famoso libro “Las Almas de la gente negra” (The Souls of the Black Folk), DuBois expone que la estrategia de Booker T. Washington, no terminaría con la liberación de los negros de la opresión, sino que la perpetuaría solamente. Precisamente, DuBois con la oposición a la táctica pasiva de Booker dividió en dos alas a los dirigentes negros cuando muchas etapas faltaban por encumbrarse hasta llegar a las contundentes protestas por los derechos civiles de los negros en los Estados Unidos y la aparición de figuras políticas de las cualidades de Martín Luther King Jr. y Malcolm X. Dos alas en vez de una hicieron posible un vuelo más acelerado hacia metas más objetivas.
Lo que hace prominentes a los grandes líderes es esa simbiosis que entrelaza su creencia con la puesta en práctica de ejecutorias capaces de provocar la acción efectiva de la gente en busca de solucionar los problemas que afectan tanto a ella como a sus descendientes.  En 1905 DuBois toma el liderazgo en la fundación del Niagara Movement (Movimiento Niagara) que tenía como principal moción desenmascarar la plataforma de Booker T. Washington. Este reducido movimiento dirigido por DuBois fue de importancia vital en las definiciones y concretizaciones por la influencias ejercida dentro de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP).

W. E. B. DuBois enfatizó en dos elementos que todavía hoy son parte de un componente crítico en término de la razón fundamental sostenida por la constitución de los Estados Unidos consistente en garantizar el bienestar general de la población. Por un lado ser un americano y por el otro ser un negro, dos elementos que, según DuBois, eran dos conceptos irreconciliables en medio de la segregación, dos ideas preocupantes residentes en un mismo cuerpo negro.  Emerge ese concepto al sueño de que fuera posible para el hombre ser americano y negro sin que las puertas de las oportunidades se cerraran en su cara.

DuBois fue fundamental en la preparación de la primera conferencia del Pan-African en Londres en el 1900, y el diseñador de cuatro congresos del Pan-African que se desarrollaron entre 1919 y 1927. El Pan-Africanismo perseguía el objetivo común de los descendientes africanos en la lucha por su libertad en el mundo.
 Su trabajo durante un extenso periodo en la Universidad de Atlanta contribuyó con su regreso a la NAACP para el 1944, pero también fue mantenido en la mira de muchos por su tendencia y sus enunciados que cada vez lo acercaban más a la izquierda política. Luego de ser confirmada su identificación a favor la causa rusa, el fue acusado de ser un agente no registrado de una potencia extranjera en 1951, para ese entonces tenía la edad de 83 años. A pesar del reverso que se le dio a ese proceso por un juez federal, DuBois se sintió decepcionado de los Estados Unidos y en 1961, a la edad de 93 años, se unió al partido comunista y se mudó a Ghana, renunció a la ciudadanía de su país.


El entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, visitó Ghana (Oeste de África) el 23 de marzo de 1998 y reconoció el legado de DuBois y mencionó que éste se hiciera ciudadano de este territorio para el final de sus días. DuBois fue bienvenido por el presidente Kwame Nkrumah, que también era su amigos. El presidente Clinton citó a DuBois cuando dijo que “el habito de la democracia debería ínter circular la tierra”.  Una expresión que expone el carácter universal de las convicciones de W. E. B. DuBois.  El paso del tiempo, a pesar de las tormentas, demuestra que la verdad perdurará por encima de quienes pretendan dilatar las luces para mantener la humanidad a oscuras pretendiendo cortar las alas a las ideas luminarias de los hombres con conciencia histórica.

La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile

Fuente: https://elpais.com/chile/2023-05-26/la-reunion-privada-entre-kissinger-y-pinochet-en-chile-queremos-ayudarlo.html?outputType=amp La ...