miércoles, 6 de julio de 2016

¿Por qué y para quién escribimos los historiadores?

CULTURA 29 MAYO 2016 - 9:00 PM

En esta época en que se exige rapidez en la información y formatos cada vez más fáciles de consumir, los historiadores se debaten entre escribir para un público totalmente académico o disminuir la brecha entre la historia y las personas del común. 
Por: Marixa Lasso

Hace poco un respetado colega me preguntó: ¿por qué estás escribiendo un libro, si con el esfuerzo que lleva escribir un libro puedes escribir cuatro artículos en revistas especializadas para académicos que te dan tres o cuatro veces más puntaje académico y salarial? Mi respuesta ilusa fue: porque este libro, mi segundo, es lo más importante que he escrito; escribir este libro sobre la construcción del canal de Panamá desde la perspectiva panameña es mi sueño como historiadora.
Comienzo con esta anécdota porque pone de manifiesto dos problemas fundamentales que los historiadores enfrentamos hoy en Colombia: en qué formato escribimos (libro o artículo especializado) y en qué idioma escribimos (inglés o español). Lo que lleva a una pregunta aún más importante: ¿por qué escribimos y para quién escribimos?
Nos entrenamos para escribir libros, nos enseñaron que ese es el logro máximo de un historiador. Y a nivel internacional, la importancia de un historiador todavía se mide por la calidad e influencia de sus libros. Sin embargo, en este momento, aquí en Colombia, escribir un libro significa renunciar a promociones académicas y a aumentos salariales, porque nuestro sistema universitario actual no entiende los libros (o no los quiere entender) y no los valoriza. Uno de los retos, entonces, que enfrentamos es explicar y defender la importancia de los libros.
¿Por qué escribimos libros? ¿Qué se puede decir en ese formato que no se puede decir en un artículo? El libro permite involucrar al lector en una historia que demuestra, que narra, que provee ejemplos ilustrativos y, a través de esos ejemplos, permite llevar al lector al pasado, a entender otros tiempos y otras maneras de ver el mundo. Y también a entender el origen y la complejidad histórica de los problemas que nos rodean y del mundo en que vivimos. Como muchos, cuando pienso en las grandes obras que cambiaron mi forma de ver el mundo, pienso sobre todo en libros. Fueron libros los que me enseñaron a entender conceptos como el nacionalismo, o a comprender la historia del capitalismo, a descubrir los múltiples mitos sobre la historia de las mujeres, o a entender cómo se ha perpetuado y transformado el racismo en los últimos 500 años.
Pedirle a un historiador que deje de escribir libros es como pedirle a un novelista que se olvide de las novelas y sólo escriba cuentos cortos.
El aspecto más importante del libro es que permite que el historiador se comunique con el público en general y no sólo con los especialistas en su tema, que son los que leen las revistas especializadas. Pero ¿nos estamos comunicando con el público? ¿Le estamos contando al país su historia?
Y esta ocasión es tal vez el momento de hacerle algo de autocrítica de nuestra profesión y del legado de la profesionalización de la historia que se dio en la segunda mitad del siglo XX. La profesionalización de la historia buscaba construir una historia que fuera menos anecdótica y más analítica, una historia que se relacionara más estrechamente con los métodos de otras ciencias sociales como la sociología y la antropología. Una historia que evitara el anacronismo y que usara de manera seria y profunda los documentos de archivos. Pero en el esfuerzo de transformarnos en una ciencia social perdimos mucho de nuestro nexo con la literatura. Un legado de la profesionalización de la disciplina fue perder el contacto con el público general debido a la especialización del lenguaje. Empezamos a escribir cada vez más para especialistas y menos para un público amplio. Dejamos de prestarles suficiente atención al estilo y al arte de contar historias. Si somos, como creo, depositarios cruciales de la memoria colectiva, tenemos que prestar atención a la narrativa. Tenemos que escribir para que nos quieran leer. No podemos seguir dándonos el lujo de escribir sólo para nosotros mismos.
En momentos en los que la política educativa del Gobierno y las prioridades de investigación de las universidades ven con indiferencia, si no con desprecio, a las humanidades, el único apoyo que podemos tener es el del público. Porque, y de eso estoy segura, a mucha gente sí le interesa conocer su historia. Muchas personas buscan aprender historia en los museos, en las novelas históricas, en las películas, en el teatro. Donde, paradójicamente, la buscan cada vez menos es en los libros de historia escritos por historiadores profesionales.
¿Qué hacer, entonces? Tal vez cambiar nuestros formatos. Por ejemplo, abandonar la clásica introducción al libro de historia que puede ser más un obstáculo que una invitación al resto del libro. Hace poco un amigo no historiador me contó que estaba leyendo la introducción de mi libro. Como ejercicio volví a leerla con los ojos de un no especialista y, al hacerlo, al escritor que todos los historiadores llevamos escondido en el corazón le dio vergüenza. Había jerga innecesaria, cosas que hubiera podido explicar de manera más clara y con mayor detalle. Todo hubiera podido escribirse mejor sin perder el contenido.
El reto, creo, es retomar el contacto con la literatura, prestarle atención al estilo, al arte de contar historias, sin perder la seriedad y la profundidad de análisis y uso de archivos que nos dejó la era de la profesionalización de la historia. Esto significa, tal vez, abandonar la división entre libros de divulgación y libros para especialistas. Escribir libros e introducciones en los que la teoría y la historiografía sean como la sal, que le da sabor a todo, pero no se siente. Es importante recordar que se puede ser ameno sin ser superficial. Esto, por supuesto, es difícil, muy difícil, y no es valorado por ninguna burocracia educativa, pero infinitamente apreciado por los lectores.
Pero retomar ese contacto con la literatura y prestarle mayor atención al estilo enfrenta otro problema: ese problema es que los sistemas de evaluación de las universidades colombianas y de Colciencias privilegian las publicaciones en inglés, porque las revistas más prestigiosas están en ese idioma. ¿Qué pasa con el nexo entre historia y literatura cuando le piden a uno que escriba en un idioma que es ajeno? Permítanme que sea anecdótica. He vivido la mitad de mi vida en inglés y la otra mitad en español. Y si algo me quedó claro de la experiencia fue el sacrificio que significó aprender a escribir en inglés de una manera que no sólo fuera correcta, sino que también tuviera algo de gracia. Es que para escribir bien en un idioma hay que vivir en él, hay que leer su literatura, hay que bromear y conversar con los amigos, hay que enamorarse en él. Y hay que escribir constantemente en ese idioma. Pero si vivimos en un país de habla hispana y nos obligan a escribir en inglés, nos están obligando a no escribir bien en ningún idioma. Es también quitarle al escritor el placer de la escritura y al lector el placer de la lectura.
¿Le pediríamos a un novelista que escribiera en un idioma que no es el suyo? No, nos parecería un absurdo. Pero no es absurdo pedírselo a un científico. ¿Y qué hacemos con la historia, esta disciplina que por un lado narra historias, pero por otro lado las basa en el estudio cuidadoso de la evidencia? Repensar el espacio entre ciencia y literatura que ocupa la historia es tal vez el reto que enfrentamos hoy. Si seguimos aceptando el modelo de publicación de las ciencias vamos a desaparecer por aburridos y por irrelevantes. Aceptar nuestra cercanía con la literatura, con el arte de narrar historias, nos permite pedir que se nos deje escribir en nuestro idioma.
Si queremos mantener nuestra relevancia y jugar nuestro papel de contadores de historias colectivas, tenemos que escribir de manera accesible, tenemos que seguir escribiendo libros, y tenemos que seguir escribiéndolos en español.

Fuente: http://www.elespectador.com/noticias/cultura/y-quien-escribimos-los-historiadores-articulo-635072
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martes, 5 de julio de 2016

Nuestra deuda con los caballos

Eramis Cruz

Todos aprendemos de la vida, pero como la vida no es un acto repentino sino un proceso de desarrollo que para cada uno tiene sus propios matices, se aprende la vida entera. Unos aprenden más de lo bueno, otros más de lo malo y muchos no saben la diferencia ni el grado. La moral es más subjetiva que la necesidad.
Pues un día caí en la cuenta de que la rueda no había existido todo el tiempo y que su descubrimiento y su uso fue de un enorme beneficio para la humanidad. Se sabe por lo que significan los automóviles y los medios de transporte, incluyendo las maletas. Pero no fue solamente para los humanos, también vino a favorecer a los animales que halan todavía los vagones y las carretas o sirven de monturas a los jinetes.

Los animales son como nuestros hermanos, pero en eso no quiero enfatizar porque resulta inverosímil que mucha gente trate mejor a los animales que a sus propios hermanos. No hay razón justificada para tener que poner a uno en contraposición de otro. Desde tiempo inmemorables los caballos han trabajado para nosotros y realmente no les ofrecemos nada que no sea el cuidado para seguir explotándolos, del mismo modo que hacemos con los humanos socialmente vulnerables y políticamente excluidos. La única razón por lo que nos parece tan normal es porque a los humanos con frecuencia los tratamos peor. No pasemos por alto el esfuerzo de el alcalde de Nueva York Bill de Blasio por sustituir los coches halados por caballos por medio motorizado. Tengo la impresión  de que tratar el tema es como quien se canta y se llora al mismo tiempo. Definitivamente maltratar a los animales nos deshumaniza, y explotar al ser humano nos elimina dignamente.
Si pensamos en el rol que han jugado los caballos en la historia de la humanidad concluiremos que les debemos mucho a estos inofensivos animales. y cuando digo caballo me refiero también al burro, al mulo, al camello y a todos los otros utilizados para el trabajo que no es adherente a su naturaleza. Para el capitalismo hombre, maquina y animales son palabras sinónimas, algo útil para producir si se le impide pensar.

Miriam Ventura, poeta de Nueva York, me recordó la primera vez que vi la cara de un caballo en su perfil de Facebook, me causó mayor sorpresa porque no sabia la razón. En una ocasión en que buscaba información de una aspirante a periodista ultraconservadora con respecto a algo que había publicado, encontré que su foto de perfil era una silla con fondo penca de cana. En el caso de la cara del caballo lo entendí dos años después  cuanto la poeta escribió un referente en una linea de 12 palabras.
Aparte de lo anterior me hizo pensar en ese maravilloso libro del Dr. Miguel Ruiz: Los Cuatro Acuerdos, un libro de la sabiduría tolteca. En éste él usa el perro como el mejor ejemplo para aconsejar sobre las relaciones humanas y lo sintetiza diciendo: no te tomes nada personalmente. Creo que los humanos somos la única especie que tiene que ir a universidades para aprender a convivir, y después de eso leer mucho para entender a  sus congéneres y luego hacer revoluciones para compartir lo que con el trabajo logramos producir. La gente sabe lo que es trabajar, pero muy poca lo que es el trabajo.

Algunos apreciamos todo lo aprendemos de los animales. No es extraño sentirse decepcionado por la amargura que afecta a muchos por vivir entre los animales humanos. Es a la fuerza que tenemos que admitir que los humanos son más depredadores de su misma especie que impulsores de su felicidad. Nacemos atrapados en un círculo umbilical, son 360 grados de donde no logramos salir. Esto lo confirma un estudio que demuestra que cuando una persona se pierde en el bosque o la ciudad puede volver al punto de partida, no porque la tierra es redonda sino porque no podemos apartarnos de nosotros mismos. El perro y otros animales tienen mejor sentido de dirección que los humanos. Primero inventamos la brújula y ahora nos guiamos con el GPS para continuar perdido. Es una vergüenza que los grandes inventos son generalmente producto de tiempo de guerra y no de tiempo de paz. 
Esto esta fundamentado tomando en cuenta que si algo bueno hacemos por lo demás lo hacemos porque redunda en nuestro propio beneficio, por ejemplo pagar por el trabajo prestado, pero pagar lo menos posible. Multar a los conductores porque genera dinero. Inventar cura para las enfermedades porque aumenta los ingresos de los emporios farmacéuticos.

Los animales cuentan con el crédito de hacer lo que le impone la necesidad para sobrevivir y los humanos lo hacemos para vivir mejor. De manera que el capitalismo fundamenta su existencia tomando como base que el querer del humano es infinito, siempre quiere más, no somos así por naturales, pero eso es lo que aprendemos y almacenamos en los códigos genéticos. No intento interpretar la frase de Miriam Ventura sino expresar algo que pensé a propósito de esa creativa expresión "Debo a los caballos más de lo que adeudo a los humanos” (MV).

domingo, 3 de julio de 2016

Vietnam: Una figura pequeña contra cinco imperios


Fuente: http://www.telesurtv.net/news/Vietnam-Una-figura-pequena-contra-cinco-imperios-20150429-0071.html

La guerra de Vietnam, o también llamada Segunda Guerra de Indochina, inició en 1964 y acabó el 30 de abril de 1975 con la caída de Saigón, hecho que dio paso a la reunificación territorial y a la creación de la República Socialista de Vietnam. | Foto: Reuters

El triunfo vietnamita ante las fuerzas imperiales se concretó en 1975 y al año siguiente se unificó la República Socialista. Esto gracias al héroe Ho-Chi Min, que Alí Primera describió como una "figura pequeña, indoblegable e inolvidable".

El 2 de julio de 1976 se proclama la República Socialista de Vietnam tras la derrota en abril de 1975 de Vietnam del Norte sobre el régimen del Sur.
La guerra contra los cinco imperios en 1975 costó más de tres millones y medios de vidas de vietnamitas. Sin embargo, gracias a las estrategias militares de los comandantes ese país logró proclamar la República Socialista en 1976.
Pequeño, indoblegable y por lo tanto inolvidable es aquel país arrinconado contra el Mar de China que a lo largo de la historia batalló contra las fuerzas opresoras.
Hasta el siglo XI, lo que hoy se conoce como Vietnam luchó durante largos periodos contra el poderío de las dinastías chinas conquistando su independencia. Después vinieron los mongoles quienes por lo menos en tres ocasiones entre 1257 y 1288 lanzaron grandes campañas militares para expandir sus dominios, fallando en el intento.

Y fue en el siglo XX cuando combatieron y derrotaron a franceses, japoneses y estadounidenses.
Pero no es posible comprender la gesta heroica del pueblo vietnamita contra el imperialismo francés, japonés y estadounidense sin resaltar el papel cumplido por otra “figura pequeña”, como la del legendario general Vo Nguyen Giap, conocido como el ‘Napoleón Rojo’.
Su extraordinaria capacidad como estratega militar, es de tales dimensiones que basta mencionar que en el siglo pasado, dirigiendo un ejército de guerrilleros empobrecidos, hambrientos, pero llenos de dignidad, se enfrentó y derrotó a los tres imperios y fue artífice de la liberación, primero de Vietnam del Norte, luego del Sur y más tarde de la reunificación de la patria.

Visita nuestro especial multimedia→  Guerra de Vietnam

En mayo de 1941 en la conferencia de Chingsi (China), junto con Ho Chi Minh, funda el Dong Minh (Liga Vietnamita para la Independencia), más conocido como Vietminh, para agrupar las fuerzas antijaponesas en un único frente de liberación nacional.
Ese mismo año Giap se traslada a las montañas del interior de Vietnam para iniciar la guerra de guerrillas. Allí estableció una alianza con Chu Van Tan, dirigente del Tho, un grupo guerrillero de una minoría nacional de Vietnam del noreste. Giap comenzó a construir el Tuyen Truyen Giai Phong Quan, un ejército capaz de expulsar al ocupante francés y sostener el programa del Vietminh.
Inició una campaña de dos años de propaganda armada y de reclutamiento, convirtiendo a los campesinos en guerrilleros con una combinación del entrenamiento militar y la formación política comunista. A mediados de 1945 tenía ya unos 10 mil hombres bajo su mando y pudo pasar a la ofensiva contra los japoneses que ocupaban todo el sudeste de Asia.

Junto con Ho Chi Minh, Giap dirigió sus fuerzas hacia Hanoi en agosto de 1945, y en septiembre Ho Chi Minh pudo proclamar la independencia de Vietnam, con Giap al mando del ejército revolucionario.
En la posterior guerra contra el colonialismo francés, Giap demostró la superioridad de la guerra popular sobre las fuerzas imperialistas obteniendo una espectacular victoria el 7 de mayo de 1954 en la decisiva batalla de Dien Bien Phu, una valle situado a unos 300 kilómetros al oeste de Hanoi en el que se habían atrincherado las fuerzas ocupantes francesas, confiadas en la protección de las montañas y en conseguir batir a las fuerzas revolucionarias cuando descendieran.
De los 15 mil 94 mercenarios franceses que se agruparon en Dien Bien Phu, después de casi seis meses del sitio, solamente 73 lograron escapar del cerco, mientras que cinco mil murieron y 10 mil fueron capturados. Giap y el general Denhg lanzaron un asalto frontal a la guarnición que arrojó a los colonialistas franceses definitivamente de Indochina. El ejército de Giap y Denhg padeció la muerte de 25 mil combatientes.
Giap y Denhg derrotaron a los imperialistas con una acumulación logística extraordinaria y un uso eficaz de la artillería bien protegida. Los 60 cazabombarderos norteamericanos B-29 que acudieron en apoyo de la guarnición francesa, no lograron su objetivo, obligando a los imperialistas a diseñar un plan criminal elaborado por el almirante norteamericano Radford y el general francés Navarre consistente en arrojar bombas nucleares contra las fuerzas revolucionarias.

La campaña de Dien Bien Phu fue la primera gran victoria de un pueblo colonial y feudal, con una economía agrícola primitiva, contra un experimentado ejército imperialista sostenido por una industria y pujante moderna bélica. Los más conocidos generales franceses (Leclerc, De Lattre de Tasigny, Juin, Ely, Sulan, Naverre) fracasaron uno tras otro frente a unas tropas integradas por campesinos pobres pero decididas a luchas hasta el final por su país y por el socialismo.
Giap fue desarrollando, en cada etapa de su lucha, tácticas ingeniosas para vencer al enemigo. En el caso de la batalla final contra los ocupantes franceses, en Dien Bien Phu, en 1954, sorprendió porque su ejército de guerrilleros, que ni siquiera usaban zapatos y apenas sí unas sandalias fabricadas con llantas, se infiltraron en las filas enemigas, y pieza por pieza, al hombro, cargaron su artillería y las provisiones necesarias para dar una batalla contra el enemigo, que finalmente ganaron.
Vietnam resultó dividido y Giap fue nombrado ministro de Defensa del nuevo gobierno del Vietnam del norte que, al tiempo que continuaba la guerra popular, se esforzaba por construir una nueva sociedad socialista. Años más tarde, en sus escritos y entrevistas recomendaría: “Evitar el enemigo cuando es fuerte, atacarlo cuando es débil. La guerra no es sólo un asunto de los militares, sino de todo el pueblo. El campesino debe estar armado, pero cultivando su tierra”.

Como comandante del nuevo ejército popular, Giap dirigió la lucha en la guerra de Vietnam contra los nuevos invasores norteamericanos en el sur del país, que una vez más comenzó bajo la forma de guerra de guerrillas. Los primeros soldados estadounidenses murieron en Vietnam cuando el 8 de julio de 1959 el Vietcong atacó una base militar en Bien Hoa, al noreste de Saigon. Ese año más de un mil lacayos del imperialismo americano fueron ajusticiados por los guerrilleros del Vietcong y antes de 1961 otros 4.000 habían caído.
Solamente en la epopeya final contra la invasión norteamericana, Giap con sus hombres derrotó a un ejército, el de Saigón, de más de un millón de hombres armados y financiados por los Estados Unidos y equipados con la mejor tecnología conocida, en lo que constituyó la segunda gran derrota militar a la mayor potencia económica del mundo. La primera se la había proporcionado otra figura pequeña: El “General de Hombres Libres”, Augusto C. Sandino en Nicaragua, en los años 20.
Cuatro presidentes americanos lucharon sucesivamente contra Vietnam, dejando el rastro de sangre de 57.690 mercenarios americanos ejecutados. Por parte vietnamita murieron 600 mil combatientes pero finalmente los Estados Unidos fueron obligados a salir del país en 1973. Dos años más tarde el país fue reunificado, cuando un tanque del ejército revolucionario embistió la valla de protección de la embajada americana, mientras los últimos imperialistas huían precipitadamente en un helicóptero por el tejado del edificio.

El general Giap no sólo fue un maestro en el arte de dirigir la guerra revolucionaria, sino que además escribió sobre ella en 1961 su famosa obra “Guerra popular, ejército popular”, un manual de la guerra de guerrillas basado en su propia experiencia. En él establece los tres fundamentos básicos que debe disponer un ejército popular para lograr la victoria en la lucha contra el imperialismo: dirección, organización y estrategia. La dirección del Partido Comunista, una férrea disciplina militar y una línea política adecuada a las condiciones económicas, sociales y políticas del país.
Definió la guerra popular como “una guerra de combate para el pueblo y por el pueblo, mientras que la guerra de guerrillas es simplemente un método del combate. La guerra popular es un concepto más general. Es un concepto sintetizado. Es una guerra a la vez militar, económica y política”. La guerra popular no sólo la hace un ejército, por más que sea popular, sino que la hace todo el pueblo porque es imposible que un ejército revolucionario, por sí mismo, pueda lograr la victoria contra la reacción, sino que es todo el pueblo el que tiene que participar y ayudar en una lucha, que necesariamente debe ser prolongada.


Vo Nguyen Giap, fallecido el 4 de octubre de 2013 a la edad de 102 años, había nacido el 25 de agosto de 1911. Era hijo de un campesino que, aunque carecía de tierras, sabía leer y escribir y luchó toda su vida contra el régimen colonialista impuesto a su país.
En 1926, siendo aún muy joven, comenzó a luchar por la liberación de Vietnam en el instituto en el que estudiaba. Se incorporó al Menh Dang del Tan Viet y, dos años más tarde, al Quoc hoc, organizaciones clandestinas que realizaban agitación contra la ocupación extranjera.
Destacó como un genio de la logística, capaz de movilizar continuamente importantes contingentes de tropas, siguiendo los principios de la guerra de movimientos. Lo hizo así contra los colonialistas franceses en 1951, infiltrando a un ejército entero a través de las líneas enemigas en el delta del río Mekong, y otra vez adelantando la ofensiva de Tet en 1968 contra los estadounidenses, cuando situó a millares de hombres y toneladas de aprovisionamientos para un ataque simultáneo contra 35 centros estratégicos del sur.

La batalla de Ia Drang (19 de octubre-27 de noviembre de 1965) fue una de las más importantes del combate para ambos bandos durante la guerra de liberación de Vietnam. Tras ella el general imperialista Westmoreland creyó que la movilidad aérea y la potencia de fuego en gran escala serían la respuesta a la estrategia de Giap, pero éste apostó a sus soldados tan cerca de las líneas americanas que los B-52 soltaban las bombas encima de sus propias filas.


Todavía hoy las tácticas guerrilleras de Giap constituyen una de las fuentes de estudio de las estrategias militares en el mundo. A 41 años de la victoria sobre el imperialismo norteamericano es importante tener presente la larga lucha sostenida contra cinco poderosos imperios.

domingo, 24 de abril de 2016

Los códigos secretos digitales



Eramis Cruz

Tu código secreto y el seudónimo de usuario (user name) es lo único que acredita tu inscripción al sitio de un proveedor de servicios en el Internet. Algunos proveedores pueden ayudar a restaurar estos cuando se olvidan o se pierden. Con la experiencia negativa y los tropezones uno aprende a lidiar con este problema. He perdido documentos importantes, cuentas recién abiertas y otros trabajos durante los años que he usado computadoras desde 1984.
En los empleos actuales nada se hace sin la computadora, hay diferentes programas con los que trabajamos y hay que recordar al menos unos tres códigos secretos y otros nombres de usuarios durante la rutina diaria. Por razones de seguridad la PC se hace inaccesible cada vez que no la usa por determinados minutos. Las compañías evitan que personas no autorizadas puedan intentar actos dañinos mientras el empleados se ausenta del escritorio aun sea para ir al sanitario.
En muchas empresas el sistema requiere  que tú cambies tu código secreto cada tres meses o algo así, y por razones de seguridad estos no pueden ser parecidos a los anteriores y requieren seguir algunas recomendaciones: deben tener letras mayúscula, minúscula e incluir algún digito numérico. El sistema te anuncia algunos 10 o 15 días antes en qué fecha expirará el código secreto.
Se recomienda que cuando registras tu código secreto medites bien antes de hacerlo y que utilices algo que se pueda recordar con facilidad, pero que no sea algo que la gente sabe o pueda investigar como fecha de nacimiento o el número de la casa, o el nombre de familiares o mascotas. Todo depende de qué se trate, algunos servicios puede ser menos restrictivos por tratarse de asunto no tan serio como lo es una cuenta bancaria.

Yo tengo mí propia técnica que tal vez a usted le pueda ayudar:
La seguridad comienza en el mismo momento de registro de su código, no cambie esa página por nada del mundo ni la cierre, siga las instrucciones con cuidado y escriba todo lo que haces. No deje evidencia sobre lo que hizo en un pedazo de papel. Se trata de un código secreto.
En algún lugar tengo escrito mis nombres de usuarios y mis códigos secretos, es arriesgado pero ¿qué no tiene riesgo en la vida?, para ellos tomo mis medidas de seguridad, no se recomienda que se dependa de una sola fuente, por si acaso se extravía o sufre daños. Esto también puede ser como mantener una pequeña lista en la que se escribe la fecha de los códigos. Si me hacen preguntas para seleccionar también deben ser escritas, como cuál es el nombre de su madre, cuál fue su primera mascota, o el nombre de un amigo de la infancia.

No use en el código secuencia de números como 1,2,3, son fácil de adivinar (Tiara123).
Busque la manera de inventar un código secreto que lo puedas introducir con una sola mano en el teclado, es más trabajoso si tienes que usar las dos manos (Bertae2323).
Uno no puede ser tan obsesionado con códigos difíciles sin tener la necesidad. Muchos sistemas de proveedores cancelan tu código secreto si fallas al menos tres veces tratando de entrar al sistema.
En mi empleo no cambio mis códigos secretos los viernes, es probable que después del fin de semana lo olvide, especialmente durante el verano que uno está más envuelto en actividades sociales o familiares.
También se debe escribir en algún lado el teléfono del proveedor ya que ellos pueden ayudar a obtener un código temporal que luego uno puede cambiar para el uso de rutina. Muchas compañías te pueden enviar un nuevo ID para que con ese ID entres al sistema y obtengas un nuevo código temporal que luego puedes cambiar.

Hay que tener presente que muchos números de cuentas funcionan como código secreto y hay que tener la misma prudencia y precauciones para su uso.
No escribas tus códigos secretos para nadie, no se los digas a nadie, los códigos secretos son para mantenerlos en la mente. Existen programas que sirven para mantener los códigos secretos, pero muy poca gente los usa.
No se recomienda usar códigos secretos en computaras ajenas donde pueden quedar registrados, ni tampoco se recomienda checar la cajilla que dice “recordar código secreto”.
No use el mismo código secreto para diferentes fuentes o proveedores.
No es recomendable cambiar los códigos secretos con frecuencia, seis meses parece razonable.
También muchas compañías y proveedores utilizan tu E-mail como nombre de usuario y se debe tener presente en caso de que se cambie el E-mail o haya sido cancelado.

También deben observarse los mismos criterios cuando se compran productos en la red, como software o programas de computadoras. El numero de ID del producto es la única garantía para su instalación y además para “upgrade” o poner al día, sin costo a veces, en el Internet.  Por ejemplo los “antivirus” los venden hasta para tres PC’s, pero si se pierde el numero de ID se hace inservible. Siempre este número es largo, de hasta 16 dígitos y viene impreso en la caja o envoltura, no debe ser confundido con número de serie del producto el cual también puede ser requerido en muchos casos para verificación de propietario certificado o registrado y también para devolución de dinero.
Si no hay manera de recuperar o recordar un código secreto o “password” entonces es necesario abrir una cuenta nueva. En el caso de los correos electrónicos o “E-mails” no se podrá usar el mismo correo electrónico porque se recibirá un mensaje indicando que esa cuenta ya existe a nombre de alguien.

Muchos de estos criterios pueden ser utilizados u observados cuando se escriben documentos o se reciben documentos en la computadora que tienen que ser guardado porque son de mucha importancia para uno. Además, uno no quiere dar la impresión de ser descuidado o de no prestarle importancia a algo que realmente lo amerita.
Recuerde, la primera ve uno se puede equivocar por error o ignorancia, la segunda ya será por negligencia, la tercera es la vencida. Las computadoras siempre tendrán un área de trabajo volátil llamada memoria temporal y otras que son las memorias fijas.
Evite la concepción, muy común, de que es la computara la que manda, todo lo contrario, es usted el que manda y da las órdenes de ejecución. Un código secreto es un dato estrictamente personal.

domingo, 3 de abril de 2016

¿Por qué un hormiguero humano?


Eramis Cruz

Hace tiempo aprendí de mi padre, un masónico de los Rosacruces, que uno no debe decir sus defectos, la gente se encargará de descubrirlos. Es relevante reconocer y mucho más importante no olvidar, que como personas  vivimos sujetos a condiciones que parecen carecer de importancia. La
gente se ha constituido un problema para si misma en la medida que se desliga de sus más intrínsecos vínculos con la sociedad, en orden específico y en orden general con la naturaleza. Las sociedades determinadas por la tecnología se pueden constituir en una especie de sistema automatizado en el que el individuo pierde el sentimiento por los demás y la sensibilidad respecto a los problemas individuales.

En los últimos años se puso de moda la lecturas positivas, esa que llaman de crecimiento personal, la cual nos ha llevado a un extremo en el que solo importa el egocentrismo. He ahí la tendencia favorita hacia el individualismo, en la que acción común parece una reliquia de los tiempos de los dinosaurios.
Lo que sucedió fue lo que hace tiempo los poderosos creían, me refiero a los mismos que se hicieron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, quienes llegaron a la conclusión de que saldría más barato y menos perjudicial dejar caer migajas de la mesa y permitir que la gente con alguna habilidad viviera mejor. Los demás no tendrían importancia.
Aprendieron de los pensadores más avanzados que si la gente no tiene ingreso tampoco cuenta con maneras para consumir. Fue necesario replantearse toda la sociedad, liberar la tecnología, permitir que todo el mundo usara las redes de Internet, las páginas sociales. Reducir al mínimo el papel del Estado, mantener el poder de las grandes potencias, monopolizar el sector empresarial, privatizar las empresas públicas y negociar acuerdos de intercambios comerciales entre los países, desarrollados o no. Sus primeras víctimas fueron las organizaciones sindicales, viéndose forzado a comprar sus líderes y a cerrar las puertas a aquellos que no se vendieron.

 Al final, sin que la gente se de cuenta, los individuos son tan parecidos, que dejan de ser ellos, son un todos. Por eso muchos hablaron de las posibilidades de clonar personas, de ahí ha nacido el predominio de un patrón de belleza que se impone a través de la cirugías plásticas. De manera que no es solo verse más joven, o verse mejor, sino también verse igual, acabar con la individualidad. ¿Y por qué no comenzar con la cara? Como leí en un articulo sobre este tema, en el que se documenta que tenemos unos cincuenta músculos en la cara de los cuales unos pocos son usados para funciones más comunes pero que más de cuarenta son usados para los gestos que nos definen como persona, como individuo. Con una cirugía plástica estos estos desaparecen, de modo que todo el mundo es más igual al colectivo.

También me hizo pensar al respecto un documental sobre las colonias de las hormigas. Estas colonias pueden estar formadas hasta por 100,000 hormigas. Si uno las observa tienen movimientos muy bien coordinados, además es prácticamente imposible distinguirlas como individuo. A pesar de la gran velocidad con la que se trasladan, la capacidad energética para mover objetos 50 veces más pesado que su cuerpo, y los códigos químicos que utilizan para usar un protocolo complicado. Para ellas los más importante es el colectivo. De manera que la aniquilación de cien o mil hormigas no tiene importancia alguna, siguen trabajando como si nada hubiese ocurrido.
A la larga ese sistema funciona muy bien par la supervivencia de las hormigas, lo cual esta patentizado por lo exitosa que han sido al sobrevivir miles de años.
Pero los humanos no somos hormigas, ni podemos sobrevivir como ellas. Aunque despierte cierta curiosidad que se pretenda concebir que los humanos podamos constituirnos en colonias avanzadas, con una alta tecnología en las que la mayoría es como las hormigas o sea destinada para trabajar con el fin de acomodar la reina. Sucede que en las especies de las hormigas, que son unas 3,500 hay tres tipos de individuos, las reinas que son las que tienen hijos, las obrera que no paren y solo trabajan, y los machos que mueren al aparearse. 

Aunque los humanos somos seres también sociales, para nosotros el individuo esta protegido por el colectivo, y es libre dentro de un sistema de deberes y derechos. Por eso la importancia de que cada persona conozca por medio de la educación como funciona o debe funcionar la sociedad. Que una cosa es la ley y otra cosa es como es aplicada por las instancias de poder.


Este articulo, como pasa con otros trabajos, muchas personas no lo leerán. Uno sabe que hoy más que nunca nuestro entorno esta suturado de gente que cree que son hormigas obreras, que deben trabajar sin necesidad de pensar, mientras otra alucina creyendo que puede vivir como una reina aún sea dependiente de la asistencia pública o contando con el voto de los indiferentes. En conclusión esta composición social parece ser una garantía para esa oligarquía parasitoide que vive de los individuos sin instinto de ser libre, una condición que casi siempre se regenera en su contraria en los hormigueros de los pueblos.

La reunión privada entre Kissinger y Pinochet en Chile

Fuente: https://elpais.com/chile/2023-05-26/la-reunion-privada-entre-kissinger-y-pinochet-en-chile-queremos-ayudarlo.html?outputType=amp La ...